El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
sábado, 30 de agosto de 2008
UN POETA EN CULTURA
El otro día, ayer creo, hacía yo la promesa de trasmitir los deseos de muchos para que el maldito Leopoldo María Panero tuviera un premio nacional importante, digno y remunerado. Lo del Premio Cervantes me parecía excesivo, aunque yo no descartaría nada, ¿no era un loco quien consiguió la gloria para Cervantes? Sin embargo, sí creo que otros muchos premios que desde las cercanías oficiales se promueven, manejan o cómo se quiera llamar que sí pensaba decírselo a la ministra en una comida privada que ya nunca tendrá lugar, al menos, no en su condición de ministra. Saludos y los mejores recuerdos y deseos para Carmen Calvo. Los que pretendan saber más de esa ministra que surgió de la palabra, que se revisen la excelente entrevista que el otro día, el sábado 30 de junio, publicaba el diario El País. Se ha ido diciendo la verdad. No creo que se haya ido por decir la verdad.
Y ahora, para seguir con el tono amable, y lo hago, lo mantengo porque así lo siento, dar la bienvenida a un viejo amigo al Ministerio de Cultura. Estoy en una edad que ya los amigos son ministros, ex ministros, premios literarios incluso, premios Planeta. En fin, eso que yo ni me entero, además me siento rejuvenecer más allá de la realidad deformante de los espejos. A mí los espejos siempre me tienen tirria. Soy como un perpetuo caminante del callejón del Gato, uno que siempre está más cerca de su esperpento que de su imaginación. Me imagino una cosa, y resulto ser el esperpento de eso que imagino… Bueno, a lo que quería llegar, a dar la bienvenida a un poeta al Ministerio de Cultura. Creo que es la primera vez. Al menos la primera en democracia. Estuvo muy cerca el poeta Luis Alberto de Cuenca, pero se quedó en Subsecretario o como se llamara su cargo. Y estuvo, al menos esos dicen quienes tienen memoria, el escritor y guionista, Jorge Semprúm. Pero casi nadie se enteró. Por eso escribió un libro sobre su paso por el ministerio. Un libro, por cierto que se lo recomiendo al nuevo ministro. Seguro que César ya lo habrá leído. O si no alguien de su casa. El nuevo ministro habita en un hogar lleno de libros, lecturas, poemas, sueños, literatura… y él, precisamente él, que tuvo voluntad de no ser visto, ahora tiene que dar la cara, la palabra, la obra y además, hacerlo bien. Que haya suerte César, sino siempre nos quedarán las poesías y las melancolías del mundo de Cunqueiro. Siempre nos quedará la imaginación de cómo nos gustaría que fueran las cosas.
Volveré a escribir sobre el nuevo ministro. Mejor dicho, más sobre el periodista, ensayista y poeta que conocí.
[Publicado el 06/7/2007 a las 13:23]
Aprendices!!!
Aquì está la prueba de que mis afirmaciones son exactas y que los del ejército de Marcos tendrán que reconocer la autoría moral y la inspiración porque quedarán peor parados que los bufones del Rey.
Gabriel García Márquez y Roberto Pombo entrevistan al subcomandante Marcos en Ciudad de México (25 de marzo de 2001)
QUIERO MI PARTE DE LA TORTA MEDIÁTICA Y NO SOY FOX NI ZORRA. SOY LA VÍCTIMA DE UNOS MISÓGINOS BISEXUALES Y MEZQUINOS PERVERSOS Y MISERABLES.
Se les acabó el tiempo, LADRONES.
9 de julio de 2007 17:32
Premio consuelo para Lucía Folino dijo...
http://www.elortiba.org/marquez1.html
9 de julio de 2007 17:41
Comentado por: Lucía Angélica Folino el 09/7/2007 a las 22:54
ay... Filemón (otro personaje bancado por el gran Joaquín Sabina para herir la sensibilidad de quien fuera su "Torrente" de ideas):
¿Dónde está tu Mortadello?
...podés irte al carajo, porque no entendiste que esto no es un juego, es cetrería. Una verdadera cacería humana.
Un beso.
Lu.
Comentado por: Lucía Angélica Folino el 09/7/2007 a las 03:19
Siempre supe que los ripios de Sabina en la revista Interviu esconden el código secreto de todas las futuras cotizaciones en bolsa de las multinacionales discográficas y de la fecha en que José Luis Perales enfermó de paperas.
