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viernes, 29 de agosto de 2008

Blog de Javier Rioyo

Muertos sin sepultura

Barranco de Víznar, donde Lorca fue asesinado el 19 de Agosto de 1936

Barranco de Víznar, donde Lorca fue asesinado el 19 de Agosto de 1936.

Tenemos en nuestra historia muchos muertos sin sepultura. Desde hace años amplios grupos de la población, además de los familiares, están consiguiendo un digno entierro a sus muertos. A cada uno su propia muerte, a cada uno el lugar que quiera para ser recordado. Entiendo los levantamientos de cadáveres y el querer dar lugar dignificado a quién hemos querido. Entiendo lo que dice la estimada Enea. Lo entiendo pero yo no lo haría. Desde luego no con Lorca.

Hace bastantes años, en compañía del poeta Luisa García Montero, estuve en el Barranco de Víznar. Era un día invernal, la carretera de tantas curvas estaba casi tapada por la niebla. Cuando llegamos al lugar del crimen el día se fue levantando. Nunca olvidaré la emoción que sentí en aquél lugar. En el lugar dónde tantos muertos sin sepultura siguen señalando el odio, la crueldad y la maldad de los asesinos.

La no existencia de sepultura, el no levantar el más famoso de los muertos de nuestra guerra es un deseo de la familia. No tumbas, ni mausoleos, simplemente el recuerdo en un lugar de Víznar, en un barranco dónde unos huesos señalan para siempre la iniquidad de los asesinos.

Una vez estuvo visitando aquellos lugares dónde el poeta murió y fue enterrado, Margarite Youcenaur, contó que nunca había sentido tanta emoción, que la ausencia de tumbas, de lápidas, de recuerdos la emocionaron más vivamente que si hubiera estado ante una tumba. Desconozco que están haciendo con el barranco, con el suelo que cobija a Lorca y otras decenas de hombres decentes, espero que no cambien aquella desnudez que tanto me conmovió. No mover a Lorca del lugar de su muerte es la mejor manera de recordar el crimen.

[Publicado el 08/2/2008 a las 18:38]

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Comentarios (18)

  • Gabrielli, he disfrutado mucho de la recreación de FGL en Buenos Aires, y de la evocación de la amistad Lorca/Neruda. Los muertos viven con nosotros. Los huesos son cal. Una espuerta de cal ya prevenida… a las cinco de la tarde.

    Comentado por: Chiqui el 10/2/2008 a las 23:02

  • Sabes,Javier, la luna de Madrid, ho, es como una amaca, seguro que dentro está ´´el, seguro. diciendo: iré a granada. iré a mi casa
    Enea

    ( bello, lo que escribiste y un dulce de Nerudacuelga aún de la higuera, y los higos chmbos revuelan y el olor a naranja iba su pensamiento, es el azar, con h que ya regresa..., y los limoneros cantan: si veis a federico, llevadle a su huerta, y exprimen limón y riegan la tierra y cada gota de ácido cítrico es el viento, viento,, viento... ay! amor, como golpean los cristales para que entres.... hoy esa luna... seguro, él está dentro)

    Comentado por: Enea el 10/2/2008 a las 22:14

  • Textos escritos hace unos años....

    EN EL BARRANCO DE VÍZNAR




    España sigue prisionera de su pasado, atada al negro crimen del Príncipe de la poesía andaluza, y huérfana en sus miserias de inquisidoras nostalgias. Hoy busca su cadáver en una fosa común, 70 años después del crimen, que bastaría para condenar de por vida el régimen franquista y a sus herederos, que prefirieron la complicidad, que la gracia, la magia imborrable del Duende granadino.
    Esa tarde, la más negra de España, los cuervos le arrancaron los ojos a la poesía, culatearon pianos, pusieron de rodillas la vida y se atragantaron ratas en la garganta de los traidores: la infamia escondía su bilis en su propia joroba. Tanta envidia y odio, que ni un Duende pudo salvarse. La venganza aguarda en Granada, ese 18 julio de 1936. Tanto se ha escrito para borrar y perpetuar la infamia. El destino estaba escrito. Le asesinarían junto a un maestro y dos banderilleros. A una fosa común, tan común en la España de Franco. Más de 5 mil fueron los granadinos ejecutados por ese entonces. España sangraba como un cordero degollado.
    Dice el poeta Antonio Machado que al amanecer se le vio a García Lorca caminar entre fusiles. Allí cayó, en el barranco de Víznar

