El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
sábado, 6 de septiembre de 2008
NABOKOV
Cuando leo a Nabokov me dan ganas de vivir exiliado, en buenos hoteles, con alguna mujer encantadora, tener una edad razonable, una edad en la que al menos se conserve el vigor suficiente como para desear y ser deseado. También me gustaría jugar al ajedrez al terminar la tarde, ser capaz de levantarme temprano para intentar cazar alguna rara mariposa, recorrer los pueblos europeos en un viejo y cómodo coche o bien hacer una ruta de moteles confortables cruzando aquellos Estados Unidos de los años 50, casi en los 60. Terminar la noche, razonablemente leído y bebido, como para soñar con alguna nínfula de las muchas que se cruzaron en las carreteras de mis deseos. No siempre estoy leyendo a Nabokov. Muchas veces pierdo mi tiempo y mis lecturas. Es verdad que hay otros. Que los hay mejores, más emocionantes, menos inteligentes y de mayores desgarros pero siempre estará la seguridad de que ahí, en mi biblioteca, al lado estará algún libro de Nabokov.
Ahora, después de tantos años, estoy con la otra parte de la biografía elaborada por Brian Boyd, Los años americanos, tan minuciosa, entretenida y sagaz como aquella primera de sus años rusos. Las biografías de Boyd no impiden el placer de volver de vez en cuando a la muy querida autobiografía de Nabokov, Habla memoria.
La memoria habla de manera singular. Hablando, leyendo la biografía de Nabokov recibí la noticia del Premio Nadal a Benítez Reyes. Recordé su pasión “nabokiana”, una vez la llamó “un complicado capricho de la Naturaleza”. Algo de eso tiene sin duda la diáfana complejidad de Nabokov. Busqué el libro de Benítez Reyes en que habla de Nabokov, de la minuciosa primera parte de esta biografía que ahora estoy leyendo. Y allí el escritor de Rota hace una merecida alabanza a la minuciosa entrega del biógrafo estilo Boyd, capaz de recordar los mínimos detalles de la vida cotidiana, capaz de captar los reflejos, los espejismos de la realidad de una vida. Le gustaba a Benítez Reyes que en la biografía se nos informara de la familia o de la marca de las bicicletas que tuvo Nabokov. Parecerán banalidades, pero son parte de lo anecdótico que se convierte en lo importante de nuestra pequeña y minuciosa existencia. De esas pequeñeces también estamos fabricados.
Me gusta leer cómo se relatan con minuciosidad hasta las historias que ya conocemos, que ya nos habían contado. Por ejemplo el famoso té que bebió en el programa de Pívot, que era naturalmente un whisky. Un programa con un público cómplice que supo reír la única vez que Nabokov se salió de su propio guión para hacer un comentario sobre lo fuerte de aquel té.
Una extraordinaria biografía en la que acompañamos a un Nabokov al que, después de muchos libros y muchos años, la fortuna literaria -también la otra- le sonríe a pesar de las prohibiciones y mojigaterías. ¿O quizá por esas mismas prohibiciones? Sin duda, tantas veces, una publicidad sin costes.
Si gustan de Nabokov, no se pierdan esta biografía. Si no les gusta Nabokov, también les puede gustar. Ya verán cómo leyendo su biografía les entran ganas de volver a Nabokov, es como volver a región pero distinto.
[Publicado el 11/1/2007 a las 10:48]
Estas biografías exhautivas son buenas para aquellos que tienen algún afán mitómano, pero reconozco que yo disfruto con ellas, recuerdo también la explándida de Richard Ellmann sobre James Joyce, era detalladísima pero la disfrutñe mucho o la de Oliver Todd sobre Albert Camus. Lei hace tiempo "Habla memoria" y me gustó mucho, hay un poco de resentimiento, pero creo que era adecuado, intentaré conseguir los dos tomos de esta nueva entrega sobre Nabokov. Haciendo un inciso creo que la interpretación que hace VN de "La metamorfosis de Kafka" en su "Curso de literatura europea" es lo más lúcido, inteligente y bien escrito que he leído sobre al autor checo.
