El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
viernes, 10 de octubre de 2008
¡Socorro!

Carmen Iglesias, Carlos Martínez, Fernando Savater y Álvaro Pombo, durante la presentación del manifiesto.
El pasado 23 de junio, Fernando Savater presentaba en buena compañía un Manifiesto por la lengua común. El título no ha sido citado en ninguno de los 800 artículos del Tambor del Bruc mediático que de inmediato se publicaron en la prensa catalana, la cual, naturalmente, tampoco reprodujo el texto. El título no era del gusto de los nacionalistas, de modo que pasaron a llamarlo "Manifiesto en favor del castellano", frase que no figura en ningún lugar ni forma parte del contenido, ya que el castellano no necesita de ningún favor, pero ¿qué más da? ¿Vamos a detenernos a pensar un poco, antes de cargar el trabuco y disparar a bulto cuando la Patria está en peligro? Todos los artículos venían a decir lo mismo, pero con algunos matices notables.
Los más delirantes no eran los viejos amigos del Avui o del Punt Diari, sino los desconocidos del ilegible diario Público, órgano del presidente del Gobierno central, o sea, del Estado. Titulaban a seis columnas: "El nacionalismo español hace de nuevo política con las lenguas". Los nacionalistas con mala conciencia siempre quieren que todo el mundo sea nacionalista para así quedarse más aliviados y compartir la culpa. Cree el ladrón... Para su desdicha, incluían en la doble página las estadísticas de la Generalitat sobre los usos del catalán y en ellas se afirma que más de la mitad de los catalanes prefiere como primera lengua el castellano. La humilde petición de que aquellos que lo deseen puedan usar su lengua materna en la educación, la Administración pública y la vida cotidiana sin que les caigan multazos o broncas, es "nacionalismo español" para los orgánicos de Zapatero. Tome nota.
Como movido por un resorte, el partido de los socialistas catalanes declaró pomposamente que el manifiesto era "innecesario". No aclaró su portavoz, Miquel Iceta, qué es lo que le parece necesario al PSC. Pocos días antes, la oposición en pleno le había preguntado por 5.000 millones de pesetas que se han esfumado persiguiendo a una almeja brillante. Tampoco entonces Iceta había considerado necesaria la pregunta. Lo que para el PSC sea necesario, es un arcano insondable. Los socialistas catalanes van aproximándose cada vez más a un modelo adorable, el de la corte de Catalina la Grande.
Ninguno de los 800 artículos antes mencionados hablaba del contenido del manifiesto, el cual se puede resumir del siguiente modo: si cualquier ciudadano catalán, como el actual presidente de la Generalitat, puede educar a sus hijos en alemán, en francés, en italiano o en inglés, ¿hay alguna razón para que no pueda educarlo en español? Y de haberla, ¿cuál es? La mentira oficial es que no hay problema para escolarizarse en español; la realidades que ni hablar del peluquín. Intente indagarlo. Chocará contra un muro de cemento. Se sentirá como alguien que quiera darse de baja de Telefónica. Acabará en el psiquiátrico.
Como, según el Tambor del Bruc mediático, el asunto del manifiesto no era el que acabo de exponer, los artículos se veían obligados a hablar de temas muy inspirados: la "supremacía del castellano", la "lengua del imperio", el "ataque contra el catalán...". Todo mentira, ¿pero de cuándo acá un nacionalista va a respetar la verdad? La verdad es, sencillamente, aquello que los nacionalistas decretan que es verdad. Y sólo es verdad lo que es bueno para Cataluña, siendo ese ente lo que en cada momento les conviene. Y punto, añade Catalina la Grande.
Había algo, sin embargo, más significativo si cabe. La mayoría de los artículos procedían al insulto, práctica española donde las haya cuando flaquean los argumentos: franquistas, fachas, españolistas ("de mierda"), imperialistas. Un Jordi Sánchez nos llamaba a los firmantes "miserables" en este mismo periódico porque nos negábamos a pagar su hipoteca. Algunos artículos eran deliciosos, como el de un profesor de la Universidad de Girona que exponía el punto de vista guipuzcoano: lo que hay que exigir, venía a decir, es que todos los españoles aprendan catalán. Un hombre generalmente moderado, Antoni Puigverd, aseguraba que el manifiesto rompía los últimos puentes entre Cataluña y España. Volveré sobre ello. No obstante, estos intelectuales olvidaban un detalle de cierta relevancia: todos sus artículos estaban escritos y publicados en español.
Los nacionalistas consideran indudable su derecho a escribir y publicar en la lengua que (dicen) está destruyendo al catalán. Creen tener derecho a suprimir de sus vidas el catalán y pasarse al español cuando les parezca oportuno, con el fin de insultar (y cobrar por ello) a unos ciudadanos que jamás han atacado el catalán ni perderán un minuto de sus vidas en semejante tontería. Así que estos pensadores nacionales pueden eliminar el catalán y hacer uso de la lengua asesina del catalán cuando les viene en gana y pueden poner en peligro la supervivencia de la lengua que dicen proteger, pero que unos ciudadanos pidan educar a sus hijos en la lengua que estos nacionalistas utilizan cuando les conviene, eso es fascismo, franquismo, imperialismo, y no es pederastia porque Dios no lo quiere. Si alguien entiende la ética de los nacionalistas, por favor, que escriba una tesis doctoral.
La traca final ha sido de lo más levantina. Animado por tan honradas huestes, el anciano Jordi Pujol ha cogido el alfanje. "[Pujol] llama a combatir 'sin miedo' la falta de respeto a Cataluña", según titulaba el diario de la burguesía catalana el 2 de julio. Lo de "sin miedo", entrecomillado por la redacción, pone los pelos de punta. El texto del patriarca es: "Combatir con decisión y confianza, sin miedo, y sin respeto para quien no nos respeta". A Pujol le animó mucho lo de las caricaturas de Mahoma: qué demonios, hay que hacerse respetar. A partir de su llamamiento a la guerra santa y conociendo de primera mano (y puño) a los cejijuntos y democráticos grupos de falangistas catalanes que suelen actuar en estos casos, los firmantes andamos escondiéndonos en las masías de recreo de algunos consellers y diputats solidarios. Sobre todo desde que Montilla ha decidido que incitamos a la "catalanofobia". No sus socios separatistas, no las juventudes de la "puta España", no Carod y Rubianes, no: el odio a Cataluña lo inducimos nosotros. Muy honesto.
Amigo Puigvert, si te lo permiten tus principios, deja abierto algún puente para que cuando lleguen los hijos de Bin Laden a quemarnos (vivos o en efigie), los cuatro gatos que aún nos tomamos en serio a este país podamos salir arreando hacia lugares más democráticos, menos violentos, más civilizados.
Artículo publicado en: El País, 10 de julio de 2008.
[Publicado el 10/7/2008 a las 13:19]
Comentado por: Jose el 21/8/2008 a las 13:23
Buenas,
de entrada, soy catalán y no nacionalista, pero sí independentista. Con la misma generosidad con que expreso mi tarjeta de presentación, así me gustaría que se expresasen la mayoría de ustedes, y comenzando por la retahíla de cabecillas como los señores Sabater, Pombo, Azúa, etc.... De verdad alguien se piensa que en Catalunya el castellano corre algun tipo de peligro? de verdad alguien se piensa que hay confrontación? de verdad? aquí, las madres andaluzas como la mía, están contentísimas que su prole se exprese en el idioma que le da la gana, y que cuantos más sepan hablar mejor, aquí se escuchan dos y tres idiomas en la misma conversación y nadie se sorprende...pero parece que para todos los turistas ultramesetarios el hecho de pasear por la rambla y escuchar a los aborígenes en un idioma que no entienden es algo insoportable...aquí ningún inmigrante se sorprendió que sus hijos estudiasen en catalán...y vienen de fuera y quieren hacer de ésto un problema, se presentan como los salvadores que muestran al populacho la verdad...y esa verdad no es más que pura invención e intereses. Azúa...tienes o has tenido problemas por dar tus clases de Estética de la ETSAB en castellano? juraria que no, nadie nunca se quejó (pueden ver que sé de lo que hablo), y el idioma de uso comun en esa escual es el catalán...entonces? a qué firmar ese manifiesto? buscas más lectores de aquella gauche que ya murió o que se ha convertido en puro esteticismo -tanto en Madrid como en BCN-? La verdad, tu estruchez de mira no me sorprende, pero me indigna.
Comentado por: XBA el 15/8/2008 a las 20:12
Para Félix de Azua:
Oso ondo. "Manifiesto por la lengua comun" delakoa kritikatu duten guztiek gaztelaniaz egin dute aitortzen duzu, ez ote da izango gaztelania bakarrik hitzegiten eta ulertzen dutenez irakurri ahal izateko? Grazia egiten dit: gaztelania goraipatzen eta defendatzen duzuen guztiok, gaztelania soilik ezagutzen duzue, Esapainiako hizkuntza gisa. Eta beste gauza bat: manifestu honen kontra idatzi duten guztiek, zure artikuluan somatzen denez, nazionaistak dira (periferikoak, noski). Gezur borobila. Hau da zeuen arazoa nagusia: dena nazionalisten arteko guda bat bezala ikusten duzuelako.
INTERNAZIOLANISTA BAT
(Un internacionalista)
Comentado por: Arrain Gorria el 15/8/2008 a las 18:31
Aunque con cierto retraso, mi felicitación a Félix de Azúa por este excelente artículo. Es una denuncia contra el propósito inútil de dirigir las lenguas vivas por decreto.
Comentado por: Jesús N. M. el 29/7/2008 a las 21:03
El señor Felix de Azúa,es un catalán bueno,y quiere entrar en la Real Academia de la Lengua, para limpiar, fijar y dar esplendor. Lo de "limpiar" es su fuerte por eso es el creador no del neofranquismo, sinó del "novísimo franquismo" . Pero no hay manera de que pueda entrar, porque todavía no ha aprendido, que aunque sea "bueno" sigue siendo catalán.
Comentado por: Ramon el 18/7/2008 a las 10:52
Y con esto, Ramoneda, una vez más, demuestra no haber entendido la cuestión. No sólo eso, también que defiende sus escandalosos privilegios laborales con sueldazo (por no hacer nada).
Comentado por: tolerante el 16/7/2008 a las 00:09
Por Dios, la Patria y el Rey, es decir, por Felix de Azua, el 98 y Ramiro de Maeztu, que es lo mismo. Articulo de Josep Ramoneda, para no perderse.
Un ciudadano de Cataluña que lo desee puede vivir en este país sólo con la lengua castellana; un ciudadano de Cataluña que lo desee no puede vivir sólo con el catalán. Ésta es la asimetría sobre la que está construido el Manifiesto por una lengua común que la prensa conservadora madrileña ha convertido en el juguete político de la temporada. Para un catalanohablante, el bilingüismo es obligatorio; para un castellanohablante, no. Es una peculiar interpretación de la equidad lingüística.
La noticia en otros webs
* webs en español
* en otros idiomas
El alegato por la lengua común, que hace el castellano obligatorio, pero no las lenguas propias de cada comunidad autónoma "porque hay una asimetría en las lenguas españolas oficiales", se funda en la idea convertida ya en mito de que "son los ciudadanos los que tienen derechos lingüísticos, no los territorios, ni mucho menos las lenguas mismas". Pero, por lo visto, hay ciudadanos con más derechos lingüísticos que otros porque tienen que aprender una sola lengua, mientras que los que hablamos catalán tenemos que aprender dos.
En coherencia con la afirmación de que los derechos lingüísticos son de los ciudadanos, se dice que "las lenguas no tienen derecho a conseguir coactivamente hablantes". Pero la solidez del principio de referencia no aguanta ni cinco líneas. Porque inmediatamente después se precisa que el castellano es "obligatorio", y, por tanto, puede ser impuesto, mientras que la aspiración a que todos sepan el catalán (o el vascuence, o el gallego) a lo sumo puede ser "estimulada". ¿Por qué? Porque el castellano es la lengua común del territorio español. O sea, que hay territorios con derechos lingüísticos y otros que carecen de ellos, de modo que los principios fundamentales del razonamiento -los que enfáticamente afirman que los territorios no tienen derechos lingüísticos- son adaptables en función del lugar.