    No se sabe a ciencia cierta donde está el cuerpo de Federico García Lorca, pero si el de Francisco Franco: en el Infierno.
    Rolando Gabrielli©2006
    SUR
    Sur, espejismo, reflejo.
    Da lo mismo
    decir estrella
    que naranja,
    cauce que cielo.
    ¡Oh la flecha,
    la flecha
    !El Sur es eso:
    una flecha de oro,
    sin blanco,
    sobre el viento.
    Federico García Lorca

    Comentado por: rolando gabrielli el 10/2/2008 a las 17:33

  • El duende que se encantó
    Rolando Gabrielli

    A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires:
    La juzgo tan eterna como el agua y el aire
    Jorge Luis Borges

    El duende andaluz se encantó con Buenos Aires, la grandeza de un escenario natural, el puerto, la urbe que lo aplaudió sin complejos hace siete décadas. Federico García Lorca llegó de visita con su teatro y palabra seductora, un poeta ya conocido y dramaturgo igualmente popular. Sus planes eran quedarse dos semanas. El poeta de Romancero gitano y Bodas de sangre tenía esa vaga idea de visitante temporal, pero Buenos Aires dispuso otra cosa con su magia, y el divino andaluz, la víctima emblemática del fascismo franquista, permaneció por seis largos meses que se le hicieron sal y agua de sus días.

    Por esos días porteños, el poeta gitano, granadino, la gracia de España se presentaba con la emoción y la autenticidad del duende lorquiano, la fragancia de lo nuevo, sin maquillaje, puro como un paisaje desolado, llegaba como una bengala al puerto de Buenos Aires, luminoso como una ardiente estrella.

    Quiso tocar todas las teclas y lo hizo en su piano y desde muy temprano nos enseñó el alma de España, la risa de niño misterioso que no cesó a su alrededor mientras estuvo vivo, que dejó de reír para hundirse en el negro luto de la muerte absurda, prematura, injustificada.

    En su paso por Buenos Aires, García Lorca se enamoró no sólo de la ciudad rioplatense, sino del tango, de la cordialidad argentina y conoció a Carlos Gardel en la plenitud del mito, en 1933. Gardel le invitó junto con César Tiempo, y les cantó Caminito, Mis flores negras, Claveles mendocinos, y ya partía el Morocho del Abasto a la inmortalidad de su gloria, porque en 24 horas dejaría Buenos Aires para iniciar una gira que le llevaría a encontrar su trágica muerte en Medellín, Colombia, en 1935.

    A Lorca, que ya había editado Poeta en Nueva York, su aventura surrealista en la poesía, le quedarían menos de 30 meses de vida. Nadie pensaba siquiera que la tragedia ya rondaba al andaluz genial y el corazón de España sangraría como un toro en el ruedo. ¿Cómo desencantar el encanto?, podríamos preguntar ahora en el absurdo de los tiempos. Pero la bestia negra existía y demostró tener dientes de hiena y un apetito infinito en agosto de 1936. Se sintió tañer un eco del medioevo en todas los campanarios de España, la señal de que volvía La Inquisición.

    Se instalaría en el centro de la vida nacional a los pocos días, aunque sus intenciones eran brindar unas conferencias y conocer la marcha de su teatro en la esplendorosa Buenos Aires. Llegó con entusiasmo a la capital argentina, se instaló en el hotel Castelar, y pronto, dicen las historias, abandonó el protocolo para participar de lleno en la vida cultural de Buenos Aires, y transformó su cuarto E, el número 704, en su punto de apoyo para conquistar la ciudad porteña. Se presentó tal cual era, un poeta que buscaba la sencillez, que huía de la retórica fácil y juego de palabras, como dijera en una alocución en una emisora española dirigida a Argentina.

    Hoy Buenos Aires le recuerda, setenta años después, con una escenografía que recrea al artista en ese sitio emblemático, un espacio de creatividad y sueños, donde el duende dormía en la capital porteña y con un tercer ojo recorría la ciudad desde un globo de gas.

    A España la describe en su forma geográfica como la forma de una piel de toro extendida, de animal sacrificado, advierte. Una premonitoria imagen, la gran metáfora de la Guerra Civil, de la España sacrificada. En cambio dice que Chile tiene la forma de serpiente anaconda.

    Definió la República Argentina como una larga antología de climas y la comparó como una mujer alegórica, oleográfica y tierna, con la frente coronada por ramas y víboras del Chaco y los pies de azuladas nieves del sur.

    Y dijo que el toro es el verdadero primer actor del drama de una corrida y que el torero acude a la plaza para cumplir con su rito: encontrarse a solas con el toro.

