El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
jueves, 28 de agosto de 2008
PALETOS EN NYC
Joe Gould era un hombrecillo risueño y demacrado que fue muy conocido en los comedores, bares y tugurios de Greenwich Village. Algunas veces subía hasta Central Park. Se paraba en algunos tugurios, en alguno de esos bares que estuvieron llenos de irlandeses, de neoyorquinos de variada procedencia. Uno de esos lugares era Clarke’s donde nunca tomaba una hamburguesa. Ni siquiera unos huevos Meredith. También lo podría haber hecho, pero nunca lo hizo, en J.G. Melon, en Smith and Wolensky. Me parece que en aquellos años -en la década de los 40- no estaba abierto el muy carnal Peter Luger de Brooklyn. Tampoco me hubiera hecho con las carnes de los garitos del Mercado de la Carne. No creo que tomara el pastrami de Katz’s. Pero desde luego le conocían muy bien en la barra de Fanelli´s. Le conocían muy bien en todas las barras del Village y en muchas de la vieja ciudad. Joe Gould era un genio superviviente, no había comido bien desde un banquete en Cambridge antes de la Primera Guerra Mundial, estaba orgulloso de no ser un paleto aunque era un gran tipo que sólo presumía de sus carencias. Se alimentaba de las salsas de ketchup que era la única cosa que no te hacían pagar en los bares. El bohemio Gould, el penúltimo neoyorquino, estaba preocupado en otras cosas, en terminar su magna obra Historia oral de nuestro tiempo.
Los de pueblo, los paletos en Nueva York, somos muchos y de toda condición. Yo soy de un pueblo llamado Madrid, un pequeño lugar que quiere ser cosmopolita, abierto y sin complejos desde hace unos cuantos siglos. Paleto en Nueva York fue Lorca, de su pueblo Fuentevaqueros, pasando por tascas madrileñas como “Carmencita”, fue capaz de encontrar el alma, y lo desalmado, de esta ciudad. También de su pueblo de Huelva, del limpio y silencioso Moguer, vino hasta NY con su sofisticada mujer Juan Ramón Jiménez, Hizo un poco el paleto, el cateto, pero supo paladear lo bueno y fue un viajero que escribió después de pasar por la ciudad de ciudades, Diario de un poeta recién casado.
Cateto, quiero decir de pueblo segoviano e hijo de un guardia civil, fue uno de los más elegantes pintores de la mejor escuela pictórica de esta ciudad, Esteban Vicente. También de su pueblo, de Barcelona, pero muy madrileño, fue Felipe Alfau. Otro de los españoles atrapados en esta ciudad. Uno de esos exquisitos escritores que también frecuentó tugurios y tabernas. El autor de esa deliciosa rareza que es Locos, que tanto gustaron a Mary McCarthy y a otros que le leyeron en su adoptada lengua inglesa. A mí me fascinó en español.
Paleto, cateto, también dos amigos que viven entre esto y aquello, Antonio Muñoz Molina, de un pueblo de Jaén, nada menos que de un lugar llamado Úbeda. Refinado lugar desde mucho antes del renacimiento. Con Muñoz Molina que conoce muy bien la ciudad -casi tanto como el escritor Eduardo Lago, premio Nadal por una novela pensada y escrita entre Brooklyn y Manhattan– he estado en ese lugar al que de vez en cuando vuelvo, ese lugar llamado Clarke’s que nada gusta a un refinado seguidor de Sánchez Dragó. Espero que su pasión llegue hasta dónde él quiera. Incluso me importa un higo, o dos, si lame ciruelos.
