El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
sábado, 30 de agosto de 2008
Escape de Nahualópolis / y VIII

VIII. ¿Alguien dijo jaqueca?
Puede que cielo sea más inspirador, pero cierto es también que alguien dentro de uno resucita cuando al fin vuelve a ver el suelo. Caminar por la alfombra libre de trebejos, tenderse y retozar en ella con los canes, abrir los párpados para estrenar el miércoles y contemplar, todavía con pasmo e incredulidad, el paisaje del territorio liberado. Probar el viento fresco que sopla desde dentro del cerebro, asumir que hasta ayer cargué aquel tiradero sobre los hombros, preguntarme cómo lo pude soportar, recordar que uno siempre es más fuerte de lo que creía y sospechar, de paso, que poco o nada le fortalece más ni mejor que sus debilidades.
Una debilidad es como un personaje. Nos fascina, en principio. Le otorgamos confianza y crédito sin límite, como a ese nuevo amigo que se ostenta capaz de volar siempre gratis. La miramos crecer, embarnecer, engordar. Creemos por capricho o terquedad que es la misma de siempre y no se empeña en controlarlo todo. La soportamos y la defendemos, aun si ella persiste en ser ingrata y responde con esos golpes de soberbia que erosionan toda probable nobleza. Hasta que llega la hora de sacar el chicote, o la soga, o la espada, y mostrarle a ese coco quién manda en este coco.
(Coco: pocas palabras hay en tal modo compactas y versátiles. Una fruta, un árbol, una cabeza o un golpe en la cabeza. Coco es también la némesis a la que en teoría no podemos vencer; o el nahual invocado por las dominanas para espantar y extorsionar a los niños pequeños a su cargo; o el infeliz que se complace inhalando ese polvo antipático y prepotente sabiamente apodado caspa de Satanás. Es asimismo sobre la superficie frontal del coco que a los cuernos les gusta crecer, por no hablar de la inmensa cantidad de chamucos que caben dentro de él, cómodamente. No es, pues, casual que se abuse del término. Haber decapitado a uno o más nahuales, inclusive con lujo de sevicia, no lo exime a uno de la sabrosa tentación de volver a invocarlos. ¿O acaso serán ellos quienes se hacen llamar, tal como alguna vez se hicieron querer? Lo cierto es que ni muertos se hacen del rogar.)
Esta mañana, no bien di un paso afuera de la recámara amplia y despejada, noté que una manada de diablos rencorosos, a los que masacré durante la víspera, se lamía las heridas en las otras recámaras, donde el nahual del caos hace tiempo fundó sendas repúblicas, según él soberanas. Mismas que, según yo, quedarían despejadas días después; promesa tan dudosa como la inviolabilidad presunta de los Diez Mandamientos. Entre tanto, temíme, los nahuales mantendrían la recámara en riguroso estado de sitio, cada uno con decenas de monstruos habilitados como perros de presa.
¿Que esperaban? ¿Que huyera o corriera a postrármeles? Escapé, desde luego, pero no a la velocidad bastante para perdérmeles, sino a la suficiente para hacerme seguir por ellos como un flautista medio taciturno. Quería que creyeran que les temía tanto como a mí mismo, que al final soy el que los trajo al mundo. Salí, pues, al balcón, resuelto a acomodar la parafernalia. El tapete, la silla reclinable, la sombrilla por si salía el sol; luego el control remoto, la pluma, el cuaderno y un gin-and-tonic a manera de provocación, nacido de una mezcla macumbera de Tanqueray Ten con Bombay Sapphire. Una vez instalado frente al parapeto, con la barranca a un lado, la ciudad al frente y varios gangs de pájaros intercambiando trinos, procedí a oprimir play y subir el volumen.
(Es una canción vieja de Paul Williams, cuyo protagonista escribe una cantata, y para conseguirlo abre las puertas del coco a cada uno de los héroes y villanos que alguna vez ha sido. Demonios que me perturban y los ángeles que no sé como los vencieron: entren todos en mí ahora. Habré visto aquella película sobre el diablo plagiario, dirigida por el también plagiario Brian De Palma, un mínimo de diez veces. Las últimas, quizás, sólo por escuchar la voz chillona de Williams practicándose un lujuriante endorcismo.)
Los llamé uno por uno, con el coco repleto de trampas para osos y un orden por lo pronto impecable. Ya podía el demonio del caos resucitar, reproducirse, regresar equipado con los más variopintos semblantes, que llegando a mi coco enfrentaría tantas catapultas y ballestas como pelos tuvieran todos sus monstruos juntos.