    Se sintió muy a gusto en Buenos Aires, y dijo que no esperaba, por no merecer, “esta paloma blanca temblorosa de confianza que la enorme ciudad me ha puesto en las manos, y más que el aplauso, agradece el poeta la sonrisa de viejo amigo que me ofrece el aire luminoso de la Avenida de Mayo”. Consideraba García Lorca que Buenos Aires “tiene algo vivo y personal, está lleno de dramático latido, algo inconfundible y original en sus mil razas que atrae al viajero y lo fascina”.

    Su partida de la capital argentina, que postergó por meses, la veía moviendo un pañuelo oscuro, de donde saldría una paloma de misteriosas palabras. El duende no dejaba de soñar, crear, fabular, vivir y entregarse a su arte y público, con su jubiloso zapateo de andaluz raizal, vivencial, sin complejos ni límites en la fantasía.

    Sus primeros versos hablan de cigüeñas musicales amantes de campanas... Fue un poeta de la tierra, la amaba, y de la infancia, porque nunca dejó de ser niño, ni aun después de muerto. Le gustaba ver cómo una enorme púa de acero abría la tierra, “desde donde brotaban raíces y no sangre”. Su cuerpo ensangrentado haría brotar el más grande dolor a España y al mundo literario, el día de la infamia, que se cumpliría como si una gran pezuña le arrebatara el alma a una nación. Sin embargo, sabía que la muerte existe. La muerte, ¡ah!, en cada cosa hay una insinuación de muerte, decía. La quietud, el silencio, la serenidad, son aprendizajes. La muerte está en todas partes. Es la dominadora. Hay un comienzo de muerte en actos que estamos quietos. No puedo estar con los zapatos puestos en una cama. En cuanto miro los pies, me ahoga la sensación de la muerte. Todo esto dijo en Buenos Aires y más.

    Contó que lo visitó una mujer con un retrato de un niño y ese era él, se trataba de una vecina de su madre que le ayudó en el parto para su propio nacimiento. El retrato de cartón estaba aún quebrado por las manos de Federico niño. Hojeo las obras completas de García Lorca y al inicio una foto de él sobre un caballito de madera, al año, al igual que la que le enseñó su paisana en Argentina. Esa anécdota me recuerda un retrato mío, pintura, que está sin marco, yo también lo quebré y aún lo conservo. Y paso un comercial, mi abuelo era andaluz, mi abuela catalana y el otro abuelo, italiano, entre el Mediterráneo y el Adriático, ahora el Pacífico y el Atlántico, a uno y otro lado del Istmo, pero con la Cruz del Sur en la memoria. En mi adolescencia imité mucho la pegajosa y cautivante poesía de García Lorca, su imantada gitanería. Nicanor Parra, el antipoeta chileno, es deudor de su obra primera, con Cancionero sin nombre, el primer paso para su nueva poesía.

    Íbamos sin saber detrás del duende, el ángel y la Musa. En su teoría y juego del duende, García Lorca nos explica estos tres misterios que parecieran ser cosa de poetas. El duende viene de los cantaores gitanos de Andalucía, “cantar con duende, eso tiene duende”, nos revela el poeta granadino. Todo lo que tiene sonidos negros, tiene duende, dijo Falla, algo misterioso, dice García Lorca, que no sabemos de dónde viene. Es un poder y no un obrar, es un luchar y no un pensar. El duende sube por dentro desde la planta de los pies. El Ángel, señalaba García Lorca, “guía y regala como san Rafael, defiende y evita como san Miguel, y previene como san Gabriel. El Ángel deslumbra, pero vuela sobre la cabeza del hombre, está por encima, derrama su gracia, y el hombre, sin ningún esfuerzo, realiza su obra o su simpatía o su danza. El Ángel del camino de Damasco y el que entró por la rendija del balconcillo de Asís o el que sigue los pasos de Enrique Suzón ordena y no hay modo de oponerse a sus luces, porque agita sus alas de acero en el ambiente del predestinado.

