El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
viernes, 29 de agosto de 2008
POLANCO
Cuando entramos en esa ciudad más o menos silenciosa, en el cementerio de La Almudena, pensé que deberíamos habernos escapado al otro cementerio cercano, al Cementerio Civil. Ese discreto cementerio, un vecino silencioso, un espacio razonablemente ordenado. Y esos sí, demasiado pequeño para haber sido el refugio de la España laica. Un lugar demasiado estrecho para que allí se den cita los que quieran hacer un paseo por las varias españas. Por algunos de los mejores ejemplos de nuestras disidencias. Sin olvidarnos del liberalismo, el progresismo o las utopías. Que todo eso y mucho más estaba mal visto por la España “oficial” que también se encargaba de administrar la entrada en los cementerios.
En el Cementerio Civil están los mundos no fundamentalistas y pero también tienen allí asiento algunos fundamentalismos de otras religiones no católicas. No sé bien porqué, en el entierro de Jesús de Polanco, me dio por pensar en ese lugar civil, civilizado, laico y español. Y por lo tanto, en un espacio sentimental en el que muy bien, muy cómodo y muy bien rodeado se hubiera encontrado el Jesús de Polanco que yo recuerdo.
Tampoco hubiera estado mal allí, en el Cementerio Civil, su amigo el cura, el jesuita amigo que decía las últimas palabras para Polanco. Era su amigo, el mismo que acuñó aquello de “Jesús del Gran Poder”, ese tan peculiar tan sacerdote que es Martín Patino- no es casualidad que sea hermano de Basilio, o que Basilio sea hermano suyo- sabe que el Cementerio Civil es una tierra amable para los que tengan más o menos fe, para los capaces de ir con los socialdemócratas hasta la muerte- ¡pero ni un paso más!-, para los que sean sentimentales y para españoles en general, que no tengan el estilo Rouco en materia de fe. Creo que la mayoría de los que estuvimos en el entierro de Polanco seríamos bienvenidos en el otro cementerio de al lado.
No estaría mal ir pensando en hacer ese espacio más grande, más cómodo, menos olvidado Desde luego me imagino muy bien a Polanco, discutiendo, discrepando, divirtiéndose y haciendo fácil el trabajo de algunos talentos que por allí descansan, que allí han ido de perpetuas vacaciones, de largo reposo. Ya sabría él llevarse la plusvalía. Y, eso sí, todos estarían más contentos. Habría llegado a sus aburridas vidas, o muertes, alguien capaz de activar sus inteligencias. Alguien que les invitaría a dar rienda suelta a su libertad de expresión. Se reconocerían en éste empresario tan fundamental en nuestras vidas.
Así ha sido en las vidas, las cosas, las letras y las libertades de los que hemos tenido la fortuna de trabajar en ese grupo que creció por su impulso, por el impulso de muchos en los que confió, en los que supo delegar sus firmes creencias en un país mejor, más libre y con menos fundamentalismos.
Cuando pensaba eso, también recordaba un lugar dónde se veía a Polanco en una suerte de soledad en compañía. Dónde más veces le vi., en los conciertos, en el Teatro Real o en el Auditorio. Allí, después de mil batallas, se podía ver a un hombre disfrutando de esa soledad sonora. De ese estar en lugares tan verdaderos como los de la música.
Ayer, desde el entierro, pensando en otro lugar para su entierro, le recordé escuchando ensimismado una música que sigue siendo el refugio de algunos que no podían ser solitarios.
[Publicado el 23/7/2007 a las 12:44]
Comentado por: jose manuel sánchez-paulete el 24/7/2007 a las 17:52
Comentado por: posible explicación el 23/7/2007 a las 22:34
Un abrazo a la familia del diario El país.
Y un poema que escribí para una propuesta "antilógica" de www.clarín.com
HÉCTOR YACIENTE.
Héctor yace atado por tobillos,
al carro de la gloria
del Pelida
y en su último aliento
lo maldijo.
