El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
lunes, 13 de octubre de 2008
Negev
La excusa era la búsqueda de una locación. Un par de secuencias de la película que quiero filmar transcurrían en el desierto, y por eso le pedí a Pasqual Górriz, fotógrafo (y amigo) extraordinaire, que me llevase hasta el Negev. Más allá de la necesidad práctica, lo que perseguía en el fondo era revivir una sensación. Siete años atrás, en plena noche, había pasado junto al Negev de regreso de Eilat, otra vez con Pasqual al volante. Como la ruta estaba desierta, le pedí que apagase las luces del auto y que se detuviese al borde del camino. Desde ese borde contemplamos las arenas, iluminadas tan sólo por las estrellas. Fue como contemplar el infinito desde un palco preferencial. La brisa redibujaba el contorno de las dunas. Era igual que contemplar el océano, sólo que se trataba de un mar de plata -y silencioso, como el universo previo al Big Bang.
Pasqual recurrió a los oficios de otro amigo, oriundo de Be'er Sheva, para que oficiase de guía. Lo llamaré Nimrod aunque no sea ese su nombre, para permitirme referir cosas que me contó no como entrevistado, sino en su condición de amigo de mi amigo. Además de crecer en la región, Nimrod hizo allí buena parte de su entrenamiento militar. Dice que lo soltaban en mitad del desierto casi sin agua y que además de sobrevivir debía escapar del ataque de francotiradores y de helicópteros que se desplazan en silencio. Cuando alguna de las balas de salva impactaba en su cuerpo, los sensores electrónicos activaban una alarma del uniforme que resultaba enloquecedora.
Le cedo el asiento del copiloto y regresamos a la ruta 40. Después cogemos la 19, a la altura de Shivta. Esta vez llegamos a media mañana, bajo luz incinerante.
El Negev no es como los desiertos de las películas de Hollywood. Si bien hay arena y ocasionales dunas, su aspecto general es el de paisaje marciano. Una teoría atribuye sus cráteres a la actividad volcánica. Yo prefiero otra, la que sugiere la caída de una lluvia de meteoritos en tiempos inmemoriales. Me gusta creer que el Negev es una postal de otros mundos, que alguien envió desde el más allá sin remitente alguno.
A la altura de Eilat, el promedio de las lluvias anuales suma cero. El terreno está cruzado por wadis, el cauce seco de los ríos que ocasionalmente revive en los inviernos -cuando, créase o no, suele nevar.
Camino a Shivta, memorial de la gloria de los nabateos, los campamentos beduinos brotan a ambos lados de la ruta. Tiendas y casas de hojalata, antenas de TV, camellos a la sombra. Los árboles parecen tener melena, antes que una copa. Según Nimrod, son de una especie que Abraham plantó cuando descubrió siete pozos de agua en la región; de hecho Be'er Sheva significa 'pozo del pacto', en memoria de la alianza que Abraham suscribió con Abimelech para asegurar abrevadero para su ganado y su gente. Después de contarme este asunto Nimrod retoma su discusión con Pasqual. Está indignado por su postura abiertamente propalestina, que según él atenta contra la supervivencia de Israel.
Finalmente llegamos a las Arenas de Agur. Es lo que yo estaba buscando, ni más ni menos. Mi ojo dista de estar entrenado, pero no es difícil encontrar huellas de animales. Algunas parecen haber sido producidas por perros, o criaturas de parecida familia. De otras no me atrevo a decir nada. Para mi sorpresa, de tanto en tanto encuentro formaciones naturales que parecen ojos. Pequeños montículos cubiertos por vegetación corta y espesa, que protegen orificios de medio metro de diámetro. (Tengo fotos que lo prueban.) Quizá oficien de guarida a las criaturas innominadas. Trato de preguntarle a Nimrod, pero está demasiado ocupado discutiendo con Pasqual. Me quedo con lo único que puedo colegir: el desierto del Negev tiene ojos.
A medida que asciendo la enorme duna, la discusión entre Pasqual y Nimrod se va perdiendo. No me cuesta nada comprender a Moisés, que dejaba atrás a su quejoso pueblo buscando la paz del Sinaí, la calma que sólo se obtiene en las alturas. Una vez en la cima me siento en la arena. Enciendo un cigarrillo. No se oye nada.