    La Musa, en cambio, afirmaba, dicta, y, en algunas ocasiones sopla. Ángel y Musa vienen de fuera, el ángel da luces y la musa, formas. Al duende hay que despertarlo, advertía, en las últimas habitaciones de la sangre. Allí el duende “exprime limones de madrugada, y como país de muerte, como país abierto a la muerte” (España). Cuando la Musa ve llegar la muerte, sostiene García Lorca, cierra la puerta o pasea una urna y escribe un epitafio con mano de cera, pero enseguida rasga su laurel con un silencio que vacila entre dos brisas. El ángel, en cambio, acota, cuando ve llegar la muerte, vuela en círculos lentos y teje con lágrimas de hielo y narciso la elegía que hemos visto temblar en las manos de Keats. El duende no llega si no ve posibilidad de muerte, si no sabe que ha de rondar su casa, si no tiene la seguridad que ha de mecer esas ramas que todos llevamos y que no tienen, que no tendrán consuelo. Ángel y musa escapan con violín o compás, y el duende hiere, “y en la curación de esta herida que no se cierra nunca está lo insólito, lo inventado de la obra de un hombre”, sostenía el poeta en su teoría del duende.

    La virtud mágica del poema, en opinión de García Lorca, consiste en estar siempre enduendado para bautizar con agua oscura a todos los que miran, porque con duende es más fácil amar, comprender, y es seguro ser amado, ser comprendido, y esta lucha por la expresión y por la comunicación de la expresión adquiere a veces, en poesía, caracteres mortales.

    El duende habita en el artista y opera sobre el cuerpo de la bailarina como el aire sobre la arena. El duende no se repite, como no se repiten las formas del mar en la borrasca, afirma el duende de duendes de España. Para García Lorca, el duende Quevedo y el de Cervantes, con verdes anémonas de fósforo el uno, y flores de yeso de Ruidera el otro, coronan el retablo del duende de España.

    A este andaluz genial, que bajó del encanto y que se encantó y enduendó con Buenos Aires, le rinde homenaje esa ciudad cosmopolita, abierta, hija de la migración europea, judía, eslava, a la que con fervor Borges le cantara. “Esta ciudad que yo creí mi pasado / es mi porvenir, mi presente / los años que he vivido en Europa son ilusorios, / yo estaba siempre (y estaré) en Buenos Aires”.

    No ha sido el único artista al que la ciudad le brindó hospitalidad en el pasado y en el presente. El poeta chileno Vicente Huidobro, un adelantado para su época, allí dio a conocer su Manifiesto Creacionista y también se fugó con una joven hermosa. Gabriela Mistral editó uno de los libros más importantes por primera vez, Tala. Neruda escribió las famosas Odas elementales en Córdoba. Sólo para recordar los de casa, porque la historia de Buenos Aires es más grande que sus límites.

    En esa aventura por el nuevo mundo, García Lorca conocería a Pablo Neruda, el poeta cónsul de Chile en Buenos Aires. Una amistad que sólo el asesinato del poeta andaluz truncaría. “Un viejo dirá que la Pampa es un sueño, un muchacho que es un excelente campo de fútbol, un poeta mirará el cielo para verla mejor”, dijo García Lorca en ese entonces a los argentinos.

    Revela el principal biógrafo de Neruda, Volodia Teitelboin, en su libro Neruda, que García Lorca al partir de Buenos Aires presentía su muerte, y les dijo “no quiero partir. Yo me voy a morir. Me siento muy extraño”. Todo lo demás sería historia, una de las más infames del Reino de España en tiempos de la República.

    En sus reuniones bonaerenses, dice Volodia Teitelboin, Premio Nacional de Literatura chileno, García Lorca no dejó de brillar junto a su piano, entonando canciones, desparramando alegría, como era su costumbre, y Neruda siempre ocupó un segundo plano ante la magia y el encanto del poeta y dramaturgo andaluz. En una cena del Pen Club de Buenos Aires, Neruda y García Lorca, presentan su famoso Discurso (toreo) al alimón, un homenaje a dos voces a Rubén Darío, el poeta nicaragüense que le dio vuelta de campana a la poesía castellana y escribió Azul, uno de sus principales libros, en Chile. Neruda y Lorca hacen un libro en homenaje a Darío. Poesía del chileno y dibujos del español. Es premonitorio el primer texto, señala Teitelboin: Sólo la muerte. Y el mismo Neruda anunciaba la suya: en dónde está esperando, vestida de almirante. Sólo que sería de general, comenta el escritor chileno.

    Vendría la Guerra Civil española, la sangre correr por las calles de Madrid y toda la península. España, aparta de mí este cáliz y España en el corazón, Vallejo y Neruda. La muerte en las cárceles de Franco del poeta campesino, Miguel Hernández y la poesía de Neruda tomaría otros rumbos en su residencia en la tierra. Previo a la Guerra Civil, Neruda entablaría una entrañable amistad con García Lorca en Madrid, quien lo presentaría en España con la gracia, maestría, profundidad y calidez de su verbo, dejando para siempre instalado al poeta sureño en la península.

