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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

viernes, 21 de noviembre de 2008

Blog de Xavier Velasco

Ni llamen al oftalmólogo...

No hay envidiosos; hay admiradores bizcos, escribió Carlos Drummond de Andrade para consuelo de tantos maladmirados. ¿Debería extrañarnos, no obstante, advertir aquel súbito estrabismo que no es sino el reflejo de un sentimiento inconfesablemente chueco y sin duda humillante para quien lo alberga? Ahora bien, no es lo mismo anhelar la posesión de algo que otro tiene, que mirarse tentado a arrebatárselo, ya no para tenerlo sino de menos para destruirlo. La rabia desatada del ladrón que, antes de huir de vuelta por la ventana, castiga con navaja implacable sillas, cama y sillones de la casa que acaba de robar. La satisfacción mustia de la vecina que vio al ratero entrar y bien pudo llamar a la policía, pero eligió el placer de ver a los de enfrente despojados y tristes, para que se les quite lo presumidos. El pesar falso de los falsos amigos que al enterarse del artero despojo no pudieron por menos de experimentar un consuelo mezquino como usurero divorciado.

     Mal hace quien se deja malquistar por la rabia secreta de un admirador bizco, cuando tendría que dejarse envanecer por homenaje tan inesperado, y encima irrefrenable. La envidia es un relámpago que toma por sorpresa hasta al más envidioso; de ahí que el envidiado tenga de menos una oportunidad para advertir el malestar que ocasiona su buena suerte de mierda. Nada que se le escape a un ojo atento, por eso el ostentoso profesional nunca se olvida de registrar -de riguroso reojo, si es posible a través de algún espejo- la reacción predecible del envidioso. Esa punzada pronta y traicionera que sus ojos no saben ocultar, ya sea porque miran chueco hacia el coche, el reloj, la ropa, la mansión que no tienen ni a este paso tendrán, o porque creen que al ni siquiera mirarlos reflejan el desdén de quien no se interesa por lo material. Pero los ostentosos -varios entre los cuales conocen a la envidia de primera mano- rara vez se equivocan, toda vez que lo suyo es gozar de esas bizqueras que tan escrupulosamente provocan.

     Poca cosa es, no obstante, la dicha plástica del presumido pro si se compara con la sonrisa angélica de los auténticos dichosos y agraciados, que de pronto lo son sin enterarse casi, ni por supuesto olerse que alguien a sus espaldas, o hasta en su mera cara, se retuerce como una almeja con limón y piensa ya en la forma de zancadillarle. No es que el dichoso quiera embarrarle su bienestar al desdichado, sino que cada uno, desde donde está, es incapaz de imaginar el estado mental del otro. Los dos se han convencido a su manera de que el día de mañana será igual al de hoy. Óptimo el uno, nefasto el otro. El pesar y el contento son tan subjetivos como su percepción. El que envidia percibe, con los ojos y el alma igual de torcidos, que las vidas de varios entre los demás parecen preferibles a la suya. Le resulta más fácil y satisfactorio, y al mismo tiempo menos riesgoso y cansado, sentarse a ver caer a los demás que levantar un dedo para rescatarse.

     El admirador bizco no precisa siquiera que sus amigos entrañablemente aborrecidos sean ricos, felices o afortunados. Son legión los pudientes que día a día pierden el sueño y el sosiego pensando sin provecho en las pequeñas cosas que no pueden comprar. Ilusiones, ingenio, simpatía, sex appeal. No todos pueden darse el lujo de tenerlos, por eso luego nada hay como la ostentación extrema para cubrir la envidia bajo un manto engañoso de inverosimilitud. ¿Cómo va el envidiable a envidiar a nadie? Pero pasa que, tal como el comprador compulsivo siempre encuentra motivos para embarcarse en nuevos gastos y deudas, al admirador bizco nunca le faltarán motivos para torcer la vista y a ratos delatarse, como un niño. O como un pobre diablo cuyos ojos pirómanos sueñan con prender fuego al bien ajeno y pisotear alegremente sus cenizas.

     Si no fuera por los admiradores bizcos, millones de envidiados estirarían la pata sin saber cuán felices fueron en vida. ¿Cómo negar que la fotografía mental de la jeta del envidioso es uno de los pocos consuelos para quien está solo en su felicidad y nadie va a creerle si se queja? Hay quienes son felices ya sólo de enterarse que otros los creen felices y se hacen mala sangre por eso. Tal vez lo más amargo de ser envidioso sea verse condenado a practicar la generosidad de los mezquinos, que sin dar un centavo al envidiado le concede en secreto tesoros y alegrías inagotables. Nada, eso sí, que no pueda minimizarse torciendo la mirada y subrayando con alguna sorna que el interfecto tiene una sonrisita de imbécil que no veas.

[Publicado el 29/5/2008 a las 12:28]

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Comentarios (11)

  • http://www2.milenio.com/sites/www2.milenio.com/files/emilio/emilio.html

    Comentado por: arros el 01/6/2008 a las 04:25

  • ¿Dónde esta el objeto de la envidia? ¿Quién detesta y ama a la vez tanto a su prójimo como para enaltecer y envidiar su vida? … no sé, pero observando con obsesión ese descapotable negro que sale del garaje después del medio día siempre con una cortesana mas linda que la anterior y respondiendo imitativamente el movimiento con la mano en alto que me hace a la manera del führer, me pregunto que ostentosa patraña pestilente se carga para tener todo lo que tiene y perder lo que tuvo (de un pasado ñoño, re-vestiduras metálicas en sus dientes y un corsé para alinear una columna torcida) y aun así mantener su descomposición social para acercar a los farsantes buscadores de una posición social, ya bien lo dicen las moscas una buena mierda no atrae mas moscas que un buen cuerpo en descomposición.

