El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
sábado, 11 de octubre de 2008
A la reja, matador
Tengo una fijación con las rejas. Cada vez que se me presenta la oportunidad de visitar una cárcel, alguien adentro se relame el paladar y secreta fluidos inmencionables. El solo aire que se respira en cautiverio tiene un tufo de realidad extrema, desde cuyos rincones todo el mundo exterior parece un espejismo prodigioso. Por lo demás, cada viaje a la entraña del ergástulo supone un diplomado en germanías subterráneas. En ninguna otra parte las palabras se ofrecen en ese estado fresco que delata su cuña urgente y recentísima. ¿Quién, sino el presidiario, necesita palabras nuevas cada día, por motivos de estricta supervivencia?
En cuanto a las historias de la cárcel, casi ninguna tiene desperdicio. Cada preso sabe contar la suya con el estilo de un narrador consumado, pues incluso quien habla entre balbuceos lo hace con el poder de convencimiento de quien lleva años, décadas a veces, dándole vueltas al mismo argumento. ¿Qué de extraño tendría que buena parte de esos dramas de la vida real fueran, al cabo de algún tiempo, relatos de purísima ficción? Y una vez instalados en la ficción, ¿queda acaso algo más que el estilo? Y el estilo también tiene que ver con la supervivencia, por eso cada quién saca brillo a su historia de forma que al final infunda respeto, que finalmente es la moneda más cotizada de cualquier prisión.
—Después de la inocencia, colega —Afrodita sin duda no la conoce, y es verdad que me gusta más por eso. Uno se sabe en manos de una mujer cuando le da por venerar sus defectos.
Nadie como los presos entiende que ese asunto de la inocencia no es sino un accidente relativo. El argumento más claro al respecto en su momento me lo ofreció el Doctor, un interno del Reclusorio Sur condenado a treinta años de prisión por el asesinato de uno de sus compadres. "Puro cuento", me aseguró aquella tarde el Doctor, que a todo esto debía el sobrenombre a su trabajo de distribuidor freelance de roipnoles y fármacos dentro del reclusorio. "Mi compadre", rumió, mascando rabia, "tiene la culpa de que yo esté aquí, quería joderme y me encerró en la cárcel". Lejos de pretender contradecirlo en un tema que él insistía en dominar, me atreví a preguntarle cómo podía su compadre muerto ser el culpable de su desgracia.
"Yo no quería matarlo, por eso le metí la cuchillada del lado derecho, para no herirlo en el corazón. ¿Y qué hizo él? ¡Nada! Se quedó ahí tres horas, echadote en el piso, en lugar de llamarle al médico. Hasta que se murió. Lo hizo para joderme, estoy seguro." Pudieron ser tal vez otras palabras, pero el estilo sí que lo recuerdo. El Doctor se miraba tan seguro de su evidente inocencia como de la sinuosa perversidad de su compadre muerto: exactamente el tipo de convencimiento que se requiere para escribir ficción. No puede uno probar cabalmente que existan o hayan existido sus amigos, pero tiene un altero de pruebas irrebatibles en torno a la existencia de sus personajes; igual que el empeñoso amante imaginario puede probarlo todo menos la realidad.
—¿Me hablaba, coleguita? —cada vez que Afrodita del Carmen se sonroja y sonríe, hay algo en su expresión que hace sobresalir sus dos colmillos superiores. Y me gusta por eso, también. Temo que si la viera saliendo de un sarcófago echaría el ajo y la estaca por la ventana.
No sabría responderle sin delatar, por la vía traicionera del estilo, ese torcido gusto por sus defectos que me arranca de cuajo la inocencia y a modo de consuelo me sentencia a creer que Afrodita me clava los cuchillos cuidando de no herirme el corazón. Afrodita del Carmen, tus puñales son mis rejas.
—Colega, por favor. No lastime mi honesto sentido del ridículo.
[Publicado el 20/7/2007 a las 11:31]
Me gustas,esa manera de narrar provoca en mi una excitación inmediata al cual se le parece al final de un helado que no quieres compartir, me fascina la forma en que manejaste a Vaiolet imposible obra creada por un hombre- jamás encontre un autor que pudiera colocarse en un saco femenino I love it!!
por cierto compre mi literatura Shakespeariana de sanborns ayer una cosmopolitan y Éste que ves.