Claro, que los códigos que utiliza Sabina en sus ripios tienen una razón de ser. Un fundamento político, económico y misógino.
Ese fanatismo por los toros, esa cercanìa al Atleti, su relaciòn con Letizia y con Felipe, su amistad con Oliart Saussol, se fundamentan en su relación de "tapar con la piratería" a la musa: su Top manta.
La elecciòn del partenaire Serrat fue una broma de mal gusto (el concierto es patético, como habrás notado) únicamente interesada en "joder a Lucía" y que yo, la víctima de su mal gusto congénito, lo mire por tevé.
Todo un asco, como puede apreciar Su Señoría.
Cuando Ramoncín lo llamó "vomitivo y nauseabundo", ¿adiviná las palabras de quien repitió el infeliz?
¿Acaso no sabía que eso mismo dije yo con un megáfono en la puerta del teatro en abril del 2006?
Cierto, que aunque fue grabado por cien periodistas NO SALIÓ EN LOS DIARIOS.
¿Cuánto le pagó Sabina por hacerle el jueguito?
El gusto por humillarme, va tan lejos como es capaz la perversión humana de un voyeur multimillonario.
¿Sabés por qué tanto ensañamiento?
Porque yo lo admiraba sinceramente, y hay gente que no soporta que la quieran.
Comentado por: Lucía Angélica Folino el 09/7/2007 a las 03:14
Un eminente filósofo español, Ramoncín, propuso ayer que las musas generen derechos de autor.
Las burlas de Ramoncín, parte necesaria del macro negocio SGAE son pedantes y penosas.
¿El pueblo español es tan estúpido como quieren hacernos creer sus cantautores?
Comentado por: Lucía Angélica Folino el 09/7/2007 a las 03:06
Al final se te hará justicia, querida Lucía. Un eminente filósofo español, Ramoncín, propuso ayer que las musas generen derechos de autor. Sería una forma de combatir la piratería y de repartir mejor las ganancias de las discográficas y de ciertos servidores de Satán. Nunca lo dudé, las discográficas introdujeron a Satanás en los dormitorios de las clases medias y ya están pagando el precio aunque sea a costa de asesinar folclóricas como Rocío Jurado o Rocío Dúrcal o de humillarlas, como en el caso de Pantoja. Los servicios secretos de George Orwell están desenfocados en las televisiones de los bares, pero funcionan todavía. Siempre supe que los ripios de Sabina en la revista Interviu esconden el código secreto de todas las futuras cotizaciones en bolsa de las multinacionales discográficas y de la fecha en que José Luis Perales enfermó de paperas. Pero a pesar de todo soy optimista. El Mal no triunfará. Ya lo dijo Ramoncín en una noche loca: "A fructibus cognoscitur arbor".
No sé si estás de acuerdo conmigo. Si no lo estás mándame al carajo, porque nunca he visto mandar al carajo con tanto arte como lo hace la gran Lucía Angélica Folino. Un beso.
Comentado por: Filemón Pi el 09/7/2007 a las 00:19
Mi estimado Filemón Pi:
Puedo, pero no hace falta.
Todo el mundo sabe donde encontrar las huellas.
El big back up de los Servicios de Inteligencia internacionales orwellianos tienen la respuesta.
¿Tiene Pancho Varona una furgoneta Kangoo?
jajajajajajajajajajajajajajajaja
El mejor chiste de la tarde.
Siempre soy yo la que anda toreando con el bolso a los tranvías y él un voyeur que se aprovechó de las minas del Rey Salomón (lo peor es que no me regaló ni un Pico Dulce, por tanto saqueo y vampirización).
Modestamente, no soy yo... es un alguien muy superior quien siembra mi boca de epítetos (algunos lo llamamos Dios).
El diablo anda cerca. Cuidado.
Comentado por: Lucía Angélica Folino el 08/7/2007 a las 23:22
Lucía,
¿nos puedes mostrar las actas que demuestran que Joaquín Sabina es el artífice de un contubernio judeo-masónico universal, de una conspiración en cuyo origen se esconden las peores tragedias de nuestro tiempo? ¿Tiene Pancho Varona una furgoneta Kangoo? ¿Tiene algo que ver la mochila de Vallecas con la chica del paso de cebra que toreaba con su bolsa a un autobús en la canción de Sabina? Menos mal que estás tú para alertarnos, aunque tarde, de tanta maldad.