"Nombrarlos es dominarlos", reza, según recuerdo, una línea de la novela de A.R.S. * que bastaría para explicar al propio tiempo la urgencia de invocarlos y la muy relativa utilidad de combatirlos. Aunque lo cierto es que, como espero que haya quedado claro, no los enfrento en nombre de un objetivo edificante y comedido, sino entregado a la quimera obsesiva de construir algo enteramente inútil y ojalá de algún modo indispensable. Algo superfluo como la cola de un demonio y elemental como su cornamenta. Algo igual de tramposo y casi tan temible. Algo que me permita echar abajo el mismo título de esta historia y no ser yo quien huya de los nahuales, sino ellos quienes corran despavoridos.
De siempre los conozco, hatajo de granujas. Son los mismos que merodeaban mi cama y me hacían gritar a media madrugada. Los que entraban por las rendijas del salón de clases, ávidos de lunáticos en ciernes, argonautas mentales y dispersos a ultranza. Los que después prendían fuego a la cama donde el deseo hacía huir al sueño y éste volvía trayendo a rastras al amor. Nahuales todos, claro. Vengan pues, ya les digo. Vengan y jódanme la vida a cornadas, confúndanse con cuantos querubines quieran, copulen aquí dentro de una vez, aterricen y atérrenme, que ese es el juego. Cuando ya no tolere la temblorina, tendré que deleitarme en degollarlos.
Epígrafe tardío injertado en epílogo.
"Cabe la posibilidad de que constantemente en las conversaciones más ordinarias que sostenemos, aparezcan pronunciados sus nombres; al enunciarlos sin saberlo, sin la voluntad de exorcizarlos, los estamos invocando, los acercamos a nuestra boca. Así pudiera ser que obsesiones como las del goloso, el lujurioso y el avaro se nutran específicamente, y a la callada, del solo hecho de hablar una lengua. Cabe otra posibilidad, más atroz, si es pensable: que una vez que conociéramos sus nombres, el lenguaje se suspendiera de una vez por todas, los demonios quedaran exorcizados y los hombres cayéramos en la mudez extrema por el solo hecho de que eso que llamamos la lengua hablada fuera simplemente la imposibilidad de nombrar a los demonios."
Jaime Moreno Villarreal, en torno a
* Los demonios de la lengua,
de Alberto Ruy Sánchez.
(Ilustraciones animadas a partir de las originales de Albert Dubout.)
[Publicado el 03/7/2008 a las 11:34]
Xavier, no he tenido la oportunidad de verte en el Tímpano y tu cara de miedo de la que habla Demina, pero me la puedo imaginar porque sí que te he visto en algunas grabaciones que circulan por la red, y además de ser agudo, grave y esdrújulo en tus palabras, éstas gozan de la inestimable compañia de la expresión de tu rostro, que hace las veces de una exquisita salsa al alimento principal.
Fíjate que hoy no voy a hacer comentario alguno acerca de tu post, ni siquiera de la parte de este que resulta más tierna y romántica, mi talón de Aquiles, mi debilidad, pero a mi coco le ha dado desde hace ya algún tiempo por ponerme en cintura en esas lides. Siempre puedo hacerle cambiar de opinión, me digo, pero lo cierto es que por ahora no quiero. Sí diré que el post sigue en tu línea, genial, y en especial me ha gustado el epígrafe tardío.
Y tanta introducción para proponer una quedada, ¿qué dices?. Podría estar por México DF a finales de agosto ( a partir del 20), incluso podría ser la primera semana o la segunda de septiembre, pero si es esta última tendría que saberlo lo antes posible. La quedada la entiendo en colectivo, con todos los compañeros de juego. Me desplazaría a México por el puro placer de saludarte y de paso conocer la ciudad. ¿Qué dices?, ¿tendré la oportunidad de quitarme totalmente el burka?.
Muchos besos.
Comentado por: Guada el 07/7/2008 a las 08:19
Yo tambièn te vì en el tìmpano y me zumbò duro la oreja, en especial cuando dijiste que el amor es como las novelas "sabe uno còmo empieza, pero jamàs còmo va a acabar"
No pareciò que te desperdiciaran, solo que la mùsica de Elan no quedaban para tan amena charla, aunque sea buena mùsica.
Chistoso, lo màs de la noche, a mi parecer fuè tu cara cuàndo David Filio te cantaba Coincidir en Portuguès y otras de sus rolitas. Ojalà te hubieras visto la cara de miedo. Nunca pensè que nada te diera miedo, ya descubrì que algunos cantautores nacionales si.....