Dicen los autores del manifiesto que su inquietud es estrictamente política. Por eso el manifiesto concluye con unas notas o recomendaciones para un decreto de unificación lingüística que elevan al Parlamento español con la petición de que se desarrolle la normativa correspondiente, aun en el caso de que exigiera modificación de la Constitución o de algunos estatutos. Todo su alegato parte de la obligación constitucional de saber el castellano, pero la Constitución deja de ser intocable si se trata de garantizar más todavía la hegemonía de este idioma. De modo que el manifiesto es una invitación explícita al PSOE y al PP a poner orden lingüístico en las naciones periféricas e, implícitamente, una señal al Tribunal Constitucional para que no desaproveche la oportunidad de revisar el Estatuto de Cataluña. La irrupción del nuevo PP de Rajoy en apoyo del manifiesto demuestra las limitaciones de la renovación de la derecha: quiere forjar alianzas con los nacionalistas periféricos, y lo primero que hace es darles donde más les duele: en la lengua.
Los conflictos entre lenguas son siempre delicados y difícilmente admiten soluciones definitivas, salvo en regímenes que estén en condiciones de imponer una lengua a sangre y fuego. Puesto que éste no es el caso, siempre habrá puntos de roce y opciones insatisfactorias para unos u otros. Hace tiempo que sabemos que el retablo social en que todas las piezas encajan perfectamente es del dominio de la utopía, es decir, del horror. En Cataluña se optó, con amplio consenso político y social, por la inmersión lingüística. No fue un capricho. Fue una opción con un doble objetivo: recuperar la lengua propia y evitar la fractura del país en dos comunidades idiomáticas. Ha funcionado razonablemente. A pesar de algunas estridencias, perfectamente evitables, de los que todavía sueñan con la absurda fantasía de un país monolingüe en catalán. Los jóvenes acaban los estudios básicos conociendo los dos idiomas, y después es ya la dinámica social la que determina los usos. Y en ésta el castellano todavía juega con mucha ventaja. En Cataluña se hablan hoy decenas de lenguas, ¿no empieza a ser antiguo este debate?
¿Cuál debería ser el objetivo? Una sociedad realmente bilingüe. Es decir, una sociedad en la que cuando uno inicie una conversación en catalán tenga la certeza de que le responderán en catalán y cuando uno la inicie en castellano tenga la certeza que le responderán en castellano. Éste sería un equitativo ideal regulativo. Pero a día de hoy, el bilingüismo es todavía perfectamente asimétrico a favor del castellano. Y, sin embargo, el manifiesto pretende que asumamos que el castellano sea obligatorio y el catalán no. ¿No eran algunos de los firmantes los que decían que las lenguas que se imponen obligatoriamente se hacen antipáticas? -
Comentado por: El pilila el 15/7/2008 a las 20:29
Mi padre es de una generación de españoles que vivió el nacionalismo catalán como un movimiento romántico representaba la lucha antifranquista y por tanto merecía ser apoyado. Cuando yo vine a Cataluña hace ya nueve años lo hice con el Digui Digui debajo del brazo, creyendo aterrizar en la tierra prometida, libre del nacionalismo rancio y casposo con el que muchos madrileños compartimos ciudad. Evidentemente, era muy joven y muy ignorante. No tuve que esperar mucho para darme de bruces con algo que yo ya conocía, pero con distintos colores. Al principio me sorprendí, luego me cabreé y finalmente me entristecí. Aprendí que aquellos a los que todo esto les parecía una locura callaban por miedo al rechazo y al aislamiento y no me quedó más remedio que unirme a ellos. Hasta mi pareja, siendo catalán él y pensando como yo, me recomendaba callar para evitar conflictos.
Desde que Ciudadanos apareció en escena les he dado mi apoyo, pero no he firmado el Manifiesto: creo que el castellano debe recibir el mismo tratamiento que el catalán en Cataluña pero también en el deber de conocer ambas lenguas, y no sólo la recomendación de aprender la segunda. En cualquier caso, es necesario hacer ruido, que se oiga que Cataluña no es monocolor, como pretende la Generalitat. Es difícil cuando toda la prensa local y todos los partidos grandes se han subido al carro del nacionalismo. Ya veremos a dónde nos lleva esto.
Comentado por: velocista el 15/7/2008 a las 06:06
Comentado por: Cien el 14/7/2008 a las 12:34
Comentado por: asier el 14/7/2008 a las 10:02
A mí, como catalán y español, me humilla que unos individuos (ERC CiU) que han dado cobertura ideológica, una y otra vez, al etnicismo asesino y separatista de ETA estén en el poder o participando del poder en Catalunya. ¿Catalunya ya es suya y los demás se entregan?... que se la queden.
Creo, con dolor, que toda la política catalana está podrida.
Ja no és dolça Catalunya.
PsdT. Ho sento, estimats Marc i Núria and comp.
Comentado por: Joan (el vinater) el 14/7/2008 a las 00:16
El secesionismo regional español es visto con muy buenos ojos desde Europa y cada vez con mejores ojos desde EE.UU.
Primero, el capital libre puede manejar con mucha más facilidad ámbitos políticos pequeños y aislados, y los nacionalistas venden a su madre en nombre de sus 'esencias'.
Segundo, para Europa, siempre en tensión de intereses, la debilitación de un país grande de su comunidad es jauja.
Tercero, a EE.UU también le interesa una España dividida y rebajada en su potencialidad como promotora desde Europa de iniciativas hispanoamericanas (500 millones). ETC...
¡NO AL NEOFEUDALISMO REGIONALISTA ESPAÑOL!
Comentado por: etc, etc el 13/7/2008 a las 23:33
a la meuca: de veras, no ves el provincianismo en aquellos que solo ven lo castellano lo común? no fueron los que quisieron proteger el español los que, allá por los años cuarenta, iniciaron el doblaje de las películas, algo insólito en Portugal.
Hablando de Portugal, se imaginan si fuera una com. autónoma española? ahora habría quien se tiraría de los pelos porque la lengua vehicular en la enseñanza sería el portugués...!
Comentado por: !K el 13/7/2008 a las 22:29
¡Socorro! dice Savater en Canal.. m + que no tengo más argumentos que decir que los que me critican no han leído mi Manifiesto ( y.. cómo lo sabe él). , me imagino que dice que los que no firman su Manifiesto, no tienen argumentos, por qué no habrá leído a quienes escriben en diversos diarios. m! . Argumentos aportan muchos , están escritos en los artículos que se publican... pero.. Savater dice que no... pero no comenta ningún argumento de los que con derecho y argumentos le han contestado. m!
Y Suso Wagner dice que ese amigo mío que firmó y luego se retira del Manifiesto... hombre hay que entender que es una persona de 75 años, es mayor... debió firmar y no sabe bien qué... lamentable!" !!
Dice Suso Wagner, que cuando va a Galicia para la defensa de una tesis... no puede leerla porue solo se la dan en gallego.. m!
y le ponen en el tribunal por eso...
uf!
quéesvario, se les nota que el idioma les importa poco.. en Galicia y en...m!
No deben hacer ruido con los petardos en Valencia... Barberá
lo que escribe en ... no sé.. catalán o valenciano... su bando
Igual es que SAvater ha leído el bando de Barberá que no debe hacerse ruido y lo escribe solo en catalán
Por favor, bilingüe, alcaldesa, por favor... bilingüe
Comentado por: Enea el 13/7/2008 a las 22:16
Comentado por: La meuca el 13/7/2008 a las 21:43
autistas, pedantes, amargados:
¿sabeis lo que es la conciencia de clase?
¿sabeis qué es que te den por culo, y digan que es por tu bien, por tu mal, por necesidad histórica, por necedad histórica, por el bien de España, por el bien de Catalunya, por el bien de su puta madre?
¿no creeis que no se descojonarían si en vez de estar repartiéndose nuestro dinero y nuestras vidas se molestasen en leer cómo perdemos el tiempo revolviendo su mierda?
Estos sucedáneos de fascismo sólo son un aperitivo. Miles de millones saben de qué va el asunto. Saben cuánto crédito hay que darnos a nuestros discursos de derechos, libertad, democracia... Para ellos equivalen a lucrativas matanzas, exhibiciones de armamento, especulación, barreras electrificadas, campos de concentración... No seré yo quien les afee que un día se pongan en pie y nos corten las pelotas por haber estado entretenidos con pijadas, en vez de no haber intentado comportarnos como verdaderas personas adultas, independientes, sensatas y sensibles ni un puto segundo.
Comentado por: Etienne de la Boëtie el 13/7/2008 a las 21:05
Oh artur, esos argumentos tan sólidos los debes sacar de tu papá losantos verdad, carallot? Que catalanes firman el manifiesto? La familia Caballé, los Samaranch... Tú que sabrás, artur soplagaitas, lo que ha significado que durante 40 años diversas generaciones no pudieran aprender a escribir su propia lengua. que sabrás tú que seguro que has disfrutado de todos los beneficios de la democracia, incluso el poder difundir mentiras, y que encima te salga gratis. Seguro que desde tu miserable mundo monolingüe y monocultural todo es muy fácil, siempre bailando la música que toque el mundo o la cope, que si ahora el 11-m que si ahora el castellano. Miserables esclavos, no sois mas que títeres que llenais los bolsillos de PJ i la conf. episcopal.
Comentado por: !K el 13/7/2008 a las 18:39
http://www.abc.es/20080630/opinion-firmas/espanolazos_200806300246.html
Españolazos
El magnífico manifiesto liderado por Fernando Savater tiene un solo problema, el del despiste político. Lo que no es asunto menor teniendo en cuenta que la sustancia y el objetivo del manifiesto son políticos. Los referidos a los derechos de los españoles que no pueden aprender o utilizar con libertad el español en algunos lugares de España. Porque determinados partidos no los garantizan.
Y he ahí el despiste, en la identificación de esos partidos. Mejor dicho, en su falta de identificación. Lo que es algo así como elaborar un escrito contra la alianza de civilizaciones y reivindicárselo a la derecha, como si tuviera alguna responsabilidad en ese asunto.
Y con el español, igual. El manifiesto no diferencia responsabilidades políticas, por lo que dudosamente puede ser eficaz en sus resultados políticos. Y resulta que el problema está exclusivamente en unos lugares específicos, Cataluña, Baleares y Galicia, donde co-gobierna el PSOE. Y en el País Vasco, donde ha co-gobernado y donde insiste en rechazar de plano cualquier posible acuerdo con el PP, el único que podría garantizar la lengua común. Ellos deberían ser los destinatarios del manifiesto, los nacionalistas y quienes les apoyan en sus políticas lingüísticas, PSOE e IU.
Lo que el manifiesto denuncia es una responsabilidad de la izquierda española, no de la derecha. De la misma forma que ha sido una reivindicación de la derecha y no de la izquierda. «Españolazos», «los de la peineta» o, más directamente, «fachas», algunas de las lindezas atribuidas a los defensores de la lengua, de la bandera o de la identidad española, se las han ganado durante muchos años los activistas de la derecha. Es una vieja batalla a la que se sumó Ciudadanos y luego la UPyD.
Y antes y ahora, faltan los que faltan, IU y prácticamente todo el PSOE, todo el que no se fue a la UPyD. Ha firmado con entusiasmo toda la derecha, la política, la intelectual, la periodística. Feliz de verse acompañada por algunos de los intelectuales más prestigiosos de la izquierda. Y esperanzada de que el resto de la izquierda llegue algún día a ese ingrato y denostado club de los españolazos.
Comentado por: Oíd el Google ya: y el Google dio: el 13/7/2008 a las 17:17
A !k
El castellano también era la lengua de los PERDEDORES del 36, imbécil.
Los que pagan estudios en EE.UU asus nenes son los catalanistas ricos que gobiernan, por no soportar su propio asqueroso sistema educativo, merluzo.
