III. La palabra soberanía se borra por sí misma
El gobierno no ha podido siquiera, en estas condiciones trágicas, ejercer el control del aeropuerto internacional de Puerto Príncipe, en manos ahora de Estados Unidos, ya no se diga ejercer el control de la ayuda humanitaria. A los 8 mil soldados de la MINUSTAH se han agregado ya 10 mil más de Estados Unidos, que se quedarán cuanto sea necesario, según declaraciones de la Casa Blanca. Para Washington, además, les emigraciones masivas desde Haití son consideradas un problema de su propia seguridad nacional, y buscará evitar que se den nuevas avalanchas de expatriados hacia su territorio.
Lo peor falta aún por venir, con millones de hambrientos, sin electricidad ni agua potable, sin viviendas, sin hospitales ni escuelas. Los reflectores fijados hoy sobre Haití se apagarán necesariamente, y las cámaras de televisión se irán reclamadas por otros asuntos sensacionales en el mundo. Toda ayuda humanitaria es temporal, y llegará un momento en que para los países que han acudido en auxilio de Haití se acabará la situación de emergencia. Pero el país seguirá impotente, inválido, destruido, y sin posibilidad ninguna de subsistir por sus propios medios. Ésta es una tragedia aún mayor, la del olvido.
Es entonces cuando habrá que escuchar a Haití, esa tierra doliente y sombría.
[Publicado el 29/1/2010 a las 09:00]
Maestro Ramírez: No se requiere genialidad especial para saber que es usted un hombre ocupado y quizá acosado por escritores jóvenes que requieren un consejo suyo. Soy un escritor salvadoreño y pues no he encontrado otra manera de comunicarme con usted. No me queda más que hablar por este medio y solicitar de usted un trozo de tiempo en el que pueda tener su opinión sobre un texto de mi autoría. Si es posible dirigirme a usted y enviárselo sería algo genial. De lo contrario entendería sobremanera su imposibilidad, quedo de usted muy agradecido por su obra, especialmente por Castigo divino, donde aún palpita la pluma de Rosalío Usulutlán y la pericia del doctor Darbishire.
Berne Ayalá.
berneayala@gmail.com
Comentado por: Berne Ayalá el 02/2/2010 a las 16:24
Sergio Ramírez nació en Nicaragua en 1942. Publicó su primer libro Cuentos, a los veinte años. Participó en la lucha para derrocar la dictadura Somoza y formó parte del gobierno revolucionario, del que llegó a ser vicepresidente en 1985. En su obra literaria figuran, entre más de una treintena de libros, Castigo divino (1988), Premio Internacional Dashiel Hammett de Novela; Un baile de máscaras (1995), Premio Laure Bataillon a la mejor novela extranjera en Francia en 1998; Margarita está linda la mar, Premio Alfaguara de Novela 1998, y Premio Latinoamericano José María Arguedas en el 2000. Así también Cuentos completos (1998), con prólogo de Mario Benedetti; Adiós Muchachos, memoria de la revolución sandinista, (1999); el libro de cuentos Catalina y Catalina (2001); Mentiras Verdaderas (2001) y El viejo arte de mentir (2004), ambos sobre la creación literaria (2001); las novelas Sombras nada más (2002) y Mil y una muertes (2004); Señor de los Tristes, ensayos sobre escritores y escritura (2006), El reino animal, cuentos (2006), Tambor olvidado, ensayos (2007) y El cielo llora por mí (2009). Su web oficial es: http://www.sergioramirez.com/
21/3/2010 18:27
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