El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
miércoles, 20 de agosto de 2008
Escribir

Otra vez es la Petite Claudine la que me lleva hoy al blog ID, imbécil y desnudo, para leer un post sobre el oficio del escritor. Escribir no es redactar es cierto, pero me parece que la diferencia entre ambos términos no tiene que ver tanto con el uso de una técnica en lugar de la emoción sino con el concepto del riesgo. Hay escritores que arriesgan mucho, comprometen su vida íntima y su visión del mundo para entregar algo que nos parece imprescindible. Y por otra parte, hay escritores que nos entregan su último libro tal como recibimos el periódico de cada día.
Tampoco se puede hablar de dos tipos de obras: una que procede de una sinceridad íntima y otra que responde a una necesidad comercial. Es cierto que Marcel Proust corresponde a la primera categoría y Alexandre Dumas a la segunda, pero basta nombrar a Honore de Balzac, novelista a la producción monstruosa que tenía que cancelar sus deudas publicando libros, para entender que no se trata de dos mundos herméticos. Escribir es un oficio. Se cobra por ejercer un oficio, se puede escribir con talento bajo la necesidad de cumplir con una estrategia cínica e interesada. Lo pensé mucho al descubrir ayer las listas de los ocho finalistas del premio Impac. Es un premio que se entrega cada año en Dublín y tiene dos rasgos específicos. Uno: un proceso internacional amplio de reclutamiento de sus candidatos -este año involucra 161 librerías en 121 países. Y dos: la cantidad de plata que se lleva el ganador, 100.000 euros, más de ciento cincuenta mil dólares. El diario The Guardian hace notar la mezcla de violencia (guerra, terrorismo, asesinatos, etc.) en el tema principal de los libros al entregar la lista en inglés de las ocho obras:
The Speed of Light de Javier Cercas (España)
The Sweet and Simple Kind de Yasmine Gooneratne (Sri Lanka)
De Niro's Game de Rawi Hage (Líbano)
Dreams of Speaking de Gail Jones (Australia)
Let it be Morning de Sayed Kashua (Israel)
The Attack de Yasmina Khadra (Argelia)
The Woman who Waited de Andrei Makine (Francia)
Winterwood de Patrick McCabe (Irlanda)
A mí me entusiasma descubrir la presencia de la novela de Javier Cercas, La velocidad de la luz. Para mí es una novela cuyo narrador (que escribe y consigue un tremendo éxito con un libro) se parece mucho a Javier Cercas, el autor de Soldados de Salamina. Cercas sabía muy bien lo que provocó el éxito de esta novela: "mucha gente, llegó a decir, está esperando mi próxima novela con la espada desenvainada" . No tengo duda: La velocidad de la luz es una novela que él se obligó en muchos aspectos a redactar más que a escribir para eludir estas espadas desenvainadas (es decir: es una novela cuyo propósito obvio es también acomodarse al éxito y hacer callar los celos). Cercas lo hizo al convertir su éxito en el tema de su novela, para disculparse (con un tono de "fue pura casualidad") y al final le salió muy bien, muy muy bien (su presencia en la lista de los finalistas es para mí una prueba, pues el premio Impac es un auténtico premio alejado del amiguismo). Además, no se puede olvidar que lo mejor de la novela de Cercas, a mi juicio, es su elogio de las grandes novelas de la literatura americana del siglo XX, muchas de ellas redactadas por autores que no conocían otra manera de ganarse la vida que escribir.
[Publicado el 03/4/2008 a las 11:30]
Por seguir con el tema hasta que cambien el post. Escribir con las entrañas: sobre la experiencia del autor, sus sentimientos y emociones, su "vida íntima" escrita en el papel. Escribir desde las entrañas: superada la visión personal, el autor escribe más allá de sí mismo, la trasciende.
En ambos casos es imprescindible respirar, otra cosa es si está hambriento o no, seguro que afecta al resultado final.
Comentado por: por decir algo el 07/4/2008 a las 10:58
Comentado por: Tengohambre el 06/4/2008 a las 19:46
No hay recetas, la verdad...pero se escribe..se escribe en nombre de la obsesión, lo ùnico que tenemos al alcance...