Comentado por: Artur el 13/7/2008 a las 16:54
me parece realmente vomitivo que haya algunos cenutrios que, por muy catedráticos que sean, mezclen el terrorismo con la legítima y constitucional defensa de las lengua minoritarias. Es de jzgado de guardia que, además, acusen de despilfarro a los gobiernos autonómicos que, ejerciendo su deber estatutario y, otra vez, constitucional, impulsan estas lenguas. Y digo de juzgado de guardia porque su hipocresia no tiene límites. cuántos institutos cervantes hay por el mundo, con centenares de funcionarios muy bien pagados, cuantas conferencias realizan las mentes castellanas por el mundo a cargo de los presupuestos, cuantas leyes y normas OBLIGAN a usar el castellano en etiquetas y demás. Menudo atajo de cobardes que no quieren dar la cara nacionalista española, que se pasan por el forro las sentencias del Trib. consatitucional cuando conviene. Hipócritas que hablan de derechos individuales y de lengua materna, siempre que esta sea el español. Sois unos malditos que sembrais el odio y la desconfianza. que mi lengua materna sea el castellano no significa que la catalana me sea ajena, mequetrefes. También he amado en catalán, por ejemplo. no vengais desde vuestras poltronas intentando salvar nuestras almas. Aquí sabemos muy bien a quien defendeis en realidad, y no es a los obreros de la periferia de bcn, no. Es a los pijos ex-gauche divine de pedralbes, que teniendo apellidos catalanes nunca han hablado la lengua de sus bisabuelos, sino que usaron el castellano porque era la lengua de los vencedores del 36. aquellos que en los sesenta porque fumaban porros a escondidas de su papá y bajaban a la Rambla a escuchar flamenco se creyeron la hóstia de rebeldes, mientras sus papaitos franquistas les pagaban los estudios en EEUU. Claro que una vez cumplidos los cincuenta han dicho, oye tú que de nosotros no habla ni cristo. Que sepais que vuestros manifiestos de tres al cuarto no interesan lo más mínimo aquí en Barna, y que deseamos veros de una vez con las camisas azules de vuestra familia para que así, al menos, no os tengamos que llamar cobardes.
Comentado por: !K el 13/7/2008 a las 14:30
Habría que hacerlo de una vez. Hacer realidad el sueño de todo catalán nacionalista con aspiraciones universales: convertir Catalunya en un gran parque temático lleno de caganers, pantomaca, porrons, casas con diseño de pastelero loco, costas arrasadas por el tocho, tipos con barretina y trabuco, místicos santones del arte cagando manchas a diestro y siniestro con fundaciones subvencionadas, socavones en todas las calles, sequía invasora, transportes a deshora, ruido a tutiplén en cada rincón, festivales "culturales" de pacotilla (millonarios) sacados del sobaco de un churrero, prensa de dictadura bananera, desaparición de dinero público en humo nacional, diseny, diseny, diseny, les ciutats millors del món que sólo interesan a un turismo borracho, políticos que hablan con el culo, etc, etc, etc...
LO alucinante de todo ello es que este parque temático ES la Catalunya real.
Comentado por: RT el 13/7/2008 a las 12:55
A mí me gusta mucho el catalán. Vivo en Castilla, pero todos los jueves veo en TV3 "Polònia", gracias a lo cual entiendo, por ejemplo, qué significa lo que dijo el otro día una turista de Barcelona muy simpática que le explicaba al dueño de la casa rural donde estaba alojada, que había dormido muy bien a pesar de que "una lechuga se había pasado toda la noche cantando".
Comentado por: knudsen el 13/7/2008 a las 10:16
Comentado por: provoqueen el 13/7/2008 a las 10:12
Quisiera transcribir mi impresión como estudiante de 2º de Bachiller en Valencia respecto al uso de la lengua catalana.
El ambiente que están generando los nacionalistas catalanes está generando lo contrario a lo que desean. El ambiente hostil en el que se educan los estudiantes de valencia hacia la lengua catalana esta gestando entre la juventud desprecio, desconfianza, crispacón, etc (toda imposición desencadena lo contrario a lo que se pretende)hacia el catalán y el valenciano.
Al parecer no sirve de nada la memoria histórica a estos nacionalistas. Están ciegos y, como todo movimiento ciego, es muy peligroso.
Comentado por: Alex el 13/7/2008 a las 05:43
Però, aquest Vicent Partal cap de pardal... Com pot ser tan neci, malintencionat i ignorant. Gent estòlida com aquesta és la que degrada la imatge de Catalunya a Espanya.
Sigo en el idioma común de todos: Es repugnante que se exhiba como paralelo el problema de la ex Yugoslavia. Seguro que este imbécil y vulgar cizañero (cobrará por ello) se identifica 'por que sí' con la tradicionalmente nazi Croacia (ahora 'independiente') y rechaza cualquier tipo de reflexión sobre aquella trágica guerra antieslava preñada de intereses políticos, religiosos y económicos deleznables llegados del más rico occidente. Esa paranoia de mamarracho intentando (sin ninguna facultad para demostrar nada, sin aportar ningún punto de conexión entre una cosa y otra... podía haber hablado de Hitler, Stalin, Julio César o del Gran Manitú si los conociera, pobre) establecer paralelismos entre Serbia y un comunicado de un grupo de gente crítica con ciertos aspectos de las políticas ilegales antiigualitarias y frentistas autonómicas en España demuestra que en Catalunya hay gentuza dispuesta a envenar a toda costa la opinión pública. Qué hijos de mala madre, ¡pobre Catalunya, estás acabada, te van a acabar tus lerdos patriotas!
Comentado por: Jaume K-L-28 el 13/7/2008 a las 02:28
Quan Espanya comença a semblar Sèrbia
per Vicent Partal
Si durant anys el nacionalisme espanyol s'expressava d'una manera encara moderada, acceptant un cert bilingüisme i aparentant una certa imatge 'amable', la careta cau aquest 2008 tan espectacularment que haurem d'apuntar-ho als llibres d'història. El manifest contra el bilingüisme o les reaccions d'ahir al document del conseller Castells sobre l'espoli fiscal marquen un camí nou que acosta el nacionalisme espanyol a la història recent del nacionalisme serbi. Amb alguns paral·lelismes concrets que fan feredat.
Aquest manifest que reclama la superioritat de l'espanyol significa un canvi de nocions socials. Hom ja no proclama la conveniència del bilingüisme en les zones amb llengua pròpia de l'estat; allò que reclama és la reculada de les altres llengües. Deixa d'existir la preocupació formal que hi havia fins ara per la convivència, a la qual hom ja no apel·la de cap manera. Ara la crida va a la superioritat demogràfica dels parlants de l'espanyol, reclamant-ne la imposició pura i simple. Demogràfica. I en aquest sentit, el manifest recorda molt el famós Memoràndum publicat l'any 1986 per l'Acadèmia Sèrbia de les Arts i les Ciències, memoràndum que serví de base ideològica a Milosevic i que acabà portant a la guerra, a la independència de totes, però totes, les àrees no purament sèrbies de l'ex-Iugoslàvia i a l'aïllament internacional de Sèrbia. Aquell memoràndum, per exemple, afirmava, contra la realitat, que els únics que no tenien dret a usar la seua llengua eren els serbis que vivien en territoris 'bilingües' i reclamava la primacia imposada del serbo-croat sobre totes les altres llengües, i que tot allò que no fos afirmar aquesta idea era 'particularisme' i 'antidemocràtic'.
El missatge que inspirava aquell manifest i el que inspira el manifest espanyolista és el mateix: creure que hi ha cultures o llengües que són superiors a unes altres, diguen què diguen o facen què facen els parlants, i exigir la imposició de la pròpia amb mesures legals discriminatòries i, si cal, amb el recurs a la força pública.
El Memoràndum del 1986 també posava en relleu allò que els seus autors (intel·lectuals com en el cas del manifest espanyol) consideraven que era una opressió econòmica de Sèrbia per les altres repúbliques. I aquest missatge exacte es féu sentir ahir també molt als mitjans espanyols com a resposta a la presentació de les dades sobre l'espoli econòmic. És la mateixa perversió: la realitat no importa. I així ahir vam poder veure i sentir gent que la negava obertament, que capgirava les dades o, simplement, que les reconvertia en un discurs espanyolista afirmant que el problema no és que Catalunya, i la resta del país, sofresquen l'espoli fiscal d'Espanya, sinó que Espanya viu ofegada per la potència de les empreses catalanes, que la tenen colonitzada. De nou, un canvi de discurs que implica un canvi de percepcions socials notable. Fins ara ningú, tret de grupuscles aïllats, no s'havia atrevit a dir una cosa com aquesta. Ahir ho vam sentir als mitjans de masses i de boca de comentaristes molt violents que arribaven a la cridòria.
Confesse que aquesta deriva que prenen les coses em preocupa. Em preocupa, sobretot, perquè va acompanyada d'un augment notable i visible de la violència. L'actitud dels espanyolistes és cada volta més violenta i agressiva i, dels insults, ja han passat a les amenaces o als incidents, com es va veure en l'Eurocopa, malgrat el silenci de la majoria dels mitjans. Però també cal dir que la deriva sèrbia del nacionalisme espanyol és una amenaça sobretot per a ells. A diferència d'allò que passava a l'ex-Iugoslàvia, nosaltres vivim en la Unió Europea i ací no són tolerables ni es permetran de cap manera guerres ni cops d'estat militars o legislatius. I això hauria de fer pensar a algú, a Espanya. Perquè Sèrbia ha acabat sola, empobrida i aïllada. I explicar avui això és fer una pura i simple descripció d'on podrien acabar els espanyols, si continuen amb la bogeria supremacista que els ha agafat.
Comentado por: ab el 13/7/2008 a las 00:48
Parece algo surrealista, esperpéntico, una actuación chikilicuatre, pero está sucediendo realmente. Están tratando de eliminar en Cataluña el español. A la vista de todo el mundo, con una prepotencia infinita y una chulería inaudita, están tratando de borrarlo: de borrar y eliminar el español de la vida pública en la misma España. Lo nunca visto. En donde más sorprendidos se quedan es en el extranjero. No dan crédito a lo que les cuentan, escuchan o leen. Se está caldeando mucho la cosa.
Los que ahora están disfrutando de lo lindo son los nacionalistas catalanes, que estarán pensando que se están vengando de cuando el dictador no les dejaba hablar su lengua, aunque de toda esa etapa hay un buen montón de libros publicados en catalán, que esa es otra, que además son un hatajo de ignorantes o de gente amaestrada en el odio o auténticos fascistas sin atajos, pensando sólo en imponer su ley a toda costa: se piensan que son más que todos los demás.
Y lo peor de todo es que, como de momento van ganando, no se han dado cuenta de que estas imposiciones presentes ya han matado al catalán en el futuro. La verdad es que son torpes más que nada. Impositores, sí, pero también torpes. Por eso son tan fascistas.
Comentado por: Se ve, ¿ves? el 12/7/2008 a las 22:44
http://www.abc.es/gestordocumental/uploads/Cultura/FGCBatalla.doc
Lenguas fieramente humanas
Fernando García de Cortázar.
Catedrático de Historia Contemporánea
Universidad de Deusto
En la madrugada del último catorce de mayo el guardia civil Juan Manuel Piñuel era asesinado por ETA en una localidad alavesa, cercana a Vitoria, de nombre desconocido incluso para aquellas generaciones de españoles que habían ejercido su memoria en un bachiller enciclopédico de geografía e historia nacionales. Desde el primer momento, el topónimo Legutiano copó todos los titulares de los periódicos y sólo pasado un tiempo, unos pocos medios rompían la muralla infranqueable del misterio aportando,entre líneas, la vieja denominación de Villarreal de Alava. Entonces algunos ciudadanos avisados recordaron que desde la Transición política de 1977 los poderes locales y el nacionalismo asfixiante venían dedicándose a mutilar la historia y corromper la geografía siempre con la excusa de la búsqueda de raíces y la afirmación de purezas. Una de las primeras víctimas del deseo nacionalista de enterrar la historia del País Vasco fue el municipio de Villarreal de Alava, al que en 1980, de un plumazo, se le cambió el revelador nombre, utilizado durante seis siglos y medio, por el del topónimo latino vasquizado de Legutiano.