En esta ciudad, en NYC, donde desde hace 30 años vive el muy mundano, sabio galerista del arte del mueble del pasado siglo, mi amigo de un pueblo de Orense llamado Miguel Saco, es uno de los guías de lujo por la ciudad oculta, prohibida. Visible, lujuriosa, clásica, nueva y vieja. Saco, que es uno de los secretos mejor guardados del arte español, se reía cuando le comenté que no le gustaba a un no se qué residente en NY que hubiéramos comido en ese lugar donde varias veces lo hicimos. En fin tampoco le extrañó nuestra cita a Manolo Valdés, paleto de Valencia, residente en NYC. Incluso a algunas de mis más queridas neoyorquinas, y de Madrid y Granada, las hermanas García Lorca las he visto comer en garitos peores. Además cantar después de haber cenado. Y también beber. Eso sí confieso que también nos gusta el “Four Season’s”. Y el bar del primer hotel que hace décadas conocí en NY, el Gramercy. Sin hacer ascos a repetir cóctel de “Employees Only”. Hay una camarera paleta, una de la América profunda que me encanta. Eso sí, esta noche me lamentaré en “The Village Vanguard” de las prisas de mi artículo de la otra noche. La culpa mía. Las faltas, la incorrección y lo relajado de esta ciudad. Una ciudad fantástica para catetos. También para turistas. Incluso para residentes pedantes. Una ciudad desde donde añoro esa tasca madrileña de callos tan caros como angulas. Me tengo que refinar los gustos. Hoy tengo cita en “The Modern”, que me gusta a pesar del nombre.
Perdón, a mí también me duelen mis faltas. Aunque tengo tildes, no tengo tiempo. Lo siento.
[Publicado el 20/9/2007 a las 10:26]
ojala que bush pierda las ellecciones y que estados unidos se vaya al garete ,lo tienes muy creido,creo que para ellos esto va a ser su declive,va a ser otro vietnan,solo que el del siglo nuevo.
Comentado por: norka el 23/3/2008 a las 23:09
Amén.
El azar me trajo a este sitio.
KRISTINA ESTÁ APAÑADA POR EL PODER DE BUSH, Y EN CONTRA DE LA U.E. Y EL MERCOSUR.
¿SE ENTIENDE ESO O HAGO UN DIBUJITO, CHAVEZ?
Comentado por: Lucïa Angélica Folino el 24/9/2007 a las 15:51
Caramba, cuanto tiempo sin mentar al grupo PRISA...
Rioyo, al gimnasio ya!
Y la próxima vez, escriba un SONETO a la hoja de lechuga.
(Sin aliñar, por supuesto)
Cualquiera es cualquiera, y ninguno lo niega...
Comentado por: Marta el 24/9/2007 a las 04:37
Que se gane la vida escribiendo, e incluso este gordo y lustroso, Javier Rioyo es un ejemplo de que cualquiera, si no ha podido trabajar en otra cosa, puede hacerse escritor, incluso de un cierto éxito en este mundo global con un poco de ayuda de Prisa y otro poco de Cruzito Canario.
Comentado por: el amigo de Miguel Torga el 23/9/2007 a las 20:13
Pura moda sin verdadero arte.
LA DOCENCIA COMO COMPROMISO.
SOBRE UNA CARTA DE ISABEL CHIARA DE MUJERES EN GUERRA.
http://mujeresenguerra.blogspot.com/
Y ríen y siguen pidiendo más.
ay, qué recuerdos me trajiste de mi primer año como profesora de "Formación cìvica" a los 23.
1981. Pleno apogeo del gobierno militar del proceso genocida más aberrante que sufrió nuestro pueblo. Cualquiera podía caer en las garras de los "milicos" por pensar diferente. Me tocó verlo en Corrientes y Talcahuano, pleno centro de Buenos Aires. Mis alumnos de un colegio nocturno, algunos mayores que yo, se encontraban conmigo en boliches bailables de la época. Nos tuteábamos. Les daba clases de "Educación cívica" porque no me gustaba "instruir" ni "formarlos" en líneas de soldado. Trabajábamos con canciones. Sí canciones. Con las de Miguel Hernández y Serrat. Años después se sucedieron muchísimas otras: Eladia Blázquez, Silvio Rodríguez, Rubén Blades, Joaquín Sabina, Alberto Cortés, los tangos de Discépolo y de los Homeros. La poesía de Vallejo marcaba el poema del día. La de Neruda. La de Parra.
Aquel año hasta leyeron El principito por primera vez en su vida (eran chicos de zonas marginales). Los profesores de la sala compatida me miraban raro. Temerosos. Algunos, mayores que yo, que después fueron grandes intelectuales y que recuerdo con emoción me alertaron, alentaron y me dieron material de difícil acceso (revistas, fotocopias). No es que desconociera los sucesos, sino que no podía entender que mi método de trabajo les resultara tan hostil. Sabía que habían prohibido libros específicamente políticos, pero no podrían prohibir la voz popular.
