El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
viernes, 10 de octubre de 2008
Clase IV. La exposición forzada
En vista de que han sido muchos quienes nos han preguntado por la «exposición forzada» o nos han pedido ampliar en algo el concepto, vamos a hacer un pequeño alto en el programa del curso para ahondar en este error cometido con frecuencia en la narración. Como sabemos, uno de los aspectos básicos del texto de ficción, sea cuento, relato o novela, se refiere a la manera con la que el narrador nos cuenta la historia, presentándola de manera sutil y persuasiva, procurando que no se note el «andamiaje» de la ficción. Se trata quizá de la piedra angular de una narración: que el lector crea, mientras lee, que aquello que le cuentan es verdad. Y para lograrlo, el narrador debe emplearse a fondo haciendo verosímiles a sus personajes y situaciones, buscando las palabras precisas para tal efecto, pero sobre todo mirando la realidad con sus propios ojos (esto es, con sus propias palabras pues, como a nadie se le escapa, nuestro lenguaje es nuestra forma de mirar el mundo, de interpretarlo y traducirlo). En otro momento hablaremos de la verosimilitud de personajes, escenarios y situaciones, pero aquí nos detendremos, como ya dijimos, en la exposición forzada, que consiste en ofrecer determinada información al lector que el narrador considera importante para esclarecer tal o cual aspecto de la trama, de la vida pasada de un personaje, de lo que está haciendo en determinado momento o de sus intenciones, y que al hacerlo parece dirigirse de manera directa a éste, explicándole las cosas. Por ejemplo cuando un narrador en primera persona nos da la impresión de estar contándole algo al lector o cuando un personaje le manifiesta a otro los motivos por lo que se encuentran en determinada situación (en realidad se los está explicando al lector) y que a ojos de lo leído parece una dilucidación obvia e innecesaria. Vamos a ver un ejemplo: la madre que le dice a su hijo de treinta años citándolo para hablar de un herencia: «como recordarás, tu padre murió en un accidente aéreo...» o el amigo que le dice al otro, al encontrarse en una situación comprometida: «te recordaré que fuiste tú quien quiso venir hasta aquí aún sabiendo que...» Son ejemplos típicos de la exposición forzada, donde resulta patente (y chirriante) el mecanismo para presentar la información. También ocurre toda vez que el narrador nos muestra la relación de dos personajes de manera manifiestamente explícita, cuando podría haberse buscado alguna otra solución más sutil. Decir: «Carlos se acercó al quiosco de periódicos donde Miguel, su amigo desde hacía más de diez años, le entregó el diario y le dijo que no se olvidara de que el viernes tenían partida de cartas, como siempre» es una exposición forzada clarísima que delata la presencia enojosa del narrador, cuando probablemente se podría haber propuesto: «Carlos se acercó al quiosco de periódicos y Miguel le entregó el diario diciéndole que no se olvidara de la partida de cartas del viernes, y que por favor llegara temprano, que en diez años nunca había sido puntual.» La exposición forzada ocurre pues, cuando el narrador explica de manera torpe elementos que se pueden presentar con más sutileza. Veamos algunos ejemplos más:
«Fernando, quien desde hacía veinte años vivía en aquella casona heredada por sus padres, decidió decirle a Ana, la mujer con la que llevaba casado diez años, que debían venderla para poderle pagar los estudios a su hijo Ernesto.»
«Pedro miró la hora en su reloj y se dijo que debía apresurarse si quería coger el metro a tiempo, apenas tenía cinco minutos para hacerlo y no quería volver a llegar tarde a su oficina pues el señor Martínez, su jefe, ya se lo había advertido la última vez.»
Huelga decir, como siempre en literatura, que todo es susceptible de matizar, y que en algunos casos, esas exposiciones forzadas pueden funcionar perfectamente dentro de un texto o simplemente ser tan mínimas que no frenan el avance de la ficción ni chirrían, por lo que finalmente será el escritor el que decida cuándo debe pulirlas o cuando dejarlas.
