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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

jueves, 28 de agosto de 2008

Blog de Javier Rioyo

¿HAY QUE SEGUIR COMPRANDO LIBROS?

Yo sigo comprando libros. Otros, muchos, me llegan sin tener que comprarlos. Es algo parecido a una enfermedad. Una vieja enfermedad que convive conmigo hace ya muchos años. Una enfermedad que de momento, y por los síntomas, no parece tener cura. Algunos seguimos aumentando la biblioteca, contra el espacio, contra el tiempo y contra la realidad. Ya tenemos, hace mucho, muchos más libros de los que nunca podremos leer. Y sin embargo seguimos comprando. Seguimos acumulando la posibilidad de lecturas. Conozco algunos escritores que supieron terminar con esa enfermedad, con el viejo rito de acumular libros, de construir una biblioteca que no tiene fin. Por ejemplo, Manuel de Lope, apenas tiene en casa unos centenares de libros. Dice que no le hacen falta. Incluso para algún dato, para alguna consulta, ni acude a internet ni espera encontrar la solución en su casi inexistente biblioteca. Llama a un amigo que, ese sí, tiene el viejo vicio de guardar los libros y además saber usarlos. De Lope, compra y pide un libro, lo termina y prescinde de su presencia. Él es así.

Vargas Llosa, sí era partidario de tener una amplia biblioteca. Al menos lo era de joven. Creo que ahora mantiene que con tener dos mil libros ya puedes dar por satisfecho tu afán por tener lo esencial. Dicen que Gabriel García Márquez era poco partidario de conservar los libros, de hacer una gran biblioteca y que incluso le gustaba mostrar un cierto desapego al libro. Si su mujer y él estaban leyendo el mismo libro, no le importaba cortar las hojas para que su mujer pudiera seguir leyendo casi al tiempo. Yo creo que ahora cuidará más los libros. Tendrá una biblioteca de libros completos.

Bryce Echenique, en uno de sus traslados de casa, de ciudad o de las dos cosas, decidió no abrir las cajas de los libros trasladados. Ahí los dejó, encajados, escondidos, hasta que un día decidió regalarlos. Huir de su tentación. También prohibió a las editoriales que le mandaran libros a casa. Tiene los que compra o los que no puede evitar que le regalen los amigos, conocidos o saludados. ¡Otra lacra!

El que tenía bastantes libros, revistas, fotos y otros fetiches culturales era Guillermo Cabrera Infante. Al menos así le pareció a su amigo el actor, Alan García. Cuando una vez estuvo en la casa londinense de Guillermo, preguntó eso que muchas veces te preguntan algunos que se cuelan en tu biblioteca: ¡Cuántos libros! ¿Los has leído todos? Cuando su querido amigo también le hizo esa pregunta, Guillermo se quedó unos segundos en silencio, pero terminó contestando: solamente una vez.

Canetti, como tantos, se murió sin haber leído la mayor parte de los libros que su biblioteca contenía. Pero no dejó de comprar hasta el último día, siempre tenía la esperanza de leerlos algún día.

¿Y que pasa  con nuestros libros? ¿Los quieren como nosotros los quisimos nuestros herederos? Pues no es lo más normal. Lo normal de esas bibliotecas que son parte de la vida de las personas, de esos espacios que tanta información da de nosotros, acabe en algún saldo, en algún librero de viejo. Ese es un digno destino. Los hay peores, los hay vendidos al peso. Incluso expulsados sin misericordia del lugar que ocuparon en nuestras vida.

Esto se me estaba ocurriendo cuando quería reflexionar sobre un texto que he leído hace poco: Contra el ignorante que compraba muchos libros, un rescatado texto de Luciano por el editor, librero y bibliófilo Chus Visor, traducido del griego por Manuela García Valdés. De ese libro hablaré el lunes. Ahora me voy a poner orden, a buscar espacio a los libros que han llegado en estos días.