Permitieron solamente un 25% de música en español en las radios.
No querían saber nada con la educación, con la cultura. Eran asesinos profesionales. En la Feria de Ciencias, mis alumnos que eran de escuela técnica, armaron un stand con pegatinas y fotos del nano. Pusieron la canción "Para la libertad" cuando entré al salón de actos, a todo volumen. Habían pintado durante el transcurso de la escolaridad su propia aula con esfuerzo personal y comprado los materiales con dinero de sus bolsillos para relacionar el contenido curricular: orden y pulcritud.
Ese fin de año, el director en la fiesta de cierre del curso, dijo que: "no se aceptarían profesores que ejercieran actos de demagogia". Aplaudí pensando que hablaba de los fascistas. No. Hablaba de mí. Al año siguiente me quitó cinco horas cátedra poniéndome en un horario absurdo que terminaba a las 12.30 de la noche en solamente un curso de dos horas semanales. Me acompañaba en el colectivo de regreso (que sigue siendo una línea tan mal cuidada como en aquel tiempo porque entra a barrios marginales) el mismo profesor de Historia que me diera datos imprescindibles sobre el Museo Histórico de la Ciudad, y que compartiera mi afición por Platón y la Filosofía del Derecho. No volví a verlo y lo lamento. Tiempo después escribió libros académicos.
Yo, molesta porque muchos alumnos se entusiasmaron con la Guerra de Malvinas y se enrolaron para combatir, pese a mi oposición al combate, abandoné la cátedra (grave error porque eso me significó un retroceso en la carrera docente) para dedicarme a hacer un posgrado en la U.B.A. En 1983 el posgrado en Asesoría de empresas no volvió a abrirse y perdí la cursada.
Tu hija tiene que insistir contra los inspectores cobardes, los directores pusilánimes, contra un sistema que retiene a España en una monarquía pseudo representativa que avala sus ingresos en el colonialismo americano que ejerce descaradamente.
Todo se junta en la memoria, anoche estuve viendo en un programa de Televisión Registrada, unas expresiones de la actriz Cecilia Rosetto a quien la conductora imputaba su condición de ultraizquierda como causa de su falta de trabajo.
Ella dijo en el 2000 algo que bien pudo haber salido de mi boca, después de aclarar que tuvo un marido desaparecido en la dictadura.
"Es ilógico que digas que no trabajo por mis ideas siendo que algunas mujeres que le hicieron FELATIO a los genocidas siguen saliendo en tapas de revistas como grandes damas".
La conductora alegó "no saber a qué se refería con eso de FELATIO".
La mujer a la que específicamente se refería, no solo siguió participando, sino que también hizo lo mismo con ex presidentes de los que todavía no se nombran sin tocarse un pecho -como si fuera la "bicha"-. Después se juntó con un chico menor que su hijo, se siguió operando y cuidando su cuerpito encantador y hoy sigue apareciendo en televisión en horario "prime time", que antes se llamaba el horario caliente. Vive en un piso lujosísimo y hace "usurpación de títulos y honores" (dice a quien quiera oírlo que tiene una carrera universitaria que todos sabemos que no es cierto).
A mí me toca seguir en la "lista negra". Pensaba que mis "amigos" Joaquín Sabina y Prensa me iban a rescatar como en los cuentitos de hadas de la niñez. La bella durmiente que despertaría y besaría a la rana que se transformó en príncipe. Esas cosas no suceden. Los que mandan ahora son harto peores, nos defraudan más, roban en nuestras narices, prohiben el ejercicio democrático con leyes impuestas de EEUU y ¿la oposición? Ahi anda, viendo que pedacito puede rascar encubriéndolos.
Sigo en la lista negra.
Lo que obtengo como respuesta de los miserables: "es lo que hay".
Lu.
pd:
La "diva" estuvo en un programa con Joaquín Sabina, Charly García y Maradona en diciembre de 1999: Peor es nada.
El programa era producido por la representante en Argentina de Joaquín, del clan Stivel, Andrea, hermana de Alejo Stivel -ex Tequila-, y por culpa de quienes por denunciar con un megáfono en la puerta del canal su ostracismo de odio judío a los "goy" intentaron en complicidad con la fuerza pública internarme en un hospital psiquiátrico (Hospital Moyano).