    Fue espléndidamente generoso García Lorca con Neruda y son conocidas esas expresiones sobre el vate de Isla Negra, un poeta más cerca de la muerte que de la filosofía, más cerca del dolor que de la inteligencia y más cerca de la sangre que de la tinta. Neruda, según García Lorca, estaba entre los que le daban “un tono descarado al gran idioma español de los americanos, tan ligado con las fuentes de nuestros clásicos”.

    Así fue el duende andaluz, espontáneo, generoso, abierto como una granada de su tierra, un niño alegre, con la fantasía de la genialidad, esa que no escatima esfuerzos para dar la vida por el arte, la amistad y el amor. Federico llenaba de colorido lo que tocaba, musicalidad, encanto, eso dicen quienes le conocieron, sus parientes, hermana, amigos, poetas. Y su obra da cuenta también de ese brillo de luciérnaga permanente que revolotea el duende.

    “Cuando vuelas vestido de durazno / cuando ríes con risa de arroz huracanado / me moriría por lo dulce que eres...”, le canta Neruda en una oda de su Residencia en la Tierra.

    Comentado por: rolando gabrielli el 10/2/2008 a las 17:30

  • No mover a Lorca del lugar de su muerte es la mejor manera de recordar el crimen.
    ........ de recordar el crimen,
    no recuerdan a Lorca, no a Lorca, al crimen, eso es política, y Lorca no era política, eso es recordar el crimen, hay que recordar al poeta, no a la Guerra Civil.
    ....
    los familiares, están consiguiendo un digno entierro a sus muertos. A cada uno su propia muerte, a cada uno el lugar que quiera para ser recordado.

    Dudo mucho que él quisiera ser recordado así, allí.

    Pueden dejar allí la placa recordando que mataron a Federico y a otros y añadir en la placa: Estas son nuestras costumbres de algunos españoles, matamos a quien no tiene nuestras ideas, estas son nuestras costumbres y firmar: Rajoy y Pizarro y Aguirre, Estas son nuestras costumbres y que vaya anabotella y recuerde la historia: aqui como todos saben hemos enterrado dignamente a Lorca... porq ué vamos...
    esas son sus costumbres? Matar al que no piensa como ustedes: Pizarro?, es eso, Rajoy, es eso? ...
    vamos

    los familiares entierran sin rencor, ellos les buscan y les dan cobijo desenterrándoles y buscando un lugar decente.
    Dejarles allí donde quisieron los falangistas, es dar crédito a eso: Estas son nuestras costumbres Rajoy, que quita derechos, la Iglesia que dice que se avanza quitando derechos Humanos, o Pizarro hablando de las buenas costumbres de no robar ni matar, ellos como dijo pizarro no cortan la mano, les matan directamente.


    Eso es política: una placa pues.

    Federico, enterrado como poeta, no utilizado políticamente
    ( debe ser así, por Derechos humanos, no por política, dignidad... es el eje, no el rencor de aquí le mataron)
    así es

    Comentado por: Enea el 10/2/2008 a las 14:15

  • Pero es cierto que no cabe imaginar más hermosoa sepultura para un poeta”.
    .....
    sí, es que los falangistas eran muy románticos, al final les trendremos que agradecer que buscaran ese hermoso lugar para matarlo.

    Muertos sin sepultura.... eso inmoral, que fueran ellos inmorales no hace que lo seamos nosotros.Un día alguien se lo llevara a la Huerta, sin mármol, sin mausoleos, sin estatuas ni grandes piedras. Allí en la Huerta, sin cruz en la calavera, pero bueno... con un trozo de regaliz por si despierta, y con el olor de los naranjos que tanto le gustaban...
    sepultura, eso es lo que necesita.
    si tanto les gusta el lugar que eligieron los falangistas, si tanto les gusta ese hermoso lugar, pues muy fácil, cogen lo desentierran, que noten sus huesos las manos, y le dan sepultura en ese mismo lugar. Entonces, sí

    pero no, no puede ser que a Federico le entierren los falangistas, ellos le mataron, la sepultura deben darle los amigos.
    si tanto les gusta ese lugar que eligieron los asesinos, pues nada... le desentierran y le dan sepultura como debe ser.
    y no más.

    Comentado por: Enea el 09/2/2008 a las 12:43

  • En el fondo se trata de pedirle peras al olmo, que es de lo que se trata.

    Luego la vida sigue transcurriendo, claro.

    Sólo se consigue aprender —y es bien poca cosa— que hay algunos olmos que se empeñan en no dar peras. Qué se le va a hacer.