[Publicado el 12/1/2007 a las 13:25]

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Comentarios (17)

  • ROTUNDAMENTE SI.
    Yo también tengo mi propia biblioteca debí empezarla cuando tenía unos 9 años, ahora tengo 33, ella va creciendo conmigo. En edad y en número de volumenes que ya supera los 1.500 sé que son pocos, pero esa Biblioteca para mi es el lugar más maravilloso del mundo, por que encierra toda mi vida.
    Leer y los libros son mi refugio, mi manera de vivir, si tengo un libro al lado, una historia que esté leyendo me siento más tranquila. Y la vida se vuelve menos agresiva. Leer nos hace libres, más tolerantes e incluso creo que mejor personas.


    Comentado por: María Aixa el 26/1/2007 a las 13:30

  • Lee mi articulo BIBLIOTECAS PRIVADAS: INSTINTO DE POSESION de MARIA AIXA SANZ, y os aseguro que os sentires identificados. A mi me pasó y a muchos colegas y amigos.
    http://blogs.ya.com/mariaaixasanz/

    Comentado por: Abel Martí el 24/1/2007 a las 17:47

  • Se llevan en la memoria, es cierto, aún recuerdo los 11 o 12 años que tenia cuando leí "La historia interminable". Cuando lo acabé lloré porque el libro no era interminable y me dí cuenta de que estaba condenada a la lectura sin fin. Pero los libros que me han gustado nunca los he leido menos de 2 veces, cambian con el tiempo (bueno, cambiamos nosotros), por eso quiero guardarlos. Mi pareja y yo llevamos acumulando los libros desde nuestra infancia. En casa, tranquilamente, debemos tener unos 400 libros amontonados (más los que estan en casa de nuestros padres, con algo más que 40m2). Yo siempre se lo he dicho: "Quiero llegar a viejecita con mi biblioteca, sentarme en un sofá y releerlos una y otra vez". Eso es lo único que quiero para mi vejez, leer hasta que me canse.
    Ahora, con casi 30 años, cuando a mis sobrinos les apetece leer algo, no muy a menudo, me preguntan sobre lo que tengo en la biblioteca, sobre un determinado tema. Y me satisface mucho poderles recomendar libros y libros, porque eran buenos, porque me gustaron, porque me hicieron reir o llorar. Y aún más, me gusta ver como entre tantas posibilidades siempre son ellos los que finalmente lo escogen.

    Comentado por: Andrea el 17/1/2007 a las 22:23

  • Durante años yo también atesoré libros. Los ordenaba y clasificaba. Los abría al azar y releía las notas que mi lápiz impulsivo había dejado en los márgenes durante su lectura. Luego, lo más preciado para mí se convirtió en un ancla. No podía levantarla y llevarla conmigo y debí cortar la cadena y dejarla allí, abandonada.
    Hoy comprendo que los libros se llevan en la memoria y en el corazón. No obstante, cada tanto recuerdo mis libros, uno por uno, y me pregunto qué será de ellos al otro lado del océano.

    Comentado por: Laura el 17/1/2007 a las 21:29

  • Han pensado en esa infinita biblioteca de Babel de la que habla Borges, es el modelo infinito de todas las posibles combinaciones de palabras en todos los idiomas conocidos y desconocidos desde el inicio de los tiempos hasta el fin de los mismos. Por otra parte Nerudo decía que su biblioteca debía de caber en una maleta y ser fácilmente transportable.

    Comentado por: jose manuel sánchez-paulete el 15/1/2007 a las 20:42

  • Cierto que se seguirían escribiendo, pero si no se pueden leer ¿de qué sirven? de hecho, la explosión de los Blogs ha supuesto sacar a la luz esos diarios íntimos que cada uno llevaba en un cuaderno.

    ¿Escribir para uno mismo, en exclusiva, o para que te lean los otros? Ésa es la cuestión.

