El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
viernes, 29 de agosto de 2008
El futuro del exilio, el exilio del futuro
La semana pasada estuve en Chile, participando de una de las actividades de la muestra itinerante Literaturas del exilio. Lo que me tocaba hacer, en concreto, era sumarme a una mesa redonda de la que también formarían parte Antonio Skármeta y Marta Arribas, codirectora del documental El tren de la memoria. La permanencia en Santiago me permitió apreciar otros aspectos de la muestra: por ejemplo la exposición central, dedicada al grupo de catalanes que llegó a Chile luego de la derrota republicana en la Guerra Civil, a bordo del buque Winnipeg. (De toda la exposición, lo que más me conmovió fue la visión de una pequeñísima maleta pintada de colores, que junto con los cromos –aquí les decimos figuritas- que la acompañaban en la misma vitrina, fueron el único equipaje que trajo consigo uno de los hijitos de los exiliados.) O ver el espectáculo Hasta mañana, interpretado por la compañía 10 & 10 Danza y dirigido por Mónica Runde: aun para aquellos que somos legos en la materia, la fuerza expresiva de esa puesta transmite de manera inequívoca la alienación del exiliado –y también la de aquellos a quienes ha dejado atrás. A comienzos de abril tendrá lugar también la muestra de cine, concebida por Eduardo Moyano Zamora, que revisitará experiencias tan variadas como las modalidades mismas del exilio con películas como Las huellas borradas, de Enrique Gabriel, Los niños de Rusia, de Jaime Camino, Un franco: catorce pesetas, de Carlos Iglesias, Balseros, de Carlos Bosch y Josep María Domenech y hasta Kamchatka, que a su manera habla del exilio interior al recrear la vida cotidiana de los militantes clandestinos.
Durante la mesa redonda, los testimonios sobre las marcas que produce el exilio (y que sigue produciendo, aun cuando se ha retornado a casa), abundaron en las anécdotas de Skármeta y de Marta Arribas. Skármeta vivió muchos años en Alemania, un país cuya cultura definió como “en las antípodas de la nuestra”. (Aunque eso no signifique que los alemanes sean fríos, yo todavía sigo alimentándome de la calidez que me prodigaron durante mi reciente viaje.) Lo que Skármeta sostenía con gran sensatez, es que toda elaboración del tema del exilio, aun cuando se la vista de épica, debe partir de la asunción de una derrota. Marta Arribas contaba historias de tantos españoles que emigraron por causas económicas durante los años 60, relatos que son la base de El tren de la memoria que dirigió junto a Ana Pérez. Recordaba, por ejemplo, la historia de uno de los hijos de esas familias emigrantes. Como sus padres sólo lo llevaban de regreso a España tan sólo para las vacaciones, el niño les preguntó una vez: “¿Y por qué no nos quedamos a vivir en España? ¡Si aquí no se trabaja!”
En nuestros países, que atraviesan desde hace algunas décadas períodos de cierta estabilidad institucional, el del exilio parece un tema casi del pasado. Pero como todos los grandes males que padecemos, siempre encuentra formas novedosas, o aunque más no sea disfraces, para regresar a asolarnos. Todavía existe una gran emigración latinoamericana por motivos económicos, que son hoy el rostro más palpable de la violencia del sistema. (De hecho existe una gran circulación de latinos de uno a otro país, que aun cuando se instalan en el seno de naciones “hermanas” descubren que la xenofobia y la marginación tienen otras mil caras, que hasta entonces desconocían.)
En el mundo que nos tocó en suerte, creo que se están desarrollando modalidades del exilio de las que todavía no somos del todo conscientes. Cuando por un lado nos machacan a diario con lo peligroso que se ha vuelto el planeta (tanto a la distancia, en caso de que queramos viajar, o en la proximidad de nuestro propio barrio, jaqueado por robos, secuestros y asesinatos), y por el otro nos llenan la cabeza con la conveniencia de quedarnos en casa (¿para qué existen el teléfono, los infinitos servicios de delivery, la comunicación vía Internet?), las condiciones esenciales para un exilio quedan planteadas: existe el hecho violento que nos sugiere la conveniencia de ausentarnos de nuestro lugar natural, y existe la decisión inevitable de protegernos –en este caso sin necesidad de salir de casa, pero reconvirtiéndola en una isla. En esta sociedad que nos prefiere aislados y que nos otorga variedades de sucedáneos de la experiencia real con la excusa de así “protegernos” del dolor, lo más probable es que en cuestión de tiempo todos nos descubramos exiliados en el interior de nuestras propias vidas.
[Publicado el 19/3/2007 a las 10:09]
El exilio es lo más duro, intenso, triste y feliz que me ha tocado vivir. Aún no sé si merece la pena el sacrificio de no estar en la graduación de tu hermana, en el nacimiento del hijo de tu mejor amiga o en la enfermedad terminal de tu abuela. Lo que sí sé es que ninguna universidad del mundo sería capaz de enseñarme lo que he aprendido en estos años de exilio.