La villa de Villarreal de Alava había sido fundada en 1333 por el rey de Castilla Alfonso XI y,dada su estratégica ubicación, fue escenario de diversos enfrentamientos bélicos tanto en la segunda guerra carlista como en la guerra civil. A pesar de que los nacionalistas vascos siempre han pretendido convertir sus derrotas en victorias, el nombre de Villarreal no les debía resultar cómodo. En diciembre de 1936, el ejército vasco, alentado personalmente por el Lehendakari Aguirre, fracasó en su intento de ocupar Villarreal y avanzar desde allí hacia Vitoria y Miranda de Ebro como forma de aliviar la ofensiva de las tropas franquistas contra Madrid. Allí, el vanidoso Aguirre se ganaría el grotesco apelativo de Napoleonchu con el que la derecha vizcaína celebró el desastre de la operación.
Un fantasma recorre España
Rectificar lo tradicional por lo racional fue la consigna y el proyecto de Azaña con la llegada de la República en 1931. Curiosamente, los tradicionalistas del siglo XXI, travestidos de progresistas, desean hacer lo contrario: cambiar lo racional por lo tradicional. Que el mensaje venga de los nacionalistas y los regionalistas se comprende porque proceden del fondo más rancio del tradicionalismo de toda la vida. Lo que no se entiende es que la izquierda se tome en serio que la modernidad política y cultural pase por satisfacer aspiraciones parecidas a las que tenían los carlistas de hace siglo y medio. Lo que no se entiende es que la modernidad consista en devolver España al Antiguo Régimen, con sus valores, usos y costumbres, rebosantes de salud, bendecidos por los curas domésticos y los caciques locales.
“Hijo, resiste como resistieron los guanches hasta la muerte”. De esta manera infundía ánimos a un concursante canario de Operación Triunfo, amenazado de expulsión, su belicosa madre. La frase, como las canciones que escuchaba Antonio Machado en los labios niños, lleva la historia confusa y clara la pena. Es un eco del rumor poderoso que hoy halla el regionalismo en la educación sentimental de los españoles. Ser canario y guanche, vasco y carlista o nacionalista, catalán y segador o catalanista, gallego e irmandiño o bloqueiro… se ha convertido en una determinación, en una obligación ante la historia de modo que no hay acontecimiento que no se trasforme en una representación melancólica de Wifredos y banderas, bien sea el evento un partido de fútbol, una manifestación contra la reforma universitaria, una protesta contra la guerra o un programa de televisión.
¡Qué drama el de España! Ver siempre frustrada la nación liberal por los integrismos tradicionalistas de toda filiación política y, por supuesto, ver cómo nuestras desdichas se tejen en el telar de las falsas y pintorescas ilusiones de un tiempo imposible. Hace ya muchos años que en sus “Meditaciones del Quijote” Ortega se decía: “ ¿ No es cruel sarcasmo que luego de tres siglos y medio de descarriado vagar, se nos proponga seguir en la tradición nacional? ¡La tradición! La realidad tradicional en España ha consistido en el aniquilamiento progresivo de la posibilidad de España.” Las palabras del filósofo no han envejecido, las actuaciones de los gobiernos autonómicos de uno u otro color no han permitido que envejezcan.
Lo regional, como en el siglo XIX lo nacional, pasa por la historia que no retrocede ante la leyenda, la trivialidad o el error, con tal de que éstos vayan unidos a una representación concreta del pasado. Todo es cuestión de imágenes, de tradiciones propias y genuinas, desde celebraciones festivas a rememoraciones de batallas, viajando por el estómago y la gastronomía. Los historiadores, atrapados en la diagonal que va de la biblioteca al caserío, han inventado el mito y desenterrado antepasados tanto en los conquistados como en los conquistadores. Los poetas, desde la melancólica elegancia de Manuel Machado y su “yo soy como las gentes que a mi tierra vinieron/ soy de la raza mora, vieja amiga del sol” al huracanado viento de Miguel Hernández “asturianos de braveza/ vascos de piedra blindada…” se han llenado la voz cantándolo. Y los políticos, siguiendo una tradición localista que tal vez comienza en 1808 con el labrador Andrés Torrejón, el alcalde de Móstoles y su imponente declaración de guerra a Napoleón, han sabido tejer en nuestra democracia televisada ese haz de relatos y aleluyas.
La primacía de la sangre, que ridiculizaba Cadalso en el siglo XVIII y que todavía llenaba de nostalgias a la nobleza de postín en los tiempos de Franco, ha sido sustituída desde el Estado de las Autonomías por una suerte de linaje territorial que es el único prêt á porter que los políticos han podido vender al pueblo . La exaltación del terruño, la extraña amalgama de consanguinidad y territorialidad, que viene de “la tierra y los muertos” del ultranacionalista, antidemócrata y antisemita Maurras y se reproduce en el RH negativo de los dirigentes vasquistas, ha cortado la vida de los ciudadanos a la medida de sus regiones, de modo que la primera pregunta que surge entre dos españoles que acaban de conocerse, y que resulta absurda a los ojos de un francés, es si el otro es gallego, o vasco, o catalán, o aragonés, qué guerra perdieron o ganaron y si han “normalizado” ya la lengua de los ancestros.
Oscurecida la idea de España como nación, reacios a identificarse en una historia común,los españoles y sus políticos han inventado una manera de comulgar más atractiva que la de las religiones o las ideologías: la exaltación regional, la resonancia folklórica de un designio descentralizador que desborda los grises fines de la pura reflexión administrativa. Hay en todo ello un anarquismo centrífugo y consumista que se mueve entre la plaza del pueblo, El Corte Inglés y la televisión. Lo que pasa más allá de estos tres casquetes polares del hogar interesa a poquísimos, de ahí que los telediarios dediquen cada vez más espacio a trasmitir las noticias de la aldea o a difundir las opiniones de expertos en ferias, gastronomía, deporte y danzas populares. Los jóvenes de antes soñaban con viajar en el submarino amarillo de los Beatles o vivir elegantemente en la desesperación, a lo Baudelaire o Rimbaud en aquel París bohemio e imposible de Montmartre. Los de ahora ,perdidos en el bucle melancólico que han modelado los nacionalismos de siempre y los regionalismos del Estado de las Autonomías, no saben quién es Baltasar Gracián ni Baudelaire; están en casa atrapados en el cepo de Internet; y ya no sueñan sino con lo verde que un día llegó a ser su valle.
El opio de los pueblos que hoy se expande entre los españoles –lo decía con espíritu y tono proféticos Rafael Sanchez Ferlosio en El País de 1978- no es sino el narcisismo alternativo que el poder central fabricó cuando se dio cuenta de la inutilidad política del narcisismo nacional. El “ España y yo somos así, señora”, el joseantoniano “ser español es una de las pocas cosas serias que se pueden ser en el mundo” , el gol de Zarra contra Inglaterra en el mundial de Brasil… son manifestaciones de un narcisismo que había dejado de vender. Al percatarse de ello, Adolfo Suárez pensó que había que recomponer todo el juego de espejos rotos y producir reflejos diferentes para seguir manteniendo al pueblo encandilado con alguna identidad. De los vetustos baúles centralistas, el gestor de la Transición, en funciones de ama de llaves del añejo solar hispano, fue amorosamente rescatando los viejos trajes regionales, el de baturro, el de charro, el de flamenco, el de payés. Mira por donde ha ido a ser en los atuendos regionales donde se ha plasmado el nuevo traje del emperador que caminaba desnudo.
Hace unos años contrariado por la complacencia e incluso la satisfacción con que la opinión pública asistía a la sacralización del terruño y la aldea, Julio Caro Baroja escribía:
Parece que la gente con el autonomismo siente una mayor impresión de libertad. Hablan de las libertades forales, de las leyes de cada reino antes de la Nueva Planta impuesta por Felipe V… Sí, en efecto, con todas esas leyes en Navarra, en Aragón, en Cataluña serían muy libres, pero en las cosas fundamentales desde el Renacimiento, que son la libertad de conciencia del hombre, la de expresión, la de elección…, no sólo no lo eran sino que vivieron cientos de años con la Inquisición y no les importó. sí pues, este foralismo y las clamadas libertades colectivas no comportaban las libertades que quiere y necesita el hombre de hoy, las individuales.
El triunfo de la servidumbre
Pensábamos que la sugestión folklórica de las autonomías iba a ceder a medida que los españoles se curaban el sarampión anticentralista fruto de la paranoia uniformadora del franquismo. Sin embargo, no ha sido así. El fetichismo de la identidad y la autenticidad , la neurosis de primitivismo y la rebusca de la diferencia han hecho crecer la marea regionalista hasta tal punto que amenaza con anegar todo principio de racionalidad política. Gobiernos locales de izquierdas y derechas han descubierto en el regionalismo un anzuelo barato que lanzar a los ríos electorales, e inmunes al ridículo han montado orgullosos los carnavales y bailes de disfraces de sus reinos de taifas, a los que se ha pretendido dotar de conciencia histórica.
“La posteridad no podrá creer que, después de que ya se hubiera hecho la luz, hayamos tenido que vivir de nuevo en medio de tan densa oscuridad.” La frase es de Sebastián Castellio, aquel humanista que protestó ante Calvino por la ejecución de Servet, pero resume a la perfección lo que, a caballo del nacionalismo étnico y los regionalismos ha ocurrido en España donde a la dictadura de un general le ha sucedido la tiranía de la barretina o la muñeira. Frente a la triste situación del régimen anterior, en la que lo cultural era esgrimido para justificar toda una gama de propuestas que iban de lo anacrónico a lo estrambótico, el concepto, en manos de los nacionalistas y sus imitadores, no ha sido aún recuperado para la lucidez y el bienestar intelectual, que en el siglo XXI aparecen connotados con sinónimos como toma de conciencia avanzada, contraste de ideas, integración de comunicación social y ausencia de particularismos.
Error de la Transición de Suárez, que luego nadie pondría empeño en reparar, fue entregar a las Comunidades Autónomas la palanca ideológica de la historia, renunciando el Estado al principal instrumento de nacionalización del imaginario y formación de ciudadanos. La indigencia del pensamiento político español de esos años, en torno al hecho nacional, tendría graves consecuencias pues se regaló el pasado a las Autonomías y éstas se lo quedaron. En manos regionales, un sistema educativo aparentemente neutro dejó de hacer ciudadanos españoles para hacer catalanes, vascos, andaluces, valencianos, gallegos … pero en ocasiones, a costa de convertir en antagónicas dichas identidades. Y siempre con la ayuda de una gigantesca manipulación de los libros de texto, a mayor gloria de la Consejería de Educación, encargada de supervisarlos. Los nacionalismos a pesar de su esencialismo tuvieron muy claro desde siempre que sus naciones no podían darse por sentado sino que habían que construirse. Recuérdense los constantes llamamientos de Jordi Pujol a “hacer Cataluña” o los de Arzalluz “primero hacer pueblo, luego la independencia”.
Se nos pasó la juventud y los años corriendo delante de los grises, imaginando una tierra sin mordazas ni ejecuciones sumarias. Con la muerte de Franco y la Transición ganábamos la libertad y heredábamos la burocracia criminal de ETA y todos los prejuicios identitarios del nacionalismo, dispuesto a acabar con la nación constitucional y a reavivar los renglones más tribales e inhumanos del siglo XX. Resulta desolador pensar que cuando por vez primera en siglos nos ha sido posible disfrutar de un sistema de libertades basado en la igualdad jurídica y en la ciudadanía es cuando más nos hemos volcado en la vindicación de lo primitivo, en la exaltación de un estado de naturaleza en el que se es lo que se es de nacimiento y para siempre, por pertenencia étnica y lingüística, por una especie de pureza ancestral siempre agraviada y, sin embargo, intacta, originada en un tiempo anterior a la historia. Nada más triste que tener que aguantar los esfuerzos por recuperar todo aquello que creíamos enterrado en el sepulcro del Cid : la pureza de sangre, raza, lengua y territorio, la superchería de las peculiaridades y los caracteres socioculturales privativos, la posibilidad de trazar fronteras entre españoles, de diferenciarnos según procedencia regional, de obligarnos a lealtades místicas, de inaugurar un régimen de servilismo, esta vez a supuestas identidades telúricas, cuando nos habíamos librado de otras servidumbres.
