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jueves, 28 de agosto de 2008

Blog de Demetrio Pin

La inevitable doblez

/upload/fotos/blogs_entradas/marcel_proust1_med.jpg"El antiguo camarada me dijo que no había cambiado y comprendí que él no se creía cambiado. Entonces lo miré mejor. Y, en realidad, salvo que había engordado tanto, conservaba muchas cosas del tiempo pasado. Sin embargo, yo no podía comprender que fuera él. Entonces procuré recordar. En su juventud tenía los ojos azules, siempre reidores, perpetuamente móviles, en busca, evidentemente, de algo en lo que yo no había pensado, búsqueda que debía ser muy desinteresada, seguramente en pos de la verdad, perseguida en perpetua incertidumbre, con una especie de travesura...Y ahora, convertido en político influyente, poderoso, despótico, aquellos ojos azules que por lo demás no habían encontrado lo que buscaban, se habían inmovilizado, lo que les daba una mirada puntiaguda, como bajo unas cejas fruncidas. Y la expresión de jovialidad, de abandono, de inocencia, se había tornado en una expresión de astucia y disimulo." (Marcel Proust)

En las sociedades que respetan, al menos formalmente, el lema libertad, igualdad, fraternidad, no hay discurso político, educacional, o simplemente periodístico en el que se cuestione el postulado de que los seres humanos somos equiparables en dignidad.

En una de las reflexiones que aquí he ido avanzando ponía el énfasis en el hecho siguiente:

Piense lo que piense en realidad, ningún responsable se atrevería a aseverar que hacer daño a alguien como Einstein (en razón meramente de ser judío) sería más grave que aprovecharse, por ejemplo, de un inmigrante clandestino, analfabeto y diezmado en sus potencialidades intelectuales por el abandono, el miedo y la miseria.

Obviamente esta posición ha de encontrar soporte en una tesis digamos filosófica. Pues las declaraciones de principio sobre la equivalencia de los seres humanos son mero fariseísmo, si no se acepta que, tras las abismales diferencias económicas, sociales, intelectuales y de capacidad física que separan a los humanos, hay algo que los homologa y que tiene mayor peso que todas las diferencias evocadas. Aunque no siempre, participo de un cierto optimismo antropológico que me hace pensar que la convicción de la equivalencia salva veritate entre todos los hombres está profundamente arraigada, como un corolario del kantiano Imperativo categórico.

¿Por qué entonces, al referirme hace unas líneas a las siempre correctas declaraciones de nuestros políticos, preciso "piense lo que piense en realidad"? ¿Por qué esta sospecha de una potencial doblez en quien -responsable político- habría de representar el proyecto mismo de salvar la ciudad? Casi diría que, desgraciadamente, no se trata de una cuestión de indigencia, falacia o traición meramente subjetivas. Algo vinculado a un repudio social de la verdad, ese mismo repudio que funda el pesimismo respecto a la filosofía, hace quizás inevitable que la figura del político responda, en su ademán, y sobre todo en su mirada a la atroz descripción de Marcel Proust que encabezaba estas líneas.

[Publicado el 04/3/2008 a las 11:15]

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Comentarios (2)

  • (De Platón, La República)
    ¿No son muy escasos los que pueden elevarse hasta lo bello en sí y contemplarlo en su esencia?
    -Muy raros.
    ¿Qué significa la vida en un hombre que conoce en verdad las cosas bellas, pero que no tiene ninguna idea de la belleza en sí misma, ni es capaz de seguir a los que quieran hacérsela conocer? ¿Es un sueño? ¿Es una realidad? Fíjate. ¿Qué es soñar? ....
    Bellísimo, Sr. Gómez Pin. Emocionante todo el recorrido de estos últimos artículos. Gracias. Lo que quería escuchar.

    Comentado por: crcalvo el 05/3/2008 a las 12:07

  • Pero admitiendo que al hombre lo singulariza la capacidad de razonamiento, no es evidente que la razón se identifique con el ser moral. Se razona para alcanzar el bien personal, que no siempre coincide con el bien social; se podría incluso afirmar que el bien social es aceptable y conveniente en cuanto coadyuva al bien personal, pero ni un paso más. Y si ciertas virtudes sociales, fraternidad, solidaridad, etc, están ancladas en nuestra conciencia es porque, en general, son favorables a nuestro bien personal, a nuestra permanencia en el ser. Pero si alguna virtud social, o tomada por tal, es un freno a nuestro bien personal, utilizaremos la razón, afortunada baza, para superar ese impedimento, y así debe ser.

    Comentado por: ossa el 04/3/2008 a las 19:43

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Biografía

Desde hace muchos años ha tenido el centro de su vida en la filosofía académica, que ha enseñado en diversas universidades europeas. Recupera ahora interrogaciones vinculadas a su infancia y proyecta colaborar con un equipo interdisciplinar que tendrá una de sus referencias en la ciudad de Vladivostok.

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