Comentado por: Filemón Pi el 08/7/2007 a las 11:41
@ Rioyo, Grifo:
Este mensaje es para que te enteres la calaña de tus amiguitos de la política socialista de derechas.
Hola,queria decirle a Lucia Angelica que PEPE prejuzco a Mª de la Pau basándose en uno hechos que son demostrables.Pepe dice que el PP nos llevo a una guerra no solo en Irak,si no tambien en Madrid donde murieron 192 personas..
Bueno, si vamos al caso, yo fui quien advirtió en los foros oficiales de Sabina, sabineros y varona, que el PP los mandaría a la guerra contra Irak[/b], unos cuantos meses antes de que ocurriera. me llamaron de todo menos linda.
Había estado en Madrid por un par de meses. Entendía que la politica de Aznar era puro imperialismo ochentoso (como se demostró luego de su derrota electoral cuando lo enviaron a Miami a planificar la toma de Cuba tras la muerte de Fidel).
Hablando de derrotas, también avisé en los mismos sitios, que no era ETA la causante de los atentados de Atocha (no daban las cuentas de los complotados para tener confianza en ganar las elecciones y estaban de duelo) y tras una investigación breve, aunque con fastidio, y dos anuncios de desligamiento de ETA sobre los hechos se llegó a la hipótesis que condujo a Zapatero al trono presidencial.
¿Y quien reconoció eso?
Nadie.
Porque la gente que recibió la noticia, gente de Zona de Obra, Sabina y la Sony, en espacio casi privado porque no había demasiados usuarios en ese entonces -lo aplaudió como si fuera un streaptease en el desierto- se quedó con todo el crédito, abrazándose a los ganadores y consiguiendo ventajas patrimoniales y personales importantísimas.
Resumiendo, Zapatero nunca supo de donde le vino el crédito y el PP organizó una investigación que duró un año (sin resultados) para determinar "de donde se filtró la información" que postulaba que los diarios El país-Clarín y sus repetidoras de Telam y CNN mentían con afán político.
Es lo que hay.
Lu.
Comentado por: Lucía Angélica Folino el 08/7/2007 a las 02:30
@ no sé si es pura basura, no me dan ganas de leer un choclo tuyo en letras difuminadas... me cuesta más que si la tinta fuera de color negro.
No creo que en la vida haya tiempo de aburrirse, pero para eso hay que estar conmigo cerca... jajajajajajajajaja, es el precio que se debe pagar: compartir las rentas.
Comentado por: Lucía Angélica Folino el 08/7/2007 a las 02:28
Comentado por: Lucía Angélica Folino el 08/7/2007 a las 02:26
Comentado por: Alex Rojo el 08/7/2007 a las 01:38
Comentado por: Alex Rojo el 08/7/2007 a las 01:34
Río Perdido
No sé cuando pasó realmente. Mi sección había sido trasladada hacía el oeste. Se preveía el avance de las tropas nacionales por todo el sector y por prudencia nos habían mandado hacía el límite noroeste de la línea del frente para defender la zona cercana a la carretera que unía el frente con la ciudad. Por esa carretera llegaban los suministros y se evacuaba a los enfermos. Nuestra sección era parte de la milicia que había sido reclutadas apresuradamente por los sindicatos después del levantamiento militar del dieciocho de julio, formada en el espíritu del diecinueve de julio cuando se arengo a los trabajadores a armarse para defender la ciudad pero eso ahora ya no importa mucho.
La zona estaba completamente despoblada ya que la que la población había sido evacuada. Había varias granjas que habían sido tomadas por las milicias y en las que se habían instalado puestos de retaguardia como un pequeño hospital en el que se trataba a los heridos más graves y se evacuaba al resto a la ciudad. Yo acababa de cumplir dieciocho años y por entonces no sabía gran cosa de la vida, solo sabía que estábamos en guerra contra los militares, la aristocracia y la iglesia, que no era poco. Al mando de mi sección había un “teniente” belga, llamado Thomas Rich. Era mucho mayor que los veinticinco soldados que componíamos la sección pero entonces no éramos soldados, éramos camaradas que luchábamos contra el fascismo y por la revolución.