Besos
Comentado por: Dèmina Demiana el 07/7/2008 a las 07:22
Escapar dentro de uno mismo y retar a los demonios que se proyectan desde el exterior...confundirse entre penumbras...perderse en un bosuqe de ideales, ¡que infamia! y al final no queda más que jugar con las palabras, que seducen y cautivan, son las mejores aliadas. El peligro se presenta cuando te toman de tal manera, que tus argumentos se convierten en tus propios enemigos. Entonces podras observar la figura demoniaca del poder de la palabra.
pffffffff! ke onda conmigo ya necesito dormir!!hehehe!
Comentado por: Mita el 06/7/2008 a las 08:24
Escapar dentro de uno mismo y retar a los demonios que se proyectan desde el exterior...confundirte entre penumbras...perderse en un bosuqe de ideales, ¡infamia! y al final no queda más que jugar con las palabras, que seducen y cautivan, son las mejores aliadas.
Comentado por: Mita el 06/7/2008 a las 08:16
Hola Xavier, al igual que quien escribió el comentario anterior, también te ví en el programa "El tímpano" y coincido en que se quedaron cortos contigo. Me pregunto si habrá 'post' al respecto. ¡Saludos desde Tuxtla Gutiérrez, Chiapas!
Comentado por: LuxMa el 06/7/2008 a las 05:01
Holis!! ayer te ví en el Tímpano, te desperdiciaron horriblemente eh! Oye si querías acabar con Mr. Caos, bastaba con que llamaras a Maxwell Smart, jaja!
Comentado por: Ana Valesmil el 06/7/2008 a las 04:05
Hola Xavier!
Perdon por escribir aqui pero no he encontrado otro medio para hacerlo.
Solo quería preguntarte ¿Dónde puedo comprar (conseguir) tu libro "Una banda llamada Caifanes"?, he pasado ya bastante tiempo buscando y simplemente no lo encuentro.
Te agradeceria que me respondieras.
Saludos desde la Ciudad de México
Israel
Comentado por: Israel Buitrón el 05/7/2008 a las 02:40
Los demonios de la lengua?!
Sabe que? Con el unico escritor que lo engañaria seria con Ruy Sanchez jojojo.
El primer libro que lei de el fue ese mero. Curiosas cosas.
Comentado por: Dulce Geisha el 03/7/2008 a las 21:12
Comentado por: Dulce Geisha el 03/7/2008 a las 21:08
A tí te perseguía un atajo de granujas; en nuestro país serían una bola de chamucos rejijos del máiz ( cualquier mexicano avala que ese acento es correcto )que son los que andan tras de mí. Mi recamara tiene tal acumulación de cosas que mis hermanas le apodaron "La Tiendita". Pilas de libros, fotografías, DVDs; bendito sea Dios que yo no leo el periódico porque si no seguiría perdida en la selva noticiosa... Otras criaturas que me atacan son la tribu de zapatos tenis en diversos grados de descomposición ( de donde salieron tantos pares ???? ) y la horda salvaje de las camisetas sin planchar cuyo número crece geometricamente durante el verano termonuclear de 45 grados. Siguiendo tu ejemplo, en lugar de gin-and-tonic voy a conseguirme un six-pack para beberme con gran placer el contenido de cada lata para después arrojar los mortales despojos de aluminio directo a la cabeza de los demonios del caos a ver si así descubro de una vez por todas de que color es mi alfombra...
Gran historia esta de Nahualopolis... y todavía quiero otro libro !!!
Comentado por: Marce el 03/7/2008 a las 19:09
Es una pena gigantesca que en los comentarios no se puedan subir imágenes: como buena groupie literaria (tu 845,654,990 fan-número-uno), tengo aún la foto que me tome contigo, sin poder emitir una sola frase coherente, en el festival de jazz en el Auditorio.
Un placer poderte leer en este medio también.
Comentado por: Sofía el 03/7/2008 a las 18:57
Una vez que te haz declarado capaz de enfrentarte a cualquier demonio, espero tardes mucho en volver a dejarlos dominarte. Excelente epílogo.
Y que los demonios de la lengua no nos dejen mudos aunque quieran.
Comentado por: Kiddo el 03/7/2008 a las 16:43
29/8/2008 22:03
Publicado por: Marce
29/8/2008 19:31
Publicado por: rafael ferrer
29/8/2008 12:05
Publicado por: Guada
28/8/2008 22:33
Publicado por: Marce
28/8/2008 20:03
Publicado por: Guada
28/8/2008 19:49
Publicado por: Evelyn
28/8/2008 10:28
Publicado por: Ana María
28/8/2008 00:41
Publicado por: Scarlett Sholén
27/8/2008 19:26
Cristo Rey de Iztapalapa!!! ...
Publicado por: Tamiris Lippl
27/8/2008 18:59
Una ambulancia!!! pero si la...
Publicado por: Evelyn
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