El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
sábado, 11 de octubre de 2008
Clase XVII. El ritmo de la narración I
Como nos ocurrió en la quincena anterior, en esta ocasión abordaremos un aspecto narrativo del que seguramente han oído hablar con frecuencia y que resulta también muy cercano a lo musical: el ritmo. Pero aquí, el sentido que le damos no es exactamente el mismo pues se trata no sólo de la velocidad sino también de una cierta forma de movimiento de lo narrado, es decir que cuando hablamos del ritmo narrativo nos estamos refiriendo a la agilidad de las frases que constituyen la acción del relato, o bien a una cierta lentitud de las mismas que le confieren al texto determinada dilación. Es necesario entender que no nos estamos refiriendo a la mayor o menor cantidad de acciones que describimos en una relato, sino a la fórmula que utilizamos para acelerar o ralentizar lo narrado. Uno de los grandes exploradores de este aspecto fue sin duda Marcel Proust, capaz de mostrarnos a lo largo de muchas páginas una minuciosa descripción de un cuadro y en cambio pasar revista en muy pocas a un par de años de la vida de sus protagonistas. Su ritmo demorado, premioso, evocativo, traspasa el texto desde el principio hasta el final. No debemos pues confundir ritmo con tono, pues mientras este último se refiere, recordemos, a la emoción que acompaña a las palabras, a un cierto estado de ánimo que hace que la voz del narrador se engole, se afine o se tiña de gravedad para ofrecernos a los lectores su voz, el ritmo es la agilidad o la lentitud con la que cantamos esas mismas frases. Naturalmente que estas definiciones pueden resultar a veces confusas, pues tanto el tono como el ritmo están íntimamente ligados entre sí, pero haciendo un pequeño esfuerzo comprenderemos que éste último, el ritmo, es movimiento y velocidad. Antes de continuar explicando cómo funciona el ritmo, ese secreto pulso de la narración, vamos a proponerles que lean dos textos en los que se ve de manera como el relato de lo acontecido empieza poco a poco a acelerarse. En el primero, de la primera novela de Mario Bendetti, Gracias por el fuego, hemos extraído un fragmento en el que el narrador recuerda un momento de su vida en que estuvo a punto de morir cuando, a causa de su descuido, queda atrapado en la vía de un tren y la narración, que empieza tranquila, se va acelerando a medida que el tren avanza hacia él, hasta dislocarse y confundirse con la inminencia de su muerte. Una vez que pasa el tren y el personaje salva milagrosamente la vida, el ritmo de la narración se va volviendo nuevamente sosegado. Queremos que presten atención a la frase: "No había, no hay luna", y que observen que ese simple matiz de tiempo verbal cambia radicalmente el accionar de lo que se cuenta, pues de ello hablaremos en la siguiente quincena. El otro texto es una capítulo de mi novela El año que rompí contigo y aunque sin lugar a dudas hay otros fragmentos de mejores novelistas, era el que tenía más a mano para explicar esta sesión. Aquí también hay -o pretende haber...-un ritmo que muda y va ganando rapidez a medida que el protagonista (en esta ocasión se narra en tercera persona) vive la confusión de un atentado terrorista y su desesperación también le imprime poco a poco una aceleración a lo narrado. A eso nos referimos con ritmo, no lo olviden y no lo confundan con el tono: velocidad o movimiento.
La propuesta de la semana:
Y por todo lo explicado, esta semana les vamos a proponer una pequeña acción que cambie su ritmo debido a lo que ocurre en la narración. Imaginemos la huida de un personaje, narrada en primera persona o bien en tercera persona pero focalizada por el personaje protagonista, es decir, el que huye. En esta acción deberemos ir mezclando fragmentos que nos ayuden a comprender la situación actual del personaje (el motivo, la razón por la que huye) así como lo que observa mientras huye (el escenario, la atmósfera) y todo ello en un ritmo in crescendo que trasmita al lector la sensación de la huida sin descuidar los otros aspectos mencionados: Motivos y atmósfera.
[Publicado el 27/6/2008 a las 15:07]
estimado A. Morales:
si ves el aviso importante que tenemos en una esquina de la página, allí encontrarás cómo participar, aunque ahora cerramos el kiosko hasta septiembre. Pero aún así, seguiremos colgando algunos comentarios. Si te animas, bienvenido!
Jorge
Comentado por: jorge el 30/7/2008 a las 19:49
Saludos..
