El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
lunes, 8 de septiembre de 2008
"¡Oh lenguaje engañoso y falacia humana!"
Mi amigo el doctor Federico Menéndez de la Unidad de Salud Mental Infantil del Centro hospitalario Juan Canalejo de la Coruña, me hace llegar un espléndido trabajo en el que comenta textos del patólogo gallego Roberto Novoa Santos, a uno de los cuales pertenece la frase que da título a este comentario. Novoa Santos crítica con gran radicalidad la doble moral en la materia que nos ocupa. Retomo aquí dos de los textos que Federico recoge y me transmite:
"Se nos concede el derecho a disponer de nuestras prendas y propiedades que forman como una prolongación jurídica de nuestra propiedad y en cambio todavía no se ha declarado solemnemente, en nombre de un sistema, el derecho a disponer de la única prenda que nos pertenece por entero... ¿En nombre de qué o de quién se nos cercena ese derecho?... en nombre del Creador o de la Humanidad, que nos tiene a su servicio... Niégasenos el derecho a disponer de lo único verdaderamente nuestro y no obstante la sociedad cree tener derecho, y lo ejerce muchas veces violentamente, a disponer de nuestra vida ejerciendo ese derecho de muy variadas maneras. Si no es la pena capital para los criminales y los enemigos políticos, es el imperativo que nos violenta a disponer de nuestra vida enviándonos a la conquista de territorios, o a combatir contra hermanos de otra religión, o de otra lengua, o de ideales políticos que no son los nuestros... El combatiente que marcha seguro de entregar su vida en el campo de batalla es un héroe, voluntario o forzado, convencido o sin fe en la causa que defiende; pero el hombre que la rinde a su propia voluntad es un cobarde, o un miserable, o un impío. ¡Oh lenguaje engañoso y falacia humana!"
[Publicado el 22/4/2008 a las 10:30]
Me llama la atención, dentro del artículo del blog de Victor Gómez Pin "¡Oh lenguaje engañoso
y falacia humana!", en el punto de partida de las reflexiones del doctor Roberto Novoa Santos,
la equiparación entre prendas mas propiedades personales y la vida que late en nuestros cuerpos,
que concluye en una inevitable apelación al derecho -"Niégasenos el derecho a disponer de
lo único verdaderamente nuestro ..."-.
Se me ocurrió, maquiavelamente, que, de alguna manera, este sea el siguiente paso tras
la homologación de inteligencia artificial y vida animal con la vida humana.
Estériles se me aparecieron entonces los argumentos de Entre lobos y autómatas tales
como: "Pues la vida, esa vida que encubrimos con toda clase de velos, muestra tozudamente
rasgos que marcan la irreductibilidad de nuestra condición a cualquier modelo maquinal."
O: "Y aquellos que dicen estar también contra la explotación del hombre pero una cosa
no excluye la otra,..."-se refiere a la explotación de los animales- "... mienten, como
mínimo a si mismos. Saben, en algún registro, que esta no es la vía ni de dar a los animales
su lugar ni a los humanos el suyo."
Rayando en lo grotesco, la asociación de arriba podría vincular nuestra vida reducciéndola
a prenda, objeto o cosa suceptible de pertenencia -"... todavía no se ha declarado solemnemente, en
nombre de un sistema, el derecho a disponer de la única prenda que nos pertenece por entero..."-.
Aquel salto de la asociación de conceptos al terreno del derecho y la moral que da R. Novoa
Santos es más asombroso y, a mi entender, preocupante.
Quizás sea el resultado de la ingrata tarea, en muchas ocasiones, dentro de las instituciones
de la salud -que parecen confundir cual laberinto dantesco-, donde con tantas máquinas, técnicas
asépticas o decenas de chismes de monitorización la vida se haya transformado para el
"administrador de salud" en mero objeto. Prenda que se observa, analiza, mide, cualifica, reduce, alarga,
cuida, pierde, conserva,... No sé.
