El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
viernes, 29 de agosto de 2008
No al modelo Venecia

Venecia. Ca D` Oro.
"Aprehéndeme, ahora que paso ante ti, si tienes fuerza para ello y
lucha por resolver el enigma de felicidad que te propongo...
e inmediatamente la reconocí, era Venecia" (Marcel Proust)
En Venecia, en la contigüidad del célebre Ca D` Oro, se encuentra el palacio denominado Sagrado, con entrada por el Campo Santa Sofía y amplia balconada al Gran Canal, a la altura del mercado de Rialto, núcleo de la vida veneciana.
Al ver el nombre de Sagredo en una casa del Gran Canal, algún viajero experimentará quizás una viva emoción. Pues un lector de Galileo evocará necesariamente el Diálogo que cambió algunas de nuestras coordenadas de pensamiento. En realidad la actual casa Sagredo nada tiene que ver con la que sirve de marco imaginario al diálogo. Los Sagredo a los que debe su nombre proceden al parecer del barrio veneciano de San Francesco della Vigna, y sólo en el siglo diecinueve se habrían mudado al Gran Canal.
De hecho, hasta hace unos años la nobleza de la casa, y hasta el carácter de Palazzo resaltaba más bien poco, en parte por cierto descuido en el mantenimiento, pero sobre todo por el uso funcional que de ella se hacía. Las dependencias de la planta baja servían de sede a instituciones públicas como Cantina Sociale o Ente Nazionale de Protezione Animale. Había también negocios como el del agente comercial Doctor Baroncini o el del especialista en obstetricia Doctor Refuffi.... Eran años en que la belleza conmovedora de la ciudad y su enorme peso histórico no eran óbice para que Venecia fuera un lugar para ser habitado por sus ciudadanos y visitado por respetuosos viajeros, lejos del parque temático para turistas, ociosos y explotadores de ambos en que amenaza convertirse.
En Ca Sagredo ya no hay ahora dependencias municipales, ni se ejerce allí profesión alguna que pueda interesar al habitante de la ciudad, pues el inmueble ha sido objeto de una costosísima remodelación, destinada a convertirlo en albergo: uno más de esos hoteles considerados de lujo que, desde Santa Maria Formosa a la Giudecca , son el inevitable destino de todo edificio con visos palaciegos, cuya inevitable restauración no es abordable por los inquilinos o propietarios, que en ocasiones los habitan desde generaciones atrás.
De tal forma la esplendorosa Venecia se vacía. Se vacía de venecianos, ya menos de sesenta mil, y se puebla de centenares de miles de turistas que, del alba al anochecer, deambulan guía en mano, en busca de algún rescoldo de alma ciudadana, sin la cual sienten que la belleza que contemplan carece de aliento. Búsqueda infructuosa, pues el veneciano se protege...
En Venecia, como en tantos lugares diezmados por el fenómeno del turismo de masas y la parodia de mirada etnológica que genera, un velo cubre la cotidianeidad de quien habita aun la ciudad, y los sentidos del visitante han de conformarse con una adulterada caricatura. Suerte de apartheid del espíritu, inevitable cuando la situación se hace insostenible, cuando el abandono de Venecia a la ley del mercado es ya para la ciudad amenaza letal; amenaza que no pueden dejar de experimentar incluso aquellos ciudadanos en principio favorecidos por la situación. Y así, ese mismo veneciano que se nutre literalmente del turista, puede llegar a aborrecer la presencia de éste en el baccaro, taberna, o en la ostería en los que se reúne con los suyos. Para servir (y explotar) al omnipresente turista, lugares emblemáticos de la vida veneciana, como la misma plazoleta del mercado de Rialto, son convertidos en tristes comederos, dónde jamás un veneciano toma asiento.
Hablando con personas que siguen la evolución sociológica de la ciudad, percibí la alarma sobre lo que significa (como consecuencia del aluvión turístico) la presencia en el transporte lagunar de motores cada vez más potentes, con efectos sísmicos y percusivos que dañarían los fundamentos de las casas y palacios, nunca en su historia expuestos a turbulencias de este tipo. Más inesperada es la preocupación por la multiplicidad de desagües que conlleva la multiplicación exponencial de aseos y cuartos de baño, como consecuencia de la conversión de las casas en hoteles. Pues, en una estructura urbana tan compleja como Venecia, resulta al parecer muy difícil adaptar los sistemas de canalización a este incremento de los vertidos. Esto, obviamente, nada tiene que ver con l'acqua alta (dependiente mayormente de vicisitudes debidas al viento sirocco), pero sí quizás con la acqua bassa, en la medida en que contribuye a romper el equilibrio entre la estructura lagunar y la estructura urbana:
Pues Venecia no es un milagro, sino el fruto de un tremendo esfuerzo y de un mimo que sólo persistiendo puede hacer que la ciudad, en su irreductible singularidad, perdure. Venecia habla con cierta distancia de la terraferma, de ese lugar dónde las casas tienen natural cimiento, calificando a los que allí habitan con el término campagnoli y reservando para sus hijos la condición de cittadini. Pero Venecia no olvida que de terraferma llegó la piedra y el hierro que hicieron posible que una naturaleza inhóspita fuera arrancada a su evolución espontánea para ser prodigiosamente convertida en marco para el hombre. De hecho la propia laguna hubiera muy probablemente desaparecido, convertida en mísera tierra de aluvión, sin este esfuerzo por humanizarla, de tal modo que, cabe decir, Venecia protege por su misma erección la laguna sobre la que se funda.