    Ahí te quedas, realidad ajena empeñada en serlo. Prefiero otros parámetros más variables, olmiperalalméndricos o lo que sean, frutos, buenos frutos compartidos. Vivan los frutos y la madre que los abortó.

    Comentado por: Lola Lalín el 09/2/2008 a las 02:55

  • Transcribo aquí el final de la emocionante carta que escribe Marguerite Yourcenar a Isabel, la hermana de Federico García Lorca, el 10 de mayo de 1960. Volvía Yourcenar (antigua colega de Isabel en Sarah Lawrence College) de Viznar, donde estA enterrado el poeta. La carta se recoge en “Recuerdos míos”, de Isabel García Lorca, editada por Ana Gurruchaga, con prólogo de Claudio Guillén:

    “Lo que yo querría sobre todo expresarle es que, al abandonar aquel lugar que nos designaron (y estas reflexiones son válidas aunque sólo fuera aproximadamente exacto), yo me volví para contemplar aquella montaña desnuda, aquel suelo árido, aquellos pinos jóvenes creciendo vigorosos en la soledad, aquellos grandes plegamientos perpendiculares del barranco por donde debieron de discurrir antaño los torrentes de la prehistoria, Sierra Nevada perfilándose majestuosa en el horizonte; y me dije a mí misma que un lugar como aquél hace vergonzante toda la pacotilla de mármol y de granito que pueblo nuestros cementerios, y que cabe envidiar a su hermano por haber comenzado su muerte en aquel paisaje de eternidad. Créame que al escribir esto, no trato de minimizar el horror de su prematuro fin, ni lo tremendamente angustioso que sería (al menos para mí) tratar de reconstruir aquella escena que sucedió allí, en un determinado instante del tiempo, y cuyos pormenores no llegaremos a conocer jamás. Pero es cierto que no cabe imaginar más hermosoa sepultura para un poeta”.

    Comentado por: Adolfo el 09/2/2008 a las 00:47

  • No vayas, Federico. Eso le dijeron sus amigos, él contestó. tengo que ír noe stuve en... es el cumpleaños de... y debo estar... ese es Federico ( no Durruti)él fue para estar con su familia, no para pelear con un fusil en la mano, y ahora su familia quiere recordarle como símbolo de guerra?

    iba a un cumpleaños...

    y le dejan tirado en la cuenta, lo menos es ver sus huesos otra vez y enterrarlo como poeta, como lo que era...
    Hacer de él un símbolo de guerra... no es Federico García Lorca... es una invención de la familia...
    así es...
    que le den sepultura, ya que no pudieron evitar su muerte.

    Comentado por: Enea el 08/2/2008 a las 23:38

  • es posible que nadie sepa por qué mataron a Federico, pero si es bueno recordar descansando que odiaron Bernarda Alba y así ..
    Federico, no puede ser utilizado como un símbolo de guerra como hace su familia, si su familia odia que le mataran que hable en voz alta por su boca. Utilizar a Federico muerto como símbolo de la Guerra Civil (social) española, es demostrar que no superan el rencor.
    Odian ellos, más que los que le mataron...
    que se paseen por el barranco los que no pueden enterrar el odio.
    A mí, me gusta Federico el poeta, el que escribñia teatro, el que fue a Granada para estar allí en su casa con su familia en ess horas tan tensas de España..
    na, no es Durruti, es un poeta. no es un simbolo de odio , no representa la Guerra Civil española y el odio.
    representa una imaginación impresionante y por eso el que está allí tirado en la cuenta es el odio de una familia española.
    Federico, seguro que ya se fue... a cantar poemas. Seguro... que odien ellos

    Comentado por: Enea el 08/2/2008 a las 23:18

  • el recuerdo nunca descansa. es cierto: mejor un recuerdo agradable al ir a ver un barranco o un lugar decente (que provoque paz sin pensar en el cómo ni en el allí) pero me temo que pedir decencia en un país de salvajes vivos o enterrados pues es pedir decencia en un país de salvajes vivos o enterrados. y quien dice un país dice un mundo, que para el caso es lo mismo. todo con matices que llega el ave en pruebas y discretamente pero con video.

    me callo y me largo sin huracán y pensando en cayo largo.

