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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

miércoles, 20 de agosto de 2008

Blog de Marcelo Figueras

Teoría de la (anti)derrota

Estadio de Futbol, Buenos Aires, Argentina

Me quedé prendido de una anécdota que contó Villoro el otro día. Dijo que desde hace muchos años, el fútbol mexicano está lleno de argentinos. Y que lo primero que los futbolistas argentinos descubren al llegar a México es que tienen labia: a comparación de los deportistas locales, a los que describió como monosilábicos, los argentinos están verbalmente dotados. Es así que -siempre según Villoro- destacan enseguida por su habilidad a la hora de analizarlo todo ante cámaras y micrófonos. Pueden desbrozar el partido, el desempeño de propios y ajenos, la labor de los jueces -y por supuesto, la suya propia.

Villoro dice que el problema es que, a medida que desarrollan esta habilidad de explicarse, cada vez juegan peor. Se tornan capaces de hilar infinitas teorías que explican su propia derrota, a la vez que se vuelven inoperantes en el campo de juego.

No sé si Villoro articuló esta tesis en el momento o si aprovechó para deslizar una crítica sutil a nuestra idiosincracia; lo cierto es que cuando alguien le preguntó si esta condición de ‘teoristas de la derrota' podía aplicarse al resto de los argentinos y a sus otras circunstancias, Villoro declinó semejante responsabilidad. Pero al menos a mí me dejó pensando. Me recordó al Ortega que, viendo a nuestros antepasados tan inflamados por sus propios discursos y nociones de grandeza, los llamó a la cordura diciendo: ‘Argentinos, a las cosas'.

Supongo que a esto se refería Pedro días atrás, en el comentario que colgó al post donde yo comparaba a la Argentina con Elizabeth Fritzl, la hija del ‘monstruo de Austria'. Creo que entendió que yo optaba por el camino más fácil, en el mismo sentido de los ‘teoristas de la derrota': en este caso, achacarle la culpa a ‘los chacales de siempre', que operarían como predadores sobre ‘el inocente pueblo argentino'. Según Pedro, esta presunta interpretación mía es un ‘reflejo inmaduro'. Es obvio que Pedro no leyó, por ejemplo, los textos que le dediqué aquí mismo a buena parte de la clase media de este país, en especial la de Buenos Aires, bajo el título de El hecho maldito. Estoy lejos de creer que el pueblo argentino es inocente. La sociedad que miró para otro lado mientras los chacales del 76 consumaban su masacre no puede ser inocente, nunca. Precisamente por eso, si nuestra sociedad actual se niega a identificar a los chacales de hoy -que existen, y son criollos-, estaría repitiendo el error de antaño. Lo inmaduro sería no verlos, Pedro. Lo inmaduro sería -es- hacerles el juego.

Yo no me considero del todo inocente. Tenía alrededor de 12 años cuando empezaron en este país los secuestros, asesinatos y desapariciones sistemáticos, y aun así conservo la sensación de que podría haber hecho algo, por mínimo que fuese, para que las cosas resultasen de otra manera. Y como parte de aquella sociedad, sigo pensando que hasta que no hagamos algún tipo de mea culpa colectivo no tendremos perdón de Dios. (No me pregunten qué habría que hacer, escapa a mis posibilidades. Lo mínimo, en todo caso, es apoyar la búsqueda de justicia formal que llevan adelante organizaciones de derechos humanos y familiares desde hace treinta años.) Pero tampoco soy un chacal, Pedro: no soy de la clase de gente que persigue su propio bienestar con tanta ferocidad, que no le importa que el país se incendie en el proceso. Y tampoco formo parte de los medios que disfrazan sus intereses privados como si fuesen bien común. Ni pertenezco al coro que apoya a los chacales, confundiéndolos con salvadores de la Patria. (¿Le han prestado atención al ceremonial que rodea cada anuncio de las cuatro entidades del campo -los Cuatro Jinetes? Se presentan a sí mismos como una suerte de gobierno paralelo en la resistencia. ¡Como si la Sociedad Rural no hubiese apoyado a todos y cada uno de los golpes de Estado!)

