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viernes, 21 de noviembre de 2008

Blog de Demetrio Pin

Lo superficial no es substancial

Al decidir el título que precede tenía intención de soslayar toda jerga filosófica. No obstante, el asunto remite a algunas de las páginas más comentadas de la historia del pensamiento. Implícitamente está en juego lo apuntado en el mito platónico de la caverna (la necesidad de no confundir lo real con un reino de sombras) pero directamente remite a la distinción aristotélica entre aquello que cabalmente es o subsiste (designado en griego por la palabra ousìa, sustancia) y aquello  que sólo  tiene entidad por una suerte de vampirizaciòn de lo anterior. Por ejemplo: la mesa sobre la que escribo es cabalmente, mientras que la superficie de la mesa no puede darse sin la mesa, sólo tiene el ser que la mesa le confiere por su condición de atributo de la misma.

La cosa parece una obviedad, pero como ya he indicado la filosofía se nutre de obviedades que, en algún momento dejan atónito. De ahí que Aristóteles se volcara en este asunto, intentando encontrar un criterio que le permitiera discernir con claridad entre estas dos modalidades: por un lado lo que cabalmente es;  por otro lado lo que se limita a participar del ser de otro. Y lo extraordinario es que dio con el criterio, criterio tan simple que nunca fue puesto en tela de juicio  (aunque fuera desplegado en términos más complejos) a lo largo de la historia del pensamiento. Para ser más precisos, no fue puesto en tela de juicio hasta esa subversión radical en nuestro concepto de lo que es la naturaleza que supuso la Mecánica Quántica. Pero vayamos poco a poco:

Que la mesa es cabalmente, mientras que la superficie de la mesa sólo tiene el ser que le confiere la anterior se muestra en el simple hecho de que la primera puede hallarse en movimiento, mientras que la segunda sólo  alcanza movimiento cuando la mesa se mueve. Pues es obvio que no cabe lanzarle la superficie de la mesa a un potencial enemigo...

Cabría, sin duda, objetar que esto también le ocurre a la pata de la mesa, que ésta no se mueve si la mesa misma no lo hace. Nótese, sin embargo, que arrancando la pata de la mesa ya cabe moverla por sí misma,  mientras que no hay manera de separar la superficie, ni la de la mesa ni la de la pata. En suma: una parte de algo substancial es potencialmente sustancial, mientras que una mera dimensión de algo substancial nunca podrá llegar a serlo. Cabe decir que ahí reside la intrínseca deficiencia de lo superficial respecto de lo substancial.

Aceptando(cosa quizás algo más costosa) que la superficie de la mesa tampoco está  nunca realmente por ella misma en reposo, sino que participa del reposo de la mesa, podemos ya ampliar el criterio de la diferencia aristotélica entre lo sustancial y lo superficial en un sentido que sonará  extraordinariamente familiar a los que hayan tenido trato con un libro de física de bachillerato: sustancial es aquello que tiene cantidad de movimiento, es decir, tiene una masa y tiene una velocidad.(entendiendo que el reposo constituye el caso límite del movimiento, o sea, velocidad nula).

Esto es realmente lo que hay que entender en el complejo deambular de las reflexiones aristotélicas relativas a la sustancia.

[Publicado el 14/12/2007 a las 14:58]

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Comentarios (4)

  • Gracias por el dato erudito Procopio,casi mil años despues,Juan Benet en su Madrid hacia 1950 habla de un condiscipulo,hijo de Antonio Flores de Lemus que era excelente matematico y su intención era viajar a Rusia para profundizar en su estudio.Aqui no veia maestros capaces.Un lastre,con pocas excepciones,la enseñanza de,entre otras disciplinas,el de la matematica en España.
    Ya en el siglo XVII el padre Feijó intenta responder a la cuestión del fracaso de la ciencia en España,el presidente Zapatero parece ser creyente en ese fracaso,solo contrata asesores extranjeros.
    A principios del siglo XX la polemica se reproduce en el seno de la comunidad judia entre askenazis y sefarditas,según recoge Elias Caneti en sus memorias.Los primeros reprochaban a los segundos su practicamente nula aportación a la ciencia en los ultimos dos siglos.
    Posiblemente,Imperio y Contrarreforma sean elementos suficientes para explicar esta singularidad nacional.

    Comentado por: maleas el 17/12/2007 a las 21:14

  • hola otra vez, después de leer el comentario que aun no había leido (he leido los de noviembre), hay un par de cosas:

    -me gusta la equiparación de sustancia y tiempo, porque pienso que cantidad de movimiento es lo mismo que tiempo, el tiempo, o temporalidad que decía Castoriadis.

