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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

viernes, 29 de agosto de 2008

 Consignas para escritores de Jorge Eduardo Benavides

Sesión XVIII. Cuentos Comentados

En la estupenda novela de Antonio Skármeta, El cartero de Neruda, el viejo poeta intenta explicarle al inexperto cartero cómo funciona la poesía, y para ello le lee un poema suya sobre el mar, sobre el vaivén de las olas y su andar infinito. Le pregunta luego de la lectura qué le ha parecido el poema y el cartero confiesa: "Me he mareado". Neruda, entonces, replica conmovido que es el mejor halago que ha recibido jamás. (escribo esto de memoria, pero básicamente así lo cuenta Skármeta) Pues bien,  eso es precisamente lo que busca el ritmo de un relato: marear, transmitir una sensación.

La consigna de esta semana era una propuesta bastante difícil de encarar, pues como hemos venido comentando en estas dos últimas sesiones, el ritmo de la narración a menudo se puede confundir con el tono narrativo, y ello se debe a que ambos aspectos se retroalimentan... como en realidad ocurre con todos los elementos que componen un texto literario, en el que, además, el narrador debe procurar que en ningún momento se advierta el "ensamblaje" de las piezas.  Vimos en la sesión anterior un par de ejemplos acerca de cómo acelerar un texto, imprimiéndole vértigo, confusión, rapidez, y sobre todo cómo el narrador termina por contagiar al lector de todo ese apremio. En esta ocasión hemos puesto el acento en el aspecto contrario: cómo ralentizar ese ritmo hasta darle una cadencia demorada, casi monocorde, como hemos observado en la mayor parte de los trabajos que nos han remitido durante la semana. En muchos otros, aunque bien contados, ha faltado ese ritmo, probablemente porque la elección del tema resultaba contraproducente: observen que en los ejemplos que hemos colgado, los personajes se posicionan como espectadores de algo que ocurre fuera de su alcance y que es precisamente ello lo que posibilita un ritmo digresivo y la lentitud de la reflexión, elementos privilegiados aquí por sobre la acción.  En muchos de los textos que nos han enviado, insistimos, se ha elegido un tema demasiado "dinámico", por así decirlo, y eso ha distorsionado la acertada utilización de un ritmo más lento.

Planteamos esto fundamentalmente para insistir en la idea de que un buen relato de ficción debe entregarnos a los lectores no sólo el conocimiento de lo que se cuenta sino una sensación, un sentimiento respecto de lo que se cuenta. La buena ficción funciona por empatía, por la manera en que el narrador convence a sus lectores de que lo que cuenta ha ocurrido o cuando menos podría haber ocurrido. Y a menudo ese convencimiento se sustenta en la cadencia con la que manejamos nuestro lenguaje: en el ritmo.  Lo veremos así en los ejemplos que hemos elegido para esta semana... esperamos vuestros comentarios.  


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[Publicado el 18/7/2008 a las 10:43]

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Comentarios (22)

  • Hola a todos. Me gustaría comentar el texto de Pepe Aguilar. De manera subjetiva es el que me parece a mí, que alcanza más claramente el objetivo propuesto. El tiempo se para, no ocurre nada salvo en los pensamientos del protagonista, de hecho llega a transmitirnos la sensación de que el tiempo, no sólo no pasa, sino que en definitiva, no es importante.

    Un saludo a los participantes en el curso.

    Joserra.

    Comentado por: Jose R. Pino el 26/7/2008 a las 12:04

  • Buena idea la de Marco, aunque no sé si tenga un efecto positivo aquí ya que nuestra presencia es para compartir y no competir. Pero bueno, no quiero ser aguafiestas tampoco.
    Quería comentar los cuentos que me habían faltado leer. El de Lilian está dentro de lo que pedía la consigna, el ritmo lento para una anécdota en la que encaja perfecto, aunque el relato en sí no sea muy inspirado, como que se queda inacabado, aunque cabe pensar que sea el estilo adoptado para el ejercicio. Marco, en cambio, elabora una historia más compleja y con resonancias sobre la fusión entre realidad y ficción, con un lenguaje muy trabajado y hasta un toque de humor que, a mi gusto, hace de este relato una joyita. Finalmente, Raúl profundiza bien en la mente del condenado a muerte, teje los pensamientos con frases claras y lo suficientemente extensas para alcanzar el ritmo que requería el ejercicio, y deja el final abierto, a punto de, con buen ojo.
    Jorge, el viernes es festivo en España, pero en Perú lo es el lunes, como bien sabes. Así que normal, que venga la consigna.