Las tropas allí estacionadas estaban construyendo nidos de ametralladora para fortificar la zona ante el inevitable avance de las tropas nacionales. No había una línea que delimitara la línea del frente claramente sino que había una tierra de nadie que nos separaba de las tropas franquistas. Donde comenzaba el bosque empezaba la tierra de nadie que previsiblemente sería ocupada rápidamente por el avance de las tropas nacionales y nosotros teníamos órdenes de montar un parapeto defensivo en las planicies que se abren al terminar el bosque antes de llegar a la carretera principal. Era de vital importancia salvaguardar esa zona aunque según decían las noticias que corrían de boca en boca el ataque principal se esperaba hacía el sur, cerca del antiguo cementerio. Muchos pueblos de la zona noroeste habían caído lentamente pero aún muchos seguían siendo dominados por la República. En esta zona salpicada por tupidos bosques el avance nacional se hacía difícil aunque poco a poco iban ganándonos terreno. La batalla por la ciudad sería de vital importancia para el transcurso de la guerra. Salvar la ciudad, era ganar la guerra y yo estaba con mi sección en primera línea del frente. Tras una semana concentrados en el límite del bosque la espera comenzó a ser tensa. Nos aburríamos y no teníamos nada que hacer durante horas interminables. En aquella época dormí poco. Siendo tan joven era difícil luchar contra el sueño y los más mayores hacían interminables guardias para que pudiésemos dormir por las noches, más que nada porque no se fiaban de los más jóvenes. La comida era buena aunque siempre era lo mismo, termine por odias las judías con patatas aunque ahora cuando las como siento como si volviera a tener dieciocho años. Todavía no sabía si había matado a algún fascista o no. Había participado en algunas escaramuzas pero solo había disparado desde lejos con antiguo fusil en el que no se sabía para que servía la mirilla. Si había matado a algún soldado nacional no lo sabía aunque durante los primeros combates de la guerra cuando disparaba el fúsil sentía que estaba disparando al mismísimo Franco aunque entonces no hubiera acertado ni a un elefante.
- ¿Quién era Franco, abuelo?. – Pregunto el pequeño Jorge sentado a los pies de su abuelo en el salón de la casa.
- ¡ Franco, Franco! Deja ya de contar esas historias al niño. Tomás, va a llegar de un momento a otro y no le gusta escuchar como llenas la cabeza de cuentos a su hijo. - Exclamo la madre de Jorge, Patricia, saliendo de la cocina con un plato en la mano.
- No mama, yo quiero escuchar al abuelo.
- Me has dado una buena idea Juan, mañana comeremos judías. – Dijo Patricia con la mano tocando su perfilada mandíbula.
- No judías no, otra vez no, díselo abuelo, dile lo malas que están las judías.
Las judías que hace tu madre durante la guerra no se hubieran llamado judías, nos hubiéramos pelado por poder comer un plato. Por entonces se llenaban los platos con una especie de líquido marrón con un par de judías y un trozo de patata hervida aunque la verdad es que en el frente lo mejor que teníamos era la comida, nunca faltaba. Los medicamentos escaseaban por no decir que no existían y no teníamos ni pantalones, ni botas por no hablar del armamento. Llegaban remesas de fusiles soviéticos pero solo se los daban a los más experimentados. Al pertenecer a la milicia estábamos relegados de las misiones más importantes aunque participábamos activamente en la guerra. En el frente había un trato cordial y amable. Todos éramos iguales, todos podíamos morir en cualquier momento y aún luchábamos por la revolución aunque eso después se termino.
Yo no sabía ni leer ni escribir. El “ teniente” Thomas nos daba libros y nos enseñaba el abecedario pero los libros estaban escritos en ingles y no nos servía de mucho pero Thomas siempre decía que cuando acabase la guerra todo sería diferente. Los niños aprehenderían a leer y escribir en la escuela desde pequeños. Estábamos luchando contra el fascismo y el capitalismo y nuestros hijos nacerían libres. Thomas había venido desde Bélgica después de comenzar la guerra, cuando llegaron las brigadas internacionales. Eran obreros que habían llegado desde todos los rincones de Europa para luchar contra el fascismo y por la revolución. Habían dejado su trabajo, su casa, su familia para combatir en una guerra extranjera por una bandera que no era la suya pero entonces cualquier obrero del mundo solo tenía una bandera. Nos subíamos a una colina cercana y divisábamos el horizonte mientras el sol se ponía. Nos aburríamos mucho aunque ya sabíamos que era mejor aburrirse que entrar en acción. Cualquiera que allá estado en una guerra te dirá lo mismo, cualquiera que haya tenido que combatir cuerpo a cuerpo contra el enemigo sabe lo brutal y encarnizado que es luchar. La mayoría de gente moría por azar, una bala perdida, una bomba pero avanzar sobre una colina desde que la que varias ametralladoras escupen fuego no es fácil, hay que ser de piedra para no llorar y caer rendido. Mirábamos como el abrupto bosque se perdía en el horizonte y nos preguntábamos donde estarían los fascistas. No sabíamos cuando podrían atacar ni por donde podrían venir. Ese bosque significaba lo extraño, lo inexplicable, la guerra.