A finales del siglo XIX escribió Juan Valera: “ A veces por defender la patria, hemos defendido el fanatismo”. En 1937 Manuel Azaña anotó en su diario: “Viviremos o nos enterrarán persuadidos de que nada de esto era lo que había de hacer”. Escribían, Valera y Azaña, desde desilusiones y tiempos separados. El primero escribía tras el colapso de esperanzas que se vivió en la Restauración; el segundo, desatada la barbarie unánime de la guerrra civil, con la sospecha de que la sociedad española tal vez no estaba preparada para una trasformación como la intentada por su generación. Equivocadas o no, lo cierto es que en las palabras de ambos temblaba, de fondo, una preocupación en carne viva: que sin escrúpulo ético no existe política ni justicia dignas de tal nombre, que hay una última fibra donde reside el latido de la vida moral que no se puede sacrificar ni a la Patria, ni a la República, ni a la Revolución y esa fibra, esa última frontera, la componen la libertad y los derechos de la persona, la persona concreta, real, la persona con cara y ojos y frente y lengua.
Mientras al gobierno se le llena la boca proclamando su cruzada de defensa de las libertades, éstas se asfixian en las disposiciones de algunas comunidades autónomas que vulneran los derechos individuales cuando despliegan su vocación intervencionista para modelar la sociedad (también le llaman pueblo), eliminar las diferencias y, al mismo tiempo, las disidencias y construir su nación. Lamentablemente, durante los últimos años la debilidad del Estado ha dejado indefensos a millones de ciudadanos, residentes en Cataluña, País Vasco, Galicia, Baleares y Valencia permitiendo a sus autoridades regionales exhibir como “normalización” lingüística lo que, en realidad, es un deseo de homogeneización contraria al pluralismo social. El término contiene un elemento coactivo evidente: describe un proceso forzoso de planificación cultural implacable que moldea la realidad simulando querer dotarla de normalidad, pero reconociendo la inexistencia de esa misma normalidad en el conjunto de la sociedad, a la que se pueden aplicar las acciones punitivas y reglamentarias de la administración.
Los nacionalismos lingüísticos, cuyo idioma “nacional” es minoritario en los límites de lo que ellos consideran su propia nación recurren a una especie de interpretación justiciera de la historia: la lengua de la nación y, consiguientemente, la extensión de la nación misma, es la antigua lengua perdida. Interpretación singular, a modo de consigna, que, como recuerda Tomás Pérez Vejo, da origen a afirmaciones tan pintorescas como la de un manifiesto del PNV de 1992: “ No entendemos al vasco que no ama su lengua, aun cuando la haya perdido”. Quizás la siquiatría ofrezca alguna explicación de por qué alguien puede considerar su lengua, una lengua que no habla y que nunca ha hablado. De todas formas, esa sorprendente declaración del nacionalismo lingüístico supone una curiosa concepción organicista, en la que el derecho de los muertos prevalece sobre el de los vivos, el mismo que sustenta los pretendidos derechos históricos.
“ Normalización”, es la terrible y amenazadora palabra empleada por los gestores de las comunidades bilingües que no consigue encubrir su decidida voluntad de que la lengua autóctona ocupe todos los ámbitos de la vida oficial y social de la región, relegando al castellano a un papel secundario de vehículo de comunicación con el resto de España y un nivel similar al que supone el inglés en las relaciones internacionales. Al normalizarse una lengua, se establece un proceso automático de exclusión de la otra. Quien habla la lengua normalizada se ve recompensado; quien no la usa habitualmente, se ve castigado, marginado. Por el contrario, la normalidad con la que muchos de los españoles de las comunidades catalogadas de bilingües –la vasca es monolingüe castellana en su gran mayoría- podían hablar cualquiera de sus dos idiomas ha sido cambiada violentamente por una situación en la que una lengua pasa a considerarse propia (incluso hablan ya de “lengua natural”, como si la otra fuera artificial) y dispone del privilegio de ser la de los medios institucionales y la enseñanza.
Esto se ha visto en la reciente Feria del Libro de Frankfurt: la cultura oficial catalana incluyó producciones subvencionadas que sólo habían sido sometidas al filtro de la lengua autóctona y no al de la calidad, ni al de las leyes del mercado. Y en cambio se dejó en casa a buena parte de la literatura de Cataluña escrita en español, inconcebible fuera del marco geográfico de ésta, como las novelas de Mendoza o Marsé o la poesía de Gil de Biedma. Luego…. los defensores de la normalización, al ser denunciadas las multas lingüísticas a los comercios o la imposibilidad de los padres de educar a sus hijos en el idioma común de los españoles, se revuelven vociferando que no hay guerra de lenguas en Cataluña. ¡Claro que no hay conflicto lingüístico en la sociedad catalana, que es mucho más sensata que sus dirigentes… y no lo hay, a pesar de las operaciones discriminatorias y la violación organizada de los derechos individuales que se perpetran desde el poder político!
Aberraciones lingüísticas
Los nacionalismos y asimilados siempre dan por hecho que su proyecto político, incluído el idioma, es un derecho irrenunciable, inalienable, imprescriptible… ( para su exaltación retórica, les gustan las palabras que comienzan por “ in” y terminan por “ ble”… Sánchez Ferlosio dixit) No en vano la singularidad cultural, capaz de distinguir entre un “ellos” y un “nosotros”, tan del gusto de los nacionalistas y complementarios, ha encontrado la mejor recompensa en unos usos lingüísticos inmediatamente reconocibles y muy activos para generar sentimientos de solidaridad hacia dentro y disparidad hacia fuera. Además el mensaje de los “normalizadores” y comisarios lingüísticos aparece diáfano: hay una lengua inocente y otra culpable, una que fue oprimida y otra opresora, rivalidad radical que carga de agresividad y sobreexcitación ideológica cualquier debate sobre el bilingüismo. Porque en España hay varias lenguas pero, al parecer, sólo una mala: el español, el castellano. Ésta es la lengua en la que se escribió el último parte de la guerra civil, el fruto de una violencia antigua que comenzaría con Felipe V y llegaría hasta Franco. Plática para descerebrados… Una leyenda que ha servido para que aquiescentes, sumisos o acoquinados se traguen la manteca rancia de los nacionalismos, toda esa zarandaja poética sobre la lengua, el territorio, el pueblo… que si la cogiéramos y donde pone Cataluña, País Vasco, Galicia… escribiésemos España no habría razón ni estómago que la resistiera. “Abandonad ese léxico que viene de Castilla con sabor de moro, olor de sucio judío, de negro y de villano de esas tierras” ordenó, entre otras muchas barbaridades, Sabino Arana, el inventor del nacionalismo vasco.
Las lenguas tienen una finalidad utilitaria pues sirven fundamentalmente para comunicarse aunque, además, sean un innegable, elemento de afirmación cultural, es decir, colectiva. Lejos de ser alma como les gusta decir a muchos poetas, la lengua es puente, mercado. En España esta obviedad no se entiende porque quién más quién menos se va adhiriendo al principio nacionalista, según el cual la lengua no la hablan los ciudadanos sino el territorio, al que además se le concede el derecho de hacerse con hablantes obligatorios. El drama de España es que se ha hecho de la lengua la base objetiva de un principio de adquisición de ciudadanía, de delimitación de pertenencia a una comunidad y en consecuencia de exclusión. Pionero en estas lides, el nacionalismo catalán que tiene ahora ardorosos imitadores en Galicia y Baleares, ha conseguido mermar la libertad mediante el descarado o sibilino, según los casos, control de los medios de comunicación y, rodeado de una oligarquía intelectual a la que premia con medallas y talones, ha conseguido que la cultura, abducida por el idioma, sufra en Cataluña un progresivo proceso centrípeto gravemente empobrecedor. De resultas de la política lingüística del catalanismo, la universidad pierde intercambios con otros centros españoles y extranjeros mientras a Barcelona le arrebata Madrid su corona como principal centro editor en lengua española.
En aras de la difusión del vascuence, del gallego o del catalán en sus distintas variantes se cometen verdaderos despropósitos y agresiones a la libertad de los ciudadanos, quemándose dinero de todos y las energías de muchos, pero la respuesta al continuo desatino es pequeña porque en ese ámbito no valen razonamientos, dada la visceralidad y emociones que rodean su aprendizaje e implantación. Las cruzadas lingüísticas de los nacionalistas arrasan con los presupuestos. La Generalitat catalana invertirá este año en Política Lingüística 42 millones de euros, el doble que en 2007, mientras que Baleares gastará más de seis y la Xunta gallega alrededor de 23. Dinero público para que no se hable en castellano. Es un ámbito, el lingüístico, donde la libertad individual y la igualdad jurídica tranquilamente se sacrifican a la difusión del idioma, revestido de altísima significación patriótica. No obstante, distintas plataformas cívicas que se mueven entre la clandestinidad y el heroísmo en el País Vasco, Cataluña, Galicia y Baleares mantienen viva la llama de la libertad lingüística en unos territorios donde la democracia y la razón se pervierten a golpe de anacronismo e ilegalidad. Por desgracia éste es el ecosistema cultural en el que transitan muchos españoles. O escriben en una lengua “normalizada” o deben renunciar a los honores. O comparten una lealtad telúrica o quedan desposeídos de sus propias raíces. Y todo ello en medio de un comportamiento ciudadano sumiso y aturdido .
Entre los instrumentos de acomodación de una sociedad a un régimen o entidad política suelen destacarse el interés, la ignorancia y el miedo. Los tres mecanismos han jugado a favor del modelo nacionalista y de las excentricidades lingüísticas. Pero no sólo en el País Vasco, donde la producción del miedo es la principal actividad de esa denominada izquierda abertzale, el frente político de ETA, que ofrece ruedas de prensa y amenaza, sector, por sector, a profesores, periodistas, jueces, concejales. Y de vez en cuando ETA asesina a alguien para dejar claro que la amenaza puede cumplirse. Afirmaciones y ejecutorias del nacionalismo, también en Cataluña y Galicia, que ellas solas servirían para definir el intervencionismo sobrepasado de un gobierno o su carácter totalitario apenas si producen escándalo. Y no lo producen porque el miedo, la coacción, la pusilanimidad o el fanatismo han llegado a sofocar cualquier percepción crítica de lo que realmente está pasando. Tantos años de violencia lingüística e imposición del imaginario regionalista han embotado la sensibilidad de muchos ciudadanos, incapaces de advertir el carácter profundamente antidemocrático de no pocas políticas de implantación del idioma, al margen de lo que realmente se habla. Ciudadanos voluntaristas que han decidido -sea cual fuere su concocimiento del idioma- que el vascuence, el catalán o el gallego es su lengua y que en ese terreno todo vale hasta incluso la intromisión de los poderes públicos en los usos privados.
La conservación lingüística se impone como una prestación personal, como un gozoso sacrificio que los nacionalistas exigen sin discusión ante el altar de la patria naciente, por lo que cualquier aberración o despilfarro en sus medios de fomento -y los ha habido muchos y variados en estos años- está justificado. El empleo de la lengua y de esa parte de la cultura, considerada vasca, catalana o gallega, para mercadear un trato singular de la administración central, reporta a los nacionalistas una ventaja añadida: permite reclutar una burocracia agradecida de profesores y filólogos –muchos líderes, consejeros de la Generalitat o la Xunta de Galicia y militantes de ERC y BNG lo son- y traductores propagandistas, instalados en el escalafón funcionarial, que viven del presupuesto público y cuyo porvenir profesional se vincula indefectiblemente al triunfo del nacionalismo y de las políticas de “normalización”. Las cuantiosas sumas empleadas en éstas dan para mantener una abundante clientela adicta al régimen que acude presurosa en su defensa cuando llegan las elecciones.