Comentado por: jose manuel sánchez-paulete el 11/1/2007 a las 19:03
Lolita, la celestial naranja de Nabokov
Cierro el 2006 aparentemente con esta adorable criatura de la literatura de los años 50, absurdamente censurada. Prohibida en Francia, Inglaterra y Estados Unidos, por ser un libro obsceno, como el Ulysses de James Joyce y El almuerzo desnudo de Williams Burroughs. Los censores no tienen prisa, al parecer, en cometer los mismos errores y después atragantarse con sus palabras. Lolita se editó definitivamente en París en 1955 y su autor, el ruso exiliado,Vladimir Nabokov, entraría a la gloria, en el mismo Estados Unidos, tres años después, donde cinco editoriales rechazaron "a su pequeño monstruo de la eroticidad precoz, angelicalmente demoniaca, sutilmente púber, maravillosamente fresca" Lolita, una nínfula que tiene historia en la literatura universal. (El Hechicero, una novelilla menor, y un autor alemán, que escribió sobre el mismo tema, figuran entre los antecedentes más directos de la Lolita de Nabokov. Se habló de plagio hace unos pocos años y se abrió un escandalozo expediente literario, como hay muchos otros, reales y ficticios. Desde que existe el papel calco, todo es posible, mucho antes de, ahora y siempre). La crítica de la época etiquetó la prosa de esa pequeña máquina amorosa, sensual, ramo de rosas frescas sobre un lenguaje lúdico, de penetrante amoníaco espiritual y carnal, verbo en la frontera del pubis. La celestial naranja, se llama Lolita, y fue estigmatizada por pornográfica, y pedófila sería, según los términos actuales. El cine la rescató para siempre, porque el celuloide tiene la magia de convertir casi todo en realidad. Nos empuja la gran pantalla a palpar lo cotidiano, a sumergirnos en la tibieza de las cosas y en su violencia descarnada. Stanley Kubrick, nacido en el Bronx, ajedrecista y jazzista, le arrancó el tabú de las entrañas y solapas a Lolita, en medio de un gran escándalo empujado por los curas y que la transformó en un éxito imperecedero. Kubrick fue un maestro, no olvidemos, Espartaco; Una Odisea del espacio; La naranja mecánica;Teléfono rojo, volamos hacia Moscú.
Medio siglo después, Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores publica las Obras Completas del escritor ruso nacionalizado norteamericano y que moriría en Suiza a los 78 años. Había un gran vacío en idioma español, eso de la globalización del lenguaje es muy relativo en literatura y las carencias suelen imponerse finalmente. La superestrella irlandesa de la nueva narrativa, John Banville (ganador del premio Booker) (nunca son ingleses o ¿es que no escriben los británicos fuera de Harry Potter?) dijo al narrador argentino y amigo del chileno Bolaño, Rodrigo Fresán: "Si se refiere a la literatura en español, me avergüenza confesar que estoy muy mal informado. Pero también estoy poco al tanto de los contemporáneos en mi propio idioma. He leído a Roberto Bolaño, espero que se traduzcan más libros suyos, pero ya puedo afirmar que se trata de un grande. Borges, en cambio, ha dejado de ser para mí la figura que fue en los sesenta y setenta. Me temo que estoy de acuerdo con Nabokov cuando dijo que Borges nos parece en principio una maravillosa mansión pero acaba siendo tan sólo un vistoso pórtico".