    Comentado por: arros el 31/5/2008 a las 21:39

  • !Brillante, excelente!
    ?Recuerda, Javier, la pelicula Seven? Pues la envidia fue lo unico que no se pudo evitar que atacara como un hachazo, fue lo que triunfo...Que horror son los admiradores bizcos: les tengo terror.

    Comentado por: Carmen el 30/5/2008 a las 19:52

  • Alguna pista?...
    El envío es inofensivo eh...

    Comentado por: PNLP el 30/5/2008 a las 17:23

  • La neta yo te envidio, por lo menos tienes oportunidad de tirarte seguramente a mas de una vieja que escribe por aqui y sabes que seria lo mejor... que todas, dirian la misma pendejada...que ha sido la mejor cogida de su vida..eso cabron...es envidiable...me cae... y luego tu "trabajo"... no mames!

    Comentado por: Rod el 30/5/2008 a las 17:08

  • " Lamiendo reconoce el beneficio
    el can más fiero al hombre que le halaga,
    yo ,escritor, me desvelo por quien paga
    o tarde, o mal, o nunca el buen servicio.

    La envidia , la calumnia , el artificio
    cuya influencia vil todo lo estraga,
    com más rabiosos dientes hacen llaga
    en quien abraza el literario oficio.

    así la fuerza corporal padece;
    falta paciencia,el ánimo decae
    poca es la gloria mucha la molestia.

    El libro vive y el autor perece
    y ¿amar la ciencia tal provecho trae? .

    autor: nolosé , nomeacuerdo.

    Comentado por: otro grillo el 30/5/2008 a las 12:45

  • Desde ahota los envidiosos serán llamados bízcolos jaja!

    Saludos y besos para ti y Boris y una rascada de orejas (por dentro) a Don Vitto!

    Comentado por: Ana Valesmil el 30/5/2008 a las 00:50

  • Ay, ay, ay! la Hillary, la buena de la Hillary, que en cuanto ha sentido peligrar su carrera desenfrenada hacia el poder no ha ahorrado en artimañas rastreras, ni se sonroja cuando parapetándose en su imagen de superwoman todo su ser grita al unisono !cuidado, que viene el negro!, que traducido al lenguaje infantil sería el equivalente a decir !cuidado que viene el coco!.
    No sabría calificar bien si lo suyo es envidia o más bien amargura, o ambas cosas y alguna más.

    Pero ... cuidado con ponerse uno de santo en nada. Señor, confieso que he pecado!.

    Un saludo de beso.

    ps. me he reido de lo lindo con la caricatura de la dama rubia americana, aspirante a 'afro'(americana) en sus sueños inconfensables.

    Comentado por: Guau el 29/5/2008 a las 23:42

  • ¿¿¿¿Envidia????....Naaaaa.....

    Comentado por: yosoyyo el 29/5/2008 a las 20:20

  • Xavier, tiene ud. admiradores bizcos?
    Todo un caso, cuando realmente es toda esa mala leche la que no les deja dormir.. y cuando se levantan.. ¿cual será su primer pensamiento?

    El mío: sonreírles.
    Ya sé lo 'felices' que no son .. asi que si yo puedo disfrutarlo x estar del lado de esa sonrisa, qué le vamos a hacer.
    El envidioso, tiene razon usted, otorga mucho sin saberlo.

    PS. Saludos al joven Boris, y a Don Vittorio.

    Comentado por: Alicia* el 29/5/2008 a las 15:47

  • Genial este post, y con la cara de Billary lo hace todavía mejor, su envidia por la posición de Obama, o más bien su ambición por poder la lleva a insinuar cosas como que no se retira de la lucha por candidatura porque todavía pueden matar a Obama. Creo que a todos en algun momento nos ha dado envidia alguna persona o situación particular, por lo que a ver quien es el valiente que avienta la primera piedra. Uno solo se da cuenta de lo que tiene aunque sea poco cuando ves que alguien mas te lo envidia..... Simplemente genial.

    Comentado por: Luis el 29/5/2008 a las 15:34

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Biografía

Oriundo y reincidente colono de San Ángel, al sur de la ciudad de México. Se inició a edad temprana en la escritura, sin sospechar que el juego llegaría tan lejos, y todavía hoy cree en él como una fechoría intensa y subyugante, comparable a vivir huyendo de la ley a bordo de una Suzuki 1100. Comparte hogar con dos gigantes de los Pirineos; vive un largo romance con la música brasileña; escribe semanalmente en el periódico mexicano Milenio la columna "Pronóstico del clímax". En el presente siglo ha publicado Diablo Guardián, Premio Alfaguara de Novela 2003, El materialismo histérico (fábulas cutrefactas de avidez y revancha), Luna llena en las rocas (crónicas de antronautas y licántropos), y recientemente la novela confesional Este que ves (Alfaguara, 2007), donde hurga en sus raíces narrativas y declara: "Los cobardes no escriben novelas, o cuando menos no deben escribirlas."

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