Hasta hace poco, las noticias de las atrocidades lingüisticas y de los atentados contra los derechos de los castellanoparlantes llegaban, fundamentalmente del Pais Vasco y Cataluña pero desde el cambio de gobierno en Galicia y Baleares estas comunidades se han incorporado al aquelarre. Ya no podrá hablase en Galicia de la paz de los cementerios, ya que, a juicio de Lobeira, diputado nacionalista del parlamento autonómico, reflejan la existencia en la Comunidad de un «conflicto lingüístico» por la presencia masiva de lápidas y epitafios en castellano. “Ni vivos ni muertos nos respetan el derecho democrático a usar nuestra lengua”, proclamó ese prohombre de los derechos lingüísticos, que pidió salvaguardar el gallego en las tumbas para que en caso de apocalipsis nuclear la civilización superviviente viese que la lengua de los juglares Xoan Zorro, Meendiño o Martín Codax y la empleada también por Alfonso X, el Sabio en sus composiciones poéticas (estas referencias históricas no pertenecen a su discurso ) era una realidad social. En su estrategia de inmersión lingüística exigió también que los fabricantes de muñecas y videojuegos les hicieran hablar en gallego y que los rostros conocidos y los dirigentes políticos galleguizaran nombres y apellidos para dar ejemplo de amor a la lengua. En el verano de 2006 Galicia sufrió una de las más destructivas ola de incendios de su historia reciente. Los efectos devastadores del fuego sensibilizaron entonces a una parte de la opinión pública que airearon la exigencia de la Xunta -tras la formación del bipartito de socialistas y galleguistas- de acreditar con un título el dominio del gallego para poder ejercer como bombero.
A situación parecida de agresión a la lengua común de los españoles se ha llegado en Baleares sin haber gobernado jamás los nacionalistas, que sólo tienen un diez por ciento de respaldo electoral. La Ley de Normalización Lingüística de 1986 así como el Decreto de uso de la lengua catalana en los centros educativos no universitarios fueron aprobadas por gobiernos del Partido Popular de Baleares. El PSOE, en coalición con cinco pequeños partidos, no ha tenido necesidad de aprobar ninguna ley nueva, simplemente está interpretando y desarrollando al máximo las ya aprobadas por el PP. En abril de este año el gobierno balear lanzó una agresiva campaña destinada a sustituir el bilingüismo en las islas por un predominio absoluto del catalán, en detrimento del castellano, idioma -que no se disimula- debe quedar subordinado a un papel completamente secundario. Y lo que, en pleno siglo XXI después de un largo itinerario de asunción de los derechos individuales, resulta aún más sobrecogedor de la campaña es que reglamentará la libertad de utilizar el idioma que se prefiera “en el ámbito personal e informal”.
Manuel Azaña pensaba que los únicos hombres firmes en sus deberes son los que no ceden en sus derechos. Con mayor razón, tampoco podemos nosotros ceder nada en nuestros derechos lingüisticos frente a quien considera más importante el color de una bandera, hecha de nacionalismo cultural y manipulación política , que el color de la ciudadanía. Se puede engañar a algunos todo el tiempo y a todos algún tiempo, pero no se puede engañar a todos todo el tiempo, dejó escrito Abraham Licoln. Mi optimismo ante el pasaje futuro de las lenguas de España arranca de la convicción de uno de los fundadores de la democracia, aplicado ahora a una práctica política de chantajes identitarios, que juega con las cartas marcadas. En nuestro paraíso políglota, es de esperar que, con el tiempo y los golpes, los españoles saquemos alguna lección del cuento de Saroyan, de su protagonista, un asirio, que en inglés, en una barbería de San Francisco, dice que nació en la madre patria pero que quiere olvidarlo, como quiere olvidar aquella lengua, porque de nada sirve engañarse, porque los asirios son un tema de historia antigua , porque una vez, sí, fueron un pueblo importante, pero eso había sido ayer, anteayer y no tenía ningún sentido lamentarse. En su voz no habla la liviandad romántica, ni el anacronismo, habla la historia y el sentido común “¿Por qué –dice – debería aprender a leer nuestra lengua? No tenemos escritores, ni noticias”.
Comentado por: Oíd el Google Rey, ayer el Google dio... el 12/7/2008 a las 19:52
UN MANIFIESTO NACIONALISTA
Juan Carlos Moreno Cabrera
El manifiesto por la lengua común presentado el pasado mes de junio en Madrid comienza con la siguiente afirmación: “Todas las lenguas oficiales en el Estado son igualmente españolas […] sólo una de ellas es común a todos […] por tanto sólo una de ellas –el castellano– goza del deber constitucional de ser conocida”. Este enunciado contiene una contradicción que recorre de arriba abajo todo el manifiesto. Consiste en afirmar, por un lado, que todas las lenguas oficiales son igualmente españolas y, por otro, que sólo una de ellas goza del deber constitucional de ser conocida. Es decir, no todas las lenguas oficiales son igualmente españolas: una es mucho más española que las demás. No sólo esto; es que además se contradice de forma palmaria el segundo punto del comunicado. En efecto, a continuación se dice que “son los ciudadanos quienes tienen derechos lingüísticos, no los territorios ni mucho menos las lenguas mismas”. Si esto es así, entonces no debería haberse dicho en el punto primero que el castellano goza del deber constitucional de ser conocido, porque las lenguas no gozan de derecho o deber alguno. Aquí se percibe de forma cristalina el nacionalismo lingüístico castellanista imperante en el manifiesto: sólo son las demás lenguas españolas las que carecen de derechos; el castellano tiene todos los derechos del mundo.
Pero ¿sólo las personas individuales tienen derechos y deberes? Que se sepa, existe una entidad política denominada España, con un territorio bien definido y en el que hay una lengua oficial denominada español. Esa entidad se define, entre otras cosas, mediante el derecho a usar esa lengua en todo el territorio del Estado y en todos los organismos oficiales. ¿No está asociada España a derechos lingüísticos y territoriales? ¿No ha ejercido en más de una ocasión España, a través de sus representantes, el derecho a que el español sea reconocido en la Unión Europea como lengua oficial que es de un estado miembro?
En el punto tercero se dice “en las comunidades bilingües es un deseo encomiable aspirar a que todos los ciudadanos lleguen a conocer bien la lengua co oficial. Pero tal aspiración puede ser solamente estimulada, no impuesta”. Conocer la lengua oficial del Estado no es un deseo encomiable, sino un imperativo legal. Por eso, quienes trabajan en las instituciones del Estado están obligados a usar el castellano. Pues bien, si el catalán es oficial en Cataluña, quienes ejercen sus funciones en las instituciones catalanas deberían igualmente estar obligados a usar el catalán. Esta obligación está legalmente legitimada por el hecho de que el catalán es lengua oficial. Es una incoherencia evidente exigir que en Cataluña se hable y escriba en castellano porque es lengua oficial y no hacer lo mismo respecto del catalán, la otra lengua oficial o ¿es que la primera es más oficial que la segunda?
En el punto cuarto se afirma que el hecho de que las lenguas de las comunidades autónomas hayan dejado de estar prohibidas o restringidas es suficiente para el pleno cumplimento del apartado tres del artículo tercero de la Constitución. Pero lo que dice la ley es que las lenguas nacionales de las comunidades autónomas son oficiales y, por tanto, exigir esas lenguas a sus ciudadanos no es acto de discriminación respecto de la otra lengua oficial, el castellano. Lo que sí es un acto de discriminación es no exigir a todos los ciudadanos de las Comunidades sus lenguas nacionales, como lenguas oficiales de pleno derecho que son, o que deberían ser.
A continuación, se hace una serie de solicitudes al Parlamento español. La segunda de ellas consiste en la petición de que “las lenguas cooficiales autonómicas deben figurar en los planes de estudio […] pero nunca como lengua vehicular exclusiva”. Esto equivale a pedir, por ejemplo, que en Cataluña ha de exigirse por ley que no se enseñe en catalán. Pero ¿cómo se puede conciliar esto con la idea de que el catalán es lengua oficial de Cataluña? Creo que no hay manera sensata de hacerlo.
En el punto tercero se insiste en la idea de que no todos los funcionarios de las comunidades cutónomas tienen que conocer la lengua oficial de su comunidad. Esto vuelve a entrar en contradicción con su carácter oficial. ¿Es posible ser funcionario de la Administración del Estado sin conocer el español? Si esto no es posible ¿por qué habría de serlo que un funcionario de la Generalitat no sepa catalán?
En conclusión, lo que parece pedirse en este manifiesto es que las lenguas de las diversas comunidades cutónomas dejen de ser de facto oficiales en ellas para volver a una situación en la que el castellano sea la única lengua realmente oficial en todo el territorio del Estado español.
Estamos, pues, ante un manifiesto a favor de la supremacía y dominio absolutos de la lengua española sobre todos los demás idiomas de España. Por esa razón, es un claro exponente de la ideología del nacionalismo lingüístico español en una de sus formas más radicales y megalómanas. Según esta ideología, el español, lengua oficial del Estado, es superior en algunos aspectos a la práctica totalidad de las lenguas del mundo. En el preámbulo del manifiesto se menciona que sólo hay dos lenguas con mayor pujanza que el español (el chino y el inglés) y que esta lengua se asocia por derecho propio a la comunicación democrática y a los derechos educativos y cívicos. Con premisas como estas no es de extrañar la actitud altanera e intolerante que informa el manifiesto en todos sus puntos.
Juan Carlos Moreno Cabrera es catedrático de Lingüística General en la UAM y autor de El nacionalismo lingüístico. Una ideología destructiva
Comentado por: tranquil el 12/7/2008 a las 15:38
Es conocida la posición de la UNESCO en materia de lengua de enseñanza La UNESCO, reconoce el alto valor cognitivo y la beneficiosa influencia sobre la personalidad del niño que posee la enseñanza en lengua materna y el bilingüismo escolar
... y ese es el verddero, (no de verdad filosófica) , real, de la escuela pública, en cualquier lugar de España.. que es imposible dar clases en la lengua materna a los niños que ya son muchos, los emigrantes, pobre profesor!
el problema de la política de la Generalitat es un problema político, que ya tenía Pujol y antes....
Ese es el problema de un mundo que se está globalizando, no el catalán, el vasco o el hispanisch.
Se ayuda más pensando en cómo resolver la situación de los profesores frente a tantos niños ( que po supuesto deben recibir educación pública, privada lo dudo, no tienen pasta)
el problema es ese en España y muchos países, no sí hay que enseñar catalán o no....
eso muy local, muy nacionalista esa discusión, poco internacional.
Eso es lo que la UNESCO, no sabe rsolver, pero en ello están otras organizaciones no gubernamentales... m!
Eso es un problema muy grave.
Sí en Cataluña hacen analfabetos, en PISA dicen que es toda España indepndientemente de que hablen solo con acento español.
Sí, se puede escribir un Manifiesto, y tener o no razón... pero querer implícitamente decir que como no me apoyan,,, es una mentira política....
pues, elproblema grave son emigrantes!
Un Manifiesto para ellos, por fvor!
Comentado por: Enea el 12/7/2008 a las 15:36
no se debate sobre nacionalismo, ni si hay quien se siente español o catalán o ambas cosas a la vez. se debate precismente porque en el actual marco constitucional, en el actual estado de cosas, el catalán es una lengua española. si esto es correcto, por qué molesta que se haga parte de la educación integramente en catalán (sí, parte, porque la ignorancia es tan atrevida que oculta que no es troda la educación en esa lengua). el argumento de la lengua materna no es válido, porque precismante lo que se intenta es que los niños sean competentes en ámbas lenguas oficiales, en las dos lenguas ESPAÑOLAS oficiales en Cataluña. Lo que se intenta es compensar los déficits en alguna de las lenguas oficiales que pudiera tener el alumno, dependiendo del entorno sociolingüístico. Así, en comarcas donde el catalán es socialmente predominante, las escuelas profundizan en la enseñanza del español, simplemente porque forma parte del currículum y del marco legal. si tuvieramos que seguir al pie de la letra lo de la lengua materna creariamos guetos con niños escolarizados en escuelas urdu, árabe, inglés... Además en una sociedad interlingüística como la nuestra hay casos verdaderamente nuevos y especiales, como las madres paquistanís que hablan a sus hijos en castellano (y no en inglés ni en urdu) para que sea más eficaz su integración. Lo que pasa es que bajo el maquillaje de los derechos humanos esconden algunos un nacionalismo español, respetable si no fuera porque parte de premisas falsas. además, claro, cuando le conviene la cosntitución del 77 es la gran panacea, y cuando conviene no es ma´s que la derrota del estado ante los demonios vascocatalanes. hay que recordar que la norta media de los alumnos catalanes en cuanto a la lengua castellana, según el informe PISA, es superior a la media española! incluso superior a autonomias con una única lengua oficial como andalucia.
