El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
sábado, 22 de noviembre de 2008
Cuando el compromiso es coartada
La erudición (o al menos cierta forma social de ella) lejos de acercar a la lucidez tapona el camino de acceso y con ello la condición de posibilidad de la creación. Mas la figura vacua del erudito es en la perspectiva de la Recherche menos lastimera que la de un segundo personaje, el cual, no obstante, parece haberse acercado en mayor medida al acto creador. Me refiero al artista absurdamente calificado de «comprometido», ya que precisamente su «trabajo» constituye el paradigma de un «arte» en el que nada se expone, nada se trasciende y que nada fertiliza. El narrador es, a este respecto, una vez más implacable: «La idea de un arte popular, como de un arte patriótico, aun-que no hubiera sido peligrosa, me parecía ridícula» (La Pléiade 3, 888). Idea sustentada a la vez en una impotencia creadora y en una ignorancia de la verdadera condición espiritual de las clases sociales. De hecho sólo porque participa de los prejuicios que respecto al «pueblo» poseen las clases «superiores» y eruditas, intenta el escritor sacrificar las exigencias de la forma; pues iletrados en el sentido radical son aquellos para los cuales la palabra es mercancía y pretexto, y no tanto los que no saben leer: «a este respecto, un arte popular en su forma se destinaría más bien a los miembros del Jockey que a los de la Confederación General del trabajo» (ídem). Y ante los que pretenden que la complejidad de escritura de un Bergotte es tan sólo apta para mundanos, gens du monde, el narrador objetará que se hace así a tales gentes «un honor inmerecido.» (893.)
[Publicado el 28/8/2008 a las 07:00]
...recorrer el camino a caballo como Montaigne, o andando como Will Self, o volando como un quiroptero... impregnandose de (eso que dicen que existe) la realidad, para llegar a ser lo que uno es: primario, simple, sincero, instintivo, perceptivo y no conceptual.
Comentado por: asier el 28/8/2008 a las 22:05
No sé, no sé, sólo hay que vivir el carnaval de las exquisiteces en Venecia y también el del sambódromo brasileño. Dos representaciones diferentes y opuestas de la misma festividad: la exclusiva y elitista (interesantemente significativa también) y la popular que arrastra a todo el mundo, "por un día todo el mundo se olvidó que cada uno es cada cual". La popular surge como la fiesta de los oprimidos con sus cantos, bailes, protestas, algarabías y el retumbar ardiente de las lonjas que por un día llegan a asumir sensualmente el protagonismo en el mestizaje de un continente.
"Esta vez Delgadina, tocó el libro quería terminar de pelear con el sabio".
Comentado por: Mercedes el 28/8/2008 a las 20:55
hay eruditos y eruditos...Montaigne era uno de ellos y se lo lee todavía con delectación literario-estética; luego están los que van al dato puntillosísimo y que su vida la encaminan hacia eso, pues bien; pero para mí no es suficiente con el creador, ni con el erudito sólo se debe ser lo más 'completo' posible, es decir, hay que exigir(se)...y sólo pensar no es suficiente, ni sólo crear; hay que ser hay que tender un polymath o polyhistor, lo que sucede que está al alcance de muy pocos y desde nuetras escaseces criticamos lo que no tenemos de erudito o creador...claro, normal, en todas partes cuecen habas sr. Pin.
Pero las clases altas normalmente han sido como las bajas exclusivamente amateurs, ya lo decía el barón que él con el dinero que tenía sólo podía aspirar a eso, tuvo que hacerse con la sociedad la burguesía y su forma y punto de vista para que llegasen los 'eruditos profesionales'
saludos
Comentado por: vic el 28/8/2008 a las 20:35
Estoy pensando que no todos recorremos los mismos caminos y, desde luego, no en el mismo orden. Las circunstancias, las características personales, la vida, hacen que se presenten cuando se presentan. Lo importante es recorrerlos
Si encuentro un libro, recomendado por Verdú, donde encuentro que quedan claros los prejuicios, el elitismo, de grandes plumas les dejo el título
Comentado por: mitin el 28/8/2008 a las 14:02
Creo que la erudición debería enriquecer el espíritu crítico, distinto es cuando se pierde el norte entre tanto dato y en el discurso está ausente uno mismo. Uno debe aprender a encontrarse cuando se pierde
Hablo de pensado, no soy una persona erudita
Comentado por: Mitin el 28/8/2008 a las 13:38
Si el escritor coarta así su creatividad participando de los prejuicios de unos o de otros, poca estima tiene por su arte. Partiendo del hecho de que el escritor escribe para que le lean, no debería preocuparse de quién le lee. Si no es así, él también utiliza la palabra como pretexto y mercancía.
Comentado por: meditabundo el 28/8/2008 a las 10:57
El erudito nada sabe pero solo la erudición,el conocimiento de hechos y conceptos imbricados en el decir es lo que da autenticidad al discurso.
Hoy,la forma mas sencilla de hacerse odioso en sociedad es la de pronunciar palabras cuyo significado es desconocido para los que escuchan o referir hechos,nombres y datos,desconocidos para ellos,aún que vengan al caso, sean oportunos.
En contraste,el discurso vacío,cuando no amenazante u obsceno,ni razón ni erudición,parece cada día gozar de mayor predicamento.
Comentado por: maleas el 28/8/2008 a las 10:47
Sintiéndose próximo más bien a ciudades que a países, Demetrio Pin ha tenido estrecho lazo personal y profesional con Paris, Barcelona, Ronda (ciudad de la que se considera hijo adoptivo), San Sebastián y Venecia. De llevarse a término su proyectada participación en un proyecto interdisciplinar, incluirá en esta lista una gran ciudad portuaria en los confines de Rusia.
Vinculado durante muchos años con la filosofía (que ha enseñado en diferentes universidades europeas) y en consecuencia confrontado a la cuestión de la verdad, Demetrio Pin apunta en estas páginas más bien a desenmascarar los expedientes mediante los cuales la mentira se infiltra en cuerpos, construcciones del espíritu, y sistemas de valores, hasta convertirse en el auténtico lubrificante de la máquina social de los humanos. En contrapunto, tomando como peldaño páginas de Marcel Proust, Melville y otros grandes del verbo, explora la vieja conjetura de que los hombres sólo quedan redimidos cuando esa misma palabra que han repudiado impregna sus vidas hasta reducirlas a materia de un relato.
21/11/2008 20:14
Publicado por: maleas
20/11/2008 20:02
Publicado por: Pasaje a la India
20/11/2008 16:16
Publicado por: aas
19/11/2008 19:52
Publicado por: kahsd
18/11/2008 13:48
Publicado por: Baldung
17/11/2008 23:15
...Y si alguien no tiene espada,...
Publicado por: trybal
17/11/2008 19:55
Y ya puestos os invito a entrar...
Publicado por: Dasein
17/11/2008 19:53
Publicado por: Dasein
15/11/2008 19:38
Publicado por: maleas
15/11/2008 18:30
Me parece que solamente el que...
Publicado por: concepción julia
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