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El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

sábado, 11 de octubre de 2008

Blog de Demetrio Pin

"Prosodia misteriosa e ignota...

... cuyas raíces se sumergen en el alma humana hasta orígenes mucho más remotos que los considerados por cualquiera de las teorías clásicas", escribe Beaudelaire sobre la forma poética llamada alejandrino. Pues bien:
 
Refiriéndose también al alejandrino, Mallarmé nos dice que nadie pudo inventarlo y ello en razón (¡ni más ni menos!) de que se trataría de algo "enteramente surgido del instrumento de la lengua" (jailli tout seul de l'instrument de la langue). Basta entonces con aceptar el postulado de que hombre es aquel que recibe el don de la palabra, que el hombre es simplemente el animal (el único animal) al que el lenguaje es susceptible de convertir en su siervo... para concluir que el alejandrino es matriz de la humanidad y no la recíproca. El alejandrino... o cualquier otra prosodia que respondiera a lo que Beaudelaire y Mallarmé atribuyen al alejandrino, cualquier otra forma poético-musical que fuera inherente a la estructura profunda y común a todas las lenguas (y digo musical en el sentido que usa la palabra Agustín García, es decir, previo al fenómeno propiamente cultural de la conversión de los tonos en escalas y del ritmo en métrica).

Ciertamente hasta lo más profundo ha de ser fertilizado y Mallarmé es uno de los llamados a tal tarea restauradora, depurando el verso de todo aquello que, siendo en realidad contingente, había sido erigido por la convención y la inercia en pieza ineludible del armazón. Como tantos otros apuesta simplemente por mantener lo esencial sin someterse a las pautas imperantes de rima y metro:

"Asistimos ahora a un espectáculo verdaderamente extraordinario, único, en la historia de la poesía: cada poeta puede esconderse en su retiro para tocar con su propia flauta las tonadillas que le gustan; por primera vez, desde siempre, los poetas no cantan atados al atril. Hasta ahora -estará usted de acuerdo- era preciso el acompañamiento de los grandes órganos de la métrica oficial. ¡Pues bien! Los hemos tocado en demasía, y nos hemos cansado de ellos."

En relación al alejandrino, admirables recursos técnicos desplazan la apariencia respetando la invariancia de esa forma que Mallarmé consideraba "alma del pueblo"; alma que, me atrevo a decir, su poesía se limita a situar en primer plano:

«Que non¡ par l'immobile et lasse pâmoison
Suffoquant de chaleurs le matin frais s'il lutte,
Ne murmure point d'eau que ne verse ma flûte
Au bosquet arrosé d'accords; et le seul vent
Hors des deux tuyaux prompt à s'exhaler avant
Qu'il disperse le son dans une pluie aride,
C'est à l´horizon pas remué d'une ride
Le visible et serein souffle artificiel
De l'inspiration, qui regagne le ciel»
 
Ni descripción de una atmósfera, ni alusiva tesis filosófica en esta reflexión del fauno (que, simplemente, soy incapaz de traducir) sobre lo onírico de su propio estado. El verbo se encadena siguiendo una necesidad sin que vicisitud alguna del hombre que sirve de apoyatura cuente realmente. En esto consiste precisamente la inmolación en y a través de la obra de arte. No se trata de sentimiento de trascendencia. Se trata de que el objetivo ser social, el fruto a veces exhaustivo de una telaraña de prejuicios, precisamente se aburra; se aburra al sentir que, en el trabajo efectivo de labrar palabras, sus intereses no cuentan y en consecuencia nada hay para él de interesante. Menos presente el escriba y más verídico el testimonio, más cercano a la palabra y a la sonoridad prístinas.

[Publicado el 15/7/2008 a las 11:06]

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Comentarios (6)

  • ¡Cuánta poesía francesa con exceso de flatulencia! Bufffffffff

    Comentado por: Robespierre el 16/7/2008 a las 00:42

  • Maleas

    Querida hermana: no te sulfures... y no me fustigues. Sólo quiero tu bien, pero sigo diciendo que tu texto de ayer no se correspondía en nada con lo escrito por Demetrio. Es bueno poner cada texto en su lugar.
    Cabalga cuanto quieras. Es lindo cabalgar. Yo, humilde, seguiré ladrando a tus pies, ¡guau, guau!

    Comentado por: la hermanita el 16/7/2008 a las 00:16

  • Por una vez hermanita y sin que sirva de precedente te refresco la memoria.

    De la Universidad de Berlín

    Indicaba en el escrito anterior que las referencias a la sociología marxista han desaparecido prácticamente de la boca de analistas de prensa, profesores de ciencias humanas, economistas, profesores de filosofía etcétera. Y con ello obviamente tampoco aparecen en los discursos con los que los pocos estudiantes revoltosos justifican su oposición, por ejemplo al modelo europeo de universidades conocido como Bolonia.

    A si se expresaba hace unos dias aqui mismo el anfitrión.Por favor, hermana,lea con detenimiento sus entradas y luego,si le parece opine. Los insultos sobran.Si continúa ladrando me hará creer que cabalgo.

    Comentado por: maleas el 15/7/2008 a las 21:57

  • Quiero que me cuente como Victor
    Gomez Pin se convierte en Demetrio
    Pin

    Comentado por: No lo entiendo el 15/7/2008 a las 17:18

  • Lástima, porque creo que el último párrafo es un poco espeso

    Comentado por: Santina el 15/7/2008 a las 12:06

  • Ay que bien, que descanso. A veces he pensado si al principio sería disciplina o quizás simple placer, sentido musical personal, que luego se ha transformado en disciplina. Desmenuzar el gusto ajeno y hacerlo norma. A lo mejor es una barbaridad esto que pienso. Pero está bien la disciplina, también

    Comentado por: mitin el 15/7/2008 a las 11:33

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Biografía

Sintiéndose próximo más bien a ciudades que a países, Demetrio Pin ha tenido estrecho lazo personal y profesional con Paris, Barcelona, Ronda (ciudad de la que se considera hijo adoptivo), San Sebastián y Venecia. De llevarse a término su proyectada participación en un proyecto interdisciplinar, incluirá en esta lista una gran ciudad portuaria en los confines de Rusia.
 
Vinculado  durante muchos años con la filosofía (que ha enseñado en diferentes universidades europeas) y en consecuencia confrontado a la cuestión de la verdad, Demetrio Pin apunta en estas páginas más bien a desenmascarar los expedientes mediante los cuales la mentira se infiltra en cuerpos, construcciones del espíritu, y sistemas de valores, hasta convertirse en el auténtico lubrificante de la máquina social de los humanos. En contrapunto, tomando como peldaño páginas de Marcel Proust, Melville y otros grandes del verbo, explora la vieja  conjetura de que los hombres sólo quedan  redimidos cuando esa misma palabra que han repudiado impregna sus vidas hasta reducirlas a materia de un relato.

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