Comentado por: !K el 12/7/2008 a las 15:28
El debate sobre el lenguaje forma parte del debate sobre la definición de lo que hoy se entiende por identidad, un concepto que, en contraste con las forma de ver las cosas de sus defensores, es relativamente reciente. Según esa idea, la identidad, la forma específica de cada uno de ser humano, está moldeada no sólo de dentro hacia afuera, que sería un modo expresivo, sino de fuera hacia dentro, el modo participativo. Todos somos miembros (sin ánimo de bromear) de múltiples colectivos: según el sexo, edad, profesión, ideas políticas, aficiones, etc. Pero, no todos estos grupos tienen un mismo valor a la hora de configurar una identidad.Uno de ellos es la cultura: a diferencia de otros (por ejemplo la adscripción política) no es electivo. Uno no lo escoge, sino que le viene dado. Es lo que desde Herder se denomina pueblo. Uno no puede tener una verdadera identidad sin pertenecer a uno. Así, en la discusión que aquí se ha seguido, el que no es catalán(ista) es que debe ser español(ista). Es el concepto de nación como algo preexistente a los individuos, en el que ellos se integran para elaborar su identidad. Sin ella, sin una nación, son individuos fallidos, en cierto modo huerfanos. Cuando esta manera de pensar es la que impregna a los gobernantes nos encontramos con casos como el de Cataluña.
Evidentemente, esa no es la única forma de concebir una nación. Hay otra tradición en la que la nación es lo que forman los individuos al asociarse, es el hecho mismo de concederse mutuamente el reconocimiento de derechos lo que constituye la nacionalidad, el que los convierte en ciudadanos, sin otra identidad 'añadida'. Sería el modelo anglosajón: Gran Bretaña o EEUU, que parece que aquí nos pilla algo lejos. Quizás el Manifiesto en cuestión intenta inscribirse en esa línea.
Para los de la primera opción, es necesario a toda costa mantener los rasgos identitarios. Así, no sólo quieren hablar un idioma, el catalán o el francés en Quebec, sino que quiere asegurarse de que sus hijos también podrán. Ello implica necesariamente que su forma de ser miembros de un club, a diferencia de la de Groucho Marx, es que todos los demás también deben serlo. Si todo el mundo no es forzado a hablar un idioma es posible que éste se extinga (ocurre literalmente a diario) y algo de su identidad se pierda. Esto es más importante que la libertad individual en este caso.
Un ejemplo notable de este procedimiento lo tenemos en las políticas denominadas multiculturalistas. Según ellas, no sólo los individuos deben tener los mismos derechos (ésta es la visión liberal) sino también los colectivos, herederos de una historia. Así, se reclama para los musulmanes el poder usar su propia ley frente a la de la mayoría de la población. Algo así está ya ocurriendo por ejemplo en Australia, donde los aborígenes con leyes y costumbres indudablemente mucho más antiguas que las liberales traidas por los colonos blancos, pueden verse tratados de forma distinta en los tribunales.
En el enfoque de esta tradición aceptada hay una serie de malentendidos.
En primer lugar, lo que se ha dado en llamar falacia naturalista, el paso del ser al debe. No porque algo sea de determinada manera implica que deba ser así o seguir siéndolo. Esta falacia, ampliamente aceptada hoy por lo que hace a los fenómenos naturales, se sigue manteniendo todavía por lo que hace a los culturales.
Otro malentendido es la forma de ver la cultura. Estas culturas identitarias de hoy día son tradiciones aceptadas, cosncientemente adoptadas por sus miembros. De este modo, son muy distintas de las que la Ilustración se proponía enterrar: cuando un agricultor francés del siglo dieciocho iba a misa no decía: 'Yo he escogido esta forma de cultura de entre las varias posibles y quiero preservarla'. En cambio, las culturas actuales son conscientes y elegidas. Como tales, son un fenómeno post-ilustración. Así, cuando el gobierno de Quebec prohíbe a los hijos de inmigrantes acudir a escuelas en inglés o no permite las señales públicas más que en francés, está siguiendo una política consciente de favorecer una cultura entre otras. Para ese gobierno, el mantenimiento de la cultura francesa es un bien en sí mismo.
Por otra parte, en el planteamiento de los partidarios de la identidad cultural, la cultura se ve como algo eterno. Alguien en este blog mencionó el 'derecho' de seguir llamando a los ríos y montañas como sus padres y abuelos hicieron. Pero es claro que muy a menudo, antes de ese nombre tuvieron otro. La cultura siempre es un resultado de cambio: la visión estática es falsa y posiblemente contraproducente. Si Galileo hubiera estado totalmente integrado en las ideas de su comunidad no hubiera desafiado a la Iglesia. Si los cocineros catalanes de hace quinientos años hubieran pensado como Santi Santamaría hubieran rechazado los productos no tradicionales venidos de América y no existiría la samfaina.
Les parece a los partidarios de la identidad colectiva que la cultura es como el oxígeno: sin ella el individuo muere. Ello puede ser cierto, pero es que no ha muerto nadie por esta causa, que se sepa. Siempre hay una cultura. La diferencia está en considerar como cultura lo que los individuos hacen o lo que debrían hacer. Por ejemplo, la candidatura de Obama ha vuelto a poner de manifiesto la existencia en EEUU de una idea de cómo debe comportarse un negro para ser considerado como tal. Ciertos comportamientos y actitudes pueden acarrear la acusación por otros miembros de su colectivo de que es un 'blanquito', que renuncia a la auténtica cultura africana que le fué arrancada en el pasado a su pueblo.
Citando a Finkielkraut, mencionado hace poco por Azúa: 'O la gente tiene derechos o tiene uniformes; o bien se pueden liberar ellos mismos de la opresión ... o la cultura tiene la última palabra'. En el youtube con una entrevista a Azúa que alguien colgó aquí hace unos días, éste decía algo así: en cuanto nos demos cuenta de que tenemos una identidad hemos de procurar empezar a cambiarla.
El peligro con los multiculturalistas es que, de modo no muy diferente a los científicos racistas de hace unas décadas, perciben las culturas como identidades fijas e inmóviles. Pero, claro, eso no es más que lo que constituye hoy día su cultura.
Comentado por: individuo a secas el 12/7/2008 a las 14:46
Yo recuerdo una conferencia de Fraga, ministro franquista, en la Pompeu de Barcelona el año pasado a favor del federalismo y en contra de la nación política española. Es verdad que los nacionalismos la herencia de aquellos señores.
¡Abajo los privilegios! ¡Mueran los actuales nacionalismos franquistas!
Comentado por: Pere el 12/7/2008 a las 11:39
También, por ejemplo, esto:
1-¿Hacia dónde avanza el nacionalismo catalán? La pregunta, por supuesto, puede hacerse extensiva a otros nacionalismos y a su significado en las sociedades modernas. Al uso político de unos presuntos “valores de identidad” en tanto “pequeña realidad” alrededor de la cual la sociedad debería “contraerse”, suprimiendo de forma coercitiva las diferencias —ya en sí mismas modernas y complejas—, en nombre de una presunta homogeneidad de origen.
2-El nacionalismo catalán se articula hoy a través de una violencia más o menos solapada, que opera institucionalmente revestida de “buenas maneras” y apoyándose en una historia de “exclusión” y “renacimiento” para proteger “valores de identidad” o “etno-históricos”. A lo cual se añade un reciente nacionalismo radical, que basa en la agresividad hacia los valores y las normas democráticas su política de exclusiones.
3-Pero la sociedad catalana no es sólo multilingüe. No se trata sólo -ni en primer lugar- del lenguaje. Demasiadas variables culturales confluyen actualmente en Cataluña como para que una minoría intente promover un colapso identitario. El nacionalismo no acaba de entender que la aplicación de una lengua no convierte al hablante en la identidad que esa lengua cree reproducir. Ni quiere entender que dicho esfuerzo por parametrar las operaciones lingüísticas no resuelve ni resolverá jamás el complejo problema de las identidades en el mundo moderno. Por otra parte, a partir de tales instrumentaciones –recordemos que el entramado institucional catalán, pagado con el dinero público de contribuyentes bilingües, apoya casi exclusivamente proyectos, eventos y políticas culturales enmarcadas dentro de la lengua catalana–, se crean fracturas innecesarias entre lenguas y culturas que hasta ahora han logrado crear vínculos y armonías saludables.
4-Hoy, en Cataluña, el entramado político, cultural y educacional ejerce una política francamente totalitaria. La reciente Feria de Frankfurt —donde la cultura catalana fue el invitado especial— resulta un ejemplo de cómo puede manifestarse una opción totalitaria desde una sociedad democrática. De cómo se pueden manipular los nombres y las realidades culturales. De cómo el nacionalismo puede quebrar la complejidad de una literatura y reordenarla según mecanismos que no emanan de la complejidad y riqueza de esa misma literatura. Y de cómo la injerencia de los grupos políticos en el campo libre de la creación y la cultura no es sólo una gesticulación ridícula, sino también desestabilizadora y destructiva para la cultura en general y el equilibro social de una sociedad perfectamente bilingüe.
5-Podría pensarse que la reciente expulsión de una escritora latinoamericana de la emisora Catalunya Ràdio por no hablar en catalán es un acto extremo. Pero lo cierto es que hoy muchas instituciones catalanas practican hoy políticas despóticas contra los hablantes en castellano a todos los niveles de la sociedad. En Cataluña se reproducen modelos de control lingüístico en todos los ámbitos —en las aulas, en las universidades, en las oficinas de cultura, en el comercio—, que, junto a las leyes y normas que éstos aprueban y ponen en práctica, conforman una realidad institucional amenazante. No es sólo el sistema de normas y reglamentaciones lo que crea el contexto social totalitario. El “miedo” y la “culpabilidad” son dos emblemas que se usan para ejercer presión sobre los hablantes en castellano. El miedo a ser excluido. La culpabilidad de pertenecer a una lengua “imperial”.
6-¿Qué le espera a Cataluña si se produce una “desagregación” de España? Los actuales síntomas pueden leerse como el preludio de un futuro inquietante, pues la dinámica de una sociedad democrática, que rebasa el reduccionismo identitario, se vería gravemente comprometida por regresiones delirantes sustentadas en valores parciales como la lengua. Regresiones que, en el fondo, no esconden sino el juego de unos poderes que no tienen nada que ver con la libertad esencial de la cultura.
ESCRITORES RESIDENTES EN CATALUÑA QUE SUSCRIBEN LA CARTA
Aníbal Cristobo (escritor brasileño)
Ginés Gorriz (escritor cubano)
Ernesto Hernández Busto (escritor cubano)
Pedro Marqués de Armas (escritor cubano)
Radamés Molina (escritor cubano)
Ana Nuño (escritora catalana de origen venezolano)
Rolando Sánchez Mejías (escritor cubano)
Rogelio Saunders (escritor cubano)
Leonardo Valencia (escritor ecuatoriano)
FIRMAS DE APOYO
Carlos Aguilera (escritor cubano)
Jorge Luis Arcos (escritor cubano)
José Eduardo Barros (psicoanalista y fotógrafo brasileño)
Gabriel Bernal Granados (escritor mexicano)
Régis Bonvicino (escritor brasileño)
David Bustos (escritor chileno)
Fabiano Calixto (poeta brasileño)
Luis Dolhnikoff (poeta brasileño)
Arcadi Espada (escritor catalán)
Jorge A. Pomar (traductor y escritor cubano)
Javier (Azúcar) Iglesias (escritor cubano)
Jose Iraola (artista plástico cubano)
Santiago Méndez Alpízar (escritor cubano)
Idalia Morejón (escritora cubana)
Xavier Pericay (escritor de origen catalán)
Armando Pinto (escritor mexicano)
Antonio José Ponte (escritor cubano)
José Prats Sariol (escritor cubano)
Solange Rebuzzi (escritora brasileña)
Efraín Rodríguez Santana (escritor cubano)
Leila Soraya Menezes (escritora brasileña)
Michel D. Suárez Sian (periodista cubano)
Daniel Tercero (periodista español)
Josely Vianna (escritora y traductora brasileña)
Comentado por: ... el 12/7/2008 a las 11:32
Dice Erasmo: "Obra mal el que no toma las cosas como vienen, el que no baja a andar por la calle, el que no quiere acordarse, al menos, de aquella sabia norma de los banquetes: O bebes, o te vas.