- Ya estas otra vez contándole tus historias al niño. Te he dicho mil veces que no le cuentes mentiras a tu nieto. Es muy pequeño para comprender lo que le cuentas, no te das cuenta que solo es un niño. – Dijo enfurecido Tomás mientras cerraba la puerta con un golpe seco y hacía un ademán para quitarse la chaqueta del traje.
- No te he escuchado venir. Me estoy haciendo demasiado viejo y las cosas pasan demasiado rápido, ya no me entero de nada. Si hubiese sabido que venías hubiera empezado a cantar el cara al sol. – Contesto Miguel Angel, el abuelo sentado en su pequeña mecedora mientras acariciaba la pequeña cabeza de Jorge que aún seguía sentado a sus píes.
- ¿Que es el cara al sol? – Pregunto Jorge mirando a su abuelo.
- ¡No ves!. Esas cosas es mejor que no las sepa. Ya tendremos tiempo para explicárselas cuando sea mayor. Luego ira a contárselo a sus amigos y tendrá problemas. Deja a tu abuelo y prepara la mesa para cenar, Jorge. Tu nieto ha nacido en una democracia y ya aprenderá en la escuela todo lo que le hace falta saber.
- ¡Democracia!. Capitalismo, eso es lo que significa esta democracia. ¿Qué crees que le van a enseñar en la escuela? Mentiras, solo mentiras. Mírate, trabajando de sol a sol por una miseria, lamiendo los píes a tu jefe todos los días para que en la escuela le enseñen a tu hijo cuatro bobadas y tu mujer esta sola en casa.
- Patricia trabaja todas las mañanas en una oficina y da las gracias que después de trabajar venga a casa a cuidarte, preparar la cena y hacer la casa.
- No te pongas así Tomás. Al fin y al cabo recuerda como te llamas. Es bueno que Jorgito sepa estas cosas y es importante que pase tiempo con su abuelo. – Exclamo Patricia desde la puerta de la cocina.
- Tu mujer es lo que mejor te ha pasado en la vida. No te la mereces sino fuera por ella hace tiempo que esta casa se hubiera venido abajo. La levante con mis propias manos después de que hubiera acabado la guerra y mírame ahora aquí sentado que ni siquiera puedo levantarme solo de la mecedora.
- Si hubieras hecho caso al hermano de tu mujer y le hubieras comprado estas tierras, en vez de alquilarlas y plantar sandías ahora seríamos ricos y no tendríamos que pasar por estos apuros. Tengamos la fiesta en paz y vayamos a cenar. – Exclamo Tomás mientras cogía por el hombro a su padre y le ayudaba a levantarse.
La familia, sentada alrededor de la cocina continuaron hablando mientras cenaban. Jorgito escuchaba las conversaciones de sus padres sin prestar mucha atención pensando aún en la guerra en la que lucho su abuelo. Desde que había nacido su hermana pequeña, Andrea, sentía que ya no le prestaban atención, y su abuelo era el único con el que podía pasar las tardes. Su madre estaba demasiado ocupada cuidando de su hermana y recogiendo la casa y su padre, Tomás, llegaba demasiado tarde para poder jugar con el aunque teniendo a su abuelo no le importaba. Vivían en una casa alejada del pueblo cerca del bosque y era demasiado pequeño para ir al pueblo a ver a sus amigos de la escuela. Pasaba las tardes montando en bicicleta después de hacer las tareas que encomendaban los maestros en la escuela. Su abuelo le ayudaba y salía de casa con el para dar un paseo mientras el montaba en la bicicleta. A veces jugaban con el balón y su abuelo le contaba historias sobre viejos jugadores de fútbol. Siempre le escuchaba porque cuando hablaba parecía que el mundo se hubiera detenido y al mirarle a los ojos parecía como si todas aquellas cosas que contaba las estuviera volviendo a ver. El abuelo a veces se quedaba callado y Jorgito no sabía que decir. A veces hablando de la guerra, o de algún antiguo trabajo mirando al cielo se quedaba completamente callado. Su padre decía que su abuelo ya estaba viejo y que no se acordaba bien de las cosas que había vivido y que por eso, a veces se quedaba callado. Le contaba cosas que no entendía, cosas que no llegaba a comprender: Tercera internacional, capitalismo, partido socialista, anarquismo, terratenientes. Su abuelo no solía contestar a las preguntas que le hacía y siempre se quedaba con la duda sobre si había entendido lo que le estaba diciendo o se estaba confundiendo. Allí sentado, con su familia cenando alrededor de la mesa, al lado de su abuelo, escuchando hablar a su padre sobre su trabajo en la oficina, pensaba en lo que haría al día siguiente en la escuela. A su padre no le gustaba cuando el abuelo comenzaba a hablar de la guerra, se sentía incómodo y siempre le regañaba y por eso se sentaba a escuchar a su abuelo cuando su padre no estaba.