No voy a dejar de acusar a los que considero responsables del presente estado de cosas, aceptando la socialización de la culpa y la dilución del juicio que conlleva. Ni elaboro teorías sobre la derrota, porque no me considero derrotado. Estoy aquí y digo lo que digo, en todo caso, porque esta es una de las formas en que presento batalla.

[Publicado el 09/5/2008 a las 11:58]

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Comentarios (4)

  • en un estado de derecho no debería existir el miedo a las represalias, como respuesta, por haber hecho justicia. Los crímenes más atroces contra la humanidad, han sido crímenes de Estado, cometidos por quienes se serven de recursos e instrumentos del Estado, y han ocurrido por el miedo a la libertad de los pueblos. Un pueblo libre lo es por ser responsable. Se puede perdonar, pero no se debe olvidar y esto obliga a evitar la impunidad; si el estado de derecho funciona, no se activarán los bandos secundarios al despertar de la intolerancia, porque él los cohartará, pero si que habrá conseguido detener el ciclo fagocítico que les permite vivir.
    Los poderes que cohesionan un Estado independiente, deben a su vez serlo también, ¿existen y funcionan como tales?
    ¿Por qué el neoliberalismo salvaje continúa deconstruyendo el endoesqueleto que consolida todo el entramado social? La reprivatización resulta de seguir la vieja máxima "divide y vencerás".
    Para la división internacional del trabajo, el básico aprovisionamiento de recursos constituirá la hegemonía de la potencia que los controle y esta potencia será la que domine las futuras fuentes de energía, cuando se hayan agotado las actuales; quizás se les permite a los chacales campar a sus anchas y desmembrar, para cobrar las piezas relajadamente.
    Vencer la autoestima de un pueblo, causarle el sufrimiento de la desconfianza, es un crimen que no debería seguir oculto bajo el manto de la impunidad. La dignidad del pueblo es el último sustrato que nos queda, es la institución eterna que al perder su seguridad permite instituciones pasajeras: los imperios.
    Si una casa está mal construida, de tal manera que al entrar nos golpeamos la cabeza, habrá que construirla de nuevo o intentar restaurarla; la cordura política consiste en conservar la cabeza del pueblo.

    Comentado por: Alba el 11/5/2008 a las 18:59

  • Los futbolistas argentinos que llegan a Chile son estrellas del verbo y en la cancha. A Labruna lo vi jugar a los 40 años en Chile y brillaba. Eso que dice Villoro es viejo y pata de una mesa de más patas. La idiosincracia es otra cosa.Freud estaría encantado en Buenos Aires.En la derrota estamos todos en América latina. En Chile está la teoría del casi, al menos en deporte.Allende fue tres veces candidato a la presidencia.
    En Argentina aun no se va a als cosas. Uno de los países más ricos del planeta.Algo sucede que las cosas no concluyen con éxito que debieran. la eficacia, mejor deicho para no caer en esa palabra de ganadores y perdedores.Estuvo entre las 10 potencias económicas del mundo, Baires más ciudad que París, la moda, Argentina dio de comer a la España de Franco, en fin...El tema es de grosso análisis...Pude haber sido argentino, mi abuelo italiano cruzo a mula la cordillera y viajó a Chile. Murió de 92 años en 1945. El dia que nació mi hermano mayor. No lo conocí y me esperó largo tiempo.Todo está por construirse, aquí y allá, en nuestra América. Por ahora un volcán nos habla y recuerda que debemos trabajar la integración....si queremos sobrevivir....

    Comentado por: rolando gabrielli el 10/5/2008 a las 18:09

  • de pino solanas ( acusenlo de neoliberal)

    El actual modelo de país encabezado por la pareja Kirchner puede ser sostenido sólo sobre la base de la construcción de ciertos mitos. No pueden ser discutidos determinados avances que se han dado, pero tampoco podemos dejar de remarcar que los discursos acerca de la “ruptura neoliberal”, el “modelo de desarrollo inclusivo”, el “desendeudamiento”, la “reconstrucción del Estado”, entre otros, son mitos políticos, es decir, no existen como tales en la realidad.

