El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
miércoles, 7 de enero de 2009
Dictador de mentiras

Se queja uno a menudo de los dictadores, hasta que un día se mira en su lugar. Dictando, pues. Buscando cimentar la validez de un mundo de mentiras por sobre cualquier otra realidad. Un trabajo cansado, durante las cuatro horas que cada día nos tocan, aun prescindiendo de esa ley espartana según la cual quien dicta debe hacerlo de pie. Sucede, aparte, al inicio del día. Las horas luminosas que durante años tan largos nos sorprendieron atados a un pupitre, tomando el dictado -qué labor fastidiosa, en ese antiguo entonces-.
T llega por ahí de las diez de la mañana y se acomoda al mando del teclado, al tiempo que me afano en conectar la MacBook a la electricidad, las bocinas y un segundo monitor, pues al fin dictador no tolero la idea de no ver línea a línea todo cuanto las yemas de T van transcribiendo. Tenemos asimismo un teclado y un ratón extra, que equivaldría a conducir un coche con volante, palanca, controles y pedales por duplicado. Por no hablar de las papas con limón y piquín, las gomitas dulces, las agridulces y las Coca-Colas, estímulos sin cuya participación no rendiríamos igual. Aunque no mando yo, sino la historia. Presumo, sin tantita vergüenza, que con algo de suerte será ella quien me absuelva.
Un rasgo que define al dictador, amén que lo distingue de sus imitadores menos agraciados, consiste en pretender que no está dictando. Se levanta la voz, se la modula, se cercena de un tajo la oración para cerrar el párrafo con algún rastro de épica emocional. Se es héroe de la historia, pues de lo que se trata es de salvarle la vida, y para eso hay que hacerla no nada más creíble, sino de preferencia evidente. No permitirle que se deje ignorar. A veces, cuando me gana el cansancio mental de ejercer el papel de lector-narrador-corrector-espectador, no sin cierto bochorno subrepticio me sorprendo dictando con la conmovedora entonación de un burócrata más o menos somnoliento. Mierda, maldigo, doy un trago al refresco y vuelvo a mi lugar con esa gallardía impostada que emplean los dictadores para posar delante del retratista. Igual que ellos, me digo que es preciso sacar partido máximo de este momento histriónico.
Es la primera y última vez que leo y escribo esta historia al mismo tiempo. O al menos parte de ella. Llega un momento en que tenerlo todo expresado nomás en garrapatas negras lo deja a uno pasmado de incertidumbre. ¿Qué ha contado, qué no? Ya no lo sabe. Reina el caos, la historia no se mueve. No se ve el edificio. De pronto falta el piso, o se teme que sobre. La desmemoria crece, no quisiera uno sentirse holgazán, y al mismo tiempo todo nuevo ladrillo se anuncia redundante. Que ni qué, hay que dictar.
Una vez que se empieza, con el miedo de un niño a asistir a un entierro, desfilan de repente los tres últimos años de obsesiones. Cuando la narración parece fuerte, la sorpresa es tan esperanzadora como un beso tenaz de la fortuna; cuando se escucha renga, es como si un fiscal enumerara, megáfono en mano, tus peores fechorías y omisiones morales. Se preocupa uno mucho, en este último caso. Debe seguir dictando mientras en su cabeza bailan los titubeos con las dudas; en un descuido siente la tentación de mejor escribirse un libro de autoayuda.
Llevarle el ritmo a T implica no distraerse un solo instante del dictado. Está pendiente hasta de los resuellos, sus dedos van volando por el teclado y uno pretende que no está pendiente, amén del monitor y el manuscrito, de cada una de sus nuevas reacciones. Las vigilo de reojo y de reoído, me gana todo el tiempo el morbo de enterarme cuáles son los efectos de cada veneno. Quiero pensar que supe emponzoñar las líneas, me aterra en lo profundo que tal vez no sea así. ¿Será por estas y otras causas simultáneas que cuatro horas después no me queda energía para más que tirarme a mendigar calor al sol tacaño? Hoy no ha habido dictado, qué descanso. Con razón los colegas están como están.[Publicado el 20/11/2008 a las 21:07]
hola soy sofia, quiero decirle que me gusto mucho su libro "Este que ves", es el primer libro suyo que leo, y a mi parecer es exelente, me gustaria estar en contacto con usted, seria de lo mejor, me gustaria tambien conocer mas sobre sus libros, y las historias que continuaron despues de esta narracion.
El libro lo compre por indicaciones de mi maestra, al principio creia que no me ayudaria de nada, pero despues de leerlo entendi muchas cosas, y mucho de lo que habla su libro son cosas que comunmente pasan y eso es muy muy interesante.
espero su pronta respuesta
y quiero decirle que su libro y su forma de escribir ,, es maravillosa.
hasta pronto.
Comentado por: sofia martinez el 13/12/2008 a las 20:02
Comentado por: Elizabeth López Bustos el 11/12/2008 a las 21:42
Magnifica tu participación en El Arte de Novelar en el CCMC.
Me quedé con ganas de acercarme a ti, pero el frío estaba inclemente y tú muuuy ocupado. Además, no se que te hubiera podido decir...¿Que me gusta leer tu blog?,sino diario (por que no lo escribes a diario) pues si más o menos cada que lo haces...Ah...no sé...no le ví caso a congelarme más para eso...mmmmmmm...Además me quedé con más ganas de un vodka o minimo un ponchecito como por ahí sugirieron. Bueno, si hubiera valido la pena verte de cerca pero eso de estar entre tanta fan como que da miedo...Te compadezco en ese sentido. Muy aunque tiene su lado bueno, y no cabe duda, es muy buena onda por parte de aquellos que te admiran y te estiman.
Gracias pues. Ya mejor me voy a callar.
Ah si, jeje, se te hizo un poquito tarde.
Comentado por: Ana María el 22/11/2008 a las 09:45
¿Cómo lidiar con ese dictador que hay dentro de nosotros para que no nos llegue a aniliquilar? ¿Obedecerle, ser su siervo fiel, o revelarte y matarlo? No lo sé... sólo te puedo decir, que el mío en este momento se torna asfixiante... ¿sabes cómo liberarte de él?
Un abrazo
Comentado por: Rosa María Navarro el 22/11/2008 a las 03:52
A decir por tus palabras, tengo la sensación de que la historia en la que estás metido te está succionando la sangre, aunque, supongo, no sin cierto placer por tu parte, dado tu amor por los vampiros.
Escribir - siempre lo he pensado - es un trabajo titánico. Es partirse el pecho por una dama que irá siempre un paso por delante, y aún así seguirla, porque es esa distancia la que hace que la historia siga viva. Y puestos a hablar como un manual de autoayuda, pues, digo yo, que si uno está cansado, muy cansado, será que hay que descansar un poco, y recuperarse aunque sea con un sol tacaño - por acá en cambio estos días anda un sol otoñal y hermoso -, otra cosa es que uno quiera ser un héroe las 24 h del día. Por mi parte, no firmo por ser una heroína a tiempo completo. La verdad, es que de ser algo, más bien sería lo contrario, porque, por lo general, las antiheroínas gozan de más sentido del humor.
Muác, muác, Xavier querido.
Comentado por: Guada el 21/11/2008 a las 20:02
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