Después de cenar y recoger la cocina se sentaron en el salón a ver la televisión. Su madre, cansada después de estar todo el día trabajando, se tumbaba en el sofá y estiraba las piernas encima de su padre, y el abuelo fatigado se sentaba en la vieja mecedora para mirar viejas revistas. La pequeña Andrea tumbada en su pequeña cunita lloraba de vez en cuando y su padre se levantaba para cogerla e intentar que se durmiera. Todos los días veían una película, y muchas veces a Jorge no le dejaban verla porque su padre decía que luego tendría pesadillas. Aquella noche echaban una película que el no podía ver y su madre le mando que subiera a la habitación. En la casa, asentada encima de una pequeña colina, solo quedaba encendida la luz del salón. Es una vieja casa de dos plantas, con un pórtico de madera, tras la cual se oculta el sol todas las tardes. Un viejo árbol despliega algunas ramas sobre el tejado de la casa y en la otra esquina un laurel despunta hacía el cielo. Jorge, tumbado en la cama miraba por la ventana pensando en todas las historias que le había contado su abuelo sobre aquel bosque que se perdía en el horizonte. Su habitación tenía una estantería llena de libros que todavía no podía leer. No había sitio en la casa para tantos libros y su madre había puesto varias decenas en su habitación. Desde que había nacido Andrea había llenado su cuarto con muebles que antes estaban en la habitación que ahora ocupaba su hermana. Todos los días preparaba lo que iba a llevar al día siguiente a la escuela. En la mesa de la habitación colocaba todos los libros que iba a usar al día siguiente y colocaba concienzudamente todos los lápices y rotuladores que tendría que llevar. Quedaba poco para que la escuela se terminase y estaba decidido a sacar buenas notas para que su padre no se cabrease, sino tendría que pasar todo el verano estudiando y no podría irse de campamento como el resto de los chicos de la escuela. Su profesora había llamado a su madre para decirle que no prestaba suficiente atención y desde entonces tenía que pasar más tiempo estudiando durante las tardes aunque como no podía marcharse muy lejos tampoco le importaba.
- Hijo, no hagas caso a tus padres, la televisión solo dice tonterías. – Dijo el abuelo desde la puerta de la habitación.
- No, sino me importa. Estoy ya acostumbrado y además si la película es de miedo luego por la noche no puedo dormir. ¿ Abuelo, por que luchabais en la guerra? ¿ Por que hubo una guerra?.
- Luchábamos para detener una dictadura fascista y también por la revolución.
- ¿Que es la revolución?
- Luchar por lo que crees. Luchar por el débil, por el oprimido, luchar por la libertad aunque muchos no sabían lo que significaba aquello.
- ¿ Como podían luchar por algo que no sabían lo que significaba?