    Comentado por: Eduardo Izaguirre el 25/7/2008 a las 08:00

  • Amigos talleristas,

    se acerca la sesión XX y había pensado hacer un top ten de los cuentos que a lo largo de ellas se han ido posteando (al rededor de cuarenta). Para la selección, tomaré en cuenta los comentarios de los talleristas y mi gusto personal. Se me ocurre que el ejercicio de volver a los textos y las relecturas de ellos pueden servir.

    Saludos,

    mtc.

    Comentado por: marco el 25/7/2008 a las 04:04

  • Estimados amigos:
    debido a que en España es festivo mañana viernes, colgaremos la clase siguiente el lunes. En realidad se trata de un muy breve repaso a los principales problemas que nos encontramos a la hora de encarar un texto literario. Esperemos nos sepan disculpar, sobre todo los del otro lado del charco, para quienes no es fiesta.
    Seguimos con atención los comentarios que van colgando durante la semana y nos parece que los análisis suelen ser cada vez más agudos y exactas las apreciaciones. Sólo nos queda decirles a quienes aún no han escrito ningún comentario que se animen y lo hagan. El blog, ya lo saben, está abierto también a propuestas de lecturas, reflexiones, comentarios, sugerencias, etc. Por lo pronto, ahí les dejo una: "Almuerzo de vampiros", del chileno Carlos Franz. Una novela estupenda, muy bien contada, con un lenguaje divertido e inteligente. Autor de Alfaguara.
    saludos y hasta el lunes
    Jorge

    Comentado por: Jorge el 24/7/2008 a las 14:06

  • No estoy de acuerdo en que en el cuento de Aguilar no pase nada, sí que pasa y mucho. Me parece que un relato puede muy bien narrar sentimientos o ser tan sólo una descripción o una denuncia sin necesidad de una acción espectacular o trepidante; personalmente prefiero los relatos que van más allá de una simple sucesión de hechos velozmente presentados y sin análisis de lo que esos sucesos provocan realmente en el interior de las personas que los viven. Bueno, ese tipo de cuentos también puede estar muy bien, suelen ser muy emocionantes o divertidos como una montaña rusa, todo controlado pero no suelen conmovernos en capas profundas. Entiendo el cuento de Aguilar como la expresión de un deseo de belleza y de huída de la violencia, como una alegoría más que un relato exacto. Si fuera preciso probablemente sería mucho más desagradable... y más "oriental" ; ) Y en ese sentido lo encuentro, como han dicho, poético y bello y lleno de cosas. Creo que el gusto por un tipo u otro de relatos, sin que sea mejor o peor cualquier elección, depende también de la personalidad del lector y de su etapa vital o simplemente del momento.

    Comentado por: Alice Hux el 24/7/2008 a las 12:48

  • El cuento de Lilian arranca con una oración que me despierta sana envidia, pues es un gran ejemplo de lo que nos indicaba Jorge acerca del comienzo adecuado: dar la sensación de que la realidad narrada existe aparte de la narración: "Parece que es un tic, porque mueve su pie derecho tres veces seguidas, luego lo
    apoya en el suelo por unos minutos y vuelve a repetir el movimiento." No sabemos sobre quién habla, pero ya tenemos de él una característica, además, no muy común -normalmente a mí lo primero que se me ocurre es la variante trillada del color de ojos o de pelo o la postura del cuerpo-, cracterística que está relativizada por un "parece". Eso quiere decir que la primera oración también nos informa sobre la voz: un espectador parcial, que al siguiente oración resulta dentro de la ficción. Esos movimientos, esos cambios y la inclusión de lo mucho en lo poco sin que lo sienta el lector son vitales para considerar al texto algo más que una historia en grado cero.