Mas por eso es tan importante que Venecia no escape a la relación esencial con el agua, lo cual supone mantener viva la herencia marinera, resistirse a la conversión de su singularidad en mero espectáculo. Venecia está perdida si se resigna a vivir de la mera representación de lo que fue, si instrumentaliza el prodigioso binomio laguna-ciudad, en lugar de mantenerla como causa final de su actividad.
En múltiples lugares de su Recherche Marcel Proust se complace en describir la explosión de ensoñaciones que provocaba en su espíritu el nombre mismo de Venise, eco de ciudad intrínsicamente expuesta, erigida como desafío, irreductible a toda tentativa de explicación en razones de necesidad o peligro.. Ciudad en la que todo viajero cree reconocer una suerte de origen, la propia matriz, tan propia como perdida.
En esta potencia de provocar un sentimiento de reencuentro reside la universalidad de Venecia. Mas esta potencia es indisociable de la persistencia de una vida veneciana. Cuando el equilibrio entre habitantes de la ciudad (los únicos que pueden preservar su carácter) y visitantes se rompe, entonces Venecia configura un modelo al que desgraciadamente se pliegan otras ciudades susceptibles de publicitar sus encantos. Pues al igual que, de hecho, la plaza San Marco está vedada a los que en Venecia residen, darse una cita en una terraza de la Rambla es algo que entre barceloneses constituye hoy algo insólito.
Mas San Marco y La Rambla eran precisamente emblemáticos lugares de encuentro o paseo para los habitantes de estas ciudades, con lo cual cabe decir que los ciudadanos han sido desposeídos de una parcela de si mismos. Desahucio espiritual correlativo a menudo de desahucios empíricos. Pues los nacidos en Venecia (y que trabajan en ella) se ven hoy obligados a vivir en Mestre, como muchos de los que vivían en centros históricos de Barcelona, Sevilla o Dijon constataban que su degradado barrio se remodelaba...a la par que sus posibilidades de seguir habitándolo menguaban.
[Publicado el 28/3/2008 a las 13:20]
El veneciano ha perdido San Marco durante el día pero no durante la noche.
Tuve la suerte de residir durante algo más de un año en la laguna y todas las noches volvía a casa pasando por San Marco. Es en esos momentos con la piazza vacía y cubierta por una densa niebla cuando uno realmente la disfruta y "reconoce una suerte de origen" en la Repubblica Serenissima di Venezia.
http://serenissimus.blogspot.com/
Comentado por: Ignacio el 19/6/2008 a las 12:07
Yo le diría a Francisco J Fernández, que si es quien yo imagino que es, el autor de los ensayos "El descrédito de los quilates" y "el Filósofo del Océano", me congratula tener noticias suyas. Soy Imanol, de Portugalete, amigo de los Balza, baltza, filósofos mariazambranistas y desgarradores del tiempo. Un saludo desde la poesía. Ya ves, Vícotr, tu blog sirve para unir aquello que nunca se desunió. In tu blog invenitur.
Comentado por: Imanol Gómez Martín el 31/3/2008 a las 21:31
Comentado por: Cecilia el 31/3/2008 a las 15:53
Comentado por: Cecilia el 31/3/2008 a las 15:52
Querido Victor. En tus clases hablabas de aquellas virtudes sin nombre de Aristóteles. Enfadarse con la felicidad no merecida, por ejemplo: podrías ser más explćito? Un abrazo.
Comentado por: Francisco J. Fernández el 31/3/2008 a las 13:10
precisamente desde que se llama "La Rambla" y no las Ramblas, englobando a varias "ramblas de", es inhabitable Barcelona, que como Venecia y sus leones, tiene en el nacionalismo -que diríase que para el autor de este blog no existe o es irrelevante o es inocente- un claro compañero de viaje de esta inhabitabilidad.
