El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
viernes, 5 de septiembre de 2008
La hoguera de las vanidades

El escritor Tom Wolfe.
Lo primero que pensé cuando me llegó la invitación de la Embajada de los Estados Unidos, fue: alguien se equivocó. ¿Qué tenía que hacer yo en un cóctel de homenaje a Tom Wolfe, uno de los padres del Nuevo Periodismo, el autor de The Right Stuff -su mejor libro, coincido con Rodrigo Fresán- y de La hoguera de las vanidades? Hasta donde sé, no soy ni lo suficientemente notable ni brindo especial lustre a ninguna velada social. (Ni siquiera a mis propios cumpleaños, que deberían tenerme como protagonista.) Lo segundo que me pregunté, una vez que decidí participar -la curiosidad era demasiado fuerte-, fue: ¿qué demonios haré allí? ¿Con qué figurones me veré obligado a intentar conversación, para que nadie descubra que estoy allí en condición de infiltrado, o mejor aun: de polizón?
Llegué cuarenta minutos tarde. Para mi sorpresa, el embajador americano Earl Wayne y Wolfe & Señora seguían en lo alto de la escalera del palacio, recibiendo a los invitados -debo haber sido el último.
Me imaginaba a Wolfe más alto. Pero estuvo a la altura de su leyenda en materia de vestuario. Quizás para mantener el equilibrio, por esas cuestiones de yin/yang, Sheila Wolfe vestía de negro -la sobriedad personificada. Le pregunté a Wolfe cómo lo estaban tratando. ‘Como si fuese de la realeza', respondió. Le dije que a esa altura de su carrera debía estar acostumbrado. Tanto él como Sheila parecían sinceramente atentos, y ciento por ciento interesados en la conversación, a pesar de que ya llevaban mucho de un besamanos que fastidiaría a cualquier mortal. A pesar de su disposición, en ese preciso instante advertí que mi capacidad para la conversación menor se había agotado, murmuré mi agradecimiento por la invitación y les di la espalda, dirigiéndome al salón.
Sí, ya lo sé. Soy un animal.
Al primero que encontré adentro fue a Juan Terranova, uno de los escritores más talentosos de la nueva generación. (Si quieren comprobarlo lean El pornógrafo, o la crónica que tituló La Virgen del Cerro. Por lo demás, nadie que sea fanático de la historieta Nippur de Lagash puede ser un mal escritor.) Al instante se nos sumó Maximiliano Tomás, con quien me había cruzado en las escaleras al llegar. Tomás armó una de las compilaciones que sirvió de cabeza de playa para los narradores de esta generación, llamada La joven guardia, y tiene bajo el ala un primer libro de relatos llamado Amores comunes.
Fue maravilloso eso de ir a un cóctel de la Embajada americana para conversar con gente como ellos, llenos de picardía y de una energía contagiosa que invita a conquistar el mundo. Cuando yo tenía su edad, el común de los escritores que eran mis contemporáneos parecía sufrir de una severa constipación. (Que todavía les dura, dicho sea de paso. Más que un estreñimiento, lo que están incubando debe ser un alien al mejor estilo de Giger.) Al rato se acercó Carlos Gamerro, otro de mis escritores argentinos favoritos. Le dije que su artículo sobre el documental Federación, que apareció hace dos semanas en Página 12, me había encantado. Respondió que en realidad no había contado con mucho tiempo para hacerlo. Pensé que Gamerro era de los míos, esa gente que no tolera un elogio y que necesita producir al instante un comentario de autodeprecación. Quizás sea una cuestión generacional. Gamerro debe tener mi edad, aunque no le cuadre la acusación de estreñimiento -la excepción que justifica la regla.
Por allí andaba también Ana María Shua, cuyo libro La sueñera atesoro desde hace décadas. Por un momento creí que la lista de escritores invitados por la Embajada había sido muy sagaz, con la salvedad de quien esto escribe. (Otra excepción que confirma reglas.) También estaba el Embajador argentino en los Estados Unidos, Héctor Timerman, cuyo padre, el célebre periodista Jacobo, me acusó en mis comienzos de sufrir de incontinencia tipográfica. Y Ernesto Martelli, director de la edición local de la Rolling Stone, que hace mucho que es mejor que su nave madre americana. Y el hoy animador televisivo Roberto Pettinato, sacándose fotos con Tom Wolfe en un virtual campeonato de vestidores atildados. (Aunque Petti, como apuntó alguien -creo que Terranova- le deba más a David Letterman que a Wolfe.) Todo entre bandejas rebosantes de copas, hors d'oeuvres y servilletitas de papel con el sello de la Embajada, que le producían a uno sensaciones contradictorias al llevárselas a la boca.
