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Editado por La Oficina del Autor

sábado, 22 de noviembre de 2008

 Río Fugitivo / Blog de Edmundo Paz Soldán

El túnel a los sesenta años

El viernes pasado participé en la lectura pública de El túnel en la Casa de América de Madrid. Se cumplían sesenta años de la novela de Ernesto Sábato; el acto era un lindo homenaje a un texto canónico. La lectura comenzaría a las siete de la noche y duraría hasta las doce. Lamentablemente, la lluvia torrencial hizo que apenas asistieran quince personas.

A mí me tocó leer, a las diez y cuarto de la noche, el capítulo treinta, seis páginas de una discusión entre Juan Pablo Castel y una encargada de correo. Curiosa sensación, leer un capítulo de una novela leída hace casi dos décadas y olvidada de tan canónica (El túnel tiene la buena/mala suerte de ser obligatoria en el colegio: todos la leemos de adolescentes, y luego no nos molestamos en volver a ella). Lo que aprendí de ese capítulo es que Sábato tenía claro que el correo era "un medio de comunicación, no un medio de compulsión". Castel ha escrito una carta y la ha depositado en el correo; luego se arrepiente del contenido de la carta y quiere recuperarla, pero la encargada no se la quiere entregar. Castel se molesta: "el correo no puede obligar a mandar una carta si yo no quiero". De ahí, entonces, eso de la comunicación y no la compulsión. ¿Qué es lo que uno debe hacer? "Las cartas de importancia hay que retenerlas por lo menos un día hasta que se vean claramente todas las posibles consecuencias". Tendría que leer toda la novela para ver si ha envejecido; de la lectura de este capítulo, está claro que no sólo nuestra forma de comunicación ha cambiado, sino también el fondo. El correo electrónico es, evidentemente, un medio de compulsión, no un medio de comunicación. Nos evitaríamos muchos líos si hiciéramos caso a Castel y dejáramos pasar al menos un día antes de enviar todos nuestros correos electrónicos. Pero eso iría contra la naturaleza misma del nuevo medio.

Guardo de Sábato un muy buen recuerdo. Leí Abbadon el exterminador en un momento de crisis vocacional en la Argentina. Corría el año 1985, yo estudiaba ingeniería en petróleos en Mendoza (esa parte de mi biografía parece haberse borrado), pero me la pasaba leyendo novelas todo el día. No sabía que hacer. La novela de Sábato cayó entonces en mis manos. Llegué a la escena -esto lo reconstruye mi memoria a su conveniencia, no he vuelto a leer Abbadon desde entonces-- en que el físico, distraído en su laboratorio porque está pensando en cuestiones artísticas, comete un accidente durante un experimento; esto lo lleva a dejar la carrera y asumir su vocación. Me enteraría luego que todo era biográfico: Sábato era un físico prestigioso hasta que una crisis lo llevó a dejar la ciencia y dedicarse por completo a la literatura. Y yo, por supuesto, siempre muy influido por universos ficcionales, llegué a la conclusión de que debía seguir los pasos del personaje de la novela y dejar la carrera de ingeniería. Nunca me arrepentí.

[Publicado el 26/5/2008 a las 01:30]

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Comentarios (4)

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    Comentado por: jfsqtd el 19/11/2008 a las 17:25

  • "El túnel tiene la buena/mala suerte de ser obligatoria en el colegio". Buena diria yo, justamente te comentaba en La Central del Raval que ahora lo obligatorio en Bolivia es lectura barata de auto-ayuda de la talla de Cuatemoc Sanchez. Y no es que yo desprecie este tipo de lectura por pura arrogancia, es mas, a muchos adolescentes les cae bien, sino que me da pena que tanta gente pierda la oportunidad de leer a Ibsen, Sabato, Aguirre Lavayen, etc.

    Comentado por: Julio Carrasco el 27/5/2008 a las 23:25

  • Estimado señor Paz Soldán: le envié un correo a su mail de Cornell para contactarlo sobre una posible entrevista para la revista TIEMPO de Santa Cruz, Bolivia. ¿Qué posibilidad hay de que nos envíe un mail y podamos dialogar al respecto?

    Comentado por: José Miguel Sánchez F. el 27/5/2008 a las 22:30

  • Yo también pasé la época de estudiante leyendo novelas y dejándome llevar por lo que hacían mis ídolos literarios...y "El túnel" fue de mis favoritas. No he vuelto a leerla. Quizás es el momento.

    Comentado por: Ana el 26/5/2008 a las 20:09

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Biografía

Edmundo Paz Soldán (Cochabamba, Bolivia, 1967), estudió Relaciones Internacionales en universidades de Argentina y  EE.UU., adonde llegó con una beca como jugador de fútbol. Una oportuna lesión y su vocación literaria le llevaron a concentrarse en su carrera académica: en 1997 se doctoró en Literatura Hispanoamericana en la Universidad de California, Berkeley, y desde ese mismo año es profesor de Literatura Latinoamericana en la Universidad de Cornell. Es autor de las novelas Días de papel (1992), Alrededor de la torre (1997), Río Fugitivo (1998), Sueños digitales (2000), La materia del deseo (2001), El delirio de Turing (2003) y Palacio Quemado (2006); y de los libros de cuentos Las máscaras de la nada (1990), Desapariciones (1994) y Amores imperfectos (1998). Ha coeditado los libros Se habla español (2000) y Bolaño salvaje (2008). Sus obras han sido traducidas a ocho idiomas, y ha recibido numerosos premios, entre los que destaca el Juan Rulfo (1997) y el Nacional de Novela en Bolivia (2002). Ha recibido una beca de la fundación Guggenheim (2006). Desde octubre de 2005 hasta abril de 2008 escribió el blog Río Fugitivo en Blogspot.

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