El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
viernes, 10 de octubre de 2008
Estupefaciente tinta

Prefiero que sea negra, si es posible. Tengo esta idea maniática de que la azul no queda bien fija. Negra y espesa, incluso. La Mont Blanc, por ejemplo, no es lo bastante negra. La Waterman, en cambio, roza el cero cromático absoluto. Lo sé no solamente por el tiempo que tarda en secarse y su brillo tenaz sobre el papel; también por la negrura de las manchas que van quedándome en las manos. Una costumbre mal vista en la escuela que hasta hoy, sin embargo, me parece esencial. Encuentro que mancharse manos y antebrazos de la tinta más negra disponible es también una forma de comprometerse. O, si se quiere, un modo de entender la vida y la escritura en conjunto. No es lícito salir completamente limpio de la faena. Vamos, la sola idea me abochorna. Por no hablar del pequeño placer que es embarrar el punto sobre el dorso de la zurda cada vez que una nueva carga lo deja rebosante de tinta.
Tener que levantarse a recargar el tanque no es propiamente un deber fastidioso, pero la tinta tiene esta fea costumbre de terminarse a la mitad del párrafo, de modo que debe uno saltar en pos del frasco repitiendo la hilera de palabras que ya sacó del horno y no ha podido aún vaciar sobre el papel. Pienso de pronto en esas paradas de la fórmula uno que duran entre seis y nueve segundos y me maldigo por no tener ni un lápiz disponible para las emergencias. Por supuesto, los lápices me parecen indignos de confianza. Pintan las letras de un gris deslavado a todas luces tibio y pusilánime. Y al final ya aprendí a recargar la pluma en nunca más de cuarenta segundos, durante los cuales voy repitiendo la frase pendiente como un mantra, costumbre hoy plenamente integrada al ritual de la tinta.
Cuando se escribe un texto que, se teme, superará las seiscientas cuartillas -esto es, más del millón de caracteres- cargar tinta permite la satisfacción de percibir o dar por sentado un avance palpable: seis o siete cuartillas efectivas, probablemente el uno por ciento del proyecto en bruto. Si acontece que en una semana debo llenar el tanque más de dos veces, gano la sensación de que emprendí una fuga en una moto y los de azul jamás van a agarrarme. Un estímulo grande, cuando lo que se intenta es construir una historia verosímil. Puede que sea por eso que, así como otros gozan del olor de la gasolina o la pólvora, me quedo a veces instantes de más con la nariz sobre la boca del tintero.
Si uno insiste en creer que escribir equivale a atentar, el olor de la tinta le llevará lejos. Inhalarlo es lanzarse hechizo arriba, con las manos manchadas del delito que no piensa ocultar, menos aún hacerse perdonar. Cuando el tintero muere, hay un doble placer en salir de excursión a por el nuevo. ¿Prefiero el ingrediente autolimpiador de la Mont Blanc o la oscura espesura de la Waterman? ¿Y si cargo dos plumas, una con cada una de las tintas? ¿Y si mejor me llevo la entrañable Skrip? Tras dos horas de consideraciones golosas, vuelvo a la cueva con al menos un frasco apergollado. El segundo deleite sobreviene a la hora de hacer girar la rosca por primera vez. Nada hay como el aroma de cincuenta mililitros de sangre negra y fresca, lista para empezar a ser succionada.
Imposible explicarlo, sólo sé que funciona. ¿Placebo? Puede ser. ¿Vicio? Seguramente. ¿Brujería? Ojalá.

[Publicado el 21/4/2008 a las 11:17]
Pluma fuente burguesa versus bolígrafo necesitado
Veo siempre a cierto pariente que presume ser pudiente solo por el acto de cargar una Parker en la bolsa de su muy singular camisa formal: la saca para dar fe y legalidad de su autenticidad económica firmando cheques a diestra y siniestra a su muy amada estafadora (llamada esposa), para dibujar algún plano sin sentido en las discusiones internas de ingenieros familiares y para ensalzarse con otras personas que no lo conocen y que con el solo acto de portarla es dadora de algún estatus social, mientras los otros con su muy discreta bic con punta diamante y alguna especie de gaucho negro suave puesto para un mejor agarre y confort, deslizándose a la par que su otrora elitista no se deja dominar en la carrera de hacer una línea mas firme y segura, o una letra legible….