    Recientemente se abrió el debate sobre la comunicación en el país. Esto implica poner bajo la lupa el rol de las grandes empresas monopólicas que se benefician con la vigente Ley de Radiodifusión de la dictadura, que les permite controlar la información que circula en diferentes canales. Este esquema de control privado constituye un obstáculo para el verdadero ejercicio democrático. A pesar de las benéficas concesiones hechas por Kirchner al Grupo Clarín, resulta bienvenida la nueva iniciativa, siempre que la democratización sea real según los criterios del debate nacional.

    Pero la supuesta intención de democratizar la comunicación se contradice con la decisión de imponer a la sociedad el proyecto del tren bala. A espaldas del pueblo argentino, y desoyendo las numerosas críticas provenientes de todo el espectro político, el gobierno nacional firmó el contrato para realizar el faraónico proyecto del tren de alta velocidad que recorrerá el tramo Buenos Aires-Rosario-Córdoba. Para la presidenta Cristina Fernández, la obra es un “salto a la modernidad”. Pero ¿quiénes darán ese “salto a la modernidad”? ¿Puede ser considerado “popular” un medio de transporte cuyo boleto será inaccesible para la mayoría de los argentinos y que lo pagarán con los subsidios del Estado aunque no viajen en él? ¿Qué tan “estratégica” es una obra que, elitista y antinacional, se llevará adelante emitiendo, sólo en el inicio, nueva deuda pública por 4.000 millones de dólares a 30 años con una tasa del 12% anual, y que implicará, sin mediación alguna, la importación de tecnología extranjera? Resulta inadmisible que no se haya convocado a un debate nacional sobre la crisis colosal del transporte argentino que, entre otros problemas, ocasiona más de 8.000 muertes al año en calles y rutas, y que no constituya una prioridad para el Gobierno la reconstrucción del ferrocarril nacional que tanto precisan millones de pasajeros y productores de la nación; más aún cuando con la mitad de lo que realmente costará el tren bala se podrían reconstruir todos los grandes ramales troncales de pasajeros a las ciudades más importantes del país, incluyendo equipos, locomotoras y vagones nuevos.

    La decisión de reconstruir el tren podría ser incluso uno de los elementos que ayudaría a resolver la protesta de los pequeños y medianos productores rurales, que nuevamente han tomado estado de conflicto abierto. La falsa polarización del escenario político que se ha construido esquiva a un tercer protagonista que disputa la renta agraria y castiga permanentemente a los pequeños y medianos productores: los monopolios privados exportadores que fijan el precio de la producción y evitan así que las siempre útiles y necesarias retenciones afecten su rentabilidad. Son los Cargill, Dreyfus, Bunge & Born, Aceitera Gral. Deheza (del oficialista senador Roberto Urquía) y otros, que se apropian de un tercio de la renta agraria al imponer bajos precios a los productos, estafar al fisco, tercerizar las exportaciones y monopolizar la comercialización de insumos.

    Pero los pequeños y medianos productores agrarios sufren también la carencia de gasoil para el período de cosecha mientras se siguen exportando crudo y naftas. Carencia que también se explica por la estructura de la matriz energética dependiente del petróleo y gas en un 85% y las características de su explotación y comercialización: un puñado de empresas multinacionales monopolizan toda la cadena del sector, con el agravante de que no invierten, depredan los recursos y son beneficiadas con jugosas renegociaciones que les ofrece el gobierno nacional.

    Resulta irrisorio que en este marco se haya hecho creer a la ciudadanía que la reciente “argentinización” de nuestra histórica YPF, hoy en manos de Repsol, iba a revertir la tremenda caída de reservas energéticas sufrida en los últimos años. La “argentinización” consistió lisa y llanamente en una nueva “reprivatización”, como ocurre ahora con Aerolíneas Argentinas.

    Un mito comparable es el “desendeudamiento”. La Argentina continúa endeudada muy por encima de su capacidad de repago. A menos de tres años de la megarreestructuración Kirchner-Lavagna-Nielsen, los argentinos debemos u$s200.000 millones y pagamos tasas de interés de más de 10%, niveles que teníamos en los momentos inmediatamente anteriores a la crisis de 2001. Estos datos explican que, en pleno conflicto con los productores rurales, el ahora ex ministro de Economía Martín Lousteau estuviera en Washington rogando por nuevos créditos del BID y el BM y que, sólo de intereses, este año pagaremos u$s15.000 millones.

