El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
viernes, 5 de septiembre de 2008
No todas las pasiones valen la pena
Hace algunos días, vaya a saber Dios por qué (quizás porque soy argentino, y se supone que todos los aquí nacidos somos fanáticos del fútbol), RPM me preguntó qué opinaba sobre el fenómeno de las barras bravas. Lo primero que debería dejar en claro es que a mí el fútbol me la suda, como dirían mis amigos españoles. Nunca me interesó, aunque presumo que mi desprecio fue construido por una serie de circunstancias aviesas. De niño era terriblemente miope –ya no, láser mediante-, y en consecuencia jugaba muy mal, lo cual no hacía otra cosa que frustrarme. Para peor, cuando era muy pequeño me corté con una botella rota de Coca-Cola mientras pateaba la pelota en una calle de Neuquén, y me gané seis puntos en el tobillo que sentí como seis puñaladas. Y a los doce, de puro aburrido, jugaba con una de cuero en Santa Rosa de Calamuchita, Córdoba, con tal mala fortuna que le pegué un pelotazo a un panal de abejas. Se me vinieron encima en una nube y me cagaron a aguijonazos, aun cuando corrí como loco a encerrarme dentro de la casa. Según la contabilidad de mi abuela, tenía en el cuerpo no menos de sesenta picaduras. ¿Cómo pretenden que me guste el fútbol?
Por supuesto que durante los Mundiales me convierto en un imbécil más, pero no al punto de perder del todo la cordura. Todavía recuerdo una semifinal de este último mundial: entré a un bar de Palermo mientras jugaban Brasil y Francia, y descubrí que la enorme mayoría de los asistentes apoyaba a los franceses. Ya sé que los porteños tenemos bien ganada fama de pretensiosos, pero no deberíamos llegar al extremo de creernos más parecidos a los franceses que a los brasileños. Y después nos quejamos, los latinos, porque nos va como nos va. Preferimos que gane cualquier otro antes que nuestro hermano. Nuestro individualismo, y nuestros nacionalismos malentendidos, nos llevan a comernos entre nosotros (pensemos en el enfrentamiento Uruguay-Argentina por las papeleras), con un salvajismo y una ceguera simultáneas que me recuerda la escena de Life of Brian en que los grupúsculos de la izquierda sionista se iban eliminando unos a otros hasta que no quedaba nadie. (Ah, si los Monty Phyton nos conociesen…)
Pero creo que en el fondo RPM apuntaba a otra cosa, que entiendo muy bien. Yo puedo reconocer la belleza del fútbol como deporte. Pero el hecho de que no me fascine facilita que perciba con cierta claridad la utilización política y social que se hace del espectáculo que brinda. Como lo miro desde afuera, me parece evidente que el fútbol funciona en buena medida como un gran mecanismo de control social. La gente (hombres, en su inmensa mayoría) vuelca en su contenedor parte significativa de la pasión que le cabe en el cuerpo, y también de las frustraciones que le depara la existencia. Gritan como desaforados, echan espuma por la boca y, de llegar a ser necesario, se desfogan a los puñetazos o con actos vandálicos. Siempre digo que si el fútbol tal como se lo concibe hoy no existiese, habría muchas revoluciones más en el mundo, porque no quedaría más remedio que volcar las energías en cuestiones que sí valen la pena, como las injusticias del sistema económico que suelen ir de la mano con los defectos del sistema político. Por supuesto, también ocurrirían otras muchas barbaridades: de seguro aumentaría la violencia de los hombres sobre las mujeres, pero aplaudir al fútbol porque ayuda a que mis congéneres descarguen su furia en otra parte sería tan necio como aplaudir a Al Qaeda porque contribuye a que Bush se olvide de América Latina.