Comentado por: rolando gabrielli el 06/4/2008 a las 00:17
Comentado por: Buzo el 05/4/2008 a las 21:30
Comentado por: rolando gabrielli el 05/4/2008 a las 02:14
Queda mucho más claro con este ejemplo la diferencia entre escribir y escribir, me parece. Gracias de nuevo.
Comentado por: gracias por su amabilidad el 05/4/2008 a las 01:01
con ambas diría...de manera visceral...total...con la yema de los dedos...untando el cielo y la tierra...con tinta indeleble...empujando con los dedos de los pies, si fuera necesario...
Comentado por: rolando gabrielli el 05/4/2008 a las 00:17
Sr. Gabrielli, su comentario me sugiere hacerle la siguiente pregunta: ¿se escribe con las entrañas o desde las entrañas? ¡Vaya! escrita parece tonta la duda, la dejaré igualmente, siempre es un placer leerle.
Comentado por: pregunta el 04/4/2008 a las 17:52
Para escribir hay que respirar, sentir el oxígeno de la palabra, someterse a la aventura del día día de lo desconocido, lo que está ahí, viene,y a veces no llega. La escritura es un pulso, vaya, inténtelo, cargue el lenguaje de sentidos, como exigía a la poesía Ezra Pound.Suba a su alfombra y vuele.No hay mercado, ni lector, sólo usted con las justas palabras del día o el vacío que lo inaugura todo.
Comentado por: rolando gabrielli el 04/4/2008 a las 14:36
El poeta chileno Enrique Lihn, un crítico excepcional de su tiempo, y formidable poeta, nos dice por qué escribió,,,,en este poema. Lihn es el personaje central de la recién premiada novela de Planteta de J. Edwards, La Casa de Dovstoievsky. Habla de poetas. Me pregunto que si no habrá una influencia te,ática de Bolaño con su iniciático libro Los Detectives Salvajes. Son alguunas coartas sobre la mesa literaria. Ya veremos más.
La literatura, para fijar algunas posiciones, cada día es más cosa banal, comercial, bajo el vouyerismo de la violencia, la guerra, lo sobrenatural...lo sencillamente patético...
PORQUE ESCRIBÍ
A Cristina y Angélica
Ahora que quizás, en un año de calma,
piense: la poesía me sirvió para esto:
no pude ser feliz, ello me fue negado,
pero escribí.
Escribí: fui la víctima
de la mendicidad y el orgullo mezclados
y ajusticié también a unos pocos lectores;
tendí la mano en puertas que nunca, nunca he visto;
una muchacha cayó, en otro mundo, a mis pies.
Pero escribí: tuve esta rara certeza,
la ilusión de tener el mundo entre las manos
—¡qué ilusión más perfecta! como un cristo barroco
con toda su crueldad innecesaria—
Escribí, mi escritura fue como la maleza
de flores ácimas pero flores en fin,
el pan de cada día de las tierras eriazas:
una caparazón de espinas y raíces
De la vida tomé todas estas palabras
como un niño oropel, guijarros junto al río:
las cosas de una magia, perfectamente inútiles
pero que siempre vuelven a renovar su encanto.
La especie de locura con que vuela un anciano
detrás de las palomas imitándolas
me fue dada en lugar de servir para algo.
Me condené escribiendo a que todos dudarán
de mi existencia real,
(días de mi escritura, solar del extranjero).
Todos los que sirvieron y los que fueron servidos
digo que pasarán porque escribí
y hacerlo significa trabajar con la muerte
codo a codo, robarle unos cuantos secretos.
En su origen el río es una veta de agua
—allí, por un momento, siquiera, en esa altura—
luego, al final, un mar que nadie ve
de los que están braceándose la vida.
Porque escribí fui un odio vergonzante,
pero el mar forma parte de mi escritura misma:
línea de la rompiente en que un verso se espuma
yo puedo reiterar la poesía.
