El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
domingo, 7 de septiembre de 2008
Entereza (andreia, 2)
Hay males que, por muy frecuentes que sean, tienen un carácter contingente. Así, la bajeza de nuestros congéneres es constatable por doquier en las sociedades humanas; no puede decirse, a priori, que no cabe sociedad sin que se dé, por ejemplo, ese abuso del débil que constituye el rasgo universal de los canallas. Con matices, ciertamente, cabría decir algo análogo del deterioro que designamos con el término enfermedad. Es muy probable que nuestra vida se prolongue en una situación de progresiva decadencia biológica, pero tal cosa no es absolutamente segura. Cabe, por ejemplo, morir de accidente puntual, en plena posesión de las facultades físicas e intelectuales. En fin, por generalizada que sea hoy en día la convicción de que es inevitable la jerarquización de los humanos entre los poseedores de bienes materiales y los condenados a una vida de indigencia, tal convicción no deja de ser un prejuicio, es decir, algo no sometido a cabal crítica. Y hasta cabe aventurar que se trata de un prejuicio derivado de una suerte de melancólico pesimismo respecto de la condición humana.
En suma, cabe al menos aventurar la hipótesis de que (en una sociedad ciertamente ordenada por criterios antitéticos de los que hoy rigen) un ser humano pudiera no verse confrontado a la ruindad moral ajena y a la pobreza o enfermedad propias, con lo cual, el problema de mantener la entereza ante la inminencia de esos males no se presentaría siquiera.
Indiscutiblemente, muy diferente es el caso de la muerte. Esta aparece como algo correlativo de la vida misma, de tal manera que hablar de una vida sin muerte (o viceversa) tiene tan poco sentido como hablar del polo positivo del imán en ausencia del polo negativo; o hablar de un lenguaje humano que no estuviera materializado, que no tuviera como soporte y origen el registro genético, un lenguaje angélico, un verbo sin carne. Los que no se aferran a tan fantasmática perspectiva, los que no se distraen de la verdad; los que asumen las consecuencias de que la existencia biológica se halla afectada por la finitud responden con entereza (andreia) ante la inevitable confrontación.
[Publicado el 11/2/2008 a las 10:44]
El "no" inhibidor lo podemos oír sólo cuando estamos abiertos a la compulsión, cuando aún con miedo, en cierto grado nos apartamos de la condición animal, y nos acercamos al conocimiento de la muerte y de sus supuestos terrores.
Encontramos en el estado actual del hombre muchas dificultades superadas a través de un largo periodo evolutivo, pero precisamente esto que se nos ofrece ventajosamente como cultura a la par nos aleja de la naturaleza, siendo la propia naturaleza humana la que nos es más extraña. ¿Sabremos liberarnos del ocultamiento paranoico, para así restablecer el vínculo con nuestra naturaleza original? ¿o llegaremos tarde con nuestras reflexiones? En cualquier caso, estaría bien ser acompañados en el trance por Eros.
Buenas noches,
Comentado por: francesca el 12/2/2008 a las 00:29
Desde hace muchos años ha tenido el centro de su vida en la filosofía académica, que ha enseñado en diversas universidades europeas. Recupera ahora interrogaciones vinculadas a su infancia y proyecta colaborar con un equipo interdisciplinar que tendrá una de sus referencias en la ciudad de Vladivostok.
05/9/2008 14:24
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