    Pudo haberse buscado la misma originalidad para marcar el tiempo de la ficción, pues como ya han señalado mis compañeros del taller, el uso del tic tac del reloj y la sorpresa final eran un tanto esperables.

    Las apreciaciones sobre el entorno del narrador son ágiles. Yo le añadiría solamente algunas reflexiones que las justifiquen, porque algunas son un tanto gratuitas, como considerarlo "loco" o "infeliz" de buenas a primeras. Quizá relacionarlo con un rostro conocido, el de un cuadro o algún familiar y por ahí derivar una historia con un ritmo que, tal como está, se encuentra muy bien llevado.

    Saludos y felicidades por el texto,

    Marco

    Comentado por: Marco el 23/7/2008 a las 19:58

  • Algunos comentarios sobre los textos de esta semana:

    El texto de Lilian aborda muy bien, con el diálogo interior, los “pasatiempos mentales” que surgen en las salas de espera…y con los que el tiempo, en lugar de pasar rápido, se detiene. Quizá el recurso a la imagen del propio reloj y el citar la cuestión del tiempo transcurriendo pero sin transcurrir resulta demasiado literal para lo que pretendía el ejercicio pero creo que todos, excepto Marco Tulio, hemos caído en ese uso “espúreo”.

    El relato de Raúl resulta interesante porque en él se intenta ralentizar el tiempo en sentido contrario: como angustia. El tiempo transcurre lento, pero no lo suficiente para ser tranquilizador, los minutos se agotan como una condena (literalmente) en los últimos párrafos. Me gusta como el ejercicio propuesto se va resolviendo hacia el final, cuando el tiempo es casi otro personaje más de la trama.

    El de Marco Tulio me parece un relato estupendo, muy bien hilado, escrito con mucho oficio (en esto disiento absolutamente de otro comentarista, a mi me pareció incluso el fragmento de una novela o un relato mayor) donde, al contrario que en el de Raúl y Lilian (o el mío), el transcurso espeso de la acción, sin apenas mención directa al tiempo (creo que sólo el “agosto lento” escapa a esto), los diálogos entremezclados, la acción confusa, las descripciones apenas bosquejadas…todo hace que uno (el lector) se sumerja en una especie de arenas movedizas que le van engullendo. El tiempo también se utiliza como generador de angustia, de vértigo, pero de una forma más “intoxicante” que el de Raúl, como si te pillara más dentro de la trama. Fantástico.

    Finalmente, os agradezco los comentarios previos y la lectura tan atenta de mi relato. Me han ayudado mucho para saber que aún estoy lejos de ese objetivo en el que Jorge insiste: que la ficción no lo parezca tanto, incluso que “mejore” la realidad. A mi texto quizá se le ve todavía demasiado “el armazón”. Seguiremos puliéndonos.

    Un abrazo,
    Pepe

    Comentado por: Pepe Aguilar el 23/7/2008 a las 09:51

  • Hola Carlos,
    lo encontré aquí:
    http://www.elboomeran.com/video/76/mario-vargas-llosa-en-lecciones-y-maestros/

    Comentado por: pepe aguilar el 22/7/2008 a las 22:53

  • Sí, realmente el texto de José Aguilar es el que más se ajusta al ejercicio, tiene ritmo y aliento poético. También es cierto que este ejercicio consciente de alargar las frases para exponer recuerdos y una descripción mínima del entorno, hacen que la voz del personaje-narrador no suene auténtica, en el sentido de que a mi modo de ver no se ajustaría al estado de enajenación mental que debe de vivir un preso tan brutalmente aislado. Supongo que esta es la dificultad que entraña utilizar el narrador en primera persona; yo he llegado a pensar que eso que llamamos "voz interior" es casi imposible de atrapar.Supongo que es cuestión del esquema mental de cada escritor, pero yo me siento más cómodo utilizando la tercera persona para tratar de meterme en otras cabezas.
    Por cierto, José, te agradecería que me dieras la referencia de las sesiones de Vargas Llosa que mencionas en tu comentario, ya que no las consigo encontrar y me interesan.

