Las visitas
¿Una visita? Se trate de parientes o amigos, seres humanos con o sin mascotas, su introducción en el mundo hogareño constituye una rara inoculación, casi siempre consternadora.
Muy bien que tras la terminación de la visita entre besos y abrazos de despedida, un balsámico silencio casi ancestral vuelva al salón en señal de haber superado el trance. Muy bien que esas personas más o menos ajenas o próximas hayan consentido en acercar nuestras vidas, sus nuevas o antiguas noticias y, al final, del conjunto hablado y sentido se haya compuesto una solidaridad imprevista y confortadora.
El acto de visitación que se desarrolla bien deja tras de sí una secuencia fresca y dichosa y de la visita que sale mal, no merece la pena hablar puesto que corrobora la aciaga perspectiva de abrir la puerta a cuerpos y circunstancias incontroladas y necesariamente desazonantes.
Siempre, en cualquiera de los supuestos, ser visitado conlleva una rara perturbación y de hecho, las personas al envejecer y debilitarse van reduciendo el número de encuentros con los demás, por la misma razón de la energía que se requiere y la fatiga con inevitablemente se deriva.
No sólo no abrir las puertas a las personas de afuera sino impedir que el significado interior se altere por efecto de elementos externos, indeterminables en sí, es una querencia que aumenta con los años del hogar y de sus huéspedes.
La edad, especialmente en los varones, hace crecer una orientación centrípeta en todo su ser a la manera de un lento torbellino que tiende a arroparse en sí mismo, como en un movimiento de metamorfosis que convierte la actividad anterior en un lienzo y la movilidad en el amor a la parálisis. Toda experiencia de esta lentitud final, cada vez más encharcada de luto, induce a protegerse, cuidarse de tropiezos y averías que acaso una visita podría traer desde el paisaje exterior, incluido el paisaje impreso en la propia visita.
Correlato de todos estos mundos adultos, , donde la morosidad y el torpor aumenta, es el modelo de la casa adulta, tan madura en la decoración, desgastada en la tapicería como sobrecargada de objetos. Un universo tan manoseado y abigarrado que tanto la novedad como el volumen de la visita se acogen entre el temor a cualquier percance y el miedo al insoportable abigarramiento.
Más que amigos y amigas que, en la juventud, se comportan como compañeros del juego o piezas del juego mismo, en la vejez, amigos y amigas, son en cuanto visitadores bultos que, tarde o temprano sobre los que tarde o temprano se preferirá su ausencia.
Ante estos encuentros lentificados, espesos y semienfermizos se resiste la quebrada salud de la vivienda y, en definitiva, el delicado estado de su composición y el difícil equilibrio de su supervivencia.
La ausencia, en cambio, se convierte así -como nunca antes- en la forma privilegiada de la presencia.
La vinculación al presente de cada jornada va pareciendo más y más aburrida mientras el lazo con cualquier forma de ausencia cobra un valor biológico y brillante en casi todo. Por esa circunstancia, la edad va coleccionando y puntuando aquellos factores que, más o menos, se relacionan con el vacío, la lejanía o la pérdida de manera que la más apreciada compañía termine siendo la habitación de la soledad. ¿Cómo pedir que haya pues contento en el momento de recibir? ¿En la coyuntura de ver presentes, ásperos de realidad, a los que endulzaba la memoria desde su lontananza y con quiénes nos abrazábamos tanto en la pureza del silencio como en el ilimitado amor de su transparencia?
[Publicado el 05/2/2010 a las 10:59]
Yo aprecio la inteligencia en casi todas sus formas, velocidades y edades. Y sí, la confrontación de puntos de vista distintos enriquece el significado del post-resulten nuestras visitas -y sus tarjetas- deseadas por el jefe o no. Lo de ese nonagenario es anonadante, de no resultar tan inverosímil sería como para una película. Moraleja, sres políticos: no jueguen con el dinero de los jubilados, podría abrirse la caja de Pandora.
He leído sus comentarios en el glob; reconozco que tantas restricciones son una lata -tampoco dejan poner enlaces en los comentarios- así que supongo que pronto abandonaré ese formato. Si tiene ganas de contarme lo de las islas, le dejo esta dirección electrónica: esscarola@gmail.com
Comentado por: escarola el 08/2/2010 a las 09:52
Estoy mas cerca, por edad, Escarola, del jefe que de usted y, puede que por eso, mi reacción es más airada y menos comprensiva que la suya; tratamos de alejarnos de aquello en lo que nos vemos reflejados y no nos gusta; será que me resisto a verme como soy. Estoy de acuerdo con usted en lo del autorretrato áspero y despiadado y al jefe le reconozco la indiscutible valentía de hacerlo. A mi también me gustan y me inquietan estos posts. Ya he confesado hace unos días cómo merodean, sin que pueda quitármelos de encima, como un dolor sordo de cabeza, de esos que no acaban de desaparecer del todo a pesar de haber tomado la necesaria dosis de aspirina .