Comentado por: arros el 25/4/2008 a las 20:42
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el tintero, la silla ,el calendario
-todo a voces azules el secreto
de su infantil mecanica !-
en el instante mismo que se empenan
en el tortuoso afan del universo.
Jose Gorostiza
Comentado por: Lilith el 23/4/2008 a las 06:12
Comentado por: Victoria....o en tus palabras: lacra y fugitiva del aula el 23/4/2008 a las 05:41
Es una pena que solo podamos leerte electronicamente o en letras de imprenta. Casi pude oler esa tinta imaginando que leía el manuscrito original de tu proyecto. De cualquier manera aun sin inhalar los olores de esas tintas, somos adictos a tus letras. Gracias.
Comentado por: Kiddo el 22/4/2008 a las 17:04
Comentado por: Dulce Geisha el 22/4/2008 a las 06:13
La estética de la tinta, me recuerda el arte oriental con el que se inició este bello artilugio...
arte + utensilio + lujo
Y sin duda alguna, también brujería.
buenas noches.
Comentado por: Tamiris Lippl el 22/4/2008 a las 04:04
yo que dibujo mas que escribir prefiero un portaminas aunque siento la misma emocion cada que hay que comprar minas
xavier xavier he de confesar que hoy encontre tu blog (bastante tarde no crees) pero yo que nunca tengo algo que escribir no soy amiga de los blogs te habia buscado en Myspace y otros y no te encontraba hasta que mi ociosidad del space me llevo hoy a ti
un saludo muy muy grande
Comentado por: aura blake el 22/4/2008 a las 03:03
estar tan enamorado de lo que se hace es encontrar el placer hasta en los detalles más sutiles, supongo que sólo así se logra el arte que verdaderamente vale la pena.
que esa tinta siga manchando tus manos a más de 200km/h. la apuesta es grande.
saludos xavier.
http://gabrielrevelo.blogspot.com/
Comentado por: gabriel revelo el 21/4/2008 a las 23:27
Se te entiende a la perfección, vamos, que la tinta te coloca. A veces, una se pregunta en qué parte de la historia andarás, cual será la trama, si se acerca el final o aún tendrás que vaciar muchos tinteros, si el final de la novela será la sentencia de muerte de este espacio sideral, nunca helado, pero una deja de hacerse preguntas absurdas, dado que no va a tener respuesta y además porque acaso no quiere saberlas. Vuelve una a clavar sus pupilas en el escrito de hoy, que no mancha como la tinta pero que deja huella, y nada, que no hay forma de desengancharme de tu escritura: estupefaciente, Xavier Velasco.
Porque esta pantalla es limpia que sino ya estaría manchada hasta las cejas.
Besos.
Comentado por: Guada el 21/4/2008 a las 22:37
A mi me gustan las plumas de todos los colores... cosa rara..nunca he encontrado una verde que funcione...
Comentado por: yosoyyo el 21/4/2008 a las 19:01
¡Precioso, gracias!
Le recomiendo la bellísima roja (Encre Rouge Fuchsia), de J. Herbin. Es un deleite olerla y contemplarla: impúdica, agresiva. El bello pomo tiene un canalito para colocar la pluma.
Comentado por: Carmen el 21/4/2008 a las 18:53
10/10/2008 22:07
Publicado por: ¿por favor?
10/10/2008 19:37
Publicado por: Evelyn
10/10/2008 18:58
Publicado por: Marce
10/10/2008 18:02
Publicado por: Israel Velázquez Rivera
09/10/2008 23:35
Publicado por: Guada
09/10/2008 23:07
Es muy cierto lo que dice ese...
Publicado por: Tamiris Lippl
09/10/2008 22:47
Publicado por: Di*
09/10/2008 22:19
Publicado por: memoriafutura.net
09/10/2008 17:22
Publicado por: yorkperry
09/10/2008 16:53
Publicado por: gabriel revelo
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