    El texto de Marco Tulio creo que tiene un tono más angustioso y que refleja mejor el caos mental del protagonista, aunque hecho un poco de menos algo de naturalidad y más pausas para respirar. La primera parte me provoca un efecto curioso no tanto de lentitud, como de vértigo (de echo, creo que funcionaría mejor combinando frases largas y más breves,ya que, como he dicho, se me corta la respiración). Me cuesta un poco situarme en ese teatro y ver a los personajes.
    Desde luego hago mis apreciaciones desde un punto de vista no profesional y subjetivo, y seguro que si compartiéramos aula, sería más productivo y menos frío.
    Así que lo de caótico es sólo una cuestión de ajuste, no de fondo. El desenlace del relato, la frase final me ha provocado el "efecto bofetada" de los mejores cuentos.

    Comentado por: Carlos Arnal el 22/7/2008 a las 20:40

  • El texto de Pepe conjuga elementos suficientes como para considerarlo un texto bien planteado y valioso, elementos que son tanto propios del ritmo (lento, de oraciones largas) como del tono (dubitativo, uso de vermos modales, modos subjuntivos, adverbios de duda y cláusulas condicionales). Así, como ejemplo del manejo del ritmo, yo escogería la siguiente oración de su texto para ilustrar a lo que me refiero:

    "Hoy, mañana, ayer, volverá a interrogarme ese hombre con el acento y las palabras de las montañas del Sur de mi país, quizá sea un pastor de cabras, que traduce mal del inglés lo que otro hombre pregunta y que yo también entiendo, pero que creo, en un interminable juego de fintas y de amagos, que ellos no saben que conozco, quizá mejor que ellos mismos, porque he leído en esa lengua y he recitado en voz alta a su Milton y a su Yeats, ahora cada vez más míos y menos suyos".

    Y esta otra:

    "Supongo que mis captores me ven llorar bajo la venda mientras declaro que yo era un humilde (ellos lo entienden mejor así) bibliotecario en aquella antigua, rica y enorme biblioteca, y quizá creen que lloro por agotamiento, porque sus técnicas me invaden y me doblegan, porque ya estoy “maduro”, como dice el hombre que me interroga, con su voz que se oye cada vez más cansada, que yo oigo cada vez más lejana, cuando vuelven a preguntar y yo vuelvo a recordar aquellas estanterías y a Salima y a mis hijas muertas y mi llanto, como mis días, como la luz que emana de ese círculo perfecto en el centro exacto del techo de mi habitación, se hace eterno, como Tú, Misericordioso y Omnipotente, Verdadera Luz de nuestros días, esos días que espero volver a comprender cuando la noche vuelva alguna vez, oscura y fresca, a apaciguar esta luz y mi dolor."

    Qué importante el estilo. Es básicamente la diferencia entre escribir "Corro, salto, caigo" y escribir "Mientras miraba hacia el frente con la intención de no perder el objetivo principal de mi carrera, la espalda geométrica de Martin, a quien debía vencer aunque fuese el único al que superara, mis piernas no cejaban en su trajín maquinal como si fuesen una entidad aparte, muy aparte de mi cabeza naufragando en envidias y frustraciones; entonces, cuando me siento en mi velocidad, en la adecuada para alcanzarlo y dejarlo atrás siempre que pudiera mantenerla constante, la valla siguiente aparece repentina, demasiado cerca y entonces demasiado alta, catapultada por la espalda de Martin que casi adivino sonriendo porque no podré, porque al parecer volverá a ganarme como siempre, feliz de que así sea aunque yo sea el único al que derrote, al que humille con esa mirada de reojo que me confirma de bruces contra la pista de carrera."

    Otra manera de entender el ritmo, a partir de esa excelente oración de Pepe, es considerarlo como la tensión entre el tiempo de la ficción y el tiempo de la lectura. En el diálogo, la sincronía es "absoluta". Las descripciones, en cambio, son de lo más lento, porque lo que el personaje ve en un instante, el lector lo experimenta en páginas enteras, minutos de lectura (Mario Vargas Llosa y el chileno Donoso tienen oraciones monumentales que ejemplifican también y tan bien lo que nos ha tocado enfrentar).