A la hora señalada llegaron los discursos. Wolfe estuvo encantador. Recordó su primera visita a la Argentina en el año 2005, dijo que había estado tomando clases de tango con su mujer y que había considerado hacer una demostración en esa oportunidad, hasta que el buen tino le sugirió que Buenos Aires no era el sitio más indicado para semejante debut. Entonces le escuché decir: ‘Un distinguido escritor argentino me preguntó recién cómo me estaban tratando. Le respondí que me sentía parte de la realeza...'
Me cagué de risa. Una vez en mi vida que alguien me trata de ‘distinguido escritor' -Tom Wolfe, nada menos-, tengo que oírlo de labios de alguien que no leyó una sola línea de lo que escribo. En fin, debería estar agradecido. Si Wolfe leyese mis libros seguramente se habría ahorrado el adjetivo.
Pequeñas delicias de la vida del escritor del Tercer Mundo.
[Publicado el 05/5/2008 a las 10:36]
Comentado por: Ludo el 07/5/2008 a las 16:29
figueras!,
los porteños sois del primer mundo
si españa lo es, q alguien me avise, porq yo solo veo chafarderia:q pokito se salva
Comentado por: michele corleone el 06/5/2008 a las 19:42
Comentado por: ÁNGELA el 06/5/2008 a las 10:31
Un halago de Wolfe que puede sonar a gratuidad, pero es un halago, hombre, y viniendo de la boca de quien escribió The right stuff, ¡qué importa si no ha leído alguna de las líneas escritas! Me he divertido mucho leyendo este post.
Saludos
Comentado por: Eduardo Varas el 06/5/2008 a las 00:18
Bueno, algunos de sus diarios lectores esperamos tener una experiencia comparable (claro, obviandonos las servilletas grabadas con escudos) en julio cuando vengas a la Feria del Libro en Guayaquil!
Comentado por: Mayte el 05/5/2008 a las 21:43
LITERATURA
El mercado administra la literatura y nos enseña los dientes de algún escritor cuando le parece conveniente. Esto no es nuevo, pero se repite demasiado seguido. Las ferias, los premios, las editoriales, los promotores, las antesalas de todo tipo de marketing, con sus alas de cuervo y flores marchitas de aniversario. Todo esto es sabido, conocido y comentado. Los desplantes de algunas estrellas en ocaso dicen: la novela ha muerto. Tema sobre el tema, rip, rip. Tom Wolfe lo ha "revelado" en la feria del libro de Argentina. Instó a que los cronistas salgan a buscar la realidad. ¿Dónde estará la realidad? Me recuerda un crupier de Las vegas.
En Nueva York se está llevando acabo el Festival de Literatura Internacional del Pen World Voices y de paso se han reunido en el Instituto Cervantes: Umberto Eco, Salman Rushdie y Mario Vargas Llosa. Se refirieron al papel del intelectual, casi inexistente, aunque sostienen que en Estados Unidos ese rol le corresponde a las estrellas de cine y yo diría de TV y de cualquier programa de entretenimiento. Para los cuatro escritores mencionados, en cuyas fotos parecen más a Rabinos, en Europa y América latina el escritor tiene "más autoridad moral ". Desde la otra orilla, pienso que está bastante diluido el tema de la participación del escritor en al sociedad actual y que ha sido reemplazado por los medios digitales y la TV, en primer luagr, que da cuenta de todo y a su manera. ¿Qué tribuna tiene un escritor? ¿A quién le importa lo que dice un escritor? Otro mito es el que plantea Vargas Llosa que el escritor brilla en las dictaduras y ahí, agrego, interpretándole, pareciera que el escritor se crece y dispara. Dudoso argumento, porque muchas veces los escritores son aplastados. ¿Por qué en esta época de abismos no surgen los escritores críticos, responsables, que se pronuncien? ¿Existe una maquinaria del silencio?
