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viernes, 10 de octubre de 2008

Blog de Javier Rioyo

UMBRAL

Ha muerto un maestro. Al menos un maestro de la prosa en los periódicos. Y no sólo de los periódicos. Francisco Umbral es uno de nuestros mejores escritores del pasado siglo. Digo del pasado siglo porque lo que escribió, lo que hizo de él un maestro de todos los que buscábamos literatura en los periódicos ya lo escribió el pasado siglo. Desde hace tiempo se repetía. Y él lo sabía hace tiempo. Hace ya unos años publicó uno de esos libros autobiográficos- todos lo son- en donde ya hablaba de sí mismo como un escritor, un hombre, que ya había sido. Como un escritor del pasado, del pasado reciente, pero del pasado. Un ser de lejanías como decía Heidegger que era el hombre.

Los que buscamos literatura en los periódicos, además de libertad en el modo y en los temas, el encuentro con el Umbral escritor de los años 70 fue esencial. Heredero de los mejores maestros. Y además, inventor de una nuevas formas más libres de expresar lo cercano, lo banal o profundo de esa nueva vida de los españoles que era vivir en la democracia. Umbral nos hacía reír, nos aportaba humor en vez de llevarnos al retrato trágico, sombrío o amargo del mejor periodismo del pasado que habíamos estudiado, leído en Larra.

Precisamente el primer libro que recordamos de Umbral es una biografía- toda biografía es autobiografía- sobre Larra, Anatomía de un dandy. Umbral era un Larra al revés. Sin sentimiento trágico de la vida. Con frescura ante la guapa gente de derechas y con cercanía elegante a los progres de las izquierdas de variado pelaje. Era un ácrata burgués. Un descreído que ligaba, y que vivía muy bien, con la construcción de su mundo literario y con la invención de sí mismo. Nunca conseguí ser su amigo. No tenía muchos amigos, era más de “conocidos”, saludados o ignorados, pero sí admiré su escritura incluso desde las mayores discrepancias. Lamenté que su pluma, su inteligencia, tantas veces la entregara a quien no la merecía.

Era un sentimental disfrazado de duro. Un duro que no había soltado su lastre de español sentimental. Un madrileño que fue chico de provincias. Un provinciano cosmopolita. Uno de los maestro de la escritura en los periódicos. Un maestro de ese género. Un género que unos dominan y otros no. Como los sonetos. Se puede ser un gran poeta sin saber hacer sonetos. Se puede ser un gran escritor sin saber hacer una columna. No se puede ser lector de prensa literaria en español e ignorar o despreciar a Umbral. Más allá de las ideas encontró la escritura y su música. Consiguió aquello que decía Valle Inclán, “ideas  tenemos todos, lo difícil es pintar literariamente un gitano con un burro”. Umbral fue capaz. Quiso hacerse un escritor de éxito y lo consiguió. Tuvo el éxito pero no abandonó la escritura. La mejor.

[Publicado el 28/8/2007 a las 13:06]

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Comentarios (7)

  • Hace ya medio siglo que un tal Francisco Pérez Martínez, nacido en Madrid pero de ascendencia vallisoletana, se sacó de la manga el seudónimo que ha rubricado las crónicas y columnas más brillantes desde Mariano de Cavia, las unas, y Cesar González Ruano, las otras.
    Más que amigo de Cela, siguió la estela del Nóbel con el talante altivo y desafiante del que se sabe heredero de una gran estirpe de periodistas y un renovador de la prosa. Tal vez por eso, llegó a suscitar casi tantas fobias como filias. Tanto es así que en cierta ocasión pude oír, de labios de un colega generacionalmente más joven, que Umbral era un mal necesario. Yo, que jamás me sentí inclinado a sentir por él ni lo uno ni lo otro, estoy convencido de que si no hubiese existido, habríamos tenido que inventarlo.

    Comentado por: Francisco J. Caparrós el 15/9/2007 a las 22:12

  • No entiendo tanto empeño en juzgar, etiquetar, apedrear lo que Umbral fue o dejó de ser como persona. Lo más leve que se me ocurre es acusar de ligereza a quien asegura que Umbral como persona dejó mucho que desear. A lo mejor, lo que se está criticando, es al personaje, la imagen que daba, la máscara que usaba. Pero persona y personaje no suelen coincidir, y menos en alguien que hizo de sí mismo un personaje literario, como Valle, como Larra, como los poetas malditos y románticos.
    Y lo peor, es que quienes aseguran con ligereza que Umbral como persona dejaba mucho que desear, no han sido capaces de leer un libro de él. Recojo la recomendación de Rioyo (soberbio, jefe) de leer Un ser de lejanías. Sólo los tontos miran al dedo cuando lo que se está señalando es el sol. Perdón.

