El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

viernes, 19 de marzo de 2010

 Blog de Vicente Verdú

Las zapatillas

Muchas personas confiesas, sin intención de exagerar, que uno de sus mayores placeres consiste en llegar a casa y ponerse las zapatillas.

 Aún no hallándose dentro de  esta población tan dichosa en zapatillas, su confort es  fácil de entender tanto como atendiendo al  deleite que procura el afectuoso contacto del fieltro, elegido para lograr este efecto, como analizando la inmediata puerilización de los deseos que facilita el andar sin coerción.

De hecho, la zapatilla viene a ser la antagonista de lo disciplinario, el quehacer y el deber. De ese modo se calza pacífica y pasivamente al pie.

Frente al zapato que tampoco le queda otra opción que calzar el pie cuando se le manda, la zapatilla no discute esa opción. La  obediencia del zapato es rebelde o  fundamentalmente indócil puesto que su estado perfecto no es la vida en casa sino que su rango natural se cumple en  la escena pública y mediante alguna ocupación, productiva  o eficaz. El zapato lleva de aquí para allá y luce en uno u otro lugar pero la zapatilla es intrínsecamente casera y desprovisto de cualquier ocupación fabril.

Los zapatos se exhiben en los comercios como objetos que brillan en sí mientras que las zapatillas aluden inevitablemente a un ser humano opaco y de cuya condición se deduce el no hacer, no hacer incondicional.

 El zapato es colectivo, urbano y callejero pero la zapatilla es privada, individual y habitacional. Una clase de ser interior que, no poseyendo un interior impositivo, acaba pronto en la desganada oferta de  bienestar gratuito y holgazán. Las zapatillas, en efecto, no son, en nada, objetos y es  la pasividad que despide, tan espontánea y espesa la que, sin pretenderlo, se ablanda el  lugar donde se encuentren y su  manso paso a lo largo del recorrido que pisan.

No son por tanto calzado  en ningún sentido estricto porque estructuralmente se hallan diseñadas en las afueras semánticas de la estructuración. El zapato marca el pie y busca,  en la mayor parte de los supuestos, transmitir alguna determinación.

La zapatilla, por el contrario, es lo opuesto a toda convicción humana o trascendente, personal o social. Su talante -sin sujeto dentro- la asocia a los  diálogos sin objetivo o, precisamente, a esa clase de conversación  familiar que al fin del día intercambia palabras resabidas y se refiere sólo a problemas  rutinarios y de ínfimo valor.

  La zapatilla conlleva morfológicamete una declaración disolutoria o una  disolución declarativa. No se relaciona con pugna alguna ni con el menor residuo de confrontación, dialéctica o no.

Existe como un animal del que fueron condonadas todos los factores  de enfrentamiento y de este modo subordinado y ciego, desganado y ablativo  se ofrece a nuestra floja voluntad. Más bien nuestra voluntad es, por la misma desidia, la misma que la suya en el momento en que el pie se adentra en su organismo y la moviliza como el cuerpo y el alma que rellena un vacío sin la menor ansiedad.

Probablemente, el bienestar que procuran las zapatillas del que sus usuarios obtienen la recompensa mayor, procede de ellas y ellos juntos no son ya seres en sí, no son juntos seres para la muerte sino seres para la inacción y en el punto G de la ausencia del deseo. Ellas son tan sólo para hacer gozar el deseo cero y esa oquedad donde se hace posible la integridad del gozo sin posesor.

Ciertamente el zapato se beneficia del movimiento que le permite pasear, exhibirse,  participar de los actos mercantiles y la vida erótica, pero la zapatilla se halla eximida de todo ello. No es más que un regazo liberado de toda obligación, al punto que al  calzarlas somos infundidos de su inocencia sin pasión, ni obligación, sin objetivo ni causa. No hay más que inarticulación en el cuerpo de la zapatilla a la manera en que acaso un amable muñeco de trapo. Pero la zapatilla es, además femenina, una mujer pura, una mujer que ni es amante, ni es madre, ni es esposa, ni es abuela, sólo amor. El absoluto de su concavidad donde el pie, como basamento del cuerpo, se acoge trasmite la sensación de un sosiego cósmico y acaso el impulso para poder volar.

