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viernes, 21 de noviembre de 2008

Blog de Demetrio Pin

Digresión: responder uno mismo al ideario humanista

Hace un tiempo, me encontré al amanecer rememorando una sencilla canción popular francesa en la que esplendorosas metáforas hablan de caballos del rey saciándose en el cauce profundo que brotaría en el cenit del lecho nupcial.

Pensé entonces que si aquellos versos fueran simplemente evocados por el mismo espíritu que lucha por entender las fórmulas que, en la Relatividad Restringida, sentencian el fin del tiempo absoluto, en ese mismo momento se vería actualizado el ideario humanista. Pues el hecho de que parezca diferirse una y otra vez la puesta en marcha de una sociedad liberadora de las capacidades de sus ciudadanos, no debe de servir de excusa para diferir asimismo el combate por la propia legitimación. En ausencia de esta lucha hay el peligro de caer en la inercia, siempre perezosa y estéril, no sólo respecto al conocimiento, sino también respecto a la exigencia moral.

Es usual que una persona tenga el sentimiento de configurar una imagen ante los demás que en realidad es impostada, y también es usual que esta doblez no perturbe en exceso su grado de autoestima. Mas todo hombre tiene, en un registro más o menos encubierto, una exigencia de veracidad y por ello la impostura acaba provocando una quiebra que puede llegar al nihilismo, al repudio de sí mismo.

El problema, sin embargo, quizás no resida tanto en haber respondido en el pasado como en responder en el futuro, no tanto en la imagen hipostasiada, como en la imagen a configurar, no tanto en la dignidad que no alcanzamos en el pasado, como en la hemos de alcanzar.

Y respeto a este ser que ha de forjarse en un combate continuamente renovado, hay en ocasiones modelos que son propios. Todo depende de si se ha dado o no se ha dado la fortuna de haber encontrado uno de esos seres que, movidos por un instinto afirmativo, han apartado la trama de nuestros encubrimientos para ver en nosotros tan sólo el rescoldo de la humanidad. Quien haya tenido esa fortuna ha de forjar con su vida una historia que esté a la altura de esa mirada, simplemente para no perderse a sí mismo el respeto.

[Publicado el 27/12/2007 a las 09:30]

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Comentarios (3)

  • ¡mira quién habló que no cayó! saludos MM.

    Comentado por: marisol el 28/12/2007 a las 20:26

  • Procopio,creo que Gomez Pin describe con concreción y claridad lo que entiende como proceso de naturalización del hombre.Del sistema productivo vigente,o con mas precisión,dominante tratamos otro dia.

    Comentado por: maleas el 27/12/2007 a las 19:15

  • Excelentes palabras, señor Gomez Pin. (Vamos, pienso yo).

    Comentado por: lenz el 27/12/2007 a las 12:19

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Biografía

Sintiéndose próximo más bien a ciudades que a países, Demetrio Pin ha tenido estrecho lazo personal y profesional con Paris, Barcelona, Ronda (ciudad de la que se considera hijo adoptivo), San Sebastián y Venecia. De llevarse a término su proyectada participación en un proyecto interdisciplinar, incluirá en esta lista una gran ciudad portuaria en los confines de Rusia.
 
Vinculado  durante muchos años con la filosofía (que ha enseñado en diferentes universidades europeas) y en consecuencia confrontado a la cuestión de la verdad, Demetrio Pin apunta en estas páginas más bien a desenmascarar los expedientes mediante los cuales la mentira se infiltra en cuerpos, construcciones del espíritu, y sistemas de valores, hasta convertirse en el auténtico lubrificante de la máquina social de los humanos. En contrapunto, tomando como peldaño páginas de Marcel Proust, Melville y otros grandes del verbo, explora la vieja  conjetura de que los hombres sólo quedan  redimidos cuando esa misma palabra que han repudiado impregna sus vidas hasta reducirlas a materia de un relato.

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