    Comentado por: Raúl el 06/9/2007 a las 22:01

  • Quizás Maleas tiene razón Umbral como persona dejaba mucho que desear, pero la gente, al menos la gente que lee periódicos y libros, lo conoce por eso, por su artículos y sus libros. Era un gran columnista literario, epígono de César González Ruano, y un gran escritor y cito solo dos de sus más de cien títulos: "Mortal y rosa" y "Trilogía de Madrid". Como decía de sí mismo: "Somos la piedra y el mar que la pule".

    Comentado por: jose manuel sánchez-paulete el 29/8/2007 a las 18:25

  • Umbral no me caía especialmente bien pero sus escritos merecen todo mi respeto.
    Un texto precioso Javier.
    Un abrazo.
    Álvaro

    Comentado por: Álvaro Fernández el 29/8/2007 a las 12:49

  • Solo le vi una vez Albert,iba con la Victoria Vera,¡Menudo par de frikis endiosados!.Él,apestaba a soberbia a doscientos metros de distancia y ella a pachuli. Como para no verlos.
    Puedo contar algunas historias que me han referido de como llevaba lo de las mujeres.Mejor dejarlo.

    Comentado por: maleas el 29/8/2007 a las 00:18

  • Joder maleas vaya rajada .

    Comentado por: albert pla el 28/8/2007 a las 22:16

  • Si Javier,uno de los mejores doscientos escritores españoles del siglo pasado.En cuanto a su calidad humana,ayer hablabamos de Cela,de tal palo tal astilla.Y claro las copias siempre salen peor.Jamás hubiese intentado ser amigo de tal individuo.En cuanto a su retorica,mas huera que la puntilla de un huevo.Descanse en paz.

    Comentado por: maleas el 28/8/2007 a las 22:08

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Biografía

Javier Rioyo (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias de la Información. Periodista, escritor, director y guionista de cine, radio, televisión y dramáticos. Dirigió y presentó el programa semanal de libros Estravagario en TVE 2, con el que obtuvo el Premio Fomento a la Lectura 2005, concedido por la Federación del Gremio de Editores de España. También ha sido responsable de cultura y libros en el programa diario Hoy por hoy de la cadena SER. Es colaborador habitual de El País (escribe para el suplemento semanal Domingo) y de la revista Cinemanía.

 

En televisión, Rioyo ha presentado el programa "El Faro" del canal Documanía y ha obtenido dos premios Ondas en Radio y uno en Televisión. Ha sido guionista de numerosos festivales de música para Canal+, así como de los premios Goya, y de diversos programas de radio y televisión. También coordinó los guiones para la serie Severo Ochoa. Ha dirigido y participado en cursos de Comunicación y Cultura en diversas universidades españolas. Formó parte del Comité Asesor de Alfaguara y ha sido jurado de festivales de cine y premios literarios en varias ocasiones.

 

Es autor del libro Madrid: casas de lenocinio, holganza y malvivir (Espasa Calpe, Premio 1992 Libros sobre Madrid); y de La vida golfa (Aguilar, 2003). En 2005, con su productora Storm Comunicación, realizó la producción ejecutiva y el guión de Miracolo Spagnolo, un documental para la RAI sobre la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno y su primer año de legislatura. También dirigió y produjo Alivio de luto, un vídeo documental en el que entrevista a Joaquín Sabina; así como Un Quijote cinematográfico.

 

En 1994 fundó la productora Cero en conducta, con José Luis López-Linares, con la que tuvo a su cargo el guión y la dirección de Alberti para caminantes (2003); y la producción ejecutiva y el guión del largometraje Un instante en la vida ajena (2003), que obtuvo el Premio Goya al mejor documental; así como de Tánger, esa vieja dama (2002). También ha codirigido con José Luis López-Linares el cortometraje Los Orvich: Un oficio del Siglo XX (1997), y los largometrajes Extranjeros de sí mismos (2001), nominado al mejor documental en la XVI edición de los Premios Goya; A propósito de Buñuel (2000); Lorca, así que pasen cien años (1998), nominado a los premios Emmy 1998; y Asaltar los cielos (1996), nominado a los premios Goya al Mejor Montaje, y ganador del Premio Especial Cine, de los Premios Ondas 1997.

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