El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
miércoles, 20 de agosto de 2008
Sesión VI. Cuentos Comentados
Como decimos en el comentario a uno de los textos enviados, la primera persona no resulta tan fácil como pueda suponerse, pues implica un esfuerzo mayor del narrador (del narrador prolijo queremos decir) para que no se note que todo es un artificio destinado a su lectura. No resulta fácil porque la primera pregunta que le hacemos es: ¿a quién le cuenta? Y ello supone dos posibilidades: o bien le cuenta directamente al lector, como si este fuera su obvio interlocutor, o bien -más difícil- procura plantearse como un narrador mucho más íntimo que casi está hablando consigo mismo. Para lograr este efecto es menester dejar grandes zonas de sombras y acudir a elipsis que acicateen la imaginación del lector y lo inviten a llenar esas áreas desiertas, a proponer sugerencias, a deducir lo que no se cuenta. Y esto requiere esfuerzo, lectura y mucha paciencia. Hemos visto esta semana muchos textos y nos alegra que gran cantidad de ellos se han acercado mucho a su cometido. Los que colgamos nos parecen particularmente ejemplares tanto en lo positivo como en sus pequeñas imperfecciones, pero también por los distintos ángulos que se han elegido para narrar. Los esperamos la próxima semana y les invitamos a participar con sus comentarios puesto que el análisis y la crítica son fundamentales para el escritor. Buen fin de semana!
[Publicado el 01/2/2008 a las 11:34]
El cuento de josé Aguilar me ha gustado mucho. El autor es muy dinámico y alegre en su escrito, entreteniendo al lector y mateniendo la intriga con la intervención de los otros personajes.
Un saludo cariñoso de Ana
Comentado por: Ana el 13/2/2008 a las 15:07
El cuento de Samuel es fluido y agradable, pero sería más interesante si el personaje que escucha al cartero fuera imaginado por el propio lector, dejándose llevar de su fantasía Un saludo cariñoso.
Comentado por: Ana el 12/2/2008 a las 19:57
Muy interesante el ejercicio de partir de un texto, para continuarlo y buscar un desenlace, ya que además de ejercitarnos en la redacción de hacerlo en primera persona, nos permite ver como cada quien con los mismos elementos de partida, juega para dar una trama diferente. Esa ficción y estilo propio de cada quien, claro, sin tener que pensar que una es mejor que otra.
Sin duda alguna todos al meternos en el papel del cartero, hemos tenido el reto de tener a nuestro otro personaje “muerto” del otro lado de la puerta, y nos ha hecho inclinarnos por buscar una respuesta a ese elemento dado, por lo que nos hemos inundado en ser un cartero y pensar y actuar psicológicamente y emocionalmente como este. Pero que al final nos ha ayudado a entender que cuando deseamos escribir en primera persona, debemos meternos de lleno en el personaje, pensar como el, sentir como el, con su pasado, con su presente, sus aciertos y desaciertos, en fin de lleno con él. De tal forma que una tarea muy buena y provechosa. Gracias Jorge y Eva por eso.
CUENTO DE EDUARDO
Quizás con el hecho de trabajar un poco el tema anterior de exposición forzada, pero me queda la sensación que algunos temas nos los deja en el aire, como el hablar de la riqueza, soledad o aparente ausencia de familia de Monsieur Baruch. Bien se puede en algún momento preguntarse como lector, de donde el cartero –en este caso nuestro relator- sabe tan puntual información.
Y un poco también se ve reflejado en el dialogo, que al menos a mi, en primera lectura se me ha hecho difícil relacionar con quien se esta realizando.
En cuanto a la descripción del segundo párrafo, talvez habría que tener cuidado en la descripción de Monsieur Baruch en el momento de mencionar la descripción de los lentes, ya anteriormente se esta hablando claramente de la puerta lijada y astillada.
Por ultimo detalles como colocar el cinco dólares en letras y no en números.