    Comentado por: Placero el 15/1/2007 a las 10:05

  • Placero, esa relación causa-efecto entre la compra de un libro y el acto de escribir es, sencillamente, una banalidad. En el caso hipotético de que nadie comprara libros, dejarían de publicarse, desde luego. Pero escribirlos se escribirán siempre en pergamino, encuadernados o electrónicos. Quizá no te hayas expresado bien, porque no creo que relaciones el misterio que impulsa a tantos a escribir libros con un balance de cuentas negativo.

    Comentado por: Pico de la Mirandola el 15/1/2007 a las 05:48

  • Sí. Hay que seguir comprando para que se sigan escribiendo

    Comentado por: Placero el 14/1/2007 a las 23:42

  • Es muy personal la biblioteca de cada cual.
    Me gustan mucho los libros. Necesito tenerlos y "customizarlos" con mis notas. Mis libros dejan de ser libros, son además libros&libretas.

    Comentado por: armstrongfl el 14/1/2007 a las 13:38

  • Yo en cambio sigo robando libros. Cada vez menos, eso sí, y no porque mi mísero sueldo me permita comprarlos, sino porque me descorazona ver que los seguratas son ya más jóvenes que yo.Con los seguratas pasa como con los futbolistas. Durante la infancia y la adolescencia te parecen hombres hechos y derechos. Te impresiona su porte, su confianza en sí mismos. Uno empieza a envejecer cuando se da cuenta de que los futbolistas no son más que chiquillos. O cuando al salir de una librería con un libro camuflado bajo el abrigo, miras de reojo al segurata y te parece sólo un pobre chaval con un curro ingrato y un uniforme ridículo. Luego está el tema de que te pillen y de tener que dar explicaciones. En esos casos preferiría vérmelas con el autor, con el editor, con el traductor si lo hubiere, con el corrector o con el librero antes que con un tío uniformado. Pero ese es el problema de robar sólo en grandes superficies. Sólo ves a los uniformados con pistola o con corbata. La última vez que me pillaron fue con 2666 de Bolaño. Me trataron fatal los de El Corte Inglés. No llevaba el dinero suficiente para pagarlo. Salí a la calle, me acordé de Ulises Lima y de Arturo Belano y me tomé unas cervezas a la memoria de Cesárea Tinarejo. Una semana más tarde logré robarlo. Disfruté las mil y pico páginas de 2666 tanto como las maldije mientras trataba de ocultarlas de algún modo entre mi ropa. Menos mal que era invierno.

    Lucen tan hermosos y dignos los libros de mi ya bien surtida biblioteca que, sólo cuando los abro, recuerdo por unos instantes su origen oscuro y, con la sonrisa agridulce de delito, leo, leo y leo para recuperar la inocencia perdida.


    Gracias, Javier, por tu blog.


    Comentado por: Pico de la Mirandola el 14/1/2007 a las 03:28

  • Al que le sobren libros que me los dé. No tengo problemas. Tengo pocos pero me los releo bastante. Antes se cambiaban por 1 peseta. Los traslados son un coñazo, es verdad, pero la próxima vez llamo a Mudanzas EL PATO que ya estoy hasta los huevos de escaleras sin ascensor. En los libros gordos se puede esconder de todo, lo he visto en alguna película de espías y tal. Yo tenía un amigo que se liaba porros con las hojas de la Biblia, normal, todo tiene muchos usos, el periódico sirve sobretodo para pintar la casa, eso lo sabe todo el mundo, pero, repito, si alguien los va a tirar, que lo diga aquí y ya encontraremos la forma de recogerlos.

    Comentado por: kinki tranki el 13/1/2007 a las 01:34

  • El ordenador está acabando con los libros. ya casi no nos queda tiempo para nada más, tengo unos cinco mil libros que guardo y cuido como algo ya antiguo. Me parece que incluso las bibliotecas desapareceran o al menos cambiaran por videotecas,cederromtecas o algo similar y si no, tiempo al tiempo.