La mayoría de la gente no sabía por que luchaba. A unos les había tocado en un bando aunque en el fondo pensase de forma distinta. Muchos ni siquiera sabíamos lo que era la revolución aunque al final solo luchábamos por la libertad y la democracia pero al principio fue todo muy distinto. El ejército se había levantado en Marruecos y en muchas ciudades españolas contra el gobierno de la República. No se sabía que había pasado pero desde que había llegado la República todo era distinto. En la ciudad se respiraba un ambiente diferente, había una sensación de libertad que no gustaba a muchas personas. La Republica quería cambiar España, modernizarla, y la clase trabajadora empezó a tener la oportunidad para luchar por sus intereses. La iglesia presenciaba horrorizaba los cambios que estaba sufriendo España. Había escuelas libres de enseñanza, grandes sindicatos que luchaban contra la patronal, por sus derechos. Recuerdo el primer día que me entregaron un fusil. La gente permanecía cerca de las centrales de los sindicatos, yo entonces trabajaba con mi padre en una carpintería. Hubo tres ministros en un solo día porque se negaban a repartir armamento a los trabajadores pero al final el último cedió ante lo que ya era una guerra civil. Tomamos edificios importantes, las calles eran nuestras. Hubo tiroteos cerca de los cuarteles del ejército aunque muchos permanecieron leales a la República. Me inscribí en la milicia y aunque no sabíamos ni siquiera disparar estábamos dispuestos a luchar contra los fascistas. Con la paga que ganaba podía ayudar a mi familia como mis dos hermanos. Yo era el más pequeño y aunque mi madre no quería era imposible no tomar parte en aquellos días. Mi padre estaba muy contento, por fin, decía el, teníamos la oportunidad de enfrentarnos a nuestros enemigos: Fascistas, aristócratas, militares, curas y conservadores. Al principio me mandaron al norte de la provincia, a la sierra, donde patrullábamos durante días enteros a través de las montañas. Al norte los golpistas habían vencido y tomado varias ciudades, pero nosotros aquí habíamos vencido. Después de siete meses sin disparar un solo tiro, sino era para divertirnos, nos mandaron a esta zona, donde ahora nosotros vivimos, fue entonces cuando lo vi aunque ya nadie me crea.
- ¿Que viste abuelo? – Pregunto Jorge tumbado en la cama con la cabeza apoyada sobre las manos.
- Nada hijo nada. Tal vez, algún día tu también lo veas. Ahora acuéstate e intenta dormirte, mañana tienes muchas cosas que hacer y yo ya estoy cansado. – Contesto Miguel Ángel mientras cubría a su nieto con las sábanas y se acercaba hasta la puerta para apagar la luz.
- No apagues la luz, me da miedo.
- No tienes que tener miedo de la oscuridad, a veces es nuestra mejor aliada pero toma esta pequeña linterna, la puedes encender en la cama hasta que te duermas.
- Gracias abuelo. Buenas noches.
- Descansa y mañana pórtate bien en la escuela.
Jorge intento cerrar los ojos pero no podía. Tenía miedo de todas las sombras que se alargaban por la habitación como fantasmas errantes y condenados a vagar por la oscuridad. Con la pequeña linterna encendida alumbraba las esquinas de la habitación pensando en lo diferente que parece todo cuando no hay luz. Lentamente se fue quedando dormido y al final tras un rato luchando contra el sueño cayo completamente dormido con la linterna encendida junto a su pecho.
Comentado por: Alex Rojo el 08/7/2007 a las 01:31
Desde tu ventana
Desde la ciudad ya
no se pueden ver las estrellas
solo queda la luz
de los coches y las farolas.
La luna deambula
por los tejados de la ciudad
brillando en la enigmática
noche eléctrica
de bombillas y neones.
Los tristes charcos
reflejan la monotonía
de las luces que brillan
distantes e insolentes.
La noche tiene
sus propias criaturas,
bellas y extravagantes
perdidas en la madrugada
de un día sin sentido.
Tristes amapolas,
fríos puñales,
invisibles mendigos
que pasean por
la ciudad perdidos.
Tu estas dormida,
no te mueves en la cama,
casi ni respiras.
Desde tu ventana
se adivina el mundo
como una sombra
perdida en la oscuridad.
El paso del tiempo
deja un rocío oxidado
sobre las ruinas de la tierra
que transita lenta
por el universo tan solo
acompañada por la luna
y el fuego fatuo de las estrellas.
Comentado por: Alex Rojo el 08/7/2007 a las 01:24
Comentado por: Lucía Angélica Folino el 07/7/2007 a las 04:33
Soy como un perpetuo caminante del callejón del Gato, uno que siempre está más cerca de su esperpento que de su imaginación. Me imagino una cosa, y resulto ser el esperpento de eso que imagino...
Extraordinario.
Así me siento yo cuando mis compañeros de escuela son embajadores, intendentes, jueces, concejales, ministros o son elegidos como diputados.
Comentado por: Lucía Angélica Folino el 07/7/2007 a las 04:32
Días atrás comentaba Rioyo que como no podía regalar poetas, entregaba su poesía, regalaba sus creaciones. Hay una canción titulada algo así como It's raining men que en un anuncio han mareado hasta la extenuación .
