El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
miércoles, 20 de agosto de 2008
Trabajos indeseables: banquero

Por más que intento hacer memoria e inventario, no consigo entender qué le veía de divertida a la oficina paterna. Era un sitio tedioso y antipático, en el noveno piso de un banco, donde a cada empleado le tocaba hacer cosas aburridísimas. Salíamos de la casa por ahí de las ocho de la mañana, "para llegar a tiempo a leer el periódico". Me parecía francamente extravagante que el jefe llegara media hora antes que el resto de los empleados de la Subdirección de Análisis Financiero. "Cuando seas grande vas a entenderlo...", me decía él llegando a la oficina, donde nos encerrábamos hasta casi las nueve, hora en la cual oficialmente me convertía en responsabilidad de las secretarias.
"No te muevas de aquí", ordenaba sin muchas esperanzas mi papá, y acto seguido me dejaba a solas en el privado, husmeando entre cajones, cajas y estanterías. Pero como todo era más bien gris -libros, informes, archiveros, memoranda, alteros de papeles con estados financieros ininteligibles-, terminaba escapándome a otras zonas del edificio donde, me temía, tarde o temprano acabaría trabajando. O sería tal vez que necesitaba seguir documentando mi rechazo a un futuro como experto en finanzas. Ya entonces, con diez años, no se me calentaban las monedas en el bolsillo. ¿Cómo iba yo a ser bueno para multiplicar aquello que no me molestaba ni en cuidar?
Hoy, que aún no sé cómo reparar este viejo agujero en la cartera, sigo encontrando alguna lujuria en faltarle al respeto al dinero. Que, dicho sea de paso, nunca se ha distinguido por respetuoso. Se le conoce, de hecho, por discriminante, corruptor y muy posesivo. Defecto, este último, imperdonable en un demonio que nos había prometido la libertad. Me recuerdo escuchando a mi padre hablando hasta el hartazgo de porcentajes, réditos, sobregiros y cientos de millones de pesos que minuto a minuto interrumpían un juego de ajedrez que llegaba a durar la mañana entera. ¿Y eso iba a ser mi vida, contar dinero ajeno? ¿Yo, que ni el mío cuento?
Eso es lo que al dinero más le molesta, que de entrada no acepte hacerme suyo para que él sea mío. Pero cómo, pues, si lo bonito es abusar de él. Derrocharlo de súbito, cuando más necesario se sentía, el cretino; o hasta alcanzarse la quijotería de rechazarlo cuando más se echa en falta, el mezquino. Que me perdonen sus postrados idólatras y lamesuelas, pero al dinero yo lo he visto amancebarse alegremente con gentuza de la más ríspida ralea, y a menudo amafiarse con ellos en pos de toda suerte de ruindades. Por eso, cuando llega, suelo tratarlo mal, para que no se piense indispensable. Una actitud fatal desde el punto de vista financiero, pero apremiante en el plano caballeresco.
Apuesto a que mi padre padece a estas alturas traumitas afines. El punto es que hasta hoy sólo hay un tema en torno al cual no acepta discutir, y éste es el del dinero. No sé si para bien, pero tampoco su hijo lo puede soportar. Finalmente prefiero verme estafado por una rata avarienta que peleando con ella en su territorio. Con lo cansado que es batallar en las cloacas. Cada noche, mi padre regresaba de la oficina echando pestes contra sus malquerientes del día, en aquel edificio donde sólo el servilismo incondicional era recompensado con relativa generosidad. Si es que vale elevar al rango de recompensa una compensación.
No sé si los demás subdirectores -especialmente aquellos llenos del entusiasmo administrativo dosteievskiano- llevarían a sus hijos a la oficina, pero al menos el mío me libró de crecer como un hijo de hetaira corporativa. Cuando llegó el momento de elegir carrera, la de eminencia financiera estaba de antemano descartada. Hacía tiempo ya que mi padre se dedicaba a otros negocios y detestaba a las finanzas junto a mí. Todo lo cual no evita que hasta hoy me provoque un amago de jaqueca la sola posibilidad de analizar un estado de cuenta. Es absurdo, y puede que hasta cursi, pero me hace ilusión ir por la vida como un analfabestia financiero. Qué puede uno ya hacerle, si como a todo el mundo para siempre le aterra lo que más temió ser.