    Comentado por: Lola Lalín el 08/2/2008 a las 22:53

  • por eso dije, una sepultura sin nombre, pero no tirado en una cuneta, que a lo mejor en doscientos años urbanizan y ponen casa de relx... rencor es mantener a Lorca como emblema de la Guerra Civil...
    queremos una sepultura, queremos a Federico, no que le hagan como su familia, que no es él... elr ecuerdo del odio...Aqui me mataron, mírenme......qué vergüenza!!!!!!!!!
    si quieren sentir la muerte y el odio no es necesario ir a ese lugar, pasen antes por las comisarias y reucerden que estuvo Lorca allí tres días, diciendo: vendrán a buscarme, pero no...

    y ahora, le dejan optra vez tirado en la cuneta, para que les sirva de odio y rencor.
    eso es rencor, es enseñar un cádaver

    Prefiero a fEderico, no la Guerra

    Comentado por: Enea el 08/2/2008 a las 22:46

  • No mover a Lorca del lugar de su muerte es la mejor manera de recordar el crimen.
    ......exacto, una familia que odia , que no es capaz de superar eso... es rencorosa ( con todo el respeto) ... así es... allí está Lorca asesinado, y alguien puede decir por qué?
    pero Federico no quiere ser exhibido como un muerto de la Guerra Civil española...

    Federico, no era rencoroso, todo lo contrario...

    bien... que se quede ahí la placa, para reocrdar el odio, lo rencorosos que somos, o simplemente, como debiera ser, para reocrdar que allí murieron varias personas entre ellas Federico Garcia Lorca y no eran las cinco de la tarde

    Una Elegía para Federico, es una sepultura como Dios manda, no ese lugar para recordar el odio y el rencor de una familia.... utilizar el cadaver de fEderico para recordar la Guerra es lo más humillante que pueden hacerle a un hombre con tanta sensibilidad como él

    una tumba decente, es u lugar, no el odio y como me matan a balazos... superen eso

    Queremos ver a Federico enterrado como Dios manda, no a balazos... eso sólo demuestra el odio y el rencor

    Aqui está enterrado... ahí le mataron para los que aún necesitan el rencor.

    Comentado por: Enea el 08/2/2008 a las 22:39

  • Lo del que que no fue pensando en Rosberg padre, lo juro.

    perseguir pensamientos que uno mismo provoca por error. lo importante no son los errores sino lo que traen.

    lola es ahora una niña de la escuela, y lalín es el pueblo gallego de los vecinos de hace 30 años.

    y yo soy el que escribe antes de escribir los caracteres de la imagen. luego se pulsa "enviar" y ya está. no tengo tumba pero a las once tengo rumba. ¿qué más disir? pues que núñez y navarro construyó esquinas antes de que las fachadas del ensanche barcelonés estuvieran catalogadas. ahora las conservan pero tiran lo de detrás. no se sabe si está más vivo un edificio recordado demolido hace años o una fachada "conservada".

    ay, los muertos!

    Comentado por: Lola Lalín el 08/2/2008 a las 22:32

  • no ( con todo el sentimiento, no)

    Lorca,con todo el sentimiento, con todo el sentimiento... no puede quedar tirado en el lugar que le asesinaron... vencen entonces quienes le dejaron allí tirado. Eso sí, deben dejar la placa en el lugar, por eso dije,....
    Lorca puede tener una sepultura sin nombre si quieren...
    pero sepultura, no un balazo en la espalda ...Recordemos el lugar, recordemos los días que estuvo en esa comisaría, recordemos como Rosales intento slavarle,,,,
    bien,,,, Lorca el poeta puede quedar ahí con esa placa...
    Pero no puede quedar ese hombre que se llama, llamaba Federico... eso no es honrado...
    Lorca necesita una sepultura no como poeta, como hombre.
    alguien puede contestar a esa pregunta
    ¿Por qué mataron a Lorca?

    el lugar representa el crimen... nunca a Lorca... aunque esté en Granada.
    Dicen que en la comisaria decía: vendrán a buscarme

    se puede dejar esa placa para recordar donde murió asesinado

    Pero Lorca como toda persona, necesita ser desenterrado par aque no se rían, como hicieron, los que le mataron.
    Para eso está la Historia, para llevarles al lugar que les correspon, no para terminar en manos de una Guerra Civil que empezaba con odio... eso sí... ese lugar es el mayor símbolo del odio...
    Pero la persona de Lorca... no merece ser así vencido, dejándole tirado en una cuneta.

    sus huesos deben ser enterrdos como el ser merece, como se merecen todas las personas, enterrados con manos humanas, no con balazos.
    Y se conseguirá...

    Allí yace Lorca, el hombre que odiaban en ese barranco ..
    Y aquí, yace Federico... aquí como todo humano tiene una tumba sin balazos.
    dudo mucho que Federico o Buñuel quisieran que sus huesos representaran la Guerra Civil española
    Y eso , es lo que representa ese Barranco

    el odio.