Comentado por: Perla el 23/7/2007 a las 10:14
don xavier velasco, apenas ayer me enteré de que tenías éste blog... y que lo leo todo.
he leído tus libros y columnas en milenio y sólo quiero decirte que encontrarte por acá ha sido una grata sorpresa. mucho más todavía, darme cuenta de que volviste acompañado por la señorita afrodita, a la cual, desde ya se antoja seductora.
para muchos, las carceles, al igual que afrodita, tienen esa magía perversa que nos atrae al peligro. uno decide jugarse el pellejo con tal de conocer un poco de esas historias que tras las rejas (o una mirada de mujer) se esconden.
saludos, nos estamos leyendo.
http://gabrielrevelo.blogspot.com/
Comentado por: gabriel revelo el 23/7/2007 a las 01:18
Pues sí es perverso, y lo peor es que lo hacemos todos los días: el sufrimiento en comandita. Por rencor, envidia, orgullo...parecería mentira por ilógico, pero es verdad: no nos contentamos sólo con estar bien, además queremos que los demás estén mal.
Comentado por: Tipo de incógnito el 22/7/2007 a las 08:43
Cómo estás wey?
Cierto, cuéntame la experiencia que tuviste con una ex tuya ecuatoriana...y si es cierto que dijiste que las ecuatorianas eran easy girls.
saludines
Comentado por: Flavio el 22/7/2007 a las 07:03
Comentado por: Pueso el 22/7/2007 a las 05:58
No es fÁcil eso de ampararse en los resultados. Las religiones muestran su sustrato social en estos tiempos.
Comentado por: HjorgeV el 22/7/2007 a las 02:20
Comentado por: Gillete Filo el 21/7/2007 a las 03:20
Comentado por: Garbó el 21/7/2007 a las 03:08
A ese recluso Namoroso o como se llame (si tienen ordenador en tu cárcel, puedes consultar el diccionario real, jodé , tío):
pusilánime
(Del lat. pusillanimis).
1. adj. Falto de ánimo y valor para tolerar las desgracias o para intentar cosas grandes. U. t. c. s.
Comentado por: Clousó Rosa el 21/7/2007 a las 03:06
Que gusto encontrarte en el mundo blogger, a ver cuando vienes a visitarme al pueblito aca a Tijuana y te cuento un cuento.
Comentado por: Dulce Geisha el 20/7/2007 a las 23:34
Hola Ex- Alfagurar II.
Lo que sucede es que la mayoria tenemos tanto gusto y morbo mal sano por las tragedias ajenas, que estas nos terminan apasionando y envolviendo al punto de convertirnos unos verdaderos pucilanimes.
Uno en la carcel tiene todo el tiempo del mundo para leer y escribir, es mas anda uno con tanto rencor metido que, bien orientado, mas de algun recluso podria escribir Mein Kampf II o III.
XX OO
Comentado por: Namor Adenip el 20/7/2007 a las 16:58
Comentado por: escarola el 20/7/2007 a las 13:43
Ten cuidado, coleguita, esos colmillos son un implante que ella misma extrajo de los restos del conde Drácula, después de atizarle un par de balazos de plata (el pobre los lleva falsos desde entonces, por eso tuvo que jubilarse; ahora hace trabajos de extra en películas de serie B). Y sé que tiene la nevera llena de tipos como tú, con los que se hace tinto de verano .Su corazón es insondable, nadie ha dado aún con él, varias expediciones han fracasado en su busca. Así que si te empeñas en quedártela allá tú. Por cierto, odia que la llames Carmen , ese nombre protohispánico.
Comentado por: escarola el 20/7/2007 a las 13:41
11/10/2008 06:22
Publicado por: yorkperry
11/10/2008 02:14
Publicado por: Ana Valesmil
11/10/2008 01:17
Bueno, da curiosidad, promete,...
Publicado por: cymboline
10/10/2008 23:43
Al escoger un libro me tiene que...
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Publicado por: Tamiris Lippl
10/10/2008 23:41
en primer lugar, gracias por la...
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10/10/2008 23:09
"I'm just your neighbor and...
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