[Publicado el 08/12/2007 a las 11:35]
Pues a mí también me chocan las finanzas. También soy buena gastando dinero, malísima administrándolo y una experta perdiéndolo (muchas carteras y tarjetas en mi récord).
No soporto hablar ni oír hablar de dinero. Pero la forma se convierte en el fondo: este post y un libro de cuentos de tu pluma son la excepción.
Comentado por: Celestina Terciopelo el 09/12/2007 a las 23:27
Se necesita dinero incluso para escribir este comentario, porque el otro día los de la compañia de siempre ya habían amenazado con cortarme el internet si no acudía a sus oficinas a liquidar mi deuda y como liquidar suena a liquido y el liquido es muy dificil de controlar pues no me quedo mas remedio que dejarles ahi mi ultimo puño de billetes. Yo tampoco soy muy dado a administrar el dinero, asi como llega se va de mis manos, por eso no quiero ser comerciante como mi mama, tampoco me interesa ser mercader y que termine corriendome de su casa un señor enfurecido.
http://manuelingdl.wordpress.com
Comentado por: Manuelillo el 09/12/2007 a las 19:10
No sé quién lo dijo, y muy bien: El banquero es quien te presta un paraguas en pleno día de sol, para quitártelo apenas empiece a llover.
Comentado por: HjorgeV el 09/12/2007 a las 15:37
mi papá ha trabajado toda la vida en bancos, aunque no por eso tenía que ir a su oficina a hacerle compañía, hoy mi odio se ha transformado en total y pura rebeldía. Y mientras en otras ventanas busco trabajo y departamento para ya dejar de quejarme y cuestinarme las razones por las que decidí cambiar mi carrera de artes visuales a comunicación, me encuentro con tremenda sorpresa...por primera vez la vida me dice que el dinero si es importante y lo necesito para producir mi arte, salir de mi casa, encontrar mi independencia, tirarme al mundo entero, comprarme una tiara, ponerme estrellitas en los ojos, ir saltando y cantando por la bajadita de Guápulo, vomitar y seguir comiendo, disfrazarme de santa estigmatizada y prenderme velitas en mi propio altar.
Comentado por: sofía el 08/12/2007 a las 22:09
(Ah chinga!.. y este post de cuando fué )??
Yo vendría siendo como la Raskolnikov de los números.. un desastre a la hora de administrarme la feria.. (que bueno que las hachas me dan miedo)...
Comentado por: Tamiris Lippl el 08/12/2007 a las 21:36
Fun class tiene un servicio de recogida de dinero a domicilio, para gente, que como ud. no sabe qué hacer con él. Servicios gratuitos fun class.
Comentado por: fun class el 08/12/2007 a las 16:27
aa.. y tal vez se me olvido decir algo.
(Bueno, bueno..no tal vez: se me olvido decir algo).
El dinero, en lo mas oscuro de su sombra... hace que las peronas, los humanos, ellos, yo, tu, nosotros, hagamos cosas que no queremos hacer. Su tactica, (muy funcional por cierto) consiste en meterse tanto en el subconciente, que en realidad, no lo notas, pero ahi esta, repitiendote a cada segundo, en voz casi de susurro... me necesitas...MENDIGO, me necesitas.
Al niño en Domingo, al presidente en los Pinos, a Xavier en los libros, a los boxeadores en los rines, a los artistas en el escenario, a la rana en un triste, y aburridisimo despacho, Nadie se Salva, nadie...
Quizas... solo se salve este blog. (Quizas.)
Comentado por: rana el 08/12/2007 a las 15:59
Solo puedo decir algo común y corriente:
El dinero, no lo es todo, pero como quita los problemas/stress.
wa.
Comentado por: rana el 08/12/2007 a las 15:54
20/8/2008 22:56
Que deje a los chicos en la...
Publicado por: Marce
20/8/2008 22:38
Publicado por: Tamiris Lippl
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Publicado por: gabriel revelo
19/8/2008 20:56
Xavier, saludos, primeramente...
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19/8/2008 20:13
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19/8/2008 18:27
Ya me imagino la que se va a...
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19/8/2008 11:06
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