    Y sobre el tono elegido por Aguilar, hay varios marcadores dosificados a lo largo del texto que, en particular, me parece que pudieron estar un pelín más disimulados, pero que, de cualquier manera, son parte de un trabajo inteligente con la narración. Me refiero a lo siguiente: "ya no sé qué significa. Ahora puede ser...", "no sé dónde se encuentra", "hace mucho que perdí esa referencia", "quizá ya me perdí del todo", "si la ancianidad significa", "ni siquiera estoy seguro de haber estado nunca allí".

    Tono y ritmo se imbrican y forman una sensación de mareo tal cual lo siente el amigo cartero de Neruda. ¿Si falta la historia? Posiblemente, pero hay que leer atentamente para aprender lo que el texto ofrece y no solo buscar tramas y acciones. Así también considero aciertos del tono fraseos de aliento lírico que caracterizan al personaje como un individuo reflexivo y complejo, el poeta que Aguilar se ha encargado de presentarnos: "no hay pájaros y así no hay día ni noche", "la luz perfecta y eterna como la muerte que anuncia". Precisas y de efecto positivo en el lector, en el lado opuesto de algunas otras que en su texto resultan un tanto ampulosas, como "hecho de endeble plástico fabricado probablemente con el petróleo de mi país, seguramente por niños que ya nadie conoce, que nunca han podido jugar y que a lo peor también malviven encerrados, en inmundos cuartos de ciudades remotas. Así es este plato infiel lleno de la vergüenza del trabajo de un niño esclavo, del petróleo teñido de la sangre de mis compatriotas, lleno de un bodrio seguramente inadecuado para un buen musulmán como el que yo fui". Demasiada denotación para una voz que parecía sostenerse en sugerencias. En ese mismo sentido, chirrían un tanto las partes del texto en las que la narración se asume como tal, lo que nuestros maestros del taller nos han enseñado a ver como exposiciones forzadas: "el único objeto además de la cama y el retrete que existe en esta pequeña, blanca y permanentemente iluminada"

    Para cerrar mi comentario sobre el texto de Pepe, solo añadir que el racconto sobre el final del texto también muestran un trabajo medido por parte de Aguilar, pues los indicativos elegidos dinamizan el cambio del plano temporal: "Y aquel silencio, apenas roto por las llamadas a la oración o por el susurro del profesor Ahdannaubar, solicitándome educadamente que repusiera los tomos ya abandonados sobre las enormes mesas forradas con cuero de cordero teñido del verde oscuro con el que Alá pintó también los ojos de mi joven Salima, aquellos libros abiertos y relajados, como ella y yo tras el amor, tras nuestro placer, hace ya tanto o tan poco pero seguro ya nunca, cuando los libros eran mis mujeres: de niño atesoraban la sabiduría y la tranquilidad de mi madre, cuando joven los amaba como a todas las mujeres de ojos bellos y, cuando fui padre, los vi como veía a mis hijas, con la responsabilidad de buscarles quien los amara, las amara, quien las supiera leer y apreciar, cuidar".

    Felicidades por el texto.

    mtc.

    Comentado por: Marco el 22/7/2008 a las 18:00

  • Hola a todos: Como le expresé a Jorge cuando le envié mi documento, la propuesta fue un tanto difícil para mi, dado que, como algunos de ustedes ya han mencionado, tanto argumento, tanta descripción de lo que ocurriera o sintiera el personaje podía darle un ritmo diferente al deseado. Traté de apoyarme en los ejemplos colgados, imitando de alguna manera la ambientación que en uno de ellos se plantea. En fin, lo que me gusta es escribir, mantenerme constantemente haciéndolo y de sus comentarios aprendo.
    Gracias y Saludos a todos
    Lilian Godínez

