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El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

jueves, 28 de agosto de 2008

Blog de Xavier Velasco

Tóxico City Blues

Como veinte millones de chilangos, aprendí a intoxicarme desde pequeño. Creo que mi organismo, como es costumbre aquí, ha ido desarrollando hacia las toxinas una forma de tolerancia francamente rayana en preferencia. Nos gusta intoxicarnos de formas tan variadas como caminos pueden imaginarse para sacarle la lengua al mal fario, por el puro placer de descartar tres ases y quedarse con dos cartas impares. Y esto, decía, empieza temprano. Ya en los primeros años escolares nos vemos desafiados a devorar toda suerte de caramelos picantes, amén de polvos rojos y anaranjados que hacen a los novatos retorcer las facciones y estremecerse como en mitad de un síndrome de abstinencia.

Pero eso pasa pronto. No aprendemos aún a sumar y restar y ya jugamos a los toxicomanitos. Me recuerdo en la escuela, vaciándome los sobres de chamois, chile piquín y polvo de limón directo en la campanilla, con una fanfarronería no muy distinta de la de esos borrachos de Plaza Garibaldi que pagan por mostrarle a sus compadres cuántos choques eléctricos resisten.

—¿Y eso como preludio a qué, colega? Porque a mí esos rituales privados del compadrazgo me parecen más sospechosos que un mariachi vestido de Pierrot.

—Pues de Pierrot no sé, pero debe de haber docenas de afectos a vestirse de Thalía. Costumbres nacionales, ya sabrás.

—¿Nacionales? No sea usted tan pacato, colega. ¿Cuándo va a terminar de descubrir que hay vida más allá de su pinche pueblo? ¿No se da cuenta que un mariachi vestido de Thalía es Patrimonio de la Humanidad?

—Yo no estaría tan seguro. De hecho, no creo ni que sean especie en extinción. ¿Qué hora tienes?

—Las dos de la mañana. ¿A poco está pensando en traerme serenata?

—Es muy temprano. Casi ningún mariachi se viste de Thalía antes de las cinco. A partir de esa hora las puedes encontrar en El 33, peleándose con las Paulinas Rubio. Un lugar tóxico, ese 33.

—¿Hay algo en Garibaldi que no sea tóxico?

—Ay, Afrodita, qué ternura me das. Ni siquiera en ti, y yo diría que en ti menos que en nadie, hay un solo rincón que no sea tóxico —dicho esto me le arrimo como el mariachi a su guitarrón, bajo una serenata de fuego glandular cruzado y a mansalva.

—¡Atrás con esas glándulas, que está infringiendo cláusulas! —retrocede, amenaza, me recuerda a zarpazos oculares que en estos menesteres, como en tantos, una cosa es una cosa y otra cosa es otra. Y viceversa, claro.

—¿Vas a negarme ahora que ese par de pupilas pugilistas son plenamente ajenas a la toxicidad circundante?

—Una cosa es que por su culpa mis pupilas estén que destilan ponzoña, como las de una cobra que recién inhaló chile piquín, y otra es que usted insista en ponérseme venenoso como poodle de beata pervertida.

No sé cómo llegamos hasta aquí, el tema eran los niños y sus gustos tempranos. El punto es que en los años que separan al niño de siete años del habitué de Plaza Garibaldi median tantas y tan intensas toxinas que sólo algunos lisiados sociales consiguen la proeza de no habituarse. Ahora mismo, al tiempo que patino en la presente sintaxis, me intoxico escuchando a Jaime López y José Manuel Aguilera, cuyos mutuos talentos virales y cruzados difícilmente me dejarían mentir.

Me huye el médico, se me esconde el éxito, ciudad de México: no me lo vas a creer... —¿quién, que haya oído cantar a una musa, puede volver a ser el sordo que era?

Materia tóxica, se llama la canción. No es casual que Afrodita se la sepa completa.