Y también sé que ahora soy más extranjera que nunca. Ni de aquí, ni de allí. Desarraigo lo llaman.
Recomiendo "Vientos de agua", una serie que comenzó a emitir Telecinco y que no duró nada al aire por no tener audiencia (¡¡claro, la ponían los viernes a las 12 de la noche!!)
Comentado por: Coyote el 21/3/2007 a las 15:00
¿Será que Internet es una forma de exilio real, no virtual? Un exilio que nos interna y, al mismo tiempo nos des - tierra? Es decir que nos impide asentar los pies sobre la tierra para incitarnos a volar por sus laberintos, de rama en rama, planeando sobre el resto de los humanos, observándolos desde lejos, sin acercarnos demasiado. Des-terrados, des-humanizados, de-sensibilizados...
Comentado por: Elvira el 21/3/2007 a las 13:28
El tiempo guarda escombros, recicla paisajes, hace memoria la historia y los días se van apilando sin dientes, con sus uñas torcidas por el viento de la espera. Pasan, suceden, transcurren y se saben ungidos en la fe del espanto. Ignorados con sus cabezas negras de ataúdes, pasan, sucede que transcurren, días sin nombre, atornillados al pasado, flojos de dentadura, insomnes, tiempo de tornillo y tuerca, y se agitan en la tormenta de un vaso de agua. Definitivamente ruedan atascados en la hoja de un calendario. La memoria es esta traición involuntaria del pasado. Algunos piensas que los recuerdos son una tradición. Los alojan en un compartimentado alquiler vista al olvido. Las cosas se pierden en el pasado y se recuperan en el presente. También circulan como objetos las palabras, esos raros momentos de piedra atravesada en el camino.
Pueden existir frases que desencadenan acciones, reacciones, pasos, decisiones, movimientos, cambios profundos, escapes, miedos y todo lo contrario: placer, tranquilidad, pasión. Las frases salen como tirabuzones sin ojos del poder, se publican y difunden en los medios, otras quedan flotando en el ambiente, se inscrustan en los luagres públicos, ruedan, y otras se mantienen espasmódicamente. Tienen colores; rojas, negras, azules, las palabras adquieren sus contenidos, arrastran un compromiso, hasta que lo cumplen, y luego se disuelven aparentemente en su atmósfera, el sitio silencioso donde se reciclan. (Mientras exista este bípedo de las cavernas, las palabras seguirán repitiéndose, divulgándose, archivándose, escribiéndose, expulsándose de las gargantas más diversas hasta el fondo del corazón y de la nada, perdiéndose como palabras al viento). Algunos dirán: son palabras después de todo, pero como reflejan, dicen, pesan definitivamente y ordenan situaciones, empujan brújulas, cambios radicales, levantan desde sospechas a falsos testimonios, certifican la defunción del pasado, atornillan el presente o comprometen un futuro esplendor.
Un Coronel retirado,- que cargo más inofensivo, mediocre y divertido, sin riesgo alguno- me dijo: Váyase, limpiarán hasta la Inmaculada Concepción. No quedarán ni las velas de los entierros, las piedras se arrepentirán de haber nacido. Después de lo dicho, desapareció como un escupo lanzado al viento de la noche.
La ciudad nunca más fue la misma. y nosotros, menos. Ocurría no sólo que algo cambiaba, como se espera con el paso del tiempo, sino que más bien se quebraba y rompía en el cristal de esos días. Pensé en Australia, México, lo más lejos de mi mismo. Si iba a pisar lo desconocido, aunque ya había estado en el DF, debía hacerlo por decisión propia, esa que la nostalgia empuja como el olvido. Colombia era un destino, más real, y también aprisionado en el deseo, dibujado como una puerta de escape. El Coronel se había despedido con una sonricita nerviosa, de pasajero en tránsito. Él ya tenía trabajo además de la jubilación, en la nueva y encantadora República.
Llegué al apartamento y por primera vez acaricié la Sansonite blanca como una criatura dócil y sentí por lo que me transmitía su textura, que saldríamos a dar un largo paseo hacia algún lugar. Se mantuvo silenciosa en su blanco sepulcral y ahora sé que sintio mi mano tibia como la de un amigo, un compañero de viaje, más que la de un viajero ocasional, que en algún momento se desprendería de ella como un ticket. Nos habíamos adentrado en una complicidad sin mayores palabras. Dependeríamos del silencio mutuo de ahora en adelante.
Yo había sido exonerado como Periodista de una repartición pública. Cesado de mi puesto de trabajo, sin derecho a nada y fuera del ejercicio de mi profesión. Era una suerte de pasaje a Limbo City. Estábamos en primavera, pero nos sentíamos en un invierno sórdido, sangrante, coagulado entre el espasmo y el estupor. La cordillera nevada era el adorno más espectacular de Santiago y nos daba una sensación que al otro lado debía existir algo más. La nieve siempre es una esperanza, un sueño. En ocasiones de apremio vi atravezar la blanca Sansonite, la dura Cordillera, con algunas cosas personales, adelantándose a los nuevos tiempos. El tiempo comenzaba a doblar sus primeras esquinas. La ciudad se borraba con sus habitantes, devorados por las circunstancias, fagocitados literalmente, como en una cómica de glóbulos rojos y blancos.
