El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

domingo, 21 de marzo de 2010

 Blog de Clara Sánchez

Vuelve la tartera

 

 

            El mundo cambia y las costumbres cambian. En las últimas fiestas navideñas por ejemplo nos enteramos de que el regalo ha dejado de ser necesariamente un objeto  para convertirse en una sensación. Se regalan sensaciones: un bono de masaje, un viaje, una experiencia, entradas para el cine, libros, un corte de pelo... Hemos pasado de la caja dorada con un lazo rojo, de lo vistoso, a lo que se queda en nosotros como un recuerdo. Un reloj de oro o un bolso no son recuerdos, los llamamos así, pero, cuando entornamos los ojos y nos dejamos llevar, en lo que pensamos es en aquel día en la playa o cuando te conocí y me miraste o en la historia que me contaron el otro día o en ese partido de fútbol con tus hijos. Es raro que el protagonista de un momento de ensoñación sea el anillo de brillantes que llevas en el dedo, a no ser que seas Gina Lollobrigida, Liz Taylor, alguna de esas damas que tanto bien ha hecho por el gremio de joyeros. ¿Quién quiere hipotecar su vida para tener una mansión cuando durante todo ese tiempo puede hacerse el Camino de Santiago? Estamos recuperando algo de la filosofía hippy de dejarse llevar bajo el bendito sol. A poca gente le impresiona ya lo fastuoso. Ahora además desconfiamos del dinero, así que más vale una buena aventura o tener tiempo para hacer lo que a uno le dé la gana que una suculenta cuenta en el banco.

            Aunque tampoco hay que frivolizar con esto de la economía, hay gente que lo está pasando muy mal. La otra tarde vi a un hombre, parecía un chico joven, con un pasamontañas  puesto (sólo se le veían los ojos y la boca) rebuscando en los contenedores de basura que hay frente a mi casa. No quería que le reconocieran. Ni siquiera he tenido que cruzar la calle para toparme con alguien que no tiene para comer. Mira que vemos imágenes fuertes a lo largo del día, pero ésta no puedo quitármela de la cabeza, es la pobreza oculta, la pobreza vergonzante de las grandes ciudades como la nuestra. Puede que bajo ese pasamontañas haya un estudiante, alguien que conozco, no sé.

            Entre los extremos de ricos y muy pobres estamos los que hemos tenido que apretarnos el cinturón y en cierto modo nos hemos dado cuenta de que tampoco hace falta tirar el dinero. Uno de los cambios beneficiosos que ha traído consigo la crisis es la vuelta a la tartera. Antaño sólo la usaban los obreros, hasta que se apuntaron al menú de ocho o nueve euros. Ahora nos traemos la comida a la oficina y nos la tomamos sentados en un banco por los alrededores de Azca entre el piar de los pájaros y el ruido de los coches. Nos ahorramos dinero, comemos mejor y nos oxigenamos. Los linces, los que cogen al vuelo las oportunidades, enseguida han diseñado una bolsa molona para llevar las tarteras, que combina con el estilismo ejecutivo. Yo quiero una.

            Y pese a nuestros intentos por educarnos y separar bien los plásticos, el cartón y las mondas de las naranjas, el verdadero reciclaje ha venido solo. Hemos empezado a sacar prendas antiguas del armario y a tunearlas. Ya no tiramos nada, y como se nos ha olvidado coser han prosperado los locales de arreglo de ropa. Seguramente alguno de estos arreglos cuesta más que comprar la prenda nueva en Zara o H&M, por lo que sugiere un cambio de mentalidad. Una vuelta a unos tiempos, no tan lejanos, en que se cambiaban los cascos de las botellas vacías por las llenas, en que los hermanos pequeños aprovechaban lo que dejaban los mayores, desde la ropa hasta los libros del colegio. Unos tiempos en que un abrigo se convertía en un chaquetón y un vestido en una falda, y cuando ya no se podía más, se hacían unas bayetas para el suelo. ¿Y los muebles?  Duraban varias vidas. Cuando nos hartábamos de verlos de un color se lijaban y pintaban de otro, y cuando en un rapto de locura se tiraban unas estanterías o una mesa siempre pasaba alguien junto al contenedor que les veía posibilidades. Y, de pronto, todo cambió: se inventaron los envases de cristal no retornables, nos inundaron de pañales desechables, servilletas de papel, vasos de plástico y la ropa se abarató tanto que ya no merecía la pena que tu madre te hiciera un jersey, porque en un abrir y cerrar de ojos habíamos aterrizado en el planeta de usar y tirar a lo loco. La basura comenzó a ser un problema y también un negocio. Había que organizarse, no para consumir, que ahí se tiene barra libre, sino para tirar. Pero nos estamos cansando.