TEXTO DE PEPE
Interesante como Pepe nos mete de lleno el vida del cartero, sus rutinas, su forma de pensar, sus inquietudes, su pasado e incluso su futuro. Un texto que fluye muy bien, con muy buena narrativa.
Logra de muy buena forma tomarnos y atraparnos, que es algo que sin duda alguna todos al escribir deseamos con nuestros lectores.
Un relato redondo, con muy buen final, que me parece ha sido el problema que mas hemos enfrentado todos en esta tarea.
TEXTO DE SAMUEL
Interesante el ejercicio de Samuel –ya comentado por Jorge- de realizar un texto en donde el cartero se dirige a otra persona, y nos deja ver lo que ha pasado. Es como ver y oír al cartero en sus explicaciones e imaginar sus gestos, su tono de voz, y claro sentir hacia donde nos quiere llevar con intimar en cuanto a los libros y la supuesta confianza que existía entre monsieur Baruch y él.
Creo que el final, como ya mencione es el punto débil del texto, y pudiera trabajarse un poco mas.
Comentado por: Alvaro Arrivillaga el 07/2/2008 a las 17:00
Buenas. Es mi primera intervención, así que supongo que debo presentarme. Me llamo Víctor, tengo 31 años y vivo en Barcelona. Espero participar con ustedes en este taller para aprender cosas nuevas y para disciplinarme un poco y calentar mi oxidada mano en temas literarios. Me gustaría agradecer a Eva y Jorge su esfuerzo por tratar de comentar los seguro que numerosos relatos que les llegan y, particularmente, por las muy útiles y acertadas sugerencias en el primer texto que he mandado a este taller.
Y ahora, paso a comentar brevemente los tres cuentos que se han colgado.
“Gracias, Monsieur Baruch” ha sido el cuento que más me ha gustado de los tres, con bastante diferencia. El personaje del narrador queda muy bien definido y adquiere un relieve más que notable teniendo en cuenta la escasa extensión del relato. Me parece un acierto el hecho de que las principales motivaciones del protagonista (hacer gala de su habilidad deductiva, conseguir una historia que contar a su novia en la que él queda en buen lugar...) sean un tanto mezquinas. Eso hace que el personaje sea verosímil. Además, el texto está escrito con gracia y la caracterización de los personajes secundarios es también, a menudo, efectiva y divertida. Como única sugerencia, yo diría que la primera referencia a la novia aparece demasiado tarde (a mediados de la primera página). Ya que la conversación con la novia va a ser el final del cuento y a ella se hace referencia en el título, por una cuestión de simetría y de “redondez” del relato yo habría puesto alguna referencia a esa cuestión (“Pensé en una buena historia para contarle a Eva cuando nos viéramos esa noche...”) al inicio del cuento. Y, por cierto, como título me parece que quedaría mejor el “Nada que hacer, Monsieur Baruch” con el que se cierra el cuento que el “Gracias, Monsieur Baruch”. Pero en cualquier caso esos son detalles muy secundarios y apreciaciones meramente personales. El cuento, insisto, me ha gustado mucho.