Por tanto, no puedo dejar de preguntarme en público: ¿La vida con los rasgos de nuestra condición
es equiparable en derecho, tras la aceptación de una naturaleza arriba descrita, a la de los animales,
las máquinas o los objetos, en consecuencia, suceptible de pertenencia? ¿Qué es, pues, lo que
llamamos vida humana?
Voy vagando y vagando
Puerta no encuentro.
Francisco Ariza Segovia
En Algarrobo (Málaga) a 6 de Julio de 2008
Comentado por: Francisco Ariza Segovia el 08/7/2008 a las 18:13
Como he dicho, Mitin, Vd. es muy dueño de tener su opinión. Pero en mi comentario yo he distinguido lo que son las opiniones o deseos individuales (que puede haber muchos y de todo género) de lo que son las leyes de hecho y en efecto. Que sí legislan sobre Vd., le guste a Vd. o no.
Y convengo con Vd. en que "la contradicción que se evidencia en el escrito del patólogo no deja de ser evidente."
Comentado por: JoseAngel el 22/4/2008 a las 19:36
Sr. Jose Angel, usted se puede poner como quiera pero la contradicción que se evidencia en el escrito del patólogo no deja de ser evidente.
Legislación sobre mi mismo, sí, será enel caso en el que mis actos sobre mi mismo repercutan sobre los demás. Por ejemplo, si me mato y no me manto bien cuesto dinero, pero si me mato y lo hago bien y además con lo que dejo puedo pagar mi entierro ¿A quien perjudico?... Ah, la pensión, será si tengo a quien dejársela.
Comentado por: Mitin el 22/4/2008 a las 17:29
Vd. critica ciertas presuposiciones sobre un dios, etc., que al parecer existen en las leyes. Pero las leyes no buscan su justificación en una ley divina. Simplemente se basan (mientras no se pruebe lo contrario) en la voluntad popular. Por el contrario, el razonamiento de Vd. sí que pretende buscar una base a las leyes en un derecho trascendente y preexistente a la ley, un derecho según el cual los individuos se pertenecen a sí mismos. Esa relación de pertenencia es puramente imaginaria, existente (ya lo vemos) en la mente de Vd. y de los señores que cita, pero me tem que no tiene ningún fundamento jurídico. Los individuos no "se pertenecen" a sí mismos: más bien tienen la obligación legal (no hay otra objetiva) de cumplir las leyes en lo que estas dispongan sobre sus derechos y obligaciones para consigo mismos y para con los demás. La ética de cada cual puede tener fundamentos celestes como la católica o invocar un derecho natural como vd. hace, derecho que cada cual interpretará a su manera. Pero las leyes no se edifican sobre una de esas éticas privadas.
Comentado por: JoseAngel el 22/4/2008 a las 15:30
Desde hace muchos años ha tenido el centro de su vida en la filosofía académica, que ha enseñado en diversas universidades europeas. Recupera ahora interrogaciones vinculadas a su infancia y proyecta colaborar con un equipo interdisciplinar que tendrá una de sus referencias en la ciudad de Vladivostok.
08/9/2008 05:03
mmmmm,,algo aburiidoo pero me...
Publicado por: maggy
05/9/2008 14:24
Publicado por: Melville
04/9/2008 20:41
Publicado por: F. Espresate
04/9/2008 17:08
Las necesidades del hombre son...
Publicado por: alpan
04/9/2008 16:53
Publicado por: mujer
04/9/2008 13:36
Publicado por: Atea
04/9/2008 01:08
Publicado por: dana
03/9/2008 15:59
Publicado por: Atea
03/9/2008 13:57
Publicado por: Atea
03/9/2008 13:22
Publicado por: Atea
© 2005 La Oficina del Autor (Grupo PRISA) | Gran Vía, 32 6ª planta - 28013 Madrid | | Aviso Legal | RSS
Página desarrollada por Tres Tristes Tigres