    -pero esto pone en tela de juicio, no con la mecánica cuántica, sino ya desde Spinoza, que la mesa sea una sustancia, al menos separada. en suma, yo lo dejo aquí porque no domino muy bien los conceptos de física, pero en realidad, pues, la sustancia es en efecto única, y en realidad, no es, sino que deviene, o como decía Castoriadis, es por-ser. Esto desde Anaximandro y su to apeiron, y ahora la cuántica y su "cantidad de movimiento", y el principo de indeterminación de Heisenberg.

    por-ser pienso que es lo que Spinoza llama natura naturans: la mesa sería natura naturata, pero además técnica.

    bueno, ya me he liado. arrivederci.

    Comentado por: procopio el 16/12/2007 a las 22:31

  • hola Víctor, soy Ximo Brotons, tu ex-alumno, oyente, de doctorado.

    si me permites tutearte, por fin le has perdido el miedo a internet. cada vez se te ve más enganchado.

    llevo ya tres años de profesor de filosofía de secundaria. la cosa está bastante mal. hacemos lo que podemos.

    en el curso de filosofía de 1º de bachillerato leemos la entrevista que te hice, como introducción. unos la encuentran ininteligible, a otros les gusta esto o aquello, pero en general le da el tono, guerrero, a todo el curso y gusta. ya hablaré otro día de cómo es este curso.

    ossa: pienso que la diferencia entre Spinoza y Descartes es que Spinoza no separa ("tanto", en sus propias palabras) a dios de la naturaleza, es decir, dios es la sustancia, pero no toda, sino en el modo del pensamiento, que piensa en...la naturaleza (como decía Lucrecio), lo cual de algún modo significa que "el pensamiento se piensa", como decía Hegel, pero a diferencia de Hegel, en Spinoza se piensa empezando y acabando por el cuerpo humano, que es para nosotros la primera naturaleza...

    oye Víctor, a ver cuándo el Punset te invita a su programa, "Redes". En Libertad Digital, por TDT, también hacen un programa de ciencia. Lo dirige el de la revista "Quo" (ya le podrían haber puesto otro nombre).

    al nick maleas: ya sobre el año 1000 en el Madrid árabe hay un matemático importante (lo cita Sánchez Albornoz). luego está la Academia de Herrera, en El Escorial, que Felipe II primero potenció y luego cerró (he ahí el cierre de la vía que podría haber permitido crear una academia de ciencias como las que se crean en el siglo XVII en Londres y París, y luego en Berlín y Estocolmo). Jorge Juan lo intentó después en el siglo XVIII, pero no fue hasta 1840´s cuando se crea una academia de ciencias española.

    así es difícil. pero ahora tenemos mejores condiciones. hace año y medio, en verano se celebró un congreso internacional de matemáticas, en Madrid.

    estoy de acuerdo contigo maleas en que en Egipto no se hacían propiamente matemáticas.

    por otra parte, contar, también contaban los homínidos, o no?

    saludos a todos.

    Comentado por: procopio el 16/12/2007 a las 20:05

  • Dividiendo a los entes en substancia y accidentes hay que preguntarse, ¿subsiste la substancia cuando se eliminan algunos o todos los accidentes? Por ejemplo, si eliminamos no una sino todas las patas de una mesa, ¿subsiste la mesa o la substancia de la mesa? Si la substancia es lo que se concibe por sí, entonces no hay ninguna substancia o, en todo caso, solo hay una concebible que es Dios, según pensaba Spinoza.

    Comentado por: ossa el 14/12/2007 a las 18:02

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Biografía

Sintiéndose próximo más bien a ciudades que a países, Demetrio Pin ha tenido estrecho lazo personal y profesional con Paris, Barcelona, Ronda (ciudad de la que se considera hijo adoptivo), San Sebastián y Venecia. De llevarse a término su proyectada participación en un proyecto interdisciplinar, incluirá en esta lista una gran ciudad portuaria en los confines de Rusia.
 
Vinculado  durante muchos años con la filosofía (que ha enseñado en diferentes universidades europeas) y en consecuencia confrontado a la cuestión de la verdad, Demetrio Pin apunta en estas páginas más bien a desenmascarar los expedientes mediante los cuales la mentira se infiltra en cuerpos, construcciones del espíritu, y sistemas de valores, hasta convertirse en el auténtico lubrificante de la máquina social de los humanos. En contrapunto, tomando como peldaño páginas de Marcel Proust, Melville y otros grandes del verbo, explora la vieja  conjetura de que los hombres sólo quedan  redimidos cuando esa misma palabra que han repudiado impregna sus vidas hasta reducirlas a materia de un relato.

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