    Vivimos todavía un modelo de saqueo basado en privatizaciones, desguace estatal y libre mercado. Pero su piedra de toque fue la traición de la reforma constitucional de 1994, que traspasó el dominio del subsuelo a las provincias, quebrando la unidad de la Nación, la única que puede defenderse frente a la voracidad de los trusts multinacionales. Que el vicepresidente Cobos haya renegociado las 12 áreas petroleras mendocinas (la mitad de las cuales quedaron en manos del menemista Manzano), en forma similar a los nefastos contratos de Cerro Dragón, entregando los recursos del subsuelo por 40 años hasta su agotamiento, es una muestra clara del peligro que representa que los gobernadores dispongan individualmente del recurso de todos los argentinos.

    Los recursos naturales, así como la producción agropecuaria, son las dos piernas con las que la Argentina caminó durante gran parte del siglo XX. La obtención de recursos a partir de ellos permitió el desarrollo y la industrialización del país: el plan siderúrgico nacional con Somisa, hoy privatizada con Techint, la construcción de las industrias hidrocarburífera, aeronáutica, ferroviaria y servicios como las aerolíneas y el transporte marítimo, etcétera.

    En Ecuador, Venezuela y Bolivia se está planteando claramente la importancia de retomar para los pueblos, a través del Estado, el control de las inversiones que constituyen prioridades para una estrategia de desarrollo nacional; situación que no ocurre en nuestro país, donde las líneas de prioridad parten de escritorios privados y resultan en reprivatizaciones, subsidios al capital local e internacional más concentrado, aumentos tarifarios y proyectos como el del tren bala. Pero estas inversiones las podrá hacer el sector público sólo si podemos disponer de las rentas que genera la explotación de nuestros recursos naturales no renovables. Nuestro subsuelo cuenta con reservas de petróleo que pueden generar, si el barril de crudo en el mercado internacional alcanza los u$s200 estimados para fin de año por la OPEP, u$s41 mil millones anuales. Sumada a la renta minera, unos u$s10 mil millones (sin contar gran cantidad de proyectos no contemplados y no registrados) y la renta agropecuaria, cuya gran tajada se la quedan las cerealeras exportadoras, más los u$s50 mil millones de reservas del BCRA, estamos hablando de enormes sumas de dinero que quedan en su gran mayoría en manos privadas, cuando los datos actuales enseñan que la brecha de pobreza ha alcanzado niveles récord. Por ello hablamos de la reconstrucción del Estado en un agente eficiente y moderno que recupere esta renta y la reinvierta para beneficio del pueblo y la infraestructura técnica, científica e industrial del país.

    Una reconstrucción del Estado que permita apropiarse de los recursos que permiten el desarrollo nacional es algo que están haciendo todos los países del mundo que entienden que estamos ante un escenario global donde, como dice la misma presidenta Fernández, alimentos y energías serán las claves del futuro. Pensar que los principales servicios e industrias pueden estar en manos privadas es no entender la forma en que la Argentina se inserta en el mundo y en el mercado mundial. La Argentina continúa siendo un país cuya función fundamental en la división internacional del trabajo sigue siendo la de provisión de recursos: en forma de capital a través del endeudamiento y en forma de materias primas, hoy la soja y los minerales, así como ayer el cuero, la lana y el trigo, maíz y carne.

    Para todo esto se precisa fundamentalmente que el campo nacional, popular y democrático consiga vencer a sus principales enemigos: la desconfianza y la resignación. Unidos en un gran movimiento social, político y cultural, los argentinos podemos desandar estos mitos y rescatar todos nuestros recursos y de esta manera reconstruir la nación para felicidad de todos los argentinos.