Jóvenes y viejos, a veces, nos parapetamos en la edad para explicar retiradas y deserciones de lo real. Cuando, unidos por un gusto común, los escritos del jefe en este caso, podemos coincidir haciendo la visita con personas de edades, gustos y procedencias muy dispares, la confrontación estimula y sorprende, a mi me pasa; la mirada de los otros transforma no sólo la mía sino que me descubre otras lecturas posibles, es otra de las razones por las que me gusta venir de visita por aquí, un lugar en el que poder interpelarnos sin que prejuicios y estereotipos, otros que los que cada uno construye y alimenta con su propia narración, interfieran en el intercambio.
Estoy contenta, tortuga de que hayamos conseguido el regreso de Escarola. Me interesa seguir esta conversación sobre los chinos, pero hoy es ya muy tarde, y yo muy lenta al escribir.
He leído estos días, de aquí y de allá, contagiada por el tono de estos posts. En mis manos tengo de Valente “Nadie” escritos entre el 93 y el 94. Ceder… abandonarse.. detenido el flujo de vivir. Encaja, así me lo parece.
José Ángel Valente
(Luces hacia el poniente)
Al lento sol que baja hacia la tarde
ceder, abandonarse.
Declinación.
El flujo del vivir
se ha ido deteniendo imperceptible
Como el borde del vuelo o la caricia.
Aún dura leve lo que fuera huella
De su tacto tenue.
No sé si salgo o si retorno
¿Adónde?
El fin es el comienzo.
Nadie
me dice adiós. Nadie me espera.
Entrar ahora en el poniente,
ser absorbido en luz
con vocación de sombra.
Y tú, que me has amado, sacrifica
a las divinidades de la noche
lo más puro de mí
que en tu secreto reino sobreviva.
José Ángel Valente
Para cambiar de tono, y como prueba fehaciente de que no siempre en los “ mundos adultos la morosidad y el torpor aumenta” me llega esta noticia de la misma ciudad en la que reina la todopoderosa “zapatillona”. No me negarán que se trata de la verdadera ciudad de los prodigios.
http://www.elcomerciodigital.com/v/20100205/gijon/anciano-anos-persigue-bici-20100205.html
He visto muy de cerca ejemplos de vitalidad disparatada en los que, aunque el cansancio y el desánimo fueran los únicos estados de ánimo posibles, el optimismo prevalecía. Siguiendo su ejemplo y el del ciclista voluntarioso, mañana me calzaré unas zapatillas, no de paño escocés ni de panilla, sino unas nike de última generación, abriré la puerta y saldré a correr. ¡Corre mientras puedas! cuenta en su blog una persona muy querida.
A la vuelta les hago una visita.
Comentado por: María el 08/2/2010 a las 03:06
Yo también vengo de visita, María, de una visita de fin de semana, y no me ha parecido que fueran a celebrarlo con cava cuando me marché- aunque todo es posible. Vengo cansada, aunque soy joven todavía -eso creo- y las fuerzas que me quedaban se han ido en reirme con su comentario. Lo ha clavado. Yo que Verdú, si convierte estos post en un libro, no sólo pondría el título "reflexiones desde el sillón de orejas, sino su comentario en la contraportada. Seguro que vende, aunque bajo engaño: todo el mundo pensaría que se trata de un libro cómico. De todas formas, le digo que a pesar de la ideología de sillón de orejas que desprenden estos post, me gustan, me parecen un despiadado, ASPERO, sincero y brillante autorretrato -pues no sólo nos definen las cosas que nos rodeas sino nuestra mirada sobre ellas. Cierto es que estos post no fomentan la alegría y el optimismo, que son como la VISITA a la casa de la bisabuela o al anticuario. Verdú proyecta en sus artículos y libros otra imagen más lustrosa y futurista, una ideología con la que probablemente conecta intelectualmente, aunque sentimentalmente parezca clavado en el pasado.
Muchas gracias, tortuga por todo lo que me ha dicho ahí abajo. A mí también me gusta su voz, no sé si lenta pero sabia. Sin embargo ¡no estoy de acuerdo con ud respecto a los chinos! su sonrisa no me parece que manifieste simpatía, ni alegría, la veo más bien como una máscara que vaya ud a saber qué sentimientos guarda. Podría parecer servil o excesivamente educada, pero creo que tampoco, que existe entre nuestra cultura y la suya una diferencia tan grande que no permite equivalencias.
No sea tímida tortuga, y participe más: a mí por lo menos me gusta mucho leerla.