 

 

[Publicado el 08/2/2010 a las 14:28]

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Comentarios (17)

  • Hola Clara, te dejo mi enlace. La crítica que te han hecho me parece que se han pasado. Un abrazo.

    http://www.facebook.com/profile.php?ref=profile&id=1059095013

    Comentado por: Macarena Márquez el 26/2/2010 a las 16:33

  • Locos en el Cielo. Crazy in Heaven.

    Aquella cálida mañana de verano estábamos todos reunidos en el salón principal. Entonces entró un señor pequeño y delgado, de pelo rizado, largo y grasiento, que llevaba puesto un abrigo de cuero, grande y negro y zapatos brillantes de tacón muy alto. Se quitó el abrigo, quizá por el calor, lo colocó sobre una silla del escenario y se abanicó la cara con sus propias manos.
    Le acompañaban dos chicos y tres chicas, dos de ellas muy guapas. La otra era fea y con cara de mala persona y constantemente daba órdenes a los demás, indicándoles dónde tenían que colocar los aparatos. Portaban, entre otras cosas, cámaras, focos, luces, micrófonos y maletas de metal. Todos nosotros nos manteníamos silenciosos e intrigados por cuanto allí veíamos, observando repletos de curiosidad lo que hacían aquellas seis personas sobre el escenario. Cuando pensaron que todo estaba en su sitio y bien colocado, el señor pequeño se dirigió a nosotros y preguntó:
    "A ver, ¿quién de vosotros sabe reír?"
    Fuimos muchos los que levantamos el brazo.
    "A ver tú, sí, sí, tú mismo, ríete", dijo señalando a Pablo Efragio. Y Pablo se rió algo así como: ja ja ja ja ja, jajajá. Es difícil escribir la risa.
    "Vale, está bien, déjalo", dijo el señor del abrigo. Luego señaló a mi amigo Vulgicio Agapito que empezó a reír muy mal, provocando las risas de los demás, pero no la mía. Siguió así, durante un rato. Finalmente me preguntó a mí, que si sabía reír. A mí me entró una risa incontrolable.
    "Que si sé reír", le dije sin parar de reír, "pues claro que sé reír. Me paso el día riendo aunque no tenga motivos." Luego me preguntó que si yo sabía llorar. No sé porqué, pero en ese instante me entró un llanto incontrolable.
    "Por supuesto que sé llorar. Algunas noches me las paso llorando y me despierto en un océano de lágrimas", le dije sin dejar de llorar. Luego me preguntó que si sabía, ¿cómo dijo él?... ah, sí, exteriorizar la ira, la rabia.
    "Claro que sí. Tengo motivos para estar irritado, enfadado y enfurecido con algunas personas", le grité, descargando con sinceridad todo el furor y la rabia que ocultaba yo en los profundos sótanos de mí alma. Se podía oír el silencio espeso de todos los que estaban en aquella sala. Pero, luego, me preguntó que si yo sabía exteriorizar la tristeza. Y me puse muy triste y le dije con gran desconsuelo por mi parte:
    "Lo siento, lo siento mucho. No sé ex-te-rio-ri-zar la tristeza. No recuerdo en este instante, haber estado triste ni un solo día de mi vida. Lo siento de veras."
    Entonces, el señor pequeño empezó a aplaudir en solitario, y luego otros aplausos se unieron a los suyos y, finalmente, todos aplaudían de una forma atronadora. Yo estaba muy confuso.
    El Director del Centro, se levantó de su silla, empezó a andar hacia mí, aplaudiendo mientras caminaba, subió al escenario donde estaba yo, con su mano izquierda agarró mi brazo derecho, lo levantó y proclamó:
    "Ya tenemos actor."
    "Actor", me dije a mí mismo. La ilusión secreta de toda mi vida. Mi sueño oculto. ¡Actor! Mi corazón empezó a latir como nunca había latido antes. Y dirigiéndose a mí y al público sentenció:
    "Tú serás el protagonista principal de nuestra próxima obra de Teatro."
    ¡Actor! Mi sueño. Mi silenciado anhelo. Mi fantasía delirante y utópica. ¡Actor! Por fin, sería lo que siempre quise ser. Mi corazón latía sin control alguno. Yo no sabía que un corazón pudiese latir con tanta fuerza e impulso. Sentía una especie de vértigo o mareo, profundo y placentero. Recuerdo las últimas palabras que le oí, que le escuché al Director, justo antes de morirme…, de fallecer…, de venir aquí…, al cielo.
    "Será el mayor acontecimiento que jamás haya ocurrido aquí, desde que inauguramos este moderno Manicomio."
    Estoy contento, estoy, aquí, en el Cielo. Me han dicho que es para siempre. Aunque nunca he sabido cuánto dura 'siempre'. Pero hay algo de lo que realmente estoy y siempre estaré orgulloso. Muy orgulloso. Arrogantemente orgulloso. Porque ahora, en el Cementerio, hay una lápida que lleva mi verdadero nombre, completo, y, debajo, en letras grandes, mayúsculas y muy bonitas, pone: ACTOR.
    FIN
    P. S. Otro día les hablaré de cómo se vive aquí y de las personas famosas que ustedes conocen y que están hay aquí dentro, de lo que hacen y de... Bueno, otro día. Hoy no tengo más tiempo. Además, ahora mismo me está llamando El Jefe. Desde que he llegado aquí, no paro, que si Shakespeare, que si un poco de Molière. Aunque El Jefe y yo compartimos una pasión común por nuestro querido Lope. El Jefe ve poco, se está quedando ciego, dicen, y cuando estamos a solas, me pide que le lea a Santa Teresa de Jesús y a San Juan de la Cruz. ‘Nadie ha hablado de mí con tan hermosas y místicas palabras y expresiones’ suele decirme. Él no sabe que yo, ahora, me los sé de memoria.
    Creado por Verísimo Vizoso Feijoo. Created by Verísimo Vizoso Feijoo.