    Comentado por: Antonio Larrosa Diaz el 13/1/2007 a las 00:14

  • Leer todos los libros que quisiéramos nos llevaría varias vidas; vivir todas las vidas que deseáramos nos llevaría infinitos libros.
    Un solo instante basta para amar a una mujer.

    Comentado por: pppirri el 12/1/2007 a las 23:32

  • Que envidia, esa de que te regalen libros. Yo me los tengo que comprar y alguno que otro me lo bajo de internete, aunque siempre que me interesa termino comprándolo, la edición electrónica aún me parece incómoda para leer en la cama y para doblar una página.

    Comentado por: Capitán Pescanova el 12/1/2007 a las 21:03

  • Uno tiene los libros que quisiera leer en el resto de su vida.Algunos llegamos quizá a pensar sin conocerlo o reconocerlo que hasta que no leamos todos los libros no podremos morirnos, tan jóvenes.

    Comentado por: el amigo de Miguel Torga el 12/1/2007 a las 17:06

  • Ahora pienso en uno que solía tirar los libros a la chimenea...

    Comentado por: anónimo el 12/1/2007 a las 14:53

  • Eduardo Mendoza no guarda muchos libro yo solo tengo cinco , el resto los regalo , los que tengo son :

    Diccionario de AZUA .

    Aforismos de KAFKA

    El don de la palabra SERRA

    La biografia de ROMERITO ( EX DEL BARÇA), no confundir con ROMARIO

    la biblia ( pero prefiero la peli)

    Comentado por: albert pla el 12/1/2007 a las 13:45

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Biografía

Javier Rioyo (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias de la Información. Periodista, escritor, director y guionista de cine, radio, televisión y dramáticos. Dirigió y presentó el programa semanal de libros Estravagario en TVE 2, con el que obtuvo el Premio Fomento a la Lectura 2005, concedido por la Federación del Gremio de Editores de España. También ha sido responsable de cultura y libros en el programa diario Hoy por hoy de la cadena SER. Es colaborador habitual de El País (escribe para el suplemento semanal Domingo) y de la revista Cinemanía.

 

En televisión, Rioyo ha presentado el programa "El Faro" del canal Documanía y ha obtenido dos premios Ondas en Radio y uno en Televisión. Ha sido guionista de numerosos festivales de música para Canal+, así como de los premios Goya, y de diversos programas de radio y televisión. También coordinó los guiones para la serie Severo Ochoa. Ha dirigido y participado en cursos de Comunicación y Cultura en diversas universidades españolas. Formó parte del Comité Asesor de Alfaguara y ha sido jurado de festivales de cine y premios literarios en varias ocasiones.

 

Es autor del libro Madrid: casas de lenocinio, holganza y malvivir (Espasa Calpe, Premio 1992 Libros sobre Madrid); y de La vida golfa (Aguilar, 2003). En 2005, con su productora Storm Comunicación, realizó la producción ejecutiva y el guión de Miracolo Spagnolo, un documental para la RAI sobre la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno y su primer año de legislatura. También dirigió y produjo Alivio de luto, un vídeo documental en el que entrevista a Joaquín Sabina; así como Un Quijote cinematográfico.

 

En 1994 fundó la productora Cero en conducta, con José Luis López-Linares, con la que tuvo a su cargo el guión y la dirección de Alberti para caminantes (2003); y la producción ejecutiva y el guión del largometraje Un instante en la vida ajena (2003), que obtuvo el Premio Goya al mejor documental; así como de Tánger, esa vieja dama (2002). También ha codirigido con José Luis López-Linares el cortometraje Los Orvich: Un oficio del Siglo XX (1997), y los largometrajes Extranjeros de sí mismos (2001), nominado al mejor documental en la XVI edición de los Premios Goya; A propósito de Buñuel (2000); Lorca, así que pasen cien años (1998), nominado a los premios Emmy 1998; y Asaltar los cielos (1996), nominado a los premios Goya al Mejor Montaje, y ganador del Premio Especial Cine, de los Premios Ondas 1997.

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