La teoría de la psiquiatría y antipsiquiatría como factor para vigilar y castigar a los ciudadanos libres fue bien explicada por Foucault y Thomas Szas. No hace falta que reproduzca sus conceptos.
Publicado por Lucía en 7:59 0 comentarios
Comentado por: Lucía Angélica Folino el 23/9/2007 a las 18:40
Esta de moda, ser columnista, escribir una novela y vivir en N.Y....
Dicén que ahora N.Y, es como el París de antaño, esta lleno de escritores jóvenes latinoamericanos...al menos los de mayor relevancia, exactamente no se a lo que se refieren..
Narices de platino para jóvenes latinos...
Comentado por: Alexander Red el 22/9/2007 a las 18:16
Se acomodó en el incómodo taburete, apoyando los codos sobre la barra que discurría en forma de exiguo hexágono que encierra a un camarero de oscuros y vivos ojos moros. Cuando encontró su mirada su alma despertó de su letargo, interesada y la sonrisa asomó a sus labios. Mientras él daba vueltas atendiendo al resto de clientes, ella agachó la cabeza y observó sobre el cristal que cubría la madera, el reflejo de la lámpara y del techo artesonado: una bola naranja-amarillenta flotando, iluminada, mágicamente, en el aire. La escena era bella y aparecía fantástica, al estar oculto en el reflejo el cable que sujetaba la esfera iluminada. Era tan bello que deseó estar sola para explorar a gusto la imagen, observarla en todos sus pequeños detalles, dejarse absorber por su magia y flotar en aquel espacio junto a ella, indagarla con su mirada hasta lo más profundo, como a veces le sucedía también con la gente. Por su voluntad se hubiera quedado mirando hipnotizada pero eso no solía ser posible puesto que observar fijamente a una persona sin hablarle siquiera y sin mostrar intención alguna, no suele ser del agrado de ellos. Ahora, pensó, quedarse mirando obsesivamente al trozo de barra que tenía delante, con ojos brillantes y soñadores de tan interesados, moviendo la cabeza hacia adelante y hacia atrás para observar desde distintos ángulos, buscando algo en el interior de la barra y riendo, ocasionalmente, de felicidad ante la magia y la belleza; no sería probablemente bien comprendido por sus compañeros. La tomarían por loca y si intentase explicarlo sería aún peor, no se imaginaba señalando con el dedo aquel reflejo sobre el cristal y comentándole a los ingleses que tenía al lado: Oh, look, it´s wonderful!
Si al menos hubiese estado con alguien bien conocido, se hubieran reído juntos, tal vez, y hubiera sido una excusa para explorar aquello a fondo. Si al menos fuese aún una niña, a nadie le preocupa lo que hacen éstos ni sus "excentricidades". Miró alrededor, no le extrañaba la cara de seriedad y aburrimiento que tenían todos, habían aprendido a ser normales. Se preguntó qué sería de la realidad y de todos aquellos seres si de repente empezaran a hacer lo que se les pasara por la cabeza. Ella exploraría la barra y esa imagen que la había atrapado ¿Qué harían los demás? ¿Saltar, correr, ponerse a mirarle las patas a las sillas? Se contuvo para no parecer, para no ser, una loca y procuró mirar adelante, al aire, mirada ausente y vacía pero la esfera abajo la seguía llamando. Se sintió azorada ya que temió que los que la rodeaban se dieran cuenta. Cada vez que cogía el café, echaba un vistazo, disimulando. Cuando por fin pudo controlarse - su cerebro disciplinado y obediente - los ojos y la mente se le fueron a las personas que la rodeaban con el mismo interés con que hubiera querido contemplar el mundo entero. Hubiera deseado mirarlos e imaginar, reir pero esto de nuevo le hizo temer ser, parecer, una loca y la azoró aún más. Su turbación era ya tan grande que creyó lo notarían. Se acabó el café de un solo trago y sin pedir nada se marchó rápidamente para terminar con su propia incomodidad. Se alejó satisfecha de haber mantenido el tipo, había quedado como una persona normal, nadie lo había notado.
