El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
viernes, 21 de noviembre de 2008
Yerma erudición
En cualquier caso, donde no hay espacio para la obra de arte y agotada incluso la función de la distancia irónica, sí hay marco para el erudito, para aquel que (en su deambular por museos, salas de exposición, bibliotecas o lugares emblemáticos de la ciudad) es ducho en el complejo nudo relacional que aquí o allí se muestra. El erudito es análogo al sujeto- computadora del filósofo americano John Searle, que responde cabalmente a un sofisticado programa de vinculación de rasgos formales sin necesidad alguna de tener idea de la cosa misma en juego. La idea está ausente de las vinculaciones del erudito, al menos si por idea se entiende aquello en que para los humanos, y sólo para los humanos, cristaliza el lazo entre espíritu y naturaleza.
Si ante la creación artística contemporánea los ciudadanos del común tenemos el penoso sentimiento de carecer de criterio, es fundamentalmente porque el criterio ha dejado de ser propiamente artístico: el criterio ha dejado de ser el que se de o no comunión en el sentimiento de lo sublime o de lo repulsivo, para ser meramente técnico (descripción de elementos causales o estructurales) o clasificatorio (vinculación a precedentes, por ejemplo).
En términos kantianos cabría decir que el criterio en materia de obra de arte se ha desplazado de su espacio propio en la Crítica de la Facultad de Juzgar al espacio cognoscitivo de la Crítica de la Razón Pura.
Pero, referencias filosóficas aparte, muchos son los autores (esplendidos eruditos ellos mismos por otra parte) que han puesto de relieve el papel esterilizador de la erudición, no ya desde el momento en que se erige en exclusiva referencia, sino cuando se procede a una inversión de jerarquía entre la misma y lo esencial del trabajo del arte. Así en la Recherche proustiana la erudición anatematizada explícitamente como fuga cobarde ante nuestra propia vida ("cette fuite loin de notre progre vie que nous n'avons pas le courage de regarder, et qui s'appelle l'erudition").
[Publicado el 25/8/2008 a las 07:00]
El erudito nada sabe. Eso ya lo decía Lao. La maquina de Searle es una buena metáfora de esa ignorancia.
Es posible dotar a una maquina de sensaciones físicas y también de un código de conducta al estilo de las tres leyes de la robotica de Asimov pero por perfecto que fuese ese sistema siempre sería una maquina,una imitación a la vida.
Sin embargo me temo que cada día estamos mas cerca de obtener algo capaz de aprobar con nota la propuesta de Turing. Lo terrible sería que la maquina seguiría siendo maquina pero el juez,incapaz de criterio,quedaría rebajado a la condición de maquina. Efectivamente hay indicios,en el lenguaje,en el arte, como creo que insinua Pin,de que ese proceso ya se está empezando a producir.
Comentado por: maleas el 25/8/2008 a las 19:17
¿Y los filósofos no van al Prado?, porque Goya también hace su crítica a la razón pura, desde la sensibilidad del artista genial. La sensibilidad: el camino trunco de la crítica Kantiana.
Y los filósofos ¿no leen?, páginas memorables de crítica a la inteligencia pura:
"Fiado en lo que los ojos creen haber visto, el cerebro de la cabeza afirma que según la luz y las sombras, el viento y la calma, la humedad y la secura, la playa es blanca, o amarilla, o dorada, o gris, o violácea, o cualquier cosa entre esto y aquello, pero después vienen los dedos y, con un movimiento de recogida, como si estuvieran segando la cosecha, levantan del suelo todos los colores que hay en el mundo. Lo que parecía único era plural, lo que es plural lo será aún más."
La caverna. José Saramago.
Comentado por: Mercedes Beroiz el 25/8/2008 a las 12:31
Sintiéndose próximo más bien a ciudades que a países, Demetrio Pin ha tenido estrecho lazo personal y profesional con Paris, Barcelona, Ronda (ciudad de la que se considera hijo adoptivo), San Sebastián y Venecia. De llevarse a término su proyectada participación en un proyecto interdisciplinar, incluirá en esta lista una gran ciudad portuaria en los confines de Rusia.
Vinculado durante muchos años con la filosofía (que ha enseñado en diferentes universidades europeas) y en consecuencia confrontado a la cuestión de la verdad, Demetrio Pin apunta en estas páginas más bien a desenmascarar los expedientes mediante los cuales la mentira se infiltra en cuerpos, construcciones del espíritu, y sistemas de valores, hasta convertirse en el auténtico lubrificante de la máquina social de los humanos. En contrapunto, tomando como peldaño páginas de Marcel Proust, Melville y otros grandes del verbo, explora la vieja conjetura de que los hombres sólo quedan redimidos cuando esa misma palabra que han repudiado impregna sus vidas hasta reducirlas a materia de un relato.
21/11/2008 20:14
Publicado por: maleas
20/11/2008 20:02
Publicado por: Pasaje a la India
20/11/2008 16:16
Publicado por: aas
19/11/2008 19:52
Publicado por: kahsd
18/11/2008 13:48
Publicado por: Baldung
17/11/2008 23:15
...Y si alguien no tiene espada,...
Publicado por: trybal
17/11/2008 19:55
Y ya puestos os invito a entrar...
Publicado por: Dasein
17/11/2008 19:53
Publicado por: Dasein
15/11/2008 19:38
Publicado por: maleas
15/11/2008 18:30
Me parece que solamente el que...
Publicado por: concepción julia
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