Estuve enfermo, sin lugar a dudas
y no sólo de insomnio,
también de ideas fijas que me hicieron leer
con obscena atención a unos cuantos psicólogos,
pero escribí y el crimen fue menor,
lo pagué verso a verso hasta escribirlo,
porque de la palabra que se ajusta al abismo
surge un poco de oscura inteligencia
y a esa luz muchos monstruos no son ajusticiados.
Porque escribí no estuve en casa del verdugo
ni me dejé llevar por el amor a Dios
ni acepté que los hombres fueran dioses
ni me hice desear como escribiente
ni la pobreza me pareció atroz
ni el poder una cosa deseable
ni me lavé ni me ensucié las manos
ni fueron vírgenes mis mejores amigas
ni tuve como amigo a un fariseo
ni a pesar de la cólera
quise desbaratar a mi enemigo.
Pero escribí y me muero por mi cuenta,
porque escribí porque escribí estoy vivo.
Comentado por: rolando gabrielli el 03/4/2008 a las 17:56
Comentado por: Namor Adenip el 03/4/2008 a las 16:17
El Oficio de escribir o de ser un escritor es, entre otras muchas cosas, un ejercicio de liberacion, de denuncia, de soledad.
Sostengo la tesis de que todo escritor es un exelente lector o mejor aun, como dice Marias, todo escritor es un lector que escribe.
Considero que un buen libro es producto de la rica formacion intelectual del autor. Sin emabrgo, cuando pienso en esto ultimo, me pregunto: ¿Autores de la talla de John Grisham, Robert Ludlum o hasta el mismisimo James Patterson (ricos, con aviones privados y bonitas casas de campo), estan intelectualmente capacitados para crear obras memorables?.
Quien sabe, lo cierto es que los tres pertenencen al segundo grupo referido por usted amigo franco-cubano, es decir, para ponerlos en terminos gastronomicos, leer a Joyce Carolo Oates es como cenar en "Le Jules Verne" y leer a Steve Martini es como almorzar en "Burger King". Es una apreciacion demasiado subjetiva y al final, en ambos casos, terminas con la panza llena.
Salud.
Comentado por: Namor Adenip el 03/4/2008 a las 16:15
Jean-François Fogel es francés y tiene 58 años. Periodista y ensayista, trabajó para la Agencia France-Presse, el diario Libération, el semanal Le Point y el mensual Le Magazine Littéraire. Ha vivido una parte de su vida en España donde empezó una segunda carrera como asesor para empresas de prensa. Fue asesor del director del diario Le Monde, desde 1994 a 2002, y sigue trabajando en la concepción y la remodelación continua del sitio Internet creado por el vespertino. Es maestro de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano donde desempeña una línea pedagógica dedicada a la calidad periodística. Publicó varios libros sobre literatura francesa y sobre América Latina. Su libro más reciente es un ensayo sobre el periodismo digital, Una prensa sin Gutenberg (Punto de Lectura, 2007).
Declaraciones de J.-F. Fogel sobre su libro Prensa sin Gutenberg (Vídeo de Youtube)
Artículo en El Mercurio (Chile) sobre conferencia "El exitoso futuro del libro en formato digital".
20/8/2008 11:35
Publicado por: Enea
19/8/2008 18:21
Apasia dio en el blanco de lo...
Publicado por: aurelio fernández
19/8/2008 17:06
Publicado por: rolando gabrielli
19/8/2008 10:12
Creo que han sido demasiado...
Publicado por: tempura
18/8/2008 22:30
Publicado por: aspasia
18/8/2008 22:25
completamente de acuerdo con el...
Publicado por: aspasia
18/8/2008 22:06
Publicado por: aurelio fernández
16/8/2008 18:32
Publicado por: rolando gabrielli
16/8/2008 02:33
Publicado por: aspasia
15/8/2008 23:57
No se hasta que punto quieren al...
Publicado por: manuel barreto m
© 2005 La Oficina del Autor (Grupo PRISA) | Gran Vía, 32 6ª planta - 28013 Madrid | | Aviso Legal | RSS
Página desarrollada por Tres Tristes Tigres