[Publicado el 26/7/2007 a las 11:31]

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Comentarios (7)

  • quien no sea intoxicado de alguna musa y de unos cuantos sobres de chamois, chile piquín y polvo de limón...

    no ha probado el dulce da le vida.

    cuidese,y ya saque el azucar pa' la diabetes!!!jajaja
    http://www4.loscuentos.net/cuentos/link/235/235879/


    Comentado por: sade_df el 29/9/2007 a las 23:48

  • Pues yo soy muy feliz con mis chamois intoxicantes y cualquier pariente cercano a ellos. Yo creo que de niños todos los mexicanos creamos una especie de coraza estomacal para aguantar todas esas porquerías que, a pesar de ser deliciosas, ahora son prohibidas para los gringos. Yo no conozco a nadie que se haya muerto por comer pulparindos , igual y algunos comedores compulsivos se volvieron más mensones, pero de por sí no eran muy brillantes...
    ¿Afrodita comerá pulparindos?

    Comentado por: car el 27/7/2007 a las 16:25

  • También se te pasó decir, Xavier, que desde niños nos intoxicamos --no sólo los chilangos sino todos los mexicanos-- con los programas de Televisa y su Canal de las Estrellas, que más bien es canal del desagüe. Un abrazote.

    Comentado por: Fijosdalgo el 27/7/2007 a las 07:15

  • Lo malo sería no sólo no intoxicarse de una musa, sino también no vovlser víctima de los ¿monstruos? del DF.
    Un abrazo muy poblano.
    Fredo.

    Comentado por: Fredo el 27/7/2007 a las 04:12

  • Al vestido de Thalia hay que agregarle panza, por lo del embarazo de nuestra primera actriz....
    Los virulentos Jaime Lopez y Jose Manuel Aguilera y sus Tomas de Buro?Sr escritor, ya escucho usted el No Mas Heroes Porfavor?

    Saludos de aca.


    Comentado por: Dulce Geisha el 27/7/2007 a las 02:36

  • el delito sería no haberse intoxicado de una musa. igual de inocente que unos chamoys, pero igual de letal que una cruda mal curada.

    ¿quién no se ha intoxicado de alguien?... ¿quién tiene el remedio para la cruda del desamor?.

    no lo sé. seguiría escribiendo más, pero mi adicción a los polvitos picositos de colores que venden en las cooperativas de primaria me obliga a satisfacerla.

    saludos.


    http://gabrielrevelo.blogspot.com/

    Comentado por: gabriel revelo el 26/7/2007 a las 20:06

  • Quien oye cantar a una musa, sobre todo a una musa como Afrodita, nunca podrá olvidar cómo desafina. Empezó haciéndolo a propósito para que le expulsaran del coro escolar y ya no pudo evitarlo, siguió desafinando toda su vida. Pero siempre con provecho; tiene una empresa de derribos y rotura de cristales. Por lo demás, ya están estudiando dónde van a dejar sus restos, el día que en fín, todo acabe para ella, porque ya puede imaginarse la concentración tóxica que contiene. El proyecto es dejarla en las proximidades de una central nuclear, metida en una cámara de seguridad, pero hasta ahora ninguna de las consultadas se hace cargo. Bueno, ud ya conocerá sus vicios, pero el problema no es lo que consume sino en qué lo transforma su organismo, que consigue agriar hasta la leche condensada.


    Comentado por: escarola el 26/7/2007 a las 12:32

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Biografía

Oriundo y reincidente colono de San Ángel, al sur de la ciudad de México. Se inició a edad temprana en la escritura, sin sospechar que el juego llegaría tan lejos, y todavía hoy cree en él como una fechoría intensa y subyugante, comparable a vivir huyendo de la ley a bordo de una Suzuki 1100. Comparte hogar con dos gigantes de los Pirineos; vive un largo romance con la música brasileña; escribe semanalmente en el periódico mexicano Milenio la columna "Pronóstico del clímax". En el presente siglo ha publicado Diablo Guardián, Premio Alfaguara de Novela 2003, El materialismo histérico (fábulas cutrefactas de avidez y revancha), Luna llena en las rocas (crónicas de antronautas y licántropos), y recientemente la novela confesional Este que ves (Alfaguara, 2007), donde hurga en sus raíces narrativas y declara: "Los cobardes no escriben novelas, o cuando menos no deben escribirlas."

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