El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
viernes, 10 de octubre de 2008
...Y llega Kant al socorro
Sugería en el texto que precede que sería contrario a la dignidad de la razón (tal como Kant la concibe) el que ese testigo del persistir de lo humano que constituye mi propia conciencia individual se imponga como máxima de su acción el dejar de persistir. Lo racional, se diría, es que mientras quede un átomo de espíritu, la vida humana sea mantenida.
De tal forma, el rigorismo kantiano viene a dar algún tipo de fundamentación racional a los indigentes discursos sobre el carácter sagrado de la vida con los que reaccionarios de todo cuño cierran el paso a la menor veleidad de dar cobertura legal al recurso de la eutanasia. Y ello aun en los casos punzantes en los que la prolongación de la agonía ajena se acerca peligrosamente a la actitud consistente en apurar una inconfesada satisfacción en la tortura. Pues no olvidemos que el torturador, o el que tolera la tortura, también tiene su corazoncito, y que seguramente se dice a sí mismo que el sufrimiento del otro no es un fin en sí, sino un inevitable trance en pos de un bien.
Pero, como en un texto anterior decía, el anatema contra el que erige en fin su propia muerte no es monopolio de la reacción, sino también de los progresistas, siempre moderados, siempre sensatos, que otorgan generosamente el derecho a morir en situación ya agónica (física o mentalmente). Para la pusilánime racionalidad de estos últimos la tremenda (y por tantos extremos conmovedora) racionalidad de Kant sirve también, y quizás en mayor grado de coartada. Por consiguiente, será en torno al "zorro que volvió a la jaula tras haber quebrado los barrotes" que proseguiré con estas reflexiones sobre el derecho a morir.
[Publicado el 14/4/2008 a las 11:30]
Sintiéndose próximo más bien a ciudades que a países, Demetrio Pin ha tenido estrecho lazo personal y profesional con Paris, Barcelona, Ronda (ciudad de la que se considera hijo adoptivo), San Sebastián y Venecia. De llevarse a término su proyectada participación en un proyecto interdisciplinar, incluirá en esta lista una gran ciudad portuaria en los confines de Rusia.
Vinculado durante muchos años con la filosofía (que ha enseñado en diferentes universidades europeas) y en consecuencia confrontado a la cuestión de la verdad, Demetrio Pin apunta en estas páginas más bien a desenmascarar los expedientes mediante los cuales la mentira se infiltra en cuerpos, construcciones del espíritu, y sistemas de valores, hasta convertirse en el auténtico lubrificante de la máquina social de los humanos. En contrapunto, tomando como peldaño páginas de Marcel Proust, Melville y otros grandes del verbo, explora la vieja conjetura de que los hombres sólo quedan redimidos cuando esa misma palabra que han repudiado impregna sus vidas hasta reducirlas a materia de un relato.
10/10/2008 19:24
Publicado por: maleas
10/10/2008 12:12
Desde la barrera los toros se...
Publicado por: maleas
08/10/2008 22:59
Publicado por: mitin
08/10/2008 22:05
28 de Septiembre,San Mateo. ...
Publicado por: maleas
08/10/2008 17:42
Hola, como leo estos comentarios...
Publicado por: endivia
08/10/2008 15:30
Que los que lo sepan lo aclaren.
Publicado por: Es fácil
08/10/2008 15:28
Publicado por: el gran error
08/10/2008 15:24
Publicado por: El gran error
08/10/2008 14:40
Publicado por: todos
08/10/2008 12:13
Publicado por: mitin
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