Este Cristo invertido y lacerado
nos recuerda lo inútil de su guerra
anticipando el rumor de toda muerte,
vahído y sombra del presente arte,
repugnante negrura
donde el sexo es la abrupta calavera,
la cruz condenatoria,
sabedora invisible
del músculo tensado en la tragedia.
Comentado por: Lucía Angélica Folino el 23/7/2007 a las 17:30
Por cierto,¿alguien podria explicarme a quien aplaudian en el entierro? ¿Al muerto por haberse muerto o al enterrador por hacer su trabajo?
No lo entiendo.
Comentado por: maleas el 23/7/2007 a las 14:16
La ultima vez que estuve en el Cementerio Civil senti que aquél espacio me reconciliaba con esa ciudad,con la historia de mi pais.Su simple existencia era un principio de esperanza.No todo se ha perdido.En aquella soledad recordaba..
" y un dia dedicado a la mejor memoria
de aquellos,cuyas vidas
son materia común,
sustancia y fundamento de nuestra libertad
mas allá de los límites estrechos de la muerte."
Cuando el poeta hizo esa visita no estaba solo,yo,pobre de mi,con menos valor e inteligencia que él,si lo estaba.Y sin embargo,sentí una sensación de paz como pocas veces la he tenido.
Hoy,tambien la muerte es puro comercio y las ultimas voluntades,si las hay,rara vez son respetadas.
Comentado por: maleas el 23/7/2007 a las 14:13
Javier Rioyo (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias de la Información. Periodista, escritor, director y guionista de cine, radio, televisión y dramáticos. Dirigió y presentó el programa semanal de libros Estravagario en TVE 2, con el que obtuvo el Premio Fomento a la Lectura 2005, concedido por la Federación del Gremio de Editores de España. También ha sido responsable de cultura y libros en el programa diario Hoy por hoy de la cadena SER. Es colaborador habitual de El País (escribe para el suplemento semanal Domingo) y de la revista Cinemanía.
En televisión, Rioyo ha presentado el programa "El Faro" del canal Documanía y ha obtenido dos premios Ondas en Radio y uno en Televisión. Ha sido guionista de numerosos festivales de música para Canal+, así como de los premios Goya, y de diversos programas de radio y televisión. También coordinó los guiones para la serie Severo Ochoa. Ha dirigido y participado en cursos de Comunicación y Cultura en diversas universidades españolas. Formó parte del Comité Asesor de Alfaguara y ha sido jurado de festivales de cine y premios literarios en varias ocasiones.
Es autor del libro Madrid: casas de lenocinio, holganza y malvivir (Espasa Calpe, Premio 1992 Libros sobre Madrid); y de La vida golfa (Aguilar, 2003). En 2005, con su productora Storm Comunicación, realizó la producción ejecutiva y el guión de Miracolo Spagnolo, un documental para la RAI sobre la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno y su primer año de legislatura. También dirigió y produjo Alivio de luto, un vídeo documental en el que entrevista a Joaquín Sabina; así como Un Quijote cinematográfico.
En 1994 fundó la productora Cero en conducta, con José Luis López-Linares, con la que tuvo a su cargo el guión y la dirección de Alberti para caminantes (2003); y la producción ejecutiva y el guión del largometraje Un instante en la vida ajena (2003), que obtuvo el Premio Goya al mejor documental; así como de Tánger, esa vieja dama (2002). También ha codirigido con José Luis López-Linares el cortometraje Los Orvich: Un oficio del Siglo XX (1997), y los largometrajes Extranjeros de sí mismos (2001), nominado al mejor documental en la XVI edición de los Premios Goya; A propósito de Buñuel (2000); Lorca, así que pasen cien años (1998), nominado a los premios Emmy 1998; y Asaltar los cielos (1996), nominado a los premios Goya al Mejor Montaje, y ganador del Premio Especial Cine, de los Premios Ondas 1997.
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