La Propuesta
De manera que la propuesta de esta semana va dirigida a que ustedes se ejerciten en presentar la información necesaria al lector de una forma sutil, por lo tanto les vamos a pedir que incluyan en un texto dos frases que claramente sean un ejemplo de exposición forzada y una vez finalizado el mismo, al pie de la narración, las rescaten y recompongan de manera que aporten la misma información pero de una forma menos evidente.
Por ejemplo, si en alguna parte de mi cuento digo: «Carmen salió apurada de su casa y fue en busca de su amiga Laura, que vivía en el quinto piso, para decirle que la esperaba en el portal, donde las recogería Manuel, su marido, como todos los miércoles para la clase de tenis» al final de texto añadiré su corrección: «Carmen subió al quinto y tocó la puerta de Laura para decirle que no se olvidara de que era miércoles y que Manuel las iba a recoger para las clases de tenis. Y ya sabía ella cómo se ponía el pesado de su marido si no estaban a tiempo en el portal.»
Saludos a todos
Jorge
[Publicado el 11/1/2008 a las 19:00]
Me uno a vuestros comentarios, espero poder hacer alguna aportación interesante.
La propuesta de esta semana, me ha resultado complicada,los diálogos no son lo mio, aún así lo he intentado.
Hablando de lecturas recomendables: Lady L. de Roman Gary, una pequeña gran novela.
Un saludo a todos.
María G.
Comentado por: María G. el 17/3/2008 a las 20:20
Revelador lo de Carver y su editor y casualidades "austerianas" a saber: A los que quieran profundizar en el tema en el Babelia de el periódico El País de hoy, sábado, viene un artículo de Muñoz Molina, Vidas de Carver, donde comenta la página del The New Yorker y el desencuentro entre el escritor y su editor.
Carmen
Comentado por: Carmen el 19/1/2008 a las 13:18
Definitivamente voy a tener que trabajar más este tema. Me cuesta traerlo a un plano conciente.
Me vinieron muy bien los comentarios. Me doy cuenta de que debo ser más explícita para que mis lectores no pierdan el hilo de la narración. Cuesta encontrar un equilibrio entre lo que doy y lo que dejo entrever o lo que doy a suponer...
Comentado por: Cecilia de la Vega el 18/1/2008 a las 15:03
Gracias por la opinion referida al cuento que envie.
Creo que la descripcion es fundamental en un cuento para que, como señala Eva, el lector pueda crear en su mente lo que intentamos hacerle ver por medio del texto y lo narrado.
Espero mejorar para las siguientes clases; de verdad que sus aportes y criticas son excelentes y de mucha ayuda.
Gracias.
Comentado por: DANIEL ARNALDO ZEGARRA el 17/1/2008 a las 15:04
Coincido absolutamente con el comentario de Samuel. Yo también quedé muy impresionado por la historia de Carver. Creo que, efectivamente, un "addendum" del comentario de la clase IV podría tratar del equilibrio entre la elipsis y la exposición forzada o algo así. A mí también me gustaría conocer la opinión de Jorge, si viene bien en el contexto de este curso.
Comentado por: Pepe Aguilar el 17/1/2008 a las 10:38
Me pasó lo mismo que a Cecilia: ¡Casi no puedo! Es más, ahora que repaso mis textos previos los veo inundados de exposiciones forzadas. Lo que sí es claro es la pertinencia del tema de esta clase.
A propósito de este tema les recomiendo revisar el número del The New Yorker del 24 de diciembre que publica la versión original del cuento "The beginners" de Raymond Carver y la editada por Gordon Lish (http://www.newyorker.com/online/2007/12/24/071224on_onlineonly_carver). Parece que buena parte del estilo desnudo y minimalista de Carver dependía de su editor, al parecer enemigo acérrimo de la exposición forzada. ¿Cuál es el punto de equilibrio? No lo sé. Creo que debo esperar a que se decante esta sensación de "sobre-exposición" para encontrar mi propio equilibrio.