Hoy para el ministerio de Cultura nos han regalado un poeta.
Ójala también llovieran poetas como llueven hombres en la letra de esa canción.
Entonces otros serían los charcos:
¡Nunca en doma!
Comentado por: losencillo el 06/7/2007 a las 20:58
La incorporación de Molina me parece magnífica, al igual que la de Soria. Creo que ambos están muy por encima de sus antecesoras.
Un saludo,
Diego
Comentado por: Diego Fernández el 06/7/2007 a las 16:09
Y estuvo, al menos esos dicen quienes tienen memoria, el escritor y guionista, Jorge Semprúm. Pero casi nadie se enteró
.,..---- ;;;;;;;;;........
y dijo Semprún: Hay que pelar bien la cebolla Grass. Las hojas de navaja que nos daban eran marca Gilette, y también nos daban Corned beef, pero las hojas que no eran de hojalata no eran para afeitarnos nosotros, no eran para nosotros ( Más o menos, Grass, pág. 203 ó 4 ó dos de Alfaguara)
cierto
Enea
Comentado por: Enea el 06/7/2007 a las 15:36
Javier Rioyo (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias de la Información. Periodista, escritor, director y guionista de cine, radio, televisión y dramáticos. Dirigió y presentó el programa semanal de libros Estravagario en TVE 2, con el que obtuvo el Premio Fomento a la Lectura 2005, concedido por la Federación del Gremio de Editores de España. También ha sido responsable de cultura y libros en el programa diario Hoy por hoy de la cadena SER. Es colaborador habitual de El País (escribe para el suplemento semanal Domingo) y de la revista Cinemanía.
En televisión, Rioyo ha presentado el programa "El Faro" del canal Documanía y ha obtenido dos premios Ondas en Radio y uno en Televisión. Ha sido guionista de numerosos festivales de música para Canal+, así como de los premios Goya, y de diversos programas de radio y televisión. También coordinó los guiones para la serie Severo Ochoa. Ha dirigido y participado en cursos de Comunicación y Cultura en diversas universidades españolas. Formó parte del Comité Asesor de Alfaguara y ha sido jurado de festivales de cine y premios literarios en varias ocasiones.
Es autor del libro Madrid: casas de lenocinio, holganza y malvivir (Espasa Calpe, Premio 1992 Libros sobre Madrid); y de La vida golfa (Aguilar, 2003). En 2005, con su productora Storm Comunicación, realizó la producción ejecutiva y el guión de Miracolo Spagnolo, un documental para la RAI sobre la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno y su primer año de legislatura. También dirigió y produjo Alivio de luto, un vídeo documental en el que entrevista a Joaquín Sabina; así como Un Quijote cinematográfico.
En 1994 fundó la productora Cero en conducta, con José Luis López-Linares, con la que tuvo a su cargo el guión y la dirección de Alberti para caminantes (2003); y la producción ejecutiva y el guión del largometraje Un instante en la vida ajena (2003), que obtuvo el Premio Goya al mejor documental; así como de Tánger, esa vieja dama (2002). También ha codirigido con José Luis López-Linares el cortometraje Los Orvich: Un oficio del Siglo XX (1997), y los largometrajes Extranjeros de sí mismos (2001), nominado al mejor documental en la XVI edición de los Premios Goya; A propósito de Buñuel (2000); Lorca, así que pasen cien años (1998), nominado a los premios Emmy 1998; y Asaltar los cielos (1996), nominado a los premios Goya al Mejor Montaje, y ganador del Premio Especial Cine, de los Premios Ondas 1997.
30/8/2008 00:44
desescame, sirenita ...o... ...
Publicado por: el cartero
30/8/2008 00:38
Publicado por: oe
30/8/2008 00:33
oh! hombre oe, es usted tan...
Publicado por: sirenita
30/8/2008 00:33
Me voy a dormir ya, cartero......
Publicado por: oe
30/8/2008 00:25
jajaja (es que me descojono)...
Publicado por: oe
30/8/2008 00:17
Escarolaaaaaaaaaaaaa, mira al oe...
Publicado por: sin pluma como voy a escribir?
30/8/2008 00:17
Publicado por: oe
30/8/2008 00:07
Publicado por: oe
30/8/2008 00:04
Publicado por: el c
29/8/2008 23:51
Que no, que no. Es indecisa,...
Publicado por: oe
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