    La Barraca? o no se´´´

    Lorca

    Enea

    Comentado por: Enea el 08/2/2008 a las 22:21

  • El resto es humus.

    O sea que lorca ya fue flores i abejorros. ¿Qué más quieres para él o para nadie? Incluso el ser más lamentablemente violento en vida se convierte en florecilla (que a su vez se convertirá en humus para otros...)

    ¿No querrás que Gallardón tenga pesadillas por si lo entierran al lado de Aguirre?

    Los del Manchester están en la puerta del estadio, Sagan está en librerías francesas y en el blog de Fogel, y toda semejanza o diferencia se diluye tras la no visión por parte del muerto de la posterioridad. Pero de vez en cuando algún pensamiento juega ahora con un Triceratops o con quien sea que tenga a bien reaparecer para desaparecer luego.

    ¿Se lo preguntamos a la mujer de Pereira o a Pereira? ¿Hay alguna diferencia? Para mí Cardoso Pires sigue en la lisboeta terraza de Santa Caterina con Tabucchi, conversando mientras miran al Tajo a su paso por allí (aunque que oficialmente el primero esté muerto).

    Saludos.

    Comentado por: Lola Lalín el 08/2/2008 a las 22:09

  • Los muertos están vivos (para tí sólo los que tú quieres que lo estén. Los muertos son la tolerancia 100...). Van contigo al cementerio (pero sólo si tú vas...)

    Comentado por: Lola Lalín el 08/2/2008 a las 21:50

  • ¿Y si la mejor tumba fuera un libro que se abre y se cierra vete a saber donde?

    En las tumbas no hay nadie. Incluso cuando vas allí viene y se va contigo lo que tú quieras. El vivo ya vivió y ya lo mataron. No hay que rematarlo, pues.

    Un saludo escrito.

    Comentado por: Lola Lalín el 08/2/2008 a las 21:41

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Biografía

Javier Rioyo (Madrid, 1952) es licenciado en Ciencias de la Información. Periodista, escritor, director y guionista de cine, radio, televisión y dramáticos. Dirigió y presentó el programa semanal de libros Estravagario en TVE 2, con el que obtuvo el Premio Fomento a la Lectura 2005, concedido por la Federación del Gremio de Editores de España. También ha sido responsable de cultura y libros en el programa diario Hoy por hoy de la cadena SER. Es colaborador habitual de El País (escribe para el suplemento semanal Domingo) y de la revista Cinemanía.

 

En televisión, Rioyo ha presentado el programa "El Faro" del canal Documanía y ha obtenido dos premios Ondas en Radio y uno en Televisión. Ha sido guionista de numerosos festivales de música para Canal+, así como de los premios Goya, y de diversos programas de radio y televisión. También coordinó los guiones para la serie Severo Ochoa. Ha dirigido y participado en cursos de Comunicación y Cultura en diversas universidades españolas. Formó parte del Comité Asesor de Alfaguara y ha sido jurado de festivales de cine y premios literarios en varias ocasiones.

 

Es autor del libro Madrid: casas de lenocinio, holganza y malvivir (Espasa Calpe, Premio 1992 Libros sobre Madrid); y de La vida golfa (Aguilar, 2003). En 2005, con su productora Storm Comunicación, realizó la producción ejecutiva y el guión de Miracolo Spagnolo, un documental para la RAI sobre la llegada de José Luis Rodríguez Zapatero al gobierno y su primer año de legislatura. También dirigió y produjo Alivio de luto, un vídeo documental en el que entrevista a Joaquín Sabina; así como Un Quijote cinematográfico.

 

En 1994 fundó la productora Cero en conducta, con José Luis López-Linares, con la que tuvo a su cargo el guión y la dirección de Alberti para caminantes (2003); y la producción ejecutiva y el guión del largometraje Un instante en la vida ajena (2003), que obtuvo el Premio Goya al mejor documental; así como de Tánger, esa vieja dama (2002). También ha codirigido con José Luis López-Linares el cortometraje Los Orvich: Un oficio del Siglo XX (1997), y los largometrajes Extranjeros de sí mismos (2001), nominado al mejor documental en la XVI edición de los Premios Goya; A propósito de Buñuel (2000); Lorca, así que pasen cien años (1998), nominado a los premios Emmy 1998; y Asaltar los cielos (1996), nominado a los premios Goya al Mejor Montaje, y ganador del Premio Especial Cine, de los Premios Ondas 1997.

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