    Comentado por: Lilian Godínez el 22/7/2008 a las 15:16

  • Estimados consignatarios de la sesión XVIII,

    La verdad es que esto de intentar ralentizar el tiempo en una narración puede acabar impidiendo que ocurra nada, porque si algo es consustancial a lo narrado es que transcurre, es decir, se apoya en el tiempo (en los videos de las sesiones de Vargas Llosa colgados de esta misma web de El Boomeran(g), don Mario tiene unos muy ilustrativos comentarios sobre el tiempo y la novela). Por eso decidí en mi relato que, en realidad, nada transcurriera: sólo hay recuerdos, disgresiones, comentarios sobre los interrogatorios (más recuerdos) y mucha (demasiada) luz. Conseguido a medias, coincido con vuestros comentarios, porque, por un lado, lo pueden hacer aburrido con la sensación de que “no pasa nada” y, por otro, la dinámica de los propios recuerdos pueden dinamizarlo en exceso y perder el ritmo lento. Y sí, para hacer al personaje más “empatizable” lo intelectualicé “a lo occidental”, como bien advierte Alice Hux, aunque, pienso, en mi disculpa, que la lectura, si es amplia y sin complejos como la del personaje, nos debería hacer a todos más cercanos (Ibn Arabí fue un poeta de Murcia, donde yo vivo) y el personaje “podría ser así”.
    Bueno, quería justificarme un poco. Los otros comentarios los hago más adelante.

    Comentado por: Pepe Aguilar el 22/7/2008 a las 13:40

  • Hola a todos. Siento que el cuento de Pepe Aguilar es el planteamiento exacto del ejercicio, ya que explora con detenimiento la idea de lo estático y consigue un ritmo aletargado, principalemente en la primera mitad. Todo gira en torno a las reflexiones del protagonista, las mismas que dan vueltas sobre la idea de la felicidad perdida y el soporte que representa para él su fé en momentos como los que vive. Quizás es por eso que, también, a la hora de insertar ciertos recuerdos -su padre, su mujer-, éstos me parecen algo forzados, no porque sean impertinentes, sino porque se acumulan en la última parte del relato, y hasta cambian un poco el ritmo. Para mí, pudieron distribuirse por todo el cuento para equilibrarlo mejor. Como siempre, es sólo un opinión muy personal.

    Comentado por: Eduardo Izaguirre el 22/7/2008 a las 02:08

  • En mi opinión Llian Godinez ha hecho un buen trabajo, pero buscando la lentitud propuesta por el profesor, ésta resulta demasiado larga. Se echa de menos algo de argumento, alguna historia en esa espera que transcurre sin trascendencia. Los que esperan, como siempre,
    entrecruzan sus miradas tratando de averiguar que enfermedad tiene el vecino o como la ha contraido.
    El cuento está muy bien escrito, pero la búsqueda del "trabajo bien hecho" ha resultado una barrera que ha impedido darle a la historia algo de vida y movimiento.

    Comentado por: Ana Herrera el 21/7/2008 a las 14:58

  • En el de Raúl, efectivamente hay algo que falta y que se espera: la intensidad de la emoción, tal vez por haber elegido la primera persona para narrarlo pero con la actitud de alguien que lo viviera desde fuera. Por lo demás, está muy bien también. Saludos.

    Comentado por: Alice Hux el 20/7/2008 a las 19:50

  • A mí me ha gustado muchísimo el de Lilian, es el que mejor me transmite esa sensación de paro del tiempo. En los demás, muy bien escritos, no me resultó tan "detenido", quiero decir que la historia de Lilian parece ser ésa, la detención del tiempo mientras que en las otras el énfasis está en aspectos diferentes a los que se imprime el ritmo lento o la espera pero sin convertirlo en el protagonista, que quedaría acaparado por otras emociones: injusticia, dilema ético, revolución, cultura, importancia de lo humilde. La calidad de la narración me sorprende, Aguilar y Capica parecen auténticos profesionales en su manejo del lenguaje. Aunque el cuento de Capica, el argumento, no lo he comprendido bien, mea culpa, impaciente lo he leído demasiado rápido. Y el de Aguilar, aunque muy bello, creo que peca de "occidentalismo", no imagino a un musulmán discurriendo así, con valores occidentales, bueno, es lo que imagino. De todas formas, me transmiten esa sensación total de profesionalidad lingüística.

    Comentado por: Alice Hux el 20/7/2008 a las 19:47

  • Raul Cuesta Hace un buen trabajo, pero el personaje en espera de su ejecución no trasmite suficientemente al lector la angustia que se supone en un condenado a muerte en sus últimos momentos. El adiós a la vida de este personaje no parece muy profundo, sin embargo el hecho de contar el tiempo sin descanso le puede servir de evasión, ya que la esperanza que recuerda de la monjita en él no cuenta para nada.