Partir era el bolero, año 75 del pasado siglo, país gris de viseras y paso de ganso, escenario cuartelario, la ciudad rompía al alba con miedo de atardecer incierto, oscuro, una acrga demasiado pesada para el sueño. Flotaba en las calles la atmósfera de viaje, un sentimiento de sólo me volverán a ver la espalda.
Fue una madrugada. Subí a un bus con mi hermano y la Sansonite destino a Colombia. No había regreso. Amanecer de invierno, el último con esas caraterísticas y con el Dictador. Un abrazo y en unas horas Bogatá. Después vendría Panamá y siempre con la Sansonite. Viajes por América latina. De alguna manera el pasado encerrado en al vieja valija, la maleta del último Santiago acerado por el gris invernal y blindado por la dictadura. Ahí cabían las palabras del Coronel jubilado. Su sonrisa satisfecha y de paso algún reconocimiento a sus oportunas recomendaciones. Los desaparecidos no tuvieron esa oportunidad.
Conservé 32 años después la Sansonite. El dictador ha muerto. Es hora de enterrar el pasado, dejar que viaje hacia un lugar con otros destinatarios, y mejor estará archivado en el olvido, que también es una parte de la memoria. Rolando Gabrielli©2007
Comentado por: rolando el 20/3/2007 a las 08:29
Cuanta razón tienes, nos estamos volviendo perzosos, generalizando porque lo que es yo no paro de un lado a otro ayer esuve con mi mujer bailando y ahora cuando termine de escribir, nos vamos al cine ,ya te contare la pelicula cuando vuelva , aunque tambien pienso poner mi WebWWW.antoniolarrosa.com
Perdona pero es que he puesto dos relatos muy buenos , al menos para mí. gracias a quien los lea. es gratis. no pido datos ni nada es que yo soy asi de Quijote y no tengo abuela.
Comentado por: Antonio Larrosa Diaz el 19/3/2007 a las 14:55
Marcelo Figueras (Buenos Aires, 1962) ha publicado cuatro novelas: La batalla del calentamiento, El muchacho peronista, El espía del tiempo (traducida al francés) y Kamchatka (traducida al ruso, polaco y alemán y en 2006 al francés y al holandés). Algunos de sus relatos fueron publicados en antologías como La selección argentina. Este año ha sido su debut en la narrativa infantil, Gus Weller rompe el molde.
Ha escrito, junto con Marcelo Piñeyro, el guión de Plata quemada, premio Goya a la mejor película de habla hispana y considerada por Los Angeles Times como una de las diez mejores películas de 2000. También escribió el guión de Kamchatka (elegida por Argentina para representarla en el Oscar y una de las favoritas del público durante el Festival de Berlín); de Peligrosa obsesión, una de las más taquilleras de 2004 en Argentina; y de Rosario tijeras, basada en la novela de Jorge Franco (la película colombiana más vista de la historia, candidata al Goya a la mejor película de habla hispana).
Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País.
Actualmente prepara su primer filme como director, una historia llamada Superhéroe.
La batalla del calentamiento (2006). Ediciones Alfaguara
Gus Weller rompe el molde (2006). Ediciones Alfaguara Infantil y Juvenil
Kamchatka (2003). Ediciones Alfaguara
El espía del tiempo (2002). Ediciones Alfaguara
Plata quemada. La película (2000). (En colaboración con Marcelo Piñeyro) Grupo Editorial Norma Literatura
El muchacho peronista (1992). Planeta
Filmografía
Rosario Tijeras (2005)
Fecha de Estreno: 26 mayo 2006
Dirección: Emilio Maillé
Guión: Marcelo Figueras; basado en la novela de Jorge Franco Ramos
Peligrosa obsesión (2004)
Fecha de Estreno: 16 de septiembre de 2004
Dirección: Raúl Rodríguez Peila
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Carlos Luis Mentasti y Daniel Botti
Kamchatka (2002)
Fecha de Estreno: 17 de octubre de 2002
Coproducción con: España
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras
Plata quemada (2000)
Fecha de Estreno: 11 de mayo de 2000
Coproducción con: España, Uruguay y Francia
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras según la novela homónima de Ricardo
29/8/2008 04:59
Publicado por: monica
28/8/2008 22:35
Ojala a todos nos doliera el...
Publicado por: Ludo
28/8/2008 15:00
Todas esas caracteristicas que...
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27/8/2008 22:47
Pues en Argentina sorprende pero...
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27/8/2008 08:39
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26/8/2008 19:09
Es curioso cuando la gente no...
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26/8/2008 05:44
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25/8/2008 23:08
El otro programa muy bueno que...
Publicado por: Xtian
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