[Publicado el 02/2/2010 a las 09:00]

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Comentarios (14)

  • María: no se sienta obligada a nada -ya sabe- y no vaya a desaparecer ahora del blog.

    Comentado por: escarola el 09/2/2010 a las 18:25

  • No he podido antes pero gracias Ma-
    ria. Con su tortuga y la de Williams voy a volar como la Margarita de Bulgakov. Y gracias tambien por el super- Valente que
    maravilla. Buscadora de poemas, que bonito
    oficio el suyo ,como afinador de pianos,
    narradora de cuentos...Es usted nuestra
    Sherezade. En las cortes persas no ten-
    dria precio.

    Comentado por: la tortuga varada el 09/2/2010 a las 15:17

  • Vaya, parece que en recorta y pega, se ha fragmentado el poema. Será por algo.

    To his conquests,
    my lLord,
    you!
    You shall be master!
    In the beginning
    there was a great tortoise
    who supposrted the world.
    Upon him
    all ultimately
    rests.
    Without him
    nothing will stand.
    He is all wise
    and can outrun the hare.
    In the night
    his eyes carry him
    To unknow places.
    He is your friend

    Comentado por: María el 07/2/2010 a las 14:34

  • Sus ojos la conducen
    a lugares ignotos.
    Ella es tu amiga.

    Comentado por: María el 07/2/2010 a las 14:31

  • Suscribo, Tortuga, todo lo que usted acaba de decir; tan bien, tan razonadamente bien, en este post. Como casi siempre me ocurre, encuentro en las palabras de otros la forma de dar respuestas atinadas, de formular preguntas, siento que dan en el clavo y que son ésas las palabras que zumbaban alrededor de mi cabeza y que no acababan de encontrar su envoltorio. Por eso echo de menos a Escarola, a Jose Antonio y me alegro mucho de que usted haya varado por aquí.

    Uno de esos poemas que siempre andan por aquí cerca, encuentra hoy su lugar, aquí junto a su post. Desde que lo descubrí nunca me abandona del todo cada vez que veo una tortuga. The turtle, de Willina Carlos Williams. Él se lo dedicó a su nieto, y yo, esta mañana de domingo, lo releo y se lo copio para usted, No se minusvalore, Tortuga, “Sobre ella, a fin de cuentas todo reposa… y a la liebre es capaz de adelantar por la noche…” Creo que encaja, a pesar de lo poco que la conozco, con usted. Me gusta la traducción de Martín Gaite, en la que la tortuga es femenina.
    Buen domingo, y a ver si conseguimos que lleguen nuestros mensajes a Escarola.


    William Carlos Williams
    The turtle
    (For My grandson)


    Not because of his eyes
    the eyes of a bird,
    but because he is beaked,
    birdlike, to do an injury,
    has the turtle attracted you.
    He is your only pet.
    When we are together
    you talk of nothing else
    ascribing all sorts
    of murderous motives
    to his least action.
    You ask me
    to write a poem,
    should I have poems to write,
    about a turtle.

    The turtle lives in the mud
    but is not mud-like,
    you can tell it by his eyes
    which are clear.
    When he shall escape
    his present confinement
    he will stride about the world
    destroying all
    with his sharp beak.
    Whatever oposes him
    in the streets of the city
    shall go down.
    Cars will be overturned.
    And upon his back
    shall ride,


    Traducción de Carmen Martín Gaite

    No a causa de sus ojos,
    Los ojos de un pájaro,
    sino por tener pico,
    a manera de pájaro para poder herir,
    por eso te fascina la tortuga.
    Es tu único capricho.
    Siempre que estamos juntos
    no me hablas de otra cosa
    y achacas toda clase
    de intenciones aviesas
    a su más leve acción.
    Me pides un poema,
    como si yo tuviera
    poemas que escribir,
    sobre una tortuga.
    Vive en el fango
    pero no es fangosa ,
    se le nota en los ojos
    que son claros.
    Cuando logre escapar
    de su actual destierro
    cruzará el mundo a zancadas
    destruyéndolo todo
    con su afilado pico.
    Quienquiera que le oponga resistencia
    por las calles de la ciudad
    se verá derrotado.
    Los coches volcarán.
    Y en todas sus conquistas
    montado a lomos de ella,
    ¡Irás tú
    Cabalgando,
    Mi señor!
    ¡Serás el amo!
    Érase en el principio
    una enorme tortuga
    que al mundo le servía de soporte.
    sobre ella
    a fin de cuentas
    todo reposa.
    Sin ella
    nada quedaría en pie.
    Lo sabe todo
    y a la liebre es capaz de adelantar.
    Por la noche