Sobre los otros dos relatos, me parece curioso que hayan optado por la misma aproximación a la historia: un narrador contando su versión de los hechos a un policía. Para mi relato yo también estuve experimentando con este planteamiento, aunque como al final no encontraba una resolución satisfactoria decidí probar con otra cosa. De entre estos dos cuentos el de Samuel Arias me parece mejor acabado. Teniendo en cuenta el enfoque de la historia, la elección del narrador con interlocutor tácito (conocía el recurso pero no sabía que ése era su nombre) en el cuento de Samuel me parece más acertada que esa especie de diálogo casi monologado del cuento de Eduardo Izaguirre. También el personaje del cartero, desvergonzado y caradura, me parece mejor resuelto. Coincido con la apreciación de Jorge y Eva sobre que el cuento mejoraría ocultando al principio cuál es el interlocutor del narrador, y dejando que el lector se fuera dando cuenta de ello. O dando la información al inicio, tal y como se hace ahora, y sugiriendo a medida que fuera avanzando el relato que en realidad la cosa no era lo que parecía. El cuento me parece que está notablemente escrito. Sin embargo, hay un par de detalles que me gustaría mencionar. En el primer parágrafo, el fragmento “Entonces lo tiré por debajo de la puerta y seguí entregando las cartas y los paquetes del resto del edificio. Cuando terminé quise volver a insistir. No fue posible” me parece confusa. No sé si se refiere a que el narrador siguió sin obtener respuesta de Monsieur Baruch (supongo que esto es lo que quiere decir), o a que el narrador quiso volver a insistir y por el motivo que fuera no pudo hacerlo (que es lo que literalmente dice, pero que si es así me parece una información irrelevante). En el segundo parágrafo me parece que se abusa innecesariamente del recurso de que el narrador repita las preguntas que le está haciendo su interlocutor. En unas pocas líneas se usa tres veces (“¿Que por qué?”, “¿Que qué pasó después?”, “¿Que eso no le importa?”). La narración puede fluir igual de bien suprimiendo alguna de estas frases. En fin, en cualquier caso son detalles poco importantes.
Finalmente, del cuento de Eduardo Izaguirre no me acaba de convencer la mezcla de texto sin marcas de diálogo cuando habla el narrador y con marcas de diálogo cuando habla el interlocutor. Sé que eso es una elección personal de estilo del autor, pero a mí la mezcla me parece poco coherente (soy un poco cabeza cuadrada con estas cosas, así que tampoco hay que hacerme mucho caso) y creo que quedaría mejor con marcas de diálogo para los dos personajes o, aún mejor, con las frases del policía integradas en estilo indirecto dentro de la narración en primera persona del protagonista, tal vez al estilo de las preguntas repitiendo las frases del interlocutor que acabo de criticar en el texto de Samuel, pero que aquí estarían más justificadas ya que aportarían una información fundamental para el relato. Por lo demás, y teniendo en cuenta la escasísima extensión de este cuento, me parece una elección efectiva la anécdota relacionada con el dinero con la que se abre el relato. También me gusta la descripción de la escena de la entrega de la propina.
Un saludo a todos.
Víctor
Comentado por: Víctor Sabaté el 05/2/2008 a las 12:45
Buena mañana madrileña les deseo desde Bogotá.
He estado haciendo el ejercicio, es complicado, en ocasiones no encuentras como seguir narrando la historia y se hace necesesaria la intervención de un dialogo de los personajes. Así he logrado manejar los tiempos y el espacio sin la necesidad de saltos mortales, que son los punto a parte. Espero no estar equivocado y atento estare a las sugerencias que comedidamente envian por correo. FABIO PARRA BELTRAN
Comentado por: FABIO PARRA BELTRAN el 05/2/2008 a las 01:28
Comentario al cuento de Eduardo
Me ha resultado fácil de leer. Se aporta mucha información sobre el muerto. Una información parece real; y al final, la otra, es supuesta por el cartero. Bien contado y con ritmo adecuado, aunque observo cierta descompensación en los datos que se aportan: en la primera mitad son muy prolijos, en la última parte aparecen muchos en pocas líneas. En cualquier caso me gusta el manejo del vocabulario y la facilidad que se observa en la utilización de la primera persona.
Hay alguna frase que, efectivamente, cuesta de entender y que merecería algunas palabras más.
Otro aspecto a desarrollar sería a quién se dirige realmente el cartero con todo lo que cuenta. La mayor parte es un monólogo pero, al final, descubrimos uno o varios invitados más en el escenario que hablan con el cartero. Nos quedamos con las ganas de saber si es o no sospechoso. Lejos de parecer una merma, a mí me parece un acierto del autor. El cartero es un auténtico parlanchín al que parece que, de un momento a otro, van a considerar sospechoso.
Comentario al cuento de Pepe
Un cuento largo y detallado en el que el cartero es principal y omnipresente protagonista y narrador. Creo que está escrito con mucho cuidado: en un par de folios obtenemos mucha información de un funcionario público con ínfulas de Sherlock Holmes. Yo destacaría sobre todo de la historia el que Pepe se detiene en describir perfectamente el tipo de personaje que es el cartero, alguien sin duda encantado de haberse conocido, que le gusta gustar al mundo entero, que se guarda pruebas en el bolsillo y al que le importa un pirulí dejar parte del trabajo para otro día e ir a buscar a su chica. La interesante historia de amor y el personaje de Eva están apenas esbozados, pero entiendo que dos folios no dan para mucho más. En España de ese cartero diríamos que es “un cara”. La descripción de la casa es pormenorizada, los rincones de la habitación, objetos, muebles, etc. Creo también que se ha escrito algo apresuradamente, pues existen algunas evidentes repeticiones que, en todo caso, no deslucen en absoluto el conjunto del texto. Estoy de acuerdo en que el fondo pertenece absolutamente al terreno de la ficción, y creo que Pepe es el primer sabedor de ello: la policía jamás dejaría meter mano a un extraño en el lugar de un crimen o un suicidio y, menos aún, ir de aquí para allá echando vistazos y buscando pistas. Pero esto me parece que es lo que menos importa a la hora de enganchar al lector a la historia.
Comentario al cuento de Samuel
El monólogo de Samuel suena enseguida a interrogatorio policial, y no me cabe en la cabeza que alguien le hable así a nadie más, aunque Samuel no lo dijera – como así ha hecho - apenas comenzar. Me suena además a cinematográfico; es decir, me imagino perfectamente ese monólogo con la cámara enfocando en primer plano a un pobre diablo pillado en la escena del crimen. Un arranque muy de película. Es un texto visual que podría dar mucho juego en un desarrollo más largo. Las pausas y arranques del monólogo están bien enlazados y permiten una lectura cómoda, porque todos sabemos desde el principio que se trata de un buen hombre que después de encontrar un cadáver y llamar a la policía, se pone a prepararse un café, como cualquier James Bond que se precie, y luego se dedica a recuperar libros prestados. Fácil también deducir a través de las frases del cartero lo que le van indicando sus interlocutores. En cuanto a la lógica de los hechos, me ocurre lo mismo que con el de Pepe. Para mi gusto mucha más ficción que realidad, puesto que no creo que en alguna parte queden carteros que toman café y charlan con los ciudadanos y que, aunque son de mente simple y quieren ligar a la mínima con las telefonistas, parece que son también gente culta: lectores habituales que no dejan pasar un libro. Este cuento me ha parecido, por encima de algunos fallos de sintaxis, una forma extremadamente original de enfocar la propuesta de narración en primera persona.
Comentado por: Rafael Borrás el 04/2/2008 a las 20:39
Hola:
Ante todo mil gracias por los comentarios hechos a mi texto.
A continuación mis apreciaciones sobre los otros dos escritos presentados.
El de pepe me gustó mucho, las descripciones del lugar y de los personajes ambienta muy bien la anácdota. Sin embargo considero que muchas de las autorreferencias que hace el personaje narrador podrían ser sustituidas por su propio comportamiento, así no sería necesario ser nombradas explícitamente.
También considero que en distintos momentos hubiese sido muy útil el uso de diálogos. Por ejemplo: cuando baja a comentarle sus sospechas al portero, cuando llega la policía y cuando se encuentra con Eva.
Hay un elemento que, en una versión más extensa, podría ser muy bueno presentar: la carta ¡qué bueno conocer su contenido en detalle!
Con respecto al cuento de Eduardo tengo la misma inquietud que plantea Eduardo y Eva. ¿El narrador se dirige a otro personaje? Pareciera que sí, pues al final se plantea un diálogo; que a mi parecer no es muy espontáneo y le resta naturalidad e incluso credibilidad al relato.
Comentado por: Samuel Arias el 04/2/2008 a las 17:18
Hola y gracias por los comentarios,
en el relato intenté no desvirtuar nada la historia original de Ribeyro, por lo que quizá me excedí incluyendo a todos (incluyendo a Belmonte) los personajes del cuento original y los detalles que me parecieron más relevantes. Mi "añadido" al original era dotar al cartero de una personalidad fría, un tanto enfermiza, ¿casi un psicópata?, que instrumentaliza el sufrimiento del suicida para impresionar a los demás y particularmente a la chica. Efectivamente, me "expliqué" demasiado, lo que puede hacer poco creíble al personaje; no supe muy bien como "ajustar la dosis" para que se vieran estos rasgos de su personalidad.
De los otros dos cuentos de los compañeros de blog, creo que el de Samuel me gustó más por la fluidez del discurso y la proyección más evidente, para mí, de la personalidad del cartero: nervioso, locuaz, algo neurótico, con prisa por irse y llevarse lo suyo (y algo más). Tiene verdadera voz propia.
En el de Eduardo, que he tenido que releer para intentar "centrarlo", no encuentro claro el contexto de la acción, de las explicaciones del narrador y de las réplicas de su interlocutor. Pero tengo que reconocer que, a pesar de todo, funciona, seguramente porque deja ese espacio de libertad al lector del que venimos hablando en las últimas consignas.
Bueno, habrá que seguir intentándolo...¡dichosas elipsis escurridizas!
Comentado por: Pepe Aguilar el 03/2/2008 a las 23:05
El cuento de José me gustó mucho. Da la impresión de ser, al principio, un cuento policial típico –“otro crimen en los alrededores de la Plaza de la Reunión”-, pero termina siendo más bien un estudio del personaje del cartero, utilizando la primera persona con eficacia. Un tipo vanidoso, autosuficiente, curioso y calculador –no sé si se trate de un defecto, pero es difícil imaginar, al menos para mí, que un cartero tenga todos estos rasgos de personalidad-, un personaje muy bien construido y que, a través de su mirada, podemos descubrir una serie de detalles que enriquecen la narración, permitiéndonos darle forma también a monsieur Baruch. El remate de la historia es un giro muy bueno.
El cuento de Samuel Arias utiliza el humor y en algún pasaje logra surtir efecto, desde mi punto de vista, como cuando, habla del descarado del viejo después de aparentar tener lazos afectivos mucho más sinceros con monsieur Baruch, pero en líneas generales no lo consigue del todo, como cuando hace referencia a la voz de la contestadora, sintiéndose eso más como un exceso, un chiste fácil, una línea demás, un desvío. Eso no quiere decir, sin embargo, que no haya un uso correcto de la primera persona y un intento apreciable por representar el habla cotidiana, fresca y ágil.
Comentado por: Eduardo Izaguirre el 03/2/2008 a las 22:16
Gracias a todos por sus comentarios, a Eva y Jorge por lo positivo que hayan podido rescatar de mi cuento, pero aún más por la anotación –aquella frase que indican pudo, es cierto, pulirse más- y por el comentario acerca del uso de la primera persona. Sobre esto último quiero precisar que sí es verdad que el narrador se está dirigiendo a alguien. Es decir, el cuento surgió como el extracto de una conversación entre policía y cartero. El cartero halla a monsieur Baruch muerto, y da información a la policía, explayándose innecesariamente. Ante esta actitud, quise darle al cuento, a las palabras del cartero, la suficiente ambigüedad para sospechar de su conducta, cosa que aparentemente no conseguí a cabalidad, quizás por algo que comenta Raúl: “pareciera que el narrador no hace suya la historia, como si la narrara como se narra una conversación para llenar un tiempo muerto, siento que falta "compromiso" por parte del narrador para evocar la historia”.
A Alicia quería decirle que tiene razón también, hay ciertas frases que bien pudieron tener una pulida mayor, aunque mi intención fue tratar de de que las palabras del cartero fuesen un reflejo fiel de su forma de ser, tal y como me lo había imaginado, una persona común y corriente. Sin embargo, no sé qué tanto me pueda servir como sustento, puesto que esto no es realidad sino literatura. Ah! Te pareció tan contradictorio eso de “había corrido esos pocos metros sin dificultad", y "agitado...la boca abierta aspirando todo el aire que podía, el pecho que se le inflaba...”. A mí no porque en lo primero me refería a sus ágiles piernas que, como consecuencia de ponerlas en movimiento, resultaron en unos pulmones con exceso de trabajo. Igual, se agradece la observación.
Comentado por: Eduardo Izaguirre el 03/2/2008 a las 22:14
Me ha parecido interesante el cuento de Samuel, dado el estilo y la postura del narrador. Algo fuera de lo común, pero que está bien manejado, y sobretodo la narración fluye con soltura. Si bien es cierto, hay algunas repeticiones de palabras, creo y se entienden como el lenguaje del protagonista más que descuidos del narrador.
El cuento de José me ha parecido muy limpio y bien trabajado. Maneja bien los detalles del escenario físico donde ocurre el relato. El lector ve, siente, y hasta respira junto a los personajes. Genera una excelente imagen visual de los hechos. El narrador se desplaza con soltura a través del relato y con un lenguaje muy fácil de seguir.
Comentado por: Paolo Chavez el 03/2/2008 a las 00:23
me ha gustado mucho el cuento de Samuel Arias, bastante fresco, fácil de leer, entretenido, talvés un poco apresurado, por la forma como el interrogado decide terminar la entrevista con los agentes, cuando, sobre todo, estos últimos, son los que marcan el fin del interrogatorio. Encontré algunas observaciones: Si es el propósito de plantear que la voz en primera persona es un tipo medianamente loco, pues lo logró, porque es lo que parece: cuando de la interrogación sobre el muerto salta intempestivamente al interés por la niña; la irresponsabilidad de transmitir lo que vió; su interés bastante extraño (dada las circunstancias) sobre sus libros. Una inconsistencia que encontré fue la actitud que toman los agentes. Se entiende por el texto, que al momento en que el narrador intenta interesarse por la niña, los agentes lo invitan a no desviarse del tema en cuestión. Sin embargo, líneas después, el narrador se interesa por sus libros, y los agentes "caen" en el juego, insistiendo que aquellos libros, no podrían ser suyos, lo cual rompe un poco con la actitud inicial percibida de los agentes.
Comentado por: Raul Mercado el 02/2/2008 a las 19:14
El cuento de José Aguilar le da otro sentido al cuento porque se concentra en el narrador, casi como anécdota. Sin embargo, he encontrado algunas incongruencias: Un cartero no cumple una función de promotor de correspondencia, como en algún momento se lo proponía. La aparición intempestiva de Monseiur Belmonte me hace perder la linealidad del cuento. El narrador se indigna por la desafección de los gendarmes, cuando él, lo es aún mucho más, puesto que su única intención es incrementar su ego.
Comentado por: Raúl Mercado el 02/2/2008 a las 18:58
He leido el cuento de Eduardo Izaguirre, y puedo sentir frescura en su narración, bastante soltura a la hora de exponer el relato, es como si caminaras sobre agua. Pero al mismo tiempo, pareciera que el narrador no hace suya la historia, como si la narrara como se narra una conversación para llenar un tiempo muerto, siento que falta "compromiso" por parte del narrador para evocar la historia.
Comentado por: Raul el 02/2/2008 a las 18:38
Me gusta especialmente el cuento de Samuel. Me parece que esa original forma de implicar al lector con la imaginación de las preguntas a las que contesta el cartero hace la lectura más amena.
Aunque hay un par de ocasiones en las que me pierdo un poco.
La frase: “Por eso quería que me abriera, que nos me invitara un café como tantas veces y charláramos de los libros que estamos leyendo” el “que nos” no sé exactamente que esta diciendo.
Y cuando contesta al primer interrogante, echo en falta una respuesta mas espontanea antes de empezar con la explicación de cómo es el olor: “¿Si huele? Ese es el olor a muerto, a muerto de tres o cuatro días, por eso es que hay tanta mosca.”
Comentado por: Trini http://calvario.wordpress.com/ el 02/2/2008 a las 12:43
Si bien Samuel logra relatar la anécdota con precisión, no me resulta prolijo el desarrollo de la misma. Hay mucha reiteración de términos, que si bien pueden justificarse como hábitos del lenguaje del protagonista, resultan un poco abrumadores para el lector:"nada que abría, nada de nada", "timbré una vez, luego otra vez y otra vez"."Le traía","Yo quería", "por eso quería"."...nada, no abría", "timbré de nuevo y nada, timbré otra vez y nada".
Hay un detalle que es incongruente: si sabemos que el folleto sobre redacción cayó junto a la mano de Monsieur Baruch, y Samuel dice que yacía en un charco de vómito, no parece probable que lo levantara y lo pusiera sobre la mesa.
Por otra parte, si bien era obvio que el cartero no era una persona impresionable, hasta un chico sabe que no hay que tocar nada hasta que llegue la policía. No cuenta,ni siquiera sugiere o presenta como una incógnita la causa del deceso del anciano, todo gira sólo alrededor del cartero y su anécdota, con alguna tibia referencia a la relación del mismo con el occiso.
Comentado por: Alicia el 02/2/2008 a las 03:12
José delinea con precisión la personalidad del cartero y describe con ritmo ágil la secuencia de acontecimientos. No me termina de convencer la descripción olfativa, un cadáver de varios días no creo que huela igual que la mercadería de una carnicería, ni siquiera de un matadero, por más dudosas condiciones de higiene que presenten.
Me parece muy atinada la descripción de las habitaciones, que evidencia que la relación de Monsieur Baruch con su esposa hacía tiempo que estaba terminada, durmiendo y comiendo cada uno por su lado(cuál de ellos en el sofá?).La resolución del cuento está muy bien lograda. Es un relato que se disfruta, por lejos el mejor de los tres.
Comentado por: Alicia el 01/2/2008 a las 23:49
El cartero de Eduardo, si bien no es demasiado cínico, centra su discurso en el tema del dinero, los cinco dólares que acostumbraba a regalarle Monsieur Baruch, la pequeña fortuna que suponía que poseía. Es muy buena la imagen "lunas tan grandes como pantallas de televisor, y ahumadas".Uno puede imaginar los lentes iguales a pantallas de televisores apagados. También son muy interesantes los enigmas que deja planteados ¿por qué no hablaba?, ¿por qué era tan generoso, si aparentemente sólo recibía folletos?, ¿quién lo mató y por qué?
La frase "cada vez que iba salía" me parece prescindible, creo que hubiera quedado mejor: "cada vez que iba, abría la puerta y me..." Y me parece contradictoria la descripción: "había corrido esos pocos metros sin dificultad", y luego:"agitado...la boca abierta aspirando todo el aire que podía, el pecho que se le inflaba..."Por último, "increíble,inaudito,escalofriante", me parecieron lugares comunes que un escritor con un buen manejo de vocabulario como Eduardo podría reemplazar muy fácilmente por otros adjetivos que enriquezcan más su narración.
Comentado por: Alicia el 01/2/2008 a las 23:17
Los tres relatos coinciden en que Monsieur Baruch era anciano y vivía solo.(Debo reconocer que yo también lo imaginé así) También coinciden en el interés egoísta de los tres carteros por averiguar lo sucedido. Todos resuelven llamando o teniendo por interlocutor a la policía. Dos de ellos justifican con referencias a empleos anteriores su capacidad de identificar el olor que emana de la vivienda. Las personalidades son similares: fríos, interesados, curiosos (¡Mi cartero también lo es!) Luego, los escritores desarrollaron de diferentes maneras esas situaciones y esos relatos en primera persona. Me hubiera gustado que alguien profundizara el origen judío del fallecido, ahí podía haberse extraído un material interesante.
Son muy correctos los tres escritos, destacándose el de José Aguilar, por un mejor redondeo de la historia.
Comentado por: Alicia el 01/2/2008 a las 22:30
Me gustaron mucho los cuentos seleccionados en especial los dos primeros. La lectura del de Eduardo consiguió que imaginase al famoso Monsieur Baruch y eso me hizo interesarme por la invesigación que hace el yo narrador de Pepe. Sumé los dos cuentos y junto con Eva sentí lástima por su destino de abandono y suicidio. El tono festivo del narrador que se celebra a sí mismo no consiguió quitarle la importancia al drama que teníamos ante los ojos, el siempre triste espectáculo de un hombre muerto.
Me hubiera gustado ver cómo resolvía la tarea una mujer. ¿Se convertía en detective inflando el pecho, trataba de sacar partido de la muerte llevandose algun libro, o tal vez reflexionaba sobre la vida y la muerte, eso tan importante que todos enfrentaremos algun día? Pregunto si la mujer escribe distinto al hombre o mira el mundo de manera diferente?
Felicitaciones a los tres escritores. Cecilia Roggero.
Comentado por: Cecilia Roggero el 01/2/2008 a las 14:32
Jorge Eduardo Benavides (Arequipa, Perú, 1964), estudió Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad Garcilaso de la Vega, en Lima. Trabajó como periodista radiofónico en la capital y en 1987 fue finalista en la bienal de relatos COPE (Lima); un año más tarde ganó el Premio de Cuentos José María Arguedas de la Federación Peruana de Escritores. En 1991 se trasladó a Tenerife, donde puso en marcha talleres literarios para diversas instituciones. Ha sido finalista del concurso de cuentos NH Hoteles del año 2000. Desde 2002 vive en Madrid donde continúa impartiendo sus talleres literarios. Su nueva novela, Un millón de soles, se publica en España en febrero de 2008.
Cursos presenciales en Madrid
Jorge Eduardo Benavides imparte cursos presenciales en Madrid y ofrece un servicio de lectura y asesoría literaria y editorial. Más información en www.jorgeeduardobenavides.com

Un millón de soles (2008). Alfaguara
La noche de Morgana (2005). Alfaguara
El año que rompí contigo (2003). Alfaguara
Los años inútiles (2002). Alfaguara
Cuentario y otros relatos (1989). Editorial Okura
2003 Finalista del Premio Rómulo Gallegos
2003 Finalista del Premio Tigre Juan de novela
2003 Premio Nuevo Talento FNAC
2000 Finalista del Concurso NH de Relatos
Premio de Cuentos "José María Arguedas" de la Federación Peruana de Escritores
1989 Finalista de la Bienal de Cuentos COPE (Lima)
20/8/2008 11:02
Publicado por: Jorge
19/8/2008 23:06
Publicado por: Jorge
19/8/2008 19:01
Publicado por: Rimbaud
19/8/2008 18:57
Publicado por: Rimbaud
19/8/2008 15:06
Publicado por: Cristina_H
18/8/2008 17:33
Ya que da su permiso el profe (y...
Publicado por: Cristina_H
18/8/2008 11:21
Estimada Cristina, a menos que...
Publicado por: Jorge
18/8/2008 00:14
Publicado por: Eduardo Izaguirre
17/8/2008 23:33
Publicado por: Cristina_H
17/8/2008 23:25
Gracias Cristina! Una pregunta...
Publicado por: Eduardo Izaguirre
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