    Comentado por: Ana Herrera el 19/7/2008 a las 19:28

  • Buenísimo el trabajo de José Agilar. Supongo que cumple al cien por cien la propuesta solicitada por el profesor, pero confieso que al leerlo me he olvidado que es un "trabajo" pues su contenido me ha atrapado desde el primer momento, disfrutando con su lectura y llevándome a la reflexión. El relato es bello y profundo, intimista y va más allá de la palabra aunque se disfrute de su lectura, ya que lo más importante se encuentra entre líneas y llega al sentimiento y a la razón. Enhorabuena José Aguilar por escribir tan bien.

    Comentado por: Ana Herrera el 19/7/2008 a las 19:09

  • No se hasta que punto sea subjetivo el aburrimiento. No creo que los textos presentados tengan recursos para generar intereés, eso no depende de cada quien, isabel, sino de una buena histora. Y en ese par no hay una sola. sería bueno que me expliques qué quieren contar esas historias y por qué vale la pena contarlas, porque partamos de eso. Debe haber un interés en el fondo y en la trama, no puro verbo.

    golding

    Comentado por: Golding el 19/7/2008 a las 17:18

  • Que un cuento resulte aburrido o no va al gusto de cada cual. Pero ¿qué no se entienda? perdona Golding creo que los dos cuentos a los que haces referencia se entienden perfectamente y queda bastante claro qué se está queriendo contar. A veces sólo es necesario leer detenidamente.

    Comentado por: isabel el 19/7/2008 a las 13:59

  • Los cuentos de Marco tulio y Pepe Aguilar por tienen una que otra buena frase, se ve que buscan un estilo, pero les falta oficio en la narración. Sus cuentos aburren a la cuarta línea y apenas se dejan entender como historia: ¿qué quieren contar? No lo sé. Y de veras que por lo aburridos que son no provoca echarles otra leída para tratar de entenderlos. Los otros cuentos colgados son demasiado sencillos.

    Golding

    Comentado por: Golding el 19/7/2008 a las 05:07

  • Pepe:¡qué bueno que está esto! Un relato sólido, conmovedor,una descripción vívida y contextualizada en la realidad contemporánea, y por si fuera poco, cumple perfectamente con la propuesta. A sus pies, maestro.

    Comentado por: Alicia el 18/7/2008 a las 14:56

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Biografía

Jorge Eduardo Benavides (Arequipa, Perú, 1964), estudió Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad Garcilaso de la Vega, en Lima. Trabajó como periodista radiofónico en la capital y en 1987 fue finalista en la bienal de relatos COPE (Lima); un año más tarde ganó el Premio de Cuentos José María Arguedas de la Federación Peruana de Escritores. En 1991 se trasladó a Tenerife, donde puso en marcha talleres literarios para diversas instituciones. Ha sido finalista del concurso de cuentos NH Hoteles del año 2000. Desde 2002 vive en Madrid donde continúa impartiendo sus talleres literarios. Su nueva novela, Un millón de soles, se publica en España en febrero de 2008.

 

Cursos presenciales en Madrid

Jorge Eduardo Benavides imparte cursos presenciales en Madrid y ofrece un servicio de lectura y asesoría literaria y editorial. Más información en www.jorgeeduardobenavides.com 

Bibliografía

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Un millón de soles (2008). Alfaguara 

La noche de Morgana (2005). Alfaguara

El año que rompí contigo (2003). Alfaguara

Los años inútiles (2002). Alfaguara

Cuentario y otros relatos (1989). Editorial Okura

Premios

2003 Finalista del Premio Rómulo Gallegos

2003 Finalista del Premio Tigre Juan de novela

2003 Premio Nuevo Talento FNAC

2000 Finalista del Concurso NH de Relatos

Premio de Cuentos "José María Arguedas" de la Federación Peruana de Escritores

1989 Finalista de la Bienal de Cuentos COPE (Lima)

 

Obras asociadas

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