No conozco a fondo el fenómeno de las barras bravas, pero me consta que existe una ligazón muy profunda entre su organización fascista y su naturaleza corrupta (porque aunque agiten el estandarte de la pasión se mueven por obra del dinero), y algunas de las formas más retrógradas de la organización política de mi país. Buena parte de la gente que milita en alguna barra brava hace doblete en alguna asociación política, a la que trasladan todo su savoir faire, tan antidemocrático por naturaleza. (¿O este fanatismo no se trata de apoyar al propio bando a toda hora, aun cuando sepamos que el equipo apesta y no merece ganar?) Que el fútbol es una de las formas del éxito político es algo que el actual candidato a alcalde de Buenos Aires por el PRO, Mauricio Macri, sabe a la perfección: por algo se preocupó por asegurarse primero la presidencia del club Boca Juniors, donde trató de darse un baño de masas que lo librase de la imagen de niño rico que siempre tuvo. Desde esa plataforma trató de llegar a alcalde y fue vencido en las urnas, transformándose desde entonces en el diputado de la ciudad que menos proyectos presentó. Días atrás volvió a lanzar su candidatura, utilizando como telón de fondo un basural y abrazando en cámara a una niña que vive en una villa miseria. Lo gracioso es que la invitó a ver Happy Feet, y no sabía que la película ya había bajado de cartelera.
Así son tantos políticos. Prometen lo que no pueden cumplir.
El fútbol también. Puede proporcionarnos una alegría ocasional, pero nunca mejorará nuestras vidas.
[Publicado el 02/3/2007 a las 10:30]
Querido Nono,
las alegrias simples no transforman nuestras vidas, son apenas una interrupcion momentanea del medio tono que prevalece a diario en nuestra existencia. Y para un fanatico de este deporte, por mucho que pretenda lo contrario otorgandole al asunto una trascendencia inmerecida, un partido de futbol nunca puede ser mas que una alegria simple. (Que para peor solo se da en el hipotetico caso de que el equipo propio gane, y en el todavia mas improbable de que gane merecidamente; de otra manera, se trataria tan solo de un goce espurio.) Pasados los efluvios del campeonato ganado, los fanaticos de Estudiantes volvieron a ser los mismos que eran antes del triunfo, sin que nada serio o vital haya cambiado en sus vidas. Si se sintieron poderosos, tal como usted dice, el regreso a la realidad no habra logrado otra cosa que hacerlos sentir todavia mas impotentes de lo habitual. Lo unico que ocurrio en verdad es que vivieron como propio un triunfo ajeno, lo cual es igual a decir que sintieron vicariamente, esto es pretendiendo reivindicar como propio algo que solo pueden haber sentido los verdaderos protagonistas del hecho.
Alegria es una cosa, y felicidad plena otra. La alegria nos ayuda a pasar mejor el rato, la felicidad plena es el resultado de algo que hemos trabajado para construir -y que por ende nos transforma, cosa que la alegria no hace. Un escritor puede ser mediocre, pero si la novela que ha escrito "penosamente", tal como usted dice, es el resultado de una completa entrega a su arte, transformara su vida para mejor aun cuando el exito no le sonria, simplemente porque el escritor de marras se ha hecho cargo de su propio destino. (¿Hago mal en detectar un tono de agresion es esa mencion a la novela "penosamente escrita"? En ese caso, me alivia haberme limitado a cuestionar el valor del futbol como panacea en la vida de los fanaticos. Si hubiese recomendado su prohibicion, imagino que pondria precio a mi cabeza.)
Gracias de todas maneras. Y la mejor de las suertes para su equipo, sea cual fuere. Es obvio que la necesita.
Figueras
Comentado por: figueras el 04/3/2007 a las 22:27
Vd. dice: 'El fútbol puede proporcionarnos una alegría ocasional, pero nunca mejorará nuestras vidas'. No estoy de acuerdo: la única manera de mejorar nuestras vidas es proporcionarle alegrías, cuanto más mejor, y cuanto más intensas mejor. Y las alegrías que puede dar el fútbol son pródigas en intensidad. Me parece que el último campeón argentino es Estudiantes: pregunte Vd. a sus fanáticos si en el día de su éxito, y aún en muchos días posteriores, no se sintieron plenos, felices, poderosos. De eso se trata. Unos encuentran satisfacción en los triunfos de su equipo de fútbol, otros en un éxito galante, otros en que se publique una novela penosamente escrita, otros en comerse un asado. Claro, todos son hechos pasajeros, pero la vida está hecha de esas cosas, la vida se mejora con esas cosas.
Comentado por: Nono el 02/3/2007 a las 22:15
A mí me sucede igual que a usted, el futbol no me interesa pero parece que tiene mucha razón al afirmar que esa es la salida de muchas violencias y que hay personas que tienen que insultar al arbitro y a los jugadores en cada partido cien veces al menos y a gritos para quedarse satisfechos y vacios de sus rabias y odios.