Durante algunos minutos mi vida es perfecta.
[Publicado el 26/9/2007 a las 10:30]
Y de qué va esa pelicula que querés filmar ?
Avanzan al mismo tiempo pelicula por filmar y libro por escribir ?
Chica curiosa
Comentado por: valeria.s el 27/9/2007 a las 09:24
Hola Marcelo.
Quisiera que vieras una crónica que le hice a Ariel Magnus en su visita a Colombia, por cuestión del premio La otra orilla de Editorial Norma.
La encuentras en el blog www.manietag.blogspot.com
Comentado por: Manietag el 27/9/2007 a las 06:04
Lo que describís, arenas iluminadas sólo por las estrellas, el viento dibujando el contorno de las dunas y el silencio...¿se verá todo eso en tu peli? Qué desafío para Pasqual!!
Comentado por: morajú el 26/9/2007 a las 20:07
Marcelo Figueras (Buenos Aires, 1962) ha publicado cuatro novelas: La batalla del calentamiento, El muchacho peronista, El espía del tiempo (traducida al francés) y Kamchatka (traducida al ruso, polaco y alemán y en 2006 al francés y al holandés). Algunos de sus relatos fueron publicados en antologías como La selección argentina. Este año ha sido su debut en la narrativa infantil, Gus Weller rompe el molde.
Ha escrito, junto con Marcelo Piñeyro, el guión de Plata quemada, premio Goya a la mejor película de habla hispana y considerada por Los Angeles Times como una de las diez mejores películas de 2000. También escribió el guión de Kamchatka (elegida por Argentina para representarla en el Oscar y una de las favoritas del público durante el Festival de Berlín); de Peligrosa obsesión, una de las más taquilleras de 2004 en Argentina; y de Rosario tijeras, basada en la novela de Jorge Franco (la película colombiana más vista de la historia, candidata al Goya a la mejor película de habla hispana).
Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País.
Actualmente prepara su primer filme como director, una historia llamada Superhéroe.
La batalla del calentamiento (2006). Ediciones Alfaguara
Gus Weller rompe el molde (2006). Ediciones Alfaguara Infantil y Juvenil
Kamchatka (2003). Ediciones Alfaguara
El espía del tiempo (2002). Ediciones Alfaguara
Plata quemada. La película (2000). (En colaboración con Marcelo Piñeyro) Grupo Editorial Norma Literatura
El muchacho peronista (1992). Planeta
Filmografía
Rosario Tijeras (2005)
Fecha de Estreno: 26 mayo 2006
Dirección: Emilio Maillé
Guión: Marcelo Figueras; basado en la novela de Jorge Franco Ramos
Peligrosa obsesión (2004)
Fecha de Estreno: 16 de septiembre de 2004
Dirección: Raúl Rodríguez Peila
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Carlos Luis Mentasti y Daniel Botti
Kamchatka (2002)
Fecha de Estreno: 17 de octubre de 2002
Coproducción con: España
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras
Plata quemada (2000)
Fecha de Estreno: 11 de mayo de 2000
Coproducción con: España, Uruguay y Francia
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras según la novela homónima de Ricardo
11/10/2008 06:02
pero que impotencia...! verdad?
Publicado por: Wendy
11/10/2008 05:59
Me alegra no ser la unica que...
Publicado por: Wendy
10/10/2008 14:07
Publicado por: Mayté
10/10/2008 06:15
Coincido con Valeria, todo esto...
Publicado por: ezequiel
09/10/2008 13:41
Esta muy bueno todo esto. Me...
Publicado por: valeria
08/10/2008 21:02
Me encanto lo de Mickey. La...
Publicado por: valeria
08/10/2008 13:55
Publicado por: carmen
08/10/2008 11:02
Publicado por: caraycruz
08/10/2008 03:15
hola-- :D espero q ands super...
Publicado por: gaby
07/10/2008 14:36
Vuelvo a insistir que es muy...
Publicado por: Lucas
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