    Comentado por: Verísimo Vizoso Feijoo el 20/2/2010 a las 00:48

  • Para Comentado por: Jose el 19/2/2010 a las 20:40
    Gracias mil por tus palabras. Espero y deseo no molestar a Clara Sánchez. Si es así pido sinceras disculpas. En el próximo comentario pondré otro relato.

    Comentado por: Verísimo Vizoso Feijoo el 20/2/2010 a las 00:36

  • Verísimo Vizoso Feijoo:portentoso relato.Aunque creo que la dogmática pragmática a lo Chejov exigiría que si el desencadenante fue un paraguas, al final esa linda parejita en bolas con el paraguas algo habrían de hacer.Pon otro, porfa.

    Comentado por: Jose el 19/2/2010 a las 20:40

  • Sigo llevando la tartera... después de tantos años siendo mi compañera, tengo miedo de dejarla a un lado.
    Empezó como compañera de años de facultad, cuándo era llenada con cariño por mi madre, que todas las noches seguía dándome algo de sue tiempo (me pregunto si alguna vez ellas dejan de dar su tiempo? Sé que la respuesta es no) para dejarme la comida preparada...
    Siguieron años de trabajo y mi tartera seguía conmigo...
    Ahora, que volé lejos de las faldas paternales, sigo con mi tartera, buscando encontrar algún día los sabores que mi madre me dejaba...
    A pesar de que sé con certeza que no lo conseguiré nunca... aunque aún no lo dije en voz alta, por si acaso ocurre un milagro.

    Comentado por: Charada el 17/2/2010 a las 15:19

  • Sigo llevando la tartera... después de tantos años siendo mi compañera, tengo miedo de dejarla a un lado.
    Empezó como compañera de años de facultad, cuándo era llenada con cariño por mi madre, que todas las noches seguía dándome algo de sue tiempo (me pregunto si alguna vez ellas dejan de dar su tiempo? Sé que la respuesta es no) para dejarme la comida preparada...
    Siguieron años de trabajo y mi tartera seguía conmigo...
    Ahora, que volé lejos de las faldas paternales, sigo con mi tartera, buscando encontrar algún día los sabores que mi madre me dejaba...
    A pesar de que sé con certeza que no lo conseguiré nunca... aunque aún no lo dije en voz alta, por si acaso ocurre un milagro.