Me interesa este taller .. es una forma de buscar otra forma mejor de contar... el método es claro por eso quisiera participar..desde luego si me dicen cómo hacerlo.
Comentado por: a. morales cruz el 29/7/2008 a las 17:15
Me gusta el cambio de ritmo en este fragmento del cuento "El" de Rosa Montero:
El muchacho perdió apoyo, pataleó sobre la pendiente resbaladiza, se intentó agarrar a las hierbas congeladas, frágiles y arácnidas, que se iban haciendo trizas bajo sus dedos. Durante un instante de quietud interminable le vi allá abajo, con los brazos y las piernas extendidos en aspa, su rostro vuelto hacia nosotros, sus ojos en los míos, con una expresión intensa pero inexplicable, ni un grito, ni un rictus, sólo esos ojos ardiendo en una cara tan impenetrable como el mármol. Y luego, súbitamente, desapareció. Cayó, se desplomó, voló extendido como una estrella por los aires. Se rompió contra el suelo, allá abajo, con un crujido sordo, insoportable. Escuché un alarido: de nuevo había salido de mi boca.
Se llamaba Miguel Reguero, eso lo supe luego. Tenía veintiún años. Veintiún años, tres meses y siete días. Estudiaba el último curso de Ciencias Exactas y era un alumno brillante. Le gustaban las novelas de Vladimir Nabokov, la música de Pink Floyd, el ajedrez, los churros recién hechos, las películas de Stanley Kubrick, la ciencia-ficción, correr por las mañanas seis o siete kilómetros. Todo esto y mucho más lo fui conociendo poco a poco, con ávida ansiedad, a fuerza de ir exprimiendo a sus amigos de la facultad, a sus conocidos, a sus padres. Miguel había muerto por mí, había muerto mi muerte, y ahora yo llevaba sobre mis hombros el peso insoportable de su vida.
Comentado por: Gloria el 04/7/2008 a las 04:44
Hola, compañeros de curso. Siguiendo la propuesta de Jorge, he tratado de buscar un fragmento, aunque pienso que toda la novela es un ir y venir en el cambio de ritmo. Se trata de “Doctor Jekill Y Mister Hyde” de Robert Louis Stevenson.
“ (…)Pues bien: la mano de Henry Jekill era —como tú has observado, a menudo— profesional" en forma y tamaño: grande, firme, blanca y proporcionada. Pero la mano que ahora veía con harta claridad, a la luz amarilla de una mañana en el centro de Londres, descansando entreabierta sobre las ropas de la cama, era flaca y nervuda, nudosa, de una oscura palidez y sombreada por un vello negro y espeso: era la mano de Edward Hyde. "Debí de quedarme mirándola, con los ojos fijos, por más de medio minuto, sumido como estaba en la mera estupidez del asombro, antes de que el terror se despertase en mi pecho, súbito y alarmante, como un golpe de platillos; y, saltando de la cama, me precipité hacia el espejo. Ante lo que vieron mis ojos, sentí que la sangre se me trocaba en algo sutilmente fluido y glacial. Sí; me había acostado Henry Jekill y me había despertado Edward Hyde. ¿Cómo se podía explicar esto? —me pregunté a mi mismo, y, en seguida, con otro sobresalto de terror—: ¿Cómo podría remediarlo? "La mañana estaba ya muy entrada; los criados, en pie; todas mis drogas en el gabinete, y era un largo viaje el ir hasta allí desde el sitio en que me hallaba, paralizado de espanto: bajar dos tramos de escalera, salir por el pasadizo de atrás, atravesar el patio descubierto y, después, el anfiteatro... Podía, es cierto, taparme la cara; ¿pero de qué me servía si no había medio de disimular el cambio de estatura? Y entonces, con una embriagadora y grata sensación de estar salvado, me acordé de que los sirvientes estaban ya acostumbrados a las idas y venidas de mi segundo yo. Me vestí a escape, lo mejor que pude, con ropas de mi tamaño primitivo; a escape atravesé la casa, encontrándome con Bradshaw, que abrió los ojos en redondo y se echó hacia atrás al ver a mister Hyde a tales horas y en tan extraño indumento, y, diez minutos después, el doctor Jekill había recuperado su propia forma y estaba sentado a la mesa, con sombría frente, para hacer una simulación de desayuno. (…)"
La aceleración en el ritmo y el aumento de tensión, me parece que suelen ir muy unidos.