Comentado por: escarola el 07/2/2010 a las 20:00
Cansancio. Se ve ,se palpa.Bate la
vida y algunas horas sellan. Pero abramos
la puerta a los que traen la sonrisa ho-
nesta porque puede ser que esta se quede
con nosotros y nos alcance su bienestar
aunque parezca a muchos palido e inver-
nal.
En China vi las personas mayores
mas felices del mundo.En diez metros de
parque disfrutaban cantando, bailando
valses y tangos y conectando con el uni-
verso con movimientos de hoja. Tenian la
sonrisa cercana para los niños y los ex-
tranjeros y una deferente y especial pa-
ra los amigos que se acercaban. Palabra
de persona perdida mirando lotos.
Ademas,hay gente que tiene el don
de la lluvia benefica o maldita y de hacer
subir a la montaña si se quiere a las bue
nas gentes de las praderas. Aqui esperamos.
Comentado por: la tortuga varada el 07/2/2010 a las 15:56
No me gustaría convertirme en una vieja cascarrabias y egoísta, de esas que refunfuñan cada vez que viene una visita “visitadores bulto, sobre los que tarde o temprano se preferirá su ausencia”, encerrada a cal y canto entre paredes abigarradas de objetos, o bien, que para el caso es lo mismo, enclaustrada en una celda, pues lo que asfixia no son los muebles pesados ni los sobrecargados interiores en los que los amigos de antaño se mimetizan con cojines manoseados y gastadas tapicerías. Cabría esa falta de realidad y esa mirada apolillada en espacios exentos, monacales, incluso de diseño. Lo que asfixia es esa mirada hacia el pasado, esa metafísica del tiempo, que tal parece que el jefe se hubiera dejado doblegar por la edad: reflexiones en batín desde un sillón orejero, llamaría yo a esta serie de posts. También podrían titularse: reflexiones con toquilla desde una mecedora, ya que VV sigue empeñado en alimentar ciertas dicotomías hombre mujer (calcetín media, zapatilla zapato) ancladas en la noche de los tiempos.
También asfixia, por estéril, una cierta mirada terminal, paralizada. Es como si de repente se hubiera vuelto un dandy “fin siècle” de vuelta de todo, y en los post convivieran pinceladas de frivolidad en forma de guiños al buen gusto con una cierta resignación elegante. A mí, me chirría, por poner un ejemplo, en “Muebles” ese paréntesis en el que el jefe entrecomilla ("remordimiento"), refiriéndose a un escenario en el que los milagros no son posibles, entrecomillado en el que atisbas la búsqueda de una complicidad que, al menos yo, no le concedo, como si sólo en interiores elegantes pudieran darse los milagros, o las revelaciones trascendentes.
Siento mucho decir esto, pues una de las grandes virtudes de VV es que siempre ha escrito al descubierto, enganchado al presente, sin parapetarse en un tiempo ya vivido ni poblado de fantasmas, un espacio en el que su fina ironía salpicaba por igual a viejos, jóvenes, mujeres y hombres, ricos y pobres, un espacio sin complejos. Pues el pertenecer a uno de esos grupos no da bula, como tampoco el haber nacido en una familia con o sin servicio; ni el resentimiento social ni el clasismo encubierto.
¿Reivindica VV la soledad para no ver los estragos del tiempo?
“¿En la coyuntura de ver presentes, ásperos de realidad, a los que endulzaba la memoria desde su lontananza y con quiénes nos abrazábamos tanto en la pureza del silencio como en el ilimitado amor de su transparencia?”
La realidad es áspera, jefe, por definición, y si alguna ventaja tiene envejecer es la de saborear la dulzura y saber encontrarla en la hosca materia del presente, saber que está aquí, en los visitadores bulto. El envejecimiento consiste en aceptar que se está aquí y en ninguna otra parte, hacer esto y no otra cosa, tener únicamente esta vida. Y la memoria, cuando no cae en la nostalgia y no la degradamos convirtiéndola en un filtro que desdibuja los contornos, nos hace más sabios, más optimistas, aguza nuestros sentidos y nos permite endulzar y disfrutar la cercanía; Lo otro es un replegarse sin sentido. No quiero para mí esa edulcorada mirada hacia el pasado.
Ya se nota cómo se estiran los días en febrero, hace sol y me voy de visita bulto a ver a unos amigos, en el camino seguro que veré los almendros que ya están floridos. La floración dura tan poco que es una pena no dar un portazo y salir a la calle.
¿Qué nos deparará el post de mañana?¿ las esquelas, el paragüero, los visillos, las persianas, el portero?
Comentado por: María el 06/2/2010 a las 16:15
Muy platónico le veo; más que platónico platonicófilo, debiera decir, con perdón del palabro, señor Verdú. Pero algo de razón ya lleva: se ve más guapa la gente, más complaciente, de lejos. Es la edad.