    Comentado por: Charada el 17/2/2010 a las 15:17

  • Para:
    Comentado por: ANGEL el 17/2/2010 a las 10:31
    Gracias mil. Me alegro muchísimo que te haya gustado. Me pregunto: ¿Queréis más relatos?

    Comentado por: Verísimo Vizoso Feijoo el 17/2/2010 a las 11:27

  • ¡Bravo Verísimo!....está muy bién.

    -CLARA,te ví el otro dia en LAS NOCHES BLANCAS.Ya he comprado tu libro.Te contaré.

    SALUDOS.
    EL CHICO DEL PASAMONTAÑAS..DIGO,ANGEL..hombre.

    Comentado por: ANGEL el 17/2/2010 a las 10:31

  • Aquella fría tarde de octubre llovía en Madrid. La ví saliendo sola de Libertad 8, bien vestida para el tiempo infernal que hacía, con un libro en su mano izquierda y, en la otra, un paraguas de esos que se encierran en sí mismos. Estuvo un instante apretando el resorte, intentando abrir el paraguas y cuando éste se abrió de golpe, su punta roma se clavó en mi cara. Me llevé instintivamente la mano a la cara mientras lanzaba un grito espontáneo y ella empezó a pedirme cien disculpas y mil perdones. No se preocupe usted; no es nada, le decía yo. Se acercó a mí, fijándose en la herida. ¡Parecía tan sincera en sus desvelos!
    .-¡Vaya! Estás sangrando.
    .-No es nada. No tiene importancia. De veras, no se preocupe.
    Tocó mi cara en el punto del impacto con el dorso de sus dedos, ¡qué bien olían!
    ¿Te duele mucho?
    .-No, nada. ¡Ay!, lancé otro grito.
    .-Ven conmigo, vivo aquí al lado. Te has manchado de sangre la camisa. Tendrás que limpiarte. ¿De dónde eres? ¿Dónde vives?
    .-No soy de aquí, estoy..., me alojo en casa de un matrimonio, que apenas conozco; son amigos de mis padres. Anda, ven conmigo. Aquellas palabras me sonaban a gloria. Llegamos a su casa, que no estaba lejos de Libertad, 8. Abrió el portal.
    Pasa, me dijo, no hay ascensor.
    Ella subió las escaleras delante de mí y mis ojos se abrieron como platos contemplando la hermosa y rotunda redondez de su...
    Vivo en un segundo piso.
    ¿Vive usted sola?
    Trátame de tú. Tutéame, si no te importa. No, no vivo sola.
    Me quedé cortadísimo, en un silencio frustrante y espeso, sin decir nada y casi, sin aliento.
    Vivo con una amiga mía. Pero ella ahora no está.
    Recuperé la ilusión y el aliento necesario para seguir subiendo. Entramos. Su casa olía a limpio, a casa habitada, a cosas usadas. Olía a vida y a intimidad. Me quitó el abrigo, la chaqueta, la camisa. También se te ha manchado la camiseta. Yo te la quito. Quedamos mirándonos, ella con mi camiseta en una mano y... nos besamos.
    Más tarde, en aquella fría tarde de octubre en Madrid, estábamos ella y yo leyendo desnudos, tumbados en su cama, junto a una ventana golpeada por la persistente y monótona lluvia.
    .-Dime algo bonito, me dijo ella.
    .-No sé qué se dice en estos casos. Ha sido mi primera vez con alguien.
    .-¡No me digas! Por favor, dime, ¿qué estás pensando?
    Recordaré para siempre mis tontas palabras, fruto quizá de mis primeras lecciones de Filología Hispánica. Le dije:
    Yo leo... Tú lees... Llueve... Sexeamos... ¿Os ha gustado? ¿Por qué me leen ustedes, ellos y ellas?

