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El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

sábado, 11 de octubre de 2008

Blog de Demetrio Pin

Restos de un puerto de mar

Dona'm la mà, que anirem per la riba

ben a la vora del mar

bategant

Joan Salvat-Papasseit

 

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Desde el muelle que cierra en paralelo la entrada de ese ramal del puerto puede vérseles erguidos sobre el puente de proa, o en la  popa disponiendo para el desembarque las cajas donde parece depositarse la pesca lograda,  pues en torno revolotea una bandada  de gaviotas que seguían la embarcación desde kilómetros antes de la entrada al puerto. Es la caída de la tarde y esos hombres han debido  estar faenando casi sin interrupción desde que se hicieron a la mar, punteando el alba.  En el muelle, donde todo está dispuesto para la descarga, destaca un reloj de cuatro caras sobre una armoniosa torreta de piedra y en torno a lo que parece ser la lonja  se despliegan barracones  irregulares  hechos de materiales diversos y antiguos, que confieren al conjunto el  aire y la estética de descoordinación que caracteriza a los aledaños industriales de los pueblos.

Es previsible que en el lugar haya una cantina y que, finalizada realmente la jornada, descargado y distribuido el pescado, esos hombres de los barcos encuentren en torno a unas cervezas un momento de distensión y fraternidad, encuentren ese descanso que -en las antípodas del ocio- es a la vez corolario y complemento de todo trabajo noble.

¿Evocación, en las líneas que preceden,  de un puerto septentrional en las riberas del Gran Sol, o de  ese puertecito del Mezzogiorno que selló para siempre la mirada conmovida del Visconti de La Terra trema? En absoluto. Estoy simplemente evocando una imagen que cualquier barcelonés pueda aun contemplar, al final de la intransitable Rambla, y si tiene la entereza suficiente  para atravesar (sin desviar la mirada de un brazo de agua  por todas partes cercenado) esa cristalización de  miseria consumista,  evasión  waltdisneyniana, espíritu de rapiña y alcahuete arquitectura  al servicio del conjunto, que ha corrompido literalmente lo que estaba destinado a ser un puerto de mar, nada más ni nada menos que un puerto de mar.

[Publicado el 25/3/2008 a las 13:30]

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Comentarios (2)

  • ¿Es un encanto ver cómo llegan reventados por el trabajo del mar un puñado de pescadores?

    Desde luego el contraste no me parece acertado. Si para denunciar la estupidez contemporánea hay que recurrir a la miseria.

    Pregúntenle a un pescador si tenía algo de poético y lindo su trabajo. Se jugaban la vida, pudrían su salud. ¿Quién lo ignora?

    Comentado por: lenz el 26/3/2008 a las 13:18

  • ¡Bonito y sensible artículo, sr Gómez Pin! La 'encantadora' Barcelona acabando eficazmente con sus pocos últimos encantos.
    PD. Lástima no haber estado en las incursiones políticas de los últimos textos. Es delicado eso de remitir mentiras a unos u otros. Y, ¿no es igual que mentir -o quizás una actitud de singular engreimiento- hacer caso omiso de las interpelaciones sobre la realidad?... Bah, el artículo de hoy es muy bonito.

    Comentado por: Baldung el 25/3/2008 a las 16:32

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Biografía

Sintiéndose próximo más bien a ciudades que a países, Demetrio Pin ha tenido estrecho lazo personal y profesional con Paris, Barcelona, Ronda (ciudad de la que se considera hijo adoptivo), San Sebastián y Venecia. De llevarse a término su proyectada participación en un proyecto interdisciplinar, incluirá en esta lista una gran ciudad portuaria en los confines de Rusia.
 
Vinculado  durante muchos años con la filosofía (que ha enseñado en diferentes universidades europeas) y en consecuencia confrontado a la cuestión de la verdad, Demetrio Pin apunta en estas páginas más bien a desenmascarar los expedientes mediante los cuales la mentira se infiltra en cuerpos, construcciones del espíritu, y sistemas de valores, hasta convertirse en el auténtico lubrificante de la máquina social de los humanos. En contrapunto, tomando como peldaño páginas de Marcel Proust, Melville y otros grandes del verbo, explora la vieja  conjetura de que los hombres sólo quedan  redimidos cuando esa misma palabra que han repudiado impregna sus vidas hasta reducirlas a materia de un relato.

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