Comentado por: Antonio Larrosa Diaz el 02/3/2007 a las 19:07
Entrañable Chelo:
Por lo mismo tanto es que te he planteado el problema de entregarle su merecido premio, aun no resuelvo que hacer al respecto.
Por otro lado, la P.S de mi mensaje anterior va orientada a plantearle a los organizadores del certamen, el hacer un concesion, mas bien una excepcion con Rey y que valoren su obra hasta la edad permitida, es decir 39. Echame la mano en estas dos empresas pues dado mi ineptitud social me da un poco de temor hacerlo yo mismo.
Un abrazo porteño querido.
Comentado por: roman pineda el 02/3/2007 a las 17:05
Dear Roman,
puede ser que sea yo quien malinterpreto la consigna, pero hasta donde entendi lo de Bogota 39 apunta a elegir a los 39 mejores escritores menores de 39. Si Reinaldo Arenas viviese tendria 63, pero ocurre que esta muerto. Y la convocatoria, creo, busca buenos escritores entre los que aun caminan entre nosotros. Por lo demas, coincido en que Arenas seria un magnifico candidato para este circulo aulico en caso de que cupiese dentro de las generales de la convocatoria.
Abrazo,
Figueras
Comentado por: figueras el 02/3/2007 a las 16:39
Hola Chelo:
Mis respetos y admiración.
En tu post “DE los procesos interrumpidos y nuevos comienzos”. Ya que tu abriste la brecha de los postulantes, quiero proponer a Reinaldo Arenas, un excelente fruto de la tan admirada (por algunos) Revolución Castrista, sin duda merece la postulación y siento que puede ser el ganador.
El problema Chelo radica en como hacerle llegar el premio, dando por sentado su triunfo, se lo podría llevar yo mismo o tu Chelo, no se, ayúdame a ingeniar una manera de hacérselo llegar.
Un abrazo y toda mi Admiración.
P.S: Pueden valorar su obra hasta la edad permitida, seguro que con un solo trabajo gana, bueno si no se lo roban pues con eso de los premios literarios nunca se sabe.
Comentado por: roman pineda el 02/3/2007 a las 15:20
Marcelo Figueras (Buenos Aires, 1962) ha publicado cuatro novelas: La batalla del calentamiento, El muchacho peronista, El espía del tiempo (traducida al francés) y Kamchatka (traducida al ruso, polaco y alemán y en 2006 al francés y al holandés). Algunos de sus relatos fueron publicados en antologías como La selección argentina. Este año ha sido su debut en la narrativa infantil, Gus Weller rompe el molde.
Ha escrito, junto con Marcelo Piñeyro, el guión de Plata quemada, premio Goya a la mejor película de habla hispana y considerada por Los Angeles Times como una de las diez mejores películas de 2000. También escribió el guión de Kamchatka (elegida por Argentina para representarla en el Oscar y una de las favoritas del público durante el Festival de Berlín); de Peligrosa obsesión, una de las más taquilleras de 2004 en Argentina; y de Rosario tijeras, basada en la novela de Jorge Franco (la película colombiana más vista de la historia, candidata al Goya a la mejor película de habla hispana).
Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País.
Actualmente prepara su primer filme como director, una historia llamada Superhéroe.
La batalla del calentamiento (2006). Ediciones Alfaguara
Gus Weller rompe el molde (2006). Ediciones Alfaguara Infantil y Juvenil
Kamchatka (2003). Ediciones Alfaguara
El espía del tiempo (2002). Ediciones Alfaguara
Plata quemada. La película (2000). (En colaboración con Marcelo Piñeyro) Grupo Editorial Norma Literatura
El muchacho peronista (1992). Planeta
Filmografía
Rosario Tijeras (2005)
Fecha de Estreno: 26 mayo 2006
Dirección: Emilio Maillé
Guión: Marcelo Figueras; basado en la novela de Jorge Franco Ramos
Peligrosa obsesión (2004)
Fecha de Estreno: 16 de septiembre de 2004
Dirección: Raúl Rodríguez Peila
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Carlos Luis Mentasti y Daniel Botti
Kamchatka (2002)
Fecha de Estreno: 17 de octubre de 2002
Coproducción con: España
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras
Plata quemada (2000)
Fecha de Estreno: 11 de mayo de 2000
Coproducción con: España, Uruguay y Francia
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras según la novela homónima de Ricardo
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