La industria, sostiene el crítico español Ignacio Echeverría en Página 12, se nutre de transliterar solapas de libros, y a nadie se le ocurriría plantear un plagio porque la mayor parte de lo que se entiende por
por crítica es un fusionamiento directo de los paratextos del libro a favor del propio autor.
Tan disminuida está la crítica que casi sería como un homenaje! (risas). Por otra parte la industria se nutre de transliterar solapas de libros, y a nadie se le ocurriría plantear un plagio porque la mayor parte de lo que se entiende por crítica es un fusionamiento directo de los paratextos del libro a favor del propio autor. La crítica siempre dice de César Aira lo que Aira dice de sus libros, los propios críticos glosan a Aira; la rareza de sus textos, esos escritos no identificados que no se sabe si son en broma o van en serio, hace que los críticos reproduzcan la lectura establecida por Aira. Y el mismo mecanismo creo que termina funcionando en los supuestos plagios. Como verás, soy muy indulgente con los plagiarios (risas).
"Los premios literarios son simulacros de ficción con jurados falsos y con una mecánica que se sabe que es corrupta, y que además responde a la ética del comercio y no a los valores de la estética o de la crítica. Pero curiosamente, los medios de comunicación obedecen a la consigna de la industria cultural de dar como noticia cultural premios que son comerciales. Todos los agentes de la industria editorial se suman en ese tinglado montado en torno de los premios; no sólo está la picardía y la audacia de los editores sino que están involucrados escritores de mucho prestigio, que se prestan a ser jurados de una comedia, y están también los periodistas culturales que aceptan, sin levantar el trapo de la farsa de los premios, publicar esas noticias como noticias culturales, y que terminan participando de una promoción gratuita, haciendo entrevistas al autor ganador."Rolando Gabrielli©2008
Comentado por: rolando gabrielli el 05/5/2008 a las 14:39
Comentado por: valeria el 05/5/2008 a las 11:34
Distinguido escritor del Tercer Mundo:
Simplemente queria sumarme a Wolfe para que no sea solamente un no lector suyo el que lo trate con tanta deferencia. Me despido deseandole que los dioses lo preserven de toda constipacion.
Comentado por: valeria el 05/5/2008 a las 11:27
Marcelo Figueras (Buenos Aires, 1962) ha publicado cuatro novelas: La batalla del calentamiento, El muchacho peronista, El espía del tiempo (traducida al francés) y Kamchatka (traducida al ruso, polaco y alemán y en 2006 al francés y al holandés). Algunos de sus relatos fueron publicados en antologías como La selección argentina. Este año ha sido su debut en la narrativa infantil, Gus Weller rompe el molde.
Ha escrito, junto con Marcelo Piñeyro, el guión de Plata quemada, premio Goya a la mejor película de habla hispana y considerada por Los Angeles Times como una de las diez mejores películas de 2000. También escribió el guión de Kamchatka (elegida por Argentina para representarla en el Oscar y una de las favoritas del público durante el Festival de Berlín); de Peligrosa obsesión, una de las más taquilleras de 2004 en Argentina; y de Rosario tijeras, basada en la novela de Jorge Franco (la película colombiana más vista de la historia, candidata al Goya a la mejor película de habla hispana).
Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País.
Actualmente prepara su primer filme como director, una historia llamada Superhéroe.
La batalla del calentamiento (2006). Ediciones Alfaguara
Gus Weller rompe el molde (2006). Ediciones Alfaguara Infantil y Juvenil
Kamchatka (2003). Ediciones Alfaguara
El espía del tiempo (2002). Ediciones Alfaguara
Plata quemada. La película (2000). (En colaboración con Marcelo Piñeyro) Grupo Editorial Norma Literatura
El muchacho peronista (1992). Planeta
Filmografía
Rosario Tijeras (2005)
Fecha de Estreno: 26 mayo 2006
Dirección: Emilio Maillé
Guión: Marcelo Figueras; basado en la novela de Jorge Franco Ramos
Peligrosa obsesión (2004)
Fecha de Estreno: 16 de septiembre de 2004
Dirección: Raúl Rodríguez Peila
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Carlos Luis Mentasti y Daniel Botti
Kamchatka (2002)
Fecha de Estreno: 17 de octubre de 2002
Coproducción con: España
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras
Plata quemada (2000)
Fecha de Estreno: 11 de mayo de 2000
Coproducción con: España, Uruguay y Francia
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras según la novela homónima de Ricardo
04/9/2008 17:32
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