Los escritores usan entre sí bisturí, para cortar la tela de sus deseos, gustos, obsesiones y predilecciones, pero J. Banville ha despachado al porteño de un sólo hachazo. No estoy de acuerdo, por decir lo menos, Borges es un ecritor importante en el habla castellana y pienso que JB, debe volver a leerlo. Ricardo Piglia, afirma en sus Formas breves, que Borges (como Poe, como Kafka), sabía transformar en anécdota los problemas de la forma de narrar. No podemos ser más ciegos que Borges, Mr. Banville. Y define a lescritor de esta manera, en la entrevista de Fresán: "Los escritores no somos otra cosa que bebés enormes, sentados en nuestras habitaciones, jugando a nuestros juegos mientras el gran mundo acontece en otra parte".
Los juegos del mundo ya conocemos sus dimensiones, como ficcionan la realidad los líderes, y tal vez el niño-escritor debira asomarse un poco más al jardín del mundo.
Rolando Gabrielli©2006
Comentado por: rolando gabrielli el 11/1/2007 a las 17:57
Comentado por: chiquito de la calzada el 11/1/2007 a las 13:12
Javier Rioyo (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias de la Información. Periodista, escritor, director y guionista de cine, radio, televisión y dramáticos. Dirigió y presentó el programa semanal de libros Estravagario en TVE 2, con el que obtuvo el Premio Fomento a la Lectura 2005, concedido por la Federación del Gremio de Editores de España. También ha sido responsable de cultura y libros en el programa diario Hoy por hoy de la cadena SER. Es colaborador habitual de El País (escribe para el suplemento semanal Domingo) y de la revista Cinemanía.
En televisión, Rioyo ha presentado el programa "El Faro" del canal Documanía y ha obtenido dos premios Ondas en Radio y uno en Televisión. Ha sido guionista de numerosos festivales de música para Canal+, así como de los premios Goya, y de diversos programas de radio y televisión. También coordinó los guiones para la serie Severo Ochoa. Ha dirigido y participado en cursos de Comunicación y Cultura en diversas universidades españolas. Formó parte del Comité Asesor de Alfaguara y ha sido jurado de festivales de cine y premios literarios en varias ocasiones.
Es autor del libro Madrid: casas de lenocinio, holganza y malvivir (Espasa Calpe, Premio 1992 Libros sobre Madrid); y de La vida golfa (Aguilar, 2003). En 2005, con su productora Storm Comunicación, realizó la producción ejecutiva y el guión de Miracolo Spagnolo, un documental para la RAI sobre la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno y su primer año de legislatura. También dirigió y produjo Alivio de luto, un vídeo documental en el que entrevista a Joaquín Sabina; así como Un Quijote cinematográfico.
En 1994 fundó la productora Cero en conducta, con José Luis López-Linares, con la que tuvo a su cargo el guión y la dirección de Alberti para caminantes (2003); y la producción ejecutiva y el guión del largometraje Un instante en la vida ajena (2003), que obtuvo el Premio Goya al mejor documental; así como de Tánger, esa vieja dama (2002). También ha codirigido con José Luis López-Linares el cortometraje Los Orvich: Un oficio del Siglo XX (1997), y los largometrajes Extranjeros de sí mismos (2001), nominado al mejor documental en la XVI edición de los Premios Goya; A propósito de Buñuel (2000); Lorca, así que pasen cien años (1998), nominado a los premios Emmy 1998; y Asaltar los cielos (1996), nominado a los premios Goya al Mejor Montaje, y ganador del Premio Especial Cine, de los Premios Ondas 1997.
05/9/2008 23:24
Publicado por: Una ET en Euskadi
05/9/2008 19:26
Publicado por: escarola
05/9/2008 18:41
Me gustan especialmente las dos...
Publicado por: oe
05/9/2008 18:37
Pues no se me ocurre nada que...
Publicado por: oe
05/9/2008 13:23
Publicado por: aLex
05/9/2008 13:11
Publicado por: escarola
04/9/2008 16:18
el cuerpo de bomberos con casco...
Publicado por: marea
04/9/2008 14:03
Lo malo es que con el uniforme...
Publicado por: Enea
04/9/2008 13:58
Publicado por: Enea
04/9/2008 12:53
Publicado por: Enea
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