Comentado por: chimo74@hotmail.com el 30/3/2008 a las 21:31
¿Pero qué nos queda que no nos lo turbe la turba de turistas informes con pantalocito corto y camara inmune a la belleza? ¿Qué espacio, qué canal o qué campo dónde no ver a los estultos bárbaros cuya única virtud es la de ser capaces de afear lo bello?
Nos queda San Lázaro? Nos queda Vicenza?
Comentado por: Ardinghello el 30/3/2008 a las 20:57
Ave Víctor: Después de la imposición horaria que como sumisos siervos de esta europa con olor a naftalina, sufrimos en nuestro diario devenir, pero que nuestros cuerpos, a menudo, más sabios y recios que esos relojes, ojalá blandos y dalinianos, nos imponen el paso marcial del pensamiento y sentimiento únicos; después, decía de leer los comentarios sobre las venecias de la memoria, me vienen a la mía dos libros publicados por la editorial Pre-textos: uno es del crítico José Luís García Martín, titulado Arco del Paraíso, donde el autor expresa su sueño de ser peatón en Venecia. Los poetas deberíamos buscarle allí sede permanente.
El otro libro titulado "La otra Venecia" de Pedrag Matvejevic encontramos una Venecia estética, pero sin roce con lo ético. He aquí, como casi siempre, (salvando la saga policiaca de Donna León-Brunneti y cía.)el inmenso drama de la Ciudad ideal. Pedazo guiño que incorporo.
Comentado por: Imanol Gómez Martín el 30/3/2008 a las 12:16
Hola Victor,
Repito mi comentario, tu reflexión me recuerda el panfleto de Régis Debray "Contre Venise", que leí en su momento en la Bibliothèque de la Cité, como cuento en mi novela Le Coeur Un.
Un saludo muy agradecido,
Juan Asís
Comentado por: Abenyusuf el 30/3/2008 a las 04:46
incluido en el ideal de ciudadanía griega
está la libertad de mercado, esto es algo que usted debiera aprender ya de una vez
supongo, sr. Gómez Pin, que debajo de la foto que decora este cuadernillo, tendría que poner: "Ayudando a los obreros y a las clases pobres". No sé si por una exigencia cínica o por la kantiana (por aquello de la kantiana "obediencia debida")
si de algo ha servido esta legislatura pasada, horrorosa para un servidor, es saber de primera mano la gran falacia de la 2ª república, por qué y cómo fue una mierda y fracasó, en circunstancias internacionales diferentes, como lo hizo
ahora, 2008, tenemos ya un Estado asimétrico, jeje, qué simpático, cuántos derechos para todos, qué relato y qué modernización..
sobre los buenos modales del sr. Rodríguez Zapatero, no sé bien a qué se refiere o mejor dicho a qué no se refiere.
el hecho de que la audiencia lo diera ganador en dos debates en que -sin citar otras cosas- defendió disparates como su pésima y demagógica, a la par que mafiosa, ley de educación, el pre-democrático e inconstitucional estatuto catalán, el ilegal proceso de paz, y la totalitaria normalización lingüística, pone bien a las claras el grado de nihilismo social al que ha llegado la modernizada y simpática sociedad española
eso sí (lástima que el grupo mediático que patrocina este cuadernillo sea el principal responsable)
las universidades también (aunque no den cuenta de nada)
Comentado por: ximo brotons el 29/3/2008 a las 00:19
Precioso. Me ha gustado muchísimo este texto y también las palabras que lo encabezan (de Proust). "reconocer una suerte de origen, la propia matriz, tan propia como perdida". Eso me sucedió en Marrakech.
Comentado por: alicedd el 28/3/2008 a las 22:05
Desde hace muchos años ha tenido el centro de su vida en la filosofía académica, que ha enseñado en diversas universidades europeas. Recupera ahora interrogaciones vinculadas a su infancia y proyecta colaborar con un equipo interdisciplinar que tendrá una de sus referencias en la ciudad de Vladivostok.
29/8/2008 03:12
Publicado por: francesca
28/8/2008 22:05
...recorrer el camino a caballo...
Publicado por: asier
28/8/2008 20:55
Publicado por: Mercedes
28/8/2008 20:35
Publicado por: vic
28/8/2008 14:02
Estoy pensando que no todos...
Publicado por: mitin
28/8/2008 13:38
Publicado por: Mitin
28/8/2008 10:57
Publicado por: meditabundo
28/8/2008 10:47
El erudito nada sabe pero solo...
Publicado por: maleas
26/8/2008 08:05
Publicado por: Mercedes Beroiz
25/8/2008 19:17
El erudito nada sabe. Eso ya lo...
Publicado por: maleas
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