Comentado por: LaVingen el 06/2/2010 a las 12:14
En las casas sevillanas y cordobesas, probablemente una herencia musulmana, teníamos los esplendorosos patios para recibir al visitante. Ahora, las visitas se reciben en el blog.
Comentado por: José Luis Martínez Hens el 06/2/2010 a las 11:11
En esta especie de recopilatorio de elementos materiales y vivencias hogareñas con el que últimamente nos está complaciendo/castigando VV se intercalan con frecuencia términos y reflejos de estilos, ambientes y modos de vida pertenecientes a un pasado que, en el mundo veloz actual, nos parece remoto.
Resultaría curioso el contraste con la más rabiosa actualidad que conoce y aplica, como sociólogo que es, si no fuera porque hay demasiados aspectos en los que nos quedará para siempre la impronta recibida en nuestra juventud.
Comentado por: Asun el 05/2/2010 a las 13:30
Vicente Verdú nació en Elche en 1942. Escritor y periodista, se doctoró en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona y es miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard. Escribe regularmente en el El País, diario en el que ha ocupado los puestos de jefe de Opinión y jefe de Cultura. Entre sus libros se encuentran: Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso, Nuevos amores, nuevas familias, China superstar, Emociones y Señoras y señores (Premio Espasa de Ensayo). En Anagrama, donde se editó en 1971 su primer libro, Si Usted no hace regalos le asesinarán, se han publicado también los volúmenes de cuentos Héroes y vecinos y Cuentos de matrimonios y los ensayos Días sin fumar (finalista del premio Anagrama de Ensayo 1988) y El planeta americano, con el que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en 1996. Además ha publicado El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción (Anagrama, 2003) y Yo y tú, objetos de lujo (Debate, 2005). Sus libros más reciente son No Ficción (Anagrama, 2008), Passé Composé (Alfaguara, 2008) y El capitalismo funeral (Anagrama, 2009).
Galería de cuadros del autor
El capitalismo funeral (2009), Anagrama.
Passé Composé (2008), Alfaguara.
No Ficción (2008). Editorial Anagrama
Yo y tú, objetos de lujo (2005). Editorial Debate
La ciudad inquieta: el urbanismo contemporáneo entre la realidad y el deseo (2005). Fundación Central Hispano
Noviazgo y matrimonio en la sociedad española: 1974-2004 (2004). (Coautor con Alejandra Ferrándiz). Taurus Ediciones
Alberto Schommer, el poeta de la visión (2003). La Fábrica
El estilo del mundo: la vida en el capitalismo de ficción (2003). Editorial Anagrama
Guillermo Vázquez Consuegra: obras y proyectos, 1996-2001 (2001). (Coautor con García-Solera Vera, Javier). Colegio Oficial. Arquitectos Comunidad Valenciana
Cuentos de matrimonios (2000). Editorial Anagrama
Señoras y señores (1998). Espasa-Calpe
El planeta americano (1997). Círculo de Lectores
Nuevos amores, nuevas familias (1992). Tusquets Editores
El éxito y el fracaso (1991). Ediciones Temas de Hoy
Poleo menta (1990). Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert
Días sin fumar (1989). Editorial Anagrama
Héroes y vecinos (1989). Editorial Anagrama
Sentimientos de la vida cotidiana (1984). Ediciones Libertarias
El fútbol, mitos, ritos y símbolos (1981). Alianza Editorial
Las solteronas (1978). Editorial Dopesa
Si Vd. no hace regalos le asesinarán (1972). Editorial Anagrama

Entrevista en Canal 2 Andalucía.
Reseña en Babelia.
Reseña en El País.
Reseña en El Cultural de El Mundo.
Reseña en El País - País Vasco
Entrevista en Periodista Digital
2006 Premio Escritor del Año (Grupo Conde Nast)
2006 Grand Prix du Livre des Dirigeants
2002 Premio Julio Camba de Periodismo
1998 Premio Espasa de Ensayo
1997 Premio González Ruano de Periodismo
1996 Premio Anagrama de Ensayo
21/3/2010 07:05
Publicado por: Martin Eduardo
21/3/2010 05:03
Me encantaria encontrar no solo...
Publicado por: Beldelpasado
21/3/2010 01:13
Y ADEMAS DE TODO POR DONDE SALE...
Publicado por: oscar andres
20/3/2010 19:50
Publicado por: Suntory time
20/3/2010 14:29
y.. si bebes no conduzcas. ok! ...
Publicado por: Enea
20/3/2010 14:26
Publicado por: Enea
20/3/2010 10:01
COMENTARIO CENSURADO por IVAN...
Publicado por: Javier
19/3/2010 12:14
Publicado por: Félix
19/3/2010 11:59
Publicado por: Félix
19/3/2010 11:45
Es preciso acicalarse aunque...
Publicado por: Félix
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