    http://www.criticadigital.com/impresa/index.php?secc=nota&nid=4153

    Comentado por: jpz el 10/5/2008 a las 18:05

  • Marcelo, creo que es el camino más fácil porque es exculpatorio, tranquilizador. Es el camino que al ubicarnos siempre como víctimas, nos exime de la responsabilidad de nuestras desgracias, porque se las atribuye a los chacales, o al FMI, al campo, a CLarín, o a quien sea. Pero volviendo a los episodios históricos que te mencionaba antes: ¿cuántos argentinos votaron la fórmula Perón - Perón, que nos trajo a Isabel, Lopez Rega, la Triple A y el Rodrigazo? ¿Cuantos argentinos apoyaron el desprecio por la vida y el rechazo a la democracia que mostraban con desparpajo las organizaciones guerrilleras? ¿Cuantos argentinos apoyaron a la dictadura militar y prefirieron no enterarse de las torturas, desapariciones y asesinatos? ¿Cuantos apoyaron enfervorizadamente la guerra de Malvinas, y aun hoy siguen pensando que se trato de una "guerra justa" pero peleada por milicos corruptos? ¿Cuantos eligieron y reeligieron a Carlos Menem en plena democracia, pese a las evidencias de que se trataba de uno de los gobiernos más corruptos de nuestra historia?
    Lo que me parece inmaduro es pensar nuestra historia como una batalla épica entre buenos y malos, inocentes y culpables. Puede además ser peligroso, porque cuando comienza a dividirse a la sociedad de esa forma, en bandos, aparece la intolerancia. Si el otro es un "enemigo", un "chacal", no merece -como decía Perón- ni Justicia. Y terminamos justificando cosas que en una sociedad avanzada no pueden suceder.

    Comentado por: Pedro el 09/5/2008 a las 15:04

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Biografía

Marcelo Figueras (Buenos Aires, 1962) ha publicado cuatro novelas: La batalla del calentamiento, El muchacho peronista, El espía del tiempo (traducida al francés) y Kamchatka (traducida al ruso, polaco y alemán y en 2006 al francés y al holandés). Algunos de sus relatos fueron publicados en antologías como La selección argentina. Este año ha sido su debut en la narrativa infantil, Gus Weller rompe el molde.

 

Ha escrito, junto con Marcelo Piñeyro, el guión de Plata quemada, premio Goya a la mejor película de habla hispana y considerada por Los Angeles Times como una de las diez mejores películas de 2000. También escribió el guión de Kamchatka (elegida por Argentina para representarla en el Oscar y una de las favoritas del público durante el Festival de Berlín); de Peligrosa obsesión, una de las más taquilleras de 2004 en Argentina; y de Rosario tijeras, basada en la novela de Jorge Franco (la película colombiana más vista de la historia, candidata al Goya a la mejor película de habla hispana).

 

Trabajó en el diario Clarín y en revistas como El Periodista y Humor, y el mensuario Caín, del que fue director. También ha escrito para la revista española Planeta Humano y colaborado con el diario El País.

 

Actualmente prepara su primer filme como director, una historia llamada Superhéroe.

Bibliografía

La batalla del calentamiento (2006). Ediciones Alfaguara

Gus Weller rompe el molde (2006). Ediciones Alfaguara Infantil y Juvenil

Kamchatka (2003). Ediciones Alfaguara

El espía del tiempo (2002). Ediciones Alfaguara

Plata quemada. La película (2000). (En colaboración con Marcelo Piñeyro) Grupo Editorial Norma Literatura

El muchacho peronista (1992). Planeta

 

Filmografía

Rosario Tijeras (2005)
Fecha de Estreno: 26 mayo 2006
Dirección: Emilio Maillé
Guión: Marcelo Figueras; basado en la novela de Jorge Franco Ramos

Peligrosa obsesión (2004)
Fecha de Estreno: 16 de septiembre de 2004
Dirección: Raúl Rodríguez Peila
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Carlos Luis Mentasti y Daniel Botti

Kamchatka (2002)
Fecha de Estreno: 17 de octubre de 2002
Coproducción con: España
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Figueras sobre una idea de Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras

Plata quemada (2000)
Fecha de Estreno: 11 de mayo de 2000
Coproducción con: España, Uruguay y Francia
Dirección: Marcelo Piñeyro
Guión: Marcelo Piñeyro y Marcelo Figueras según la novela homónima de Ricardo

Obras asociadas

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