El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
viernes, 21 de noviembre de 2008
Serpiente en el pedregal
He evocado en diferentes ocasiones los ojos reidores inquietos, reflejo de un alma atravesada por una exigencia de verdad, de uno de los seres a los que el personaje del Narrador no consigue reconocer en esa epifanía de la consunción de cuerpos, espíritus, clanes sociales y valores morales, que constituye la fiesta de los Guermantes, cuya descripción cierra la Recherche proustiana. El tiempo, la aristotélica "cifra del cambio corruptor", había supuesto tal mutación que, en los ojos del actual político rapaz, sólo rasgos de astucia, desconfianza, y despotismo consigue entrever el Narrador.
Y aquí la pregunta: ¿dónde reside la cusa de esta mutación de la disposición del alma? ¿Cuál es el análogo en el registro espiritual de lo que el segundo principio de la termodinámica constituye en el registro corporal? Pues estando todo ser humano abocado a la degradación de los cuerpos, constatamos sin embargo que en algunos casos no se da la correlativa corrupción en las almas. Se diría que en estos privilegiados, la suerte, la buena suerte, ha hecho que el declinar no se acompañe de algo que tantas veces parece su corolario, a saber, el miedo, pura y llanamente el miedo.
Evoco con tristeza a una amiga entonces muy joven (aunque superada ya la edad en que el pasar es sólo portador de promesa) y con un cuerpo menudo que parecía siempre a punto de quebrarse, poseía una belleza tan cargada de osada espiritualidad que, en la entonación de una sencilla canción de náufragos (amis partons sans bruit, la pêche sera bonne...), la lectura de la Elegía a Ramón Sijé, o la evocación del destino de Micol Finzi-Contini, generaba en nosotros una exigencia de, simplemente, hallarse a la altura. Su presencia, en efecto, incrementaba en los que la deseaban o amaban el sentimiento de ser capaz de mantener el desafío, de no bajar la guardia en un reto esencial con uno mismo.
Pues en su entorno parecía no haber lugar para el que se resignara a ser mezquino, para el que renunciara a la belleza, para el que confundiera los ideales de fraternidad con el espíritu samaritano, para el que no despreciara profundamente el aprovechamiento de las situaciones de debilidad, para el que aceptara que la emoción y la embriaguez pudieran dejar de constituir nuestra atmósfera... simplemente desde tales lodazales no había posibilidad alguna de alcanzar complicidad con aquella mirada, que exigía en todo hombre inteligencia y sobre todo valentía.
Una vez más el tiempo ha efectuado su labor de corrupción y el miedo ha ejercido de eficaz mediador. Unida mi amiga al que, sencillamente, le pareció mejor y más valiente, su relación debió un día esterilizarse a la par (o quizás en razón de) que se empantanaba en legajos matrimoniales. Desaparecido hoy el entonces afortunado y perdida desde hace lustros para ella toda promesa de nueva embriaguez, nuestra compañera de canciones y manifiestos (siempre entrañable en mi evocación) ha confirmado que, efectivamente, el miedo es libre... tan libre como esterilizador del ansia de libertad de quien no logra vencerlo. Y así, me dicen que los evocados legajos en los quedó archivado su lazo con el ser que más admiró y amó, son ahora el arma a la que recurre para reivindicar una prioridad respecto a ese vínculo perdido; prioridad respecto a quien, amando a otra persona, evitaba (siempre en los márgenes de la caballerosidad) incluso su presencia. Me dicen que (con la atenuante de necesidad, atenuante que ella misma jamás hubiera en su tiempo considerado tal) se ampara en tales legajos para garantizarse un lugar más espacioso bajo el sol triste, el sol asténico y casi apagado, que apenas garantiza la mera subsistencia. Y sin embargo quiero creer que algo de aquella inquietud perdura en su mirada:
"los ojos moribundos sólo vivían relativamente por contraste con esa terrible mascara osificada y brillaban débilmente, como una serpiente adormecida brilla en medio del pedregal."
[Publicado el 21/5/2008 a las 12:04]
Sintiéndose próximo más bien a ciudades que a países, Demetrio Pin ha tenido estrecho lazo personal y profesional con Paris, Barcelona, Ronda (ciudad de la que se considera hijo adoptivo), San Sebastián y Venecia. De llevarse a término su proyectada participación en un proyecto interdisciplinar, incluirá en esta lista una gran ciudad portuaria en los confines de Rusia.
Vinculado durante muchos años con la filosofía (que ha enseñado en diferentes universidades europeas) y en consecuencia confrontado a la cuestión de la verdad, Demetrio Pin apunta en estas páginas más bien a desenmascarar los expedientes mediante los cuales la mentira se infiltra en cuerpos, construcciones del espíritu, y sistemas de valores, hasta convertirse en el auténtico lubrificante de la máquina social de los humanos. En contrapunto, tomando como peldaño páginas de Marcel Proust, Melville y otros grandes del verbo, explora la vieja conjetura de que los hombres sólo quedan redimidos cuando esa misma palabra que han repudiado impregna sus vidas hasta reducirlas a materia de un relato.
20/11/2008 20:02
Publicado por: Pasaje a la India
20/11/2008 16:16
Publicado por: aas
19/11/2008 19:52
Publicado por: kahsd
18/11/2008 13:48
Publicado por: Baldung
17/11/2008 23:15
...Y si alguien no tiene espada,...
Publicado por: trybal
17/11/2008 19:55
Y ya puestos os invito a entrar...
Publicado por: Dasein
17/11/2008 19:53
Publicado por: Dasein
15/11/2008 19:38
Publicado por: maleas
15/11/2008 18:30
Me parece que solamente el que...
Publicado por: concepción julia
15/11/2008 10:23
Publicado por: desde aquí
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