El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
lunes, 13 de octubre de 2008
Ante el estupor de Kant...
En su Metafísica de las costumbres, Kant intenta poner de relieve la imposibilidad de que el orden social, y hasta el natural, persistiera si las máximas de acción contrarias a la moralidad fueran erigidas en leyes universales a las que se adecuaría necesariamente nuestro comportamiento. Uno de los ejemplos que el pensador nos ofrece es relativo a la palabra empeñada, ejemplo concretizado en la persona que, apurada, solicita una ayuda económica. Esta persona puede hallarse tentada de prometer su devolución en un plazo determinado, aun a sabiendas de que ello no va a ser posible. Por definición, la palabra no surtirá efecto más que si el que la enuncia es susceptible de ser creído. Si la enunciación de falsas promesas fuera erigida en ley universal determinante del comportamiento, de tal manera que toda promesa tuviera entre sus rasgos esenciales el ser falsa... obviamente nadie avanzaría un penique, pues tendría la certeza de no recuperarlo.
El ejemplo no es excesivamente convincente, pues sabido es que en la inmensa mayoría de casos en los que el dinero está en juego, las variables que instan a la devolución suelen ser mucho más diversas que el respeto a la palabra y el imperativo de su cumplimiento. Pero no es este el aspecto que ahora quisiera discutir.
Estamos en España en campaña electoral y los periódicos de todas las tendencias se hacen eco del derroche de promesas electorales por parte de los diversos candidatos. La crítica se acentúa más o menos en función de la línea editorial, pero en la generalidad de los comentarios predomina un tono irónico, que esconde una suerte de fatalista convicción respecto a que la cosa pudiera ser de otra manera. En el fondo-parecen decirse- las falsas promesas se multiplican porque es intrínsico ingrediente de la vida política el que se alimente a los ciudadanos con perspectivas fantasiosas. De hecho varias veces he oído a comentaristas de la campaña evocar la frase atribuida a Tierno Galván según la cual "las promesas electorales están hechas para no cumplirse". Lo curioso de la actitud de los destinatarios de promesas electorales, es que parecen perfectamente convencidos de que la cosa es así. Abordaré este asunto en la próxima entrega.
[Publicado el 18/2/2008 a las 11:15]
Tal vez mañana su disposición le lleve a hablarnos de Platón, sobre la incompetencia y el espíritu de facción, como los dos grandes males políticos fundamentales a los que nos seguimos enfrentando hoy; o de Aristóteles y las causas de la decadencia en los estados democráticos, lo que representaría una vuelta a la filosofía política, lo cual estaría bien, dada la falta de cultura políca que se observa en este país de soñadores.
El estilo prudente que nos viene mostrando, me hace suponer que no nos hablará de Diógenes, seguro que no. No dirá aquello de que cualquiera que sea la clase social, la mayor parte de los hombres son estúpidos. Claro que es poco edificante extremar, y la verdad es que los déspotas ilustrados son poco simpáticos.
Nosotros, los que estamos viviendo en esta época de España (aún), y no nos place participar, ni siquiera observar de cerca las facciones, a nosotros nos corresponde apechugar con la incomodidad de actuar en negativo, algo poco estimulante. Votamos para que boten del poder que no merecen.
Por mi parte, aunque vea poco la tele, y no compre ningún periódico, me entero de algunas declaraciones de nuestra clase política, y me llena de asombro escuchar cosas como: “Yo hice la mayor subida de las pensiones…” o “Yo haré que las amas de casa cobren un sueldo…” Y digo yo si es que estarán disfrutando de alguna herencia fabulosa que comparten con nosotros, los pobres idiotas que pagamos con nuestros impuestos sus viajes y estancia en hoteles de cinco estrellas, etc. Disculpe la salida de tono, pero es que… lo evidente es que se representan a ellos mismos, sin más. Las siglas de cada partido deberían revisarse, porque ¿qué significan hoy?
Un saludo,
Comentado por: francesca el 18/2/2008 a las 20:59
Sintiéndose próximo más bien a ciudades que a países, Demetrio Pin ha tenido estrecho lazo personal y profesional con Paris, Barcelona, Ronda (ciudad de la que se considera hijo adoptivo), San Sebastián y Venecia. De llevarse a término su proyectada participación en un proyecto interdisciplinar, incluirá en esta lista una gran ciudad portuaria en los confines de Rusia.
Vinculado durante muchos años con la filosofía (que ha enseñado en diferentes universidades europeas) y en consecuencia confrontado a la cuestión de la verdad, Demetrio Pin apunta en estas páginas más bien a desenmascarar los expedientes mediante los cuales la mentira se infiltra en cuerpos, construcciones del espíritu, y sistemas de valores, hasta convertirse en el auténtico lubrificante de la máquina social de los humanos. En contrapunto, tomando como peldaño páginas de Marcel Proust, Melville y otros grandes del verbo, explora la vieja conjetura de que los hombres sólo quedan redimidos cuando esa misma palabra que han repudiado impregna sus vidas hasta reducirlas a materia de un relato.
12/10/2008 13:22
Si el tiempo es una forma humana...
Publicado por: el tiempo forma parte del relato
12/10/2008 11:17
Publicado por: mªjosé
11/10/2008 15:22
Pues por casa anda un can que...
Publicado por: endivia
10/10/2008 19:24
Publicado por: maleas
10/10/2008 12:12
Desde la barrera los toros se...
Publicado por: maleas
08/10/2008 22:59
Publicado por: mitin
08/10/2008 22:05
28 de Septiembre,San Mateo. ...
Publicado por: maleas
08/10/2008 17:42
Hola, como leo estos comentarios...
Publicado por: endivia
08/10/2008 15:30
Que los que lo sepan lo aclaren.
Publicado por: Es fácil
08/10/2008 15:28
Publicado por: el gran error
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