    Comentado por: Verísimo Vizoso Feijoo el 17/2/2010 a las 03:34

  • ESTO DE ACUERDO CON LO QUE DICE EL POETA VENEZOLANO MANUEL BARRETO, DEBERIA CREARSE UN NUEVO MOVIMIENTO COMO EL ALMATISMO, DONDE EL DINERO NO TENGA IMPORTANCIA.

    Comentado por: EIRA SANCHEZ el 13/2/2010 a las 16:50

  • YO EN LO PARTICULAR PLANTEO " EL ALMATISMO " LO QUE VENGA DEL ALMA, Y NADA DE DINERO, DEJAR DE USARLO PARA VER QUE PASA EN ESTE MUNDO.

    Comentado por: MANAUEL BARRETO el 13/2/2010 a las 16:36

  • ¿Vuelve lo hippy, hacer LO QUE A UNO LE DE LA GANA, el desprecio del dinero? No estoy del todo seguro, no habría entonces puñaladas tantas por el Planeta. De acuerdo, Clara, no se debe frivolizar que, e vero, hay gente pasándolas canutas en este infernal sistema capitalista, aunque el nostro gobierno hace cuanto puede, que no puede literalmente soportar la injusticia y la miseria. Ese chico del pasamontañas, pobre.Puede que Tita algo le pueda dar.Quizás, tal como decíamos ayer, una multi le fiche de orgánico asesor. Más que tenga cuidado antes, no vaya un inspector de la Sgae a quererle desplumar más aún, a cuenta de los derechos que sobre lo suyo les cedió el subcomandante zapatista Marcos. ¿Qué habrá sido de San Marcos en su lacandona selva? ¿Y de Paco Lobatón? Uff, cómo pasa el tiempo,cómo gira la noria de los inviernos del calentamiento global y de Tele 5, hasta en Berlín Park los jilgueros a veces sueltan tacos, y me digo yo entonces, no, vosotros no podéis hacerme esto.
    Clara, ¿quieres una molona bolsa de llevar tarteras? Eres un poco caprichosilla tú, me parece a mí. Bueno ojalá puedas encontar una que te guste mucho. Yo meteré mis relatos todos en una tartera de esas, lo meteré al microondas luego todo, y antes que explote, en Azca no, que me queda un poco lejos el Manhattan yuppy madrileño, pero en el Berlín Park de mis alcorcones, me comeré con lo que salga una sopa de letras que no se la salta un agresivo ejecutivo.
    Es verdad, hay que organizarse un poco, en este largo invierno de nuestro descontento.

    Comentado por: Jose el 12/2/2010 a las 12:13

  • Por primera vez en la Historia de la Humanidad, el Hombre arroja a la basura cosas útiles que todavía funcionan. Nunca antes hicimos eso. Tiramos el ordenador, con todo su conjunto, todavía en pleno servicio, y que nos llenó de esperanza e ilusión los primeros días. Nos desprendemos del teléfono móvil, con el que tantísimos secretos y citas ocultas compartimos, y del que muchas veces esperamos ilusionados que sonara y nos pasara esa llamada de alguien especial. Y tan sólo porque acabamos de comprarnos el modelo más reciente que viene con un nuevo artilugio o diseño que nos fascinan. Adiós al televisor sin TDT, que iluminó tantas noches nuestras de soledad, compartida o no, y delante del cual tantos sueños se nos ocurrieron. A veces, vemos en la tele cómo algunas personas buscan comida en los contenedores de los supermercados de lujo o no tan lujo. Y nos parece que esa comida debe de estar en muy malas condiciones. Lo que no nos dice quien comenta el reportaje, es que esa comida, quince minutos antes, estaba a la venta para los compradores pudientes, por un precio quizá excesivo, si lo comparamos con lo que costó producirla y distribuirla. Y en algún momento de esa noche, el rico pudiente y el mendicante indigente comparten los mismos alimentos en cenas distintas. A veces pienso que todos esos artilugios, aparatos, utensilios y máquinas que, todavía útiles, desechamos de nuestras vidas, en algún lugar o paraje imaginario, cobran vida propia y se cuentan y relatan entre ellos terribles historias, recónditos secretos, inconfesables pecados, sobre los que un día fueron sus felices e ilusionados dueños. En un Vacío Inexistente.

    Comentado por: Verísimo Vizoso Feijoo el 11/2/2010