    Comentado por: María el 07/2/2010 a las 14:28

  • No se vaya escarola. Los jefes sue-
    len estar en los cielos o en su infierno
    particular. El ultimo descubrimiento de la
    fisica es que el infierno esta en el cielo
    y que lo nuevo es lo que hemos buscado
    siempre.Y no vamos a ser todos como San
    Sebastian al que tocan todas las flechas
    sino solo las que nos llegan a nuestros
    puntos cardinales y esa son las del indio.
    A las tortugas les gustan las escarolas,
    las mordisquean,las saborean, las
    rumian...a mi me gustaba su respuesta
    pronta,la voz firme pero no airada,el in-
    genio y la inteligencia altos pero no
    arrogantes,la ironia suave pero no dañi-
    na,la justa y honesta indignacion cuando
    se requeria y la oreja atenta y comprensi-
    va a todo y todos.
    Yo no soy mas que una tortuga y como
    tal lenta. Me ha costado mucho llegar a
    intervenir. Y ademas varada, entre la pla-
    ya que abandone porque solo sabia a arena
    y el agua que siempre esta fria. Aqui en
    la orilla mirando nubes y recogiendo bo-
    tellas poco se puede hacer.Y encima preo-
    cupada porque va a desaparecer el vergel
    de al lado no se si por el cambio climati-
    co...y como me voy a alimentar teniendo
    en cuenta la maldicion biblica a las tor-
    tugas...viviras 200 AÑOS!!!
    No se vaya escarola este es un coro
    y todas las voces son necesarias.
    Pregunte a Maria y a Asun que tienen
    aire serio y razonable.

    Comentado por: la tortuga varada el 07/2/2010 a las 08:45

  • Sometimes you are my slippers
    Sometimes you are my shoes
    I love you,
    Crocs!

    http://haiku.clubandhra.com/

    Comentado por: pantoufle & slipper el 05/2/2010 a las 17:39

  • Cierto, pero que no vaya a ser lo mismo no significa que no pueda ser mejor ¿no?
    No puedo hablar por los otros, sólo sospechar de sus motivos, diferentes probablemente en cada caso. Si yo me he alejado de este blog es porque en sus últimos post se me ha hecho visible un aspecto de la personalidad del autor que me ha disgustado profundamente, por decirlo de manera contenida, y no es una simple cuestión de diferencias ideológicas. Eso se suma a otros factores más personales que se pueden resumir en el cansancio psicológico de algunas de las lacras del medio. Y, aunque valoro mucho su opinión, opino por el contrario que este blog necesita renovar sus comentaristas, un poco de aire fresco: algunos de los nuevos como la tortuga varada, alice, y ud podrían si se lo proponen dar mucha caña. Yo seguir sigo, aunque no participe tanto.

    Comentado por: escarola el 04/2/2010 a las 19:04

  • Cómo siento, Escarola, que no nos cuente su teoría. Ya he dicho muchas veces que el blog del jefe no sería lo mismo sin usted.

    à bientôt

    Comentado por: María el 04/2/2010 a las 15:54

  • No, mi teoría es diferente (no se trata de que no nos gusten sus post en sí mismos por un motivo u otro) pero no pienso contarla en el blog.

    Comentado por: escarola el 04/2/2010 a las 13:03

  • Será que la escobilla, las zapatillas y la plancha no están de actualidad. Será que no apetece mantener la atención demasiado tiempo sobre ellos.

    Comentado por: por ejemplo el 04/2/2010 a las 11:28

  • Pues yo tengo otra teoría

    Comentado por: escarola el 04/2/2010 a las 10:39

  • Será que se los adueña y crea una intimidad con ellos que da pudor inmiscuirse entre la conversación que se traen- digo yo.