Al día siguiente volvió. Tuvo la suerte de que no había nadie, excepto el camarero. Aprovechó un momento en que le daba la espalda y en la oscuridad de la noche-atardecer contempló fijamente unos segundos la estampa que la había cautivado: allí estaba, de nuevo, la bola de luz volando sobre un cóncavo "suelo" de cruces de madera; se mecía suavemente, apenas, con una leve brisa de aire, sobre el fondo de intersticios rellenos de oscuridad; la noche estaba también allí dentro, densa y viva.
Comentado por: Piel el 21/9/2007 a las 13:55
Ya que la cosa va de comida (Francino os dio un toque de atencion esta mañana) os aconsejo que vayáis al restaurante de moda del momento: The Spotted Pig (1 estrella Michelin este año) Reservan al mediodía. Pero no por la noche (colas interminables) Esta en 314W 11th Street. Ya me contareis...
Comentado por: Adrian Vogel el 20/9/2007 a las 21:11
Comentado por: Bévere el 20/9/2007 a las 15:55
Comentado por: Enea el 20/9/2007 a las 14:38
Javier, no entres en su juego...y me gustan estos artículos rápidos y enérgicos como la ciudad en la que estás.
Comentado por: Valentina el 20/9/2007 a las 11:16
Javier Rioyo (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias de la Información. Periodista, escritor, director y guionista de cine, radio, televisión y dramáticos. Dirigió y presentó el programa semanal de libros Estravagario en TVE 2, con el que obtuvo el Premio Fomento a la Lectura 2005, concedido por la Federación del Gremio de Editores de España. También ha sido responsable de cultura y libros en el programa diario Hoy por hoy de la cadena SER. Es colaborador habitual de El País (escribe para el suplemento semanal Domingo) y de la revista Cinemanía.
En televisión, Rioyo ha presentado el programa "El Faro" del canal Documanía y ha obtenido dos premios Ondas en Radio y uno en Televisión. Ha sido guionista de numerosos festivales de música para Canal+, así como de los premios Goya, y de diversos programas de radio y televisión. También coordinó los guiones para la serie Severo Ochoa. Ha dirigido y participado en cursos de Comunicación y Cultura en diversas universidades españolas. Formó parte del Comité Asesor de Alfaguara y ha sido jurado de festivales de cine y premios literarios en varias ocasiones.
Es autor del libro Madrid: casas de lenocinio, holganza y malvivir (Espasa Calpe, Premio 1992 Libros sobre Madrid); y de La vida golfa (Aguilar, 2003). En 2005, con su productora Storm Comunicación, realizó la producción ejecutiva y el guión de Miracolo Spagnolo, un documental para la RAI sobre la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno y su primer año de legislatura. También dirigió y produjo Alivio de luto, un vídeo documental en el que entrevista a Joaquín Sabina; así como Un Quijote cinematográfico.
En 1994 fundó la productora Cero en conducta, con José Luis López-Linares, con la que tuvo a su cargo el guión y la dirección de Alberti para caminantes (2003); y la producción ejecutiva y el guión del largometraje Un instante en la vida ajena (2003), que obtuvo el Premio Goya al mejor documental; así como de Tánger, esa vieja dama (2002). También ha codirigido con José Luis López-Linares el cortometraje Los Orvich: Un oficio del Siglo XX (1997), y los largometrajes Extranjeros de sí mismos (2001), nominado al mejor documental en la XVI edición de los Premios Goya; A propósito de Buñuel (2000); Lorca, así que pasen cien años (1998), nominado a los premios Emmy 1998; y Asaltar los cielos (1996), nominado a los premios Goya al Mejor Montaje, y ganador del Premio Especial Cine, de los Premios Ondas 1997.
28/8/2008 00:51
Publicado por: el cartero
28/8/2008 00:41
Publicado por: escarola
28/8/2008 00:24
Publicado por: el cartero
27/8/2008 20:39
Sr. Cartero, que se le acumula...
Publicado por: escarola
27/8/2008 09:38
Publicado por: oe
26/8/2008 18:04
Publicado por: sin itinerario
26/8/2008 17:37
Nos fornos do pan, con lume...
Publicado por: escarola
26/8/2008 16:36
Publicado por: Enea
26/8/2008 15:32
Publicado por: los percebes
26/8/2008 15:14
Publicado por: Enea
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