Con lo de Cataluña, País Vasco, etc., es lo mismo: si no comulgas, te vas y Santas Pascuas. Es lo que he hecho. ¿Por qué gastar la vida en una lucha tan estéril? Y más después de comprobar que a la inmensa mayoría de los extorsionados se la suda. No pretendan ustedes hacer libres por leyes a los esclavos por costumbre. El mundo es ancho e, incluso, hay lugares en los que se valora el mérito. O, al menos, te dejan ir a tu bola.
Comentado por: Francisco de la Vega el 12/7/2008 a las 11:25
Algunas cosillas que pasan en Cataluña:
"Desde 1996 diversos organismos internacionales vienen denunciando la vulneración del derecho de los niños a recibir la enseñanza en lengua materna en Cataluña. Así El Comité para la Eliminación de la Discriminación racial de la O.N.U. en informe de septiembre de 1996 y posteriores, observaba como un motivo de especial preocupación que en Cataluña y en el País Vasco “a los niños de la minoría castellana les puede resultar difícil recibir la educación en su lengua materna”. De igual manera, y en fecha más reciente, el Informe de la Comisión contra el Racismo y la Intolerancia del Consejo de Europa en enero de 1999 denunciaba las dificultades a las que, a veces, se enfrentan los niños de lengua castellana residentes en Cataluña y el País Vasco, “cuando se trata de recibir una educación en castellano en las escuelas”. Lo mismo advertía La Oficina de Democracia, Derechos humanos y Trabajo del Departamento de Estado de los Estados Unidos de América en su informe del año 2000 sobre derechos humanos en el mundo.
Desde entonces y hasta la fecha, en un proceso gradual pero inexorable, el Gobierno de la Generalidad de Cataluña, haciendo caso omiso de esas denuncias y de la voluntad de sus ciudadanos, ha venido implementado políticas lingüísticas escolares que han extendido, si cabe aun más, la discriminación de los niños castellanohablantes. A pesar de que en Cataluña el castellano y el catalán son lenguas cooficiales, el gobierno catalán ha impuesto, mediante el llamado sistema de “inmersión lingüística”, una de esas dos lenguas, la lengua catalana, como la lengua exclusiva de la escuela en todos sus niveles, marginando y finalmente excluyendo del ámbito escolar la lengua materna de más de la mitad de los ciudadanos en Cataluña, el castellano.
A pesar del reconocimiento legal del derecho de los niños a recibir la primera enseñanza en su lengua materna y de la obligación legal de la Generalidad de Cataluña de garantizar ese derecho y poner los medios para su ejercicio efectivo, el gobierno autonómico ha suprimido de facto ese derecho obstaculizando su ejercicio, como recientes Sentencias del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña acreditan, y otorgando a los niños castellano hablantes un trato discriminatorio, la llamada “atención individualizada”, en los casos en los que sus padres han llegado a solicitar la efectividad de ese derecho.
La situación actual es que sólo los niños catalanohablantes reciben sin ningún obstáculo, y sin que tengan que solicitarlo, la totalidad de la enseñanza en su lengua materna, mientras que los castellanohablantes, en el caso de que lo soliciten expresamente, obtienen, en el mejor de los casos, lo que se que denomina “atención individualizada” que consiste en que el profesor, en el interior de la clase exclusivamente en catalán, “explica individualmente al niño castellanohablante lo que no ha entendido”. Tal procedimiento ha de ser calificado de inequívocamente discriminatorio, puesto que implica un trato desigual, e incluso humillante, para los niños castellanohablantes respecto a los catalanohablantes.
En los demás niveles escolares el castellano se halla absolutamente excluido como lengua vehicular o de aprendizaje, limitándose su enseñanza a la de una lengua extranjera. Con lo cual se priva a los todos escolares de Cataluña, catalanohablantes y castellanohablantes del aprendizaje y dominio de la lengua castellana, lengua común de todos los españoles y lengua de ámbito internacional, con el consiguiente perjuicio de su formación.
Esta situación, como sostiene los expertos y los organismos internacionales (UNESCO desde 1953) ocasiona a los niños castellanohablantes muchos problemas y retrasa su aprendizaje. Los últimos informes (PISA 2003) proporcionan cifras alarmantes sobre el fracaso escolar de los niños castellanohablantes en Cataluña: frente a un índice de fracaso escolar de los niños catalanohablantes del 18,6%, los niños castellanohablantes alcanzan la cifra de 42,6%, una diferencia porcentual del 24%. Una situación de grave desigualdad social que discrimina a los niños castellanohablantes y que no parece importar a los responsables de la política educativa del gobierno autonómico. Todo lo contrario: las declaraciones al respecto de los responsables del gobierno autonómico son inequívocas: “No basta con que toda la enseñanza se haga en catalán: debemos recuperar el patio, el pasillo, el entorno” (Josep Vallcorba, 2004).
Para conseguir que los escolares castellanohablantes abandonen el uso de su lengua materna y asegurar la erradicación del castellano en la escuela, el gobierno catalán recurre a métodos coactivos que, se concretan en el llamado “Plan para la lengua y la cohesión social”, que entre otras medidas, incluye creación de la figura del llamado “Coordinador lingüístico de interculturalidad y cohesión social del centro”, un verdadero comisario político-lingüístico, que asegura en cada centro escolar que profesores y alumnos utilicen en todo momento y de manera exclusiva la lengua catalana y abandonen el uso de la lengua castellana.
Que la imposición coactiva del monolingüismo en una sociedad bilingüe como la catalana se encubra además con apelaciones retóricas a la multiculturalidad y la igualdad y diversidad sociales no es sino expresión cínica de una ideología de naturaleza etnicista que no puede concebir la educación sino en términos de adoctrinamiento y encuadramiento, que hace depender la cohesión social de la uniformidad de la conciencia de los ciudadanos y que, consecuentemente, prohíbe la libertad lingüística, concibiendo el bilingüismo o la diversidad lingüística de una sociedad como amenaza para la “convivencia”.
El modelo educativo actualmente implantado en Cataluña, que se concreta finalmente en los proyectos lingüísticos de los centros, se sostiene por lo tanto, en la discriminación de los alumnos castellanohablantes, colocándolos en una posición de inferioridad social, con la consiguiente vulneración del derecho a la educación y la negación del su fin principal: el libre desarrollo de la personalidad del niño.
Es conocida la posición de la UNESCO en materia de lengua de enseñanza La UNESCO, reconoce el alto valor cognitivo y la beneficiosa influencia sobre la personalidad del niño que posee la enseñanza en lengua materna y el bilingüismo escolar. La posición de la UNESCO al respecto se resume en los principios recogidos en el reciente documento: “Educación en un mundo multilingüe” (Education in a multilingual world. Education Position Paper, UNESCO, 2003), a saber:
I.- La UNESCO respalda la instrucción en lengua materna como medio de mejora de la calidad educativa al desarrollar el conocimiento y la experiencia de escolares y profesores. La instrucción en lengua materna es esencial en la enseñanza inicial y la alfabetización, y debiera ser extendida en los demás niveles educativos todo cuanto sea posible .
II.- La UNESCO respalda la educación bilingüe y/o multilingüe a todos los niveles de la educación como medio de promoción simultánea de la igualdad social y de género como un elemento clave de las sociedades lingüísticamente diversas.
III.- La UNESCO respalda la lengua como un componente esencial de la educación intercultural con el fin de fomentar el entendimiento entre diferentes grupos de población y asegurar el respeto a los derechos fundamentales.
Estos principios contradicen de forma frontal la política lingüística del gobierno de la Generalidad de Cataluña en la enseñanza confirmando su carácter discriminatorio y contrario a los derechos de los niños. La mayoría de la ciudadanía catalana ha mostrado de forma constante y reiterada su disconformidad con la política lingüística escolar de la Generalidad de Cataluña. Diversos estudios, entre los que cabe destacar: el estudio 2.2298 de C.I.S. sobre Usos de lenguas en comunidades bilingües: Cataluña, La familia española ante la educación de sus hijos dirigido por el sociólogo Víctor Pérez-Díaz y Cataluña en la España actual: percepciones y actitudes ciudadanas, encargado por la Generalidad de Cataluña, vuelven a poner de relieve la grave diferencia entre las preferencias lingüísticas de los padres sobre la lengua en la que sus hijos deben recibir la educación y la realidad de la escuela en Cataluña. El estudio de Pérez Díaz pone, en efecto, de relieve, una vez más, el inequívoco deseo de la ciudadanía catalana de un “reequilibrio” (el término es de los autores del estudio) entre las lenguas común y vernácula, confirmando así – si no en el detalle, al menos en cuanto a lo esencial- los datos de la última encuesta del C.I.S. En este estudio el grado de desacuerdo con la política lingüística escolar del gobierno de la población catalana es de tales dimensiones que debería causar verdadero escándalo: ante la afirmación de que en las escuelas públicas de Cataluña la enseñanza debe impartirse sólo en catalán, el 27,5 % de los encuestados afirma estar más bien de acuerdo, mientras que un 69,9%, se muestra más bien en desacuerdo. En el estudio de Pérez-Díaz, el 39% de los padres afirma preferir el catalán como lengua “vehicular” exclusiva o preferente, un 24% una enseñanza bilingüe, y un 30%, el castellano, exclusiva o preferentemente. Por su parte, en la encuesta de la Generalidad sobre la imagen de Cataluña en España, antes citada, el 44,7% de los encuestados en Cataluña sostiene que “la enseñanza del catalán debería ser voluntaria”, frente al 52% que avala su obligatoriedad.
CONVIVENCIA CÍVICA CATALANA viene luchando desde su fundación contra estas prácticas discriminatorias promoviendo el derecho a la educación en lengua materna en el inicio de la instrucción y el bilingüismo real en las escuelas catalanas. Creemos que ha llegado el momento de incrementar nuestros esfuerzos y comprometer a la ciudadanía de una manera definitiva en la erradicación de una situación incompatible con una sociedad democrática. Y para ello iniciamos una recogida de firmas, que serán presentadas en todas las instancias políticas españolas e internacionales, con el fin de que sean abolidas todas las normas que limitan el derecho de los niños a recibir la primera enseñanza en su lengua materna y todas las prácticas discriminatorias por razón de lengua en las escuelas de Cataluña, para que se reinstaure el modelo de “conjunción lingüística o de bilingüismo integral”, en el que la primera enseñanza del niño sea impartida en su lengua materna, siendo la segunda lengua introducida progresivamente en la segunda enseñanza, sin que en ningún caso ninguna de las dos lenguas, el castellano y el catalán, sean excluidas como lenguas vehiculares, para asegurar a todos los escolares, al final del proceso educativo, una igual competencia lingüística en las dos lenguas oficiales como medio para el libre desarrollo de la personalidad del escolar y la evitación del fracaso escolar."
Comentado por: Mariona & co el 12/7/2008 a las 11:04
Comentado por: ab el 12/7/2008 a las 11:02
La semilla del problema nacionalista está en una Constitución que intentó erróneamente contentar a la sinrazón.
Ojalá hubieramos hecho como en Francia. ¡Sí a un estado igualitario! ¡No a la disgregación oligárquica nacionalista!¡Viva una república socialista sin nacionalismos!
Comentado por: Miquel el 12/7/2008 a las 10:59
Savater filósofo, Azúa doctor en filosofía, Pombo se licenció en filosofía en España y luego otra vez en Inglaterra, Gorriarán doctor en filosofía... ¿Habrá hecho bien la administración en eliminar la filosofía de los planes de estudio? En todo caso habría que investigar la relación entre la filosofía y la propensión a coger "enfermedades de la lengua".
Comentado por: pc el 12/7/2008 a las 10:48