Comentado por: Samuel Arias el 17/1/2008 a las 03:26
¡Cómo me costó este ejercicio! Nunca me había planteado este tema a un nivel conciente. Creo que es muy útil este tipo de reflexión. Muchas gracias por acercarme a cuestiones a las que nunca hubiera llegado sola.
Comentado por: Cecilia de la Vega el 16/1/2008 a las 13:19
Genial su blog señor Benavides! Estos consejos sobre la exposición forzada son muy útiles, no solo para escribir relatos de ficción sino para cualquier tipo de redacción.
Pasaré por acá seguido.
Comentado por: Zeus el 15/1/2008 a las 22:38
Hola,
justo cuando acababa de terminar este ejercicio, continúo leyendo el libro de relatos breves que tengo entre manos "Si te comes un limón sin hacer muecas" de Sergi Pàmies y, a propósito de una exposición forzada como recurso (no como defecto) para un cuento, si tenéis ocasión, leed el cuento "Nuestra guerra". Para que os hagáis una idea, empieza así: "En el momento de sentarme ante el ordenador tengo el propósito de escribir la historia de una batalla sin que se note a favor de qué bando estoy".
Pero claro, al Sr Pàmies le queda de maravilla. Es más, el libro entero es estupendo.
Comentado por: Pepe Aguilar el 14/1/2008 a las 09:49
Comentado por: Carmen el 13/1/2008 a las 20:07
Acojo con gran entusiasmo la propuesta, ya que una de las cosas mas difíciles de la escritura, por lo menos desde mi punto de vista, es leer con mente abierta y desde diferentes ángulos un texto que se ha leído infinidad de veces, espero que la semana me de el tiempo para terminar la propuesta.
Un saludo
Victor
Comentado por: victor el 13/1/2008 a las 17:43
Realmente dejaré pasar esta propuesta, como lo hice con las dos anteriores, en mi humilde opinion lsa propuestas están bastante aburridas, y no hay peor enemigo de la creatividad que hacer las cosas sin ganas, por compromiso, y aburrido. Espero que las proximas propuestas sean mas creativas y entretenidas, como aquella en la que se daba una lista de palabras para seguirlas en estricto orden.
saludos
Ringo
Comentado por: Ringo Genovez el 13/1/2008 a las 04:24
Jorge Eduardo Benavides (Arequipa, Perú, 1964), estudió Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad Garcilaso de la Vega, en Lima. Trabajó como periodista radiofónico en la capital y en 1987 fue finalista en la bienal de relatos COPE (Lima); un año más tarde ganó el Premio de Cuentos José María Arguedas de la Federación Peruana de Escritores. En 1991 se trasladó a Tenerife, donde puso en marcha talleres literarios para diversas instituciones. Ha sido finalista del concurso de cuentos NH Hoteles del año 2000. Desde 2002 vive en Madrid donde continúa impartiendo sus talleres literarios. Su nueva novela, Un millón de soles, se publica en España en febrero de 2008.
Cursos presenciales en Madrid
Jorge Eduardo Benavides imparte cursos presenciales en Madrid y ofrece un servicio de lectura y asesoría literaria y editorial. Más información en www.jorgeeduardobenavides.com

Un millón de soles (2008). Alfaguara
La noche de Morgana (2005). Alfaguara
El año que rompí contigo (2003). Alfaguara
Los años inútiles (2002). Alfaguara
Cuentario y otros relatos (1989). Editorial Okura
2003 Finalista del Premio Rómulo Gallegos
2003 Finalista del Premio Tigre Juan de novela
2003 Premio Nuevo Talento FNAC
2000 Finalista del Concurso NH de Relatos
Premio de Cuentos "José María Arguedas" de la Federación Peruana de Escritores
1989 Finalista de la Bienal de Cuentos COPE (Lima)
10/10/2008 18:06
Publicado por: ola
10/10/2008 16:50
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Estimado amigos: Creemos que...
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Ya me hubiera gustado, Cristina,...
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