    Comentado por: por ejemplo el 04/2/2010 a las 01:00

  • ¿A qué se debe esta deserción de blogueros incondicionales? ¿Será el invierno? ¿Será que el jefe ha conseguido contagiar a los asiduos la pasividad de los objetos que escruta y disecciona en este principio de año? Objetos que parecen flotar en un limbo; objetos cansados, vencidos diría yo, objetos a la espera de ser redimidos o de que llegue definitivamente su sentencia de muerte ¿Estarán blogueros y blogueras, encerrados en sus casas, en pijama y zapatillas, planchando y llorando soledades entre ataques de tos?

    Les confieso que desde hace una temporada estos posts del jefe me causan una cierta parálisis; mientras el polvo se acumula en sillas y mesitas, tan pronto me sorprendo ensimismada en la contemplación de la escobilla, como absorta y concentrada en el ruido del orín en el retrete.
    Con la llegada de febrero, estaba dispuesta a poner punto y final a este mundo clausurado, calzarme los zapatos y salir a comprarme unas medias; a ver si realmente soy capaz, me decía yo, de percibir esa infranqueable fractura que según el jefe nos separa de los hombres y, ya de paso, de los calcetines. Pues eso, que estaba decidida a entrar en una Calcedonia cualquiera y comprobar si era la única que no había sentido al comprar unas medias que lo hacía con profesionalidad, con ese oficio del que hacen gala - todo según el jefe- las mujeres: “la profesionalidad de meretrices, las constatan sobre la mano abierta, calibran su color y su efecto estético entre los dedos tensos y erectos” , y en esas andaba cuando ¡Zas! entra febrero a golpe de zapatilla y, con un verdadero golpe bajo, con un zapatillazo en el trasero, sesga de cuajo mis buenas intenciones de compra. Pues cómo voy a pensar en la “ceremonia erótica tan catalogada como eficiente” de calzarme y descalzarme las medias si, en realidad, es un puro preámbulo a calzarme las sempiternas zapatillas, símbolo parece ser de la feminidad más pura, “punto G de la ausencia de deseo”.
    Ya puestos a estos emparejamientos yin y yang, calcetines y medias, zapatos zapatillas, porqué no zapatilla y cinturón. En mi generación, las madres eran las que blandían la zapatilla y perseguían entre gritos y lamentaciones a la prole culpable de cualquier travesura. A estas amenazas, que muchas veces quedaban en eso, pura amenaza, no le dábamos gran importancia. La zapatilla volvía al pie de la madre con la misma facilidad con la que salía y sin dejar grandes secuelas. El cinturón, era otra cosa, objeto de leyenda y cuchicheo.
    Desde que leí este post de febrero, mudo de comentarios, la zapatilla se ha apoderado de mí y ha adquirido unas proporciones gigantescas. Quizá también influya el que vengo de una ciudad proclive a los aumentativos, en la que “la Iglesiona” y “la Escalerona” son lugares perfectamente identificables para sus habitantes, mucho más que si se les pregunta por la iglesia de los Jesuitas o la escalera número 3 que da acceso a la playa. Otra joya de la exageración, más peregrina si cabe, es la de “La Zapatillona”, una de esas tiendas de ciudad provinciana en la que, por descontado, se venden -acaso debería decir vendían- zapatillas. Por si el nombre fuera poco, va acompañado de un inmenso rótulo, una zapatilla enorme, que invade la calle. Les aseguro que no exagero. Y eso es lo que les pasa a estos posts de VV que parecen vivir en una nostalgia de objetos extinguidos, en una postal en blanco y negro de una ciudad por la que no hubiera pasado el tiempo. Las veces, muchas, que he vuelto a mi ciudad, no he reparado si la famosa Zapatillona sigue existiendo, me fijaré la próxima vez que la visite. Mientras tanto, tecleo en Google:”La Zapatillona”. Como por arte de magia aparece una postal de los años 40, ahora en venta en eBay por quince euros, en la pantalla leo:

    “Rara postal de la Calle Uría de XXXXXX. Yo creo que es de los años 30 ó 40. Corresponde al tramo de los números 30 al 40 aproximádamente. El chalet que se ve a la izquierda estaba enfrente de lo que es hoy la Cruz Roja. Un poco más atrás se puede ver el edificio donde estaba la conocida panadería "La Cubana". Enfrente de ella se ve el comercio de "La Zapatillona", cuyo rótulo con la gran zapatilla que le daba nombre ya está. Se observa un tranvía y al fondo la plazuela de San Miguel. Más al fondo La Iglesiona”

    Me niego a que la zapatilla se apodere de mi, paso por alto el dolor de cabeza que seguramente sufriré mañana, me calzo los zapatos y salgo a la calle a darle al tacón, que ya va siendo ahora de abandonar interiores, oquedades y “regazos liberados de toda obligación”

    Comentado por: María el 04/2/2010 a las 00:22

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Biografía

Vicente Verdú nació en Elche en 1942. Escritor y periodista, se doctoró en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona y es miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard. Escribe regularmente en el El País, diario en el que ha ocupado los puestos de jefe de Opinión y jefe de Cultura. Entre sus libros se encuentran: Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso, Nuevos amores, nuevas familias, China superstar, Emociones y Señoras y señores (Premio Espasa de Ensayo). En Anagrama, donde se editó en 1971 su primer libro, Si Usted no hace regalos le asesinarán, se han publicado también los volúmenes de cuentos Héroes y vecinos y Cuentos de matrimonios y los ensayos Días sin fumar (finalista del premio Anagrama de Ensayo 1988) y El planeta americano, con el que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en 1996. Además ha publicado El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción (Anagrama, 2003) y Yo y tú, objetos de lujo (Debate, 2005). Sus libros más reciente son No Ficción (Anagrama, 2008), Passé Composé (Alfaguara, 2008) y El capitalismo funeral (Anagrama, 2009).

 

Galería de cuadros del autor

 

Bibliografía

El capitalismo funeral (2009), Anagrama.

Passé Composé (2008), Alfaguara.

No Ficción (2008). Editorial Anagrama 

Yo y tú, objetos de lujo (2005). Editorial Debate

La ciudad inquieta: el urbanismo contemporáneo entre la realidad y el deseo (2005). Fundación Central Hispano

Noviazgo y matrimonio en la sociedad española: 1974-2004 (2004). (Coautor con Alejandra Ferrándiz). Taurus Ediciones

Alberto Schommer, el poeta de la visión (2003). La Fábrica

El estilo del mundo: la vida en el capitalismo de ficción (2003). Editorial Anagrama

Guillermo Vázquez Consuegra: obras y proyectos, 1996-2001 (2001). (Coautor con García-Solera Vera, Javier). Colegio Oficial. Arquitectos Comunidad Valenciana

Cuentos de matrimonios (2000). Editorial Anagrama

Señoras y señores (1998). Espasa-Calpe

El planeta americano (1997). Círculo de Lectores

Nuevos amores, nuevas familias (1992). Tusquets Editores

El éxito y el fracaso (1991). Ediciones Temas de Hoy

Poleo menta (1990). Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert

Días sin fumar (1989). Editorial Anagrama

Héroes y vecinos (1989). Editorial Anagrama

Sentimientos de la vida cotidiana (1984). Ediciones Libertarias

El fútbol, mitos, ritos y símbolos (1981). Alianza Editorial

Las solteronas (1978). Editorial Dopesa

Si Vd. no hace regalos le asesinarán (1972). Editorial Anagrama

 

Portada de 'El capitalismo funeral'

Enlaces

Entrevista en Canal 2 Andalucía.

 

Reseña en Babelia.

 

Reseña en El País.

 

Reseña en El Cultural de El Mundo.

 

Reseña en El País - País Vasco

 

Entrevista en Periodista Digital

Premios

2006 Premio Escritor del Año (Grupo Conde Nast)

2006 Grand Prix du Livre des Dirigeants

2002 Premio Julio Camba de Periodismo

1998 Premio Espasa de Ensayo

1997 Premio González Ruano de Periodismo

1996 Premio Anagrama de Ensayo

Vídeos asociados

Audios asociados

Obras asociadas

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