Comentado por: Trini http://calvario.wordpress.com/ el 03/7/2008 a las 20:29
estimados Javier y Carlos,
les damos a la bienvenida al taller y les animamos a participar, como a todos los amigos que escriben aquí y envían sus textos al correo siguiendo las indicaciones del "aviso importante" que tienen en la parte superior derecha de esta página.
Mientras esperamos a que se viernes para colgar los cuentos de esta semana... ¿alguien recuerda algún cuento o fragmento de novela en el que se pueda ver claramente un cambio de ritmo en la narración? si es así, estaría muy bien que nos lo hicieran saber.
saludos a todos
Jorge
Comentado por: Jorge el 02/7/2008 a las 11:23
Hola!
Me llamo Carlos Arnal, y escribo también desde Barcelona. Acabo de descubrir este taller literario. Por lo que he podido leer en los archivos del blog, me ha sorprendido la calidad del curso (me refiero tanto al buen hacer del equipo que lo dirige, como de los participantes). Me ha parecido muy interesante y, en fin, me he animado a participar (aunque confieso que me cuesta criticar lo que escriben otros).
¡Un abrazo y hasta pronto!
Comentado por: Carlos Arnal el 02/7/2008 a las 10:46
Hola a todos,
Ante todo presentarme, mi nombre es Javier Gutiérrez, tengo 37 años y os escribo desde Barcelona. Soy Ingeniero Industrial de formación y empresario autónomo dedicado al sector de la industria.
Desde hace ya un tiempo intento compaginar la dedicación a mi familia y trabajo con algún que otro rato de ocio dedicado a la escritura, siempre desde un punto de vista absolutamente amateur.
Hace unos días descubrí este taller y he de reconocer que me parece una inicitaiva encomiable, lamento que no haya sido antes por la oportunidad que siento he derrochado de poder participar en las anteriores consignas.
Aún así me incorporo (siempre y cuando esté a tiempo de poderlo hacer) a este proyecto con ganas e ilusión de ser un alumno más y poder participar en la mayor medida posible.
Un saludo.
Comentado por: Javier Gutiérrez el 01/7/2008 a las 20:41
Estimado amigos:
Por un error no se han colgado los textos de ejemplo que acompañaban a esta lección. Esperamos que en el menor tiempo posible sea solventado este error.
Un saludo cordial,
Eva.
Comentado por: Eva Valeije el 27/6/2008 a las 18:17
Hola a todos. Quisiera antes que nada presentarme, me llamo Jose R. y siempre me he considerado a mí mismo como un escritor que nunca ha escrito. Hace poco me lancé a enviar un microrrelato a un concurso y ese ha sido el clic para comenzar a escribir como un poseso.
Poco después descubrí este maravilloso curso y comencé a realizar los ejercicios desde el principio.
Mi intención es continuar con lo que quede de curso y participar con mis comentarios a medida que pueda.
Me gustaría dar las gracias al equipo de Jorge Eduardo por animarnos a todos a entrar en este mundo.
Un fuerte abrazo.
Comentado por: Jose R. Pino el 27/6/2008 a las 16:30
Jorge Eduardo Benavides (Arequipa, Perú, 1964), estudió Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad Garcilaso de la Vega, en Lima. Trabajó como periodista radiofónico en la capital y en 1987 fue finalista en la bienal de relatos COPE (Lima); un año más tarde ganó el Premio de Cuentos José María Arguedas de la Federación Peruana de Escritores. En 1991 se trasladó a Tenerife, donde puso en marcha talleres literarios para diversas instituciones. Ha sido finalista del concurso de cuentos NH Hoteles del año 2000. Desde 2002 vive en Madrid donde continúa impartiendo sus talleres literarios. Su nueva novela, Un millón de soles, se publica en España en febrero de 2008.
Cursos presenciales en Madrid
Jorge Eduardo Benavides imparte cursos presenciales en Madrid y ofrece un servicio de lectura y asesoría literaria y editorial. Más información en www.jorgeeduardobenavides.com

Un millón de soles (2008). Alfaguara
La noche de Morgana (2005). Alfaguara
El año que rompí contigo (2003). Alfaguara
Los años inútiles (2002). Alfaguara
Cuentario y otros relatos (1989). Editorial Okura
2003 Finalista del Premio Rómulo Gallegos
2003 Finalista del Premio Tigre Juan de novela
2003 Premio Nuevo Talento FNAC
2000 Finalista del Concurso NH de Relatos
Premio de Cuentos "José María Arguedas" de la Federación Peruana de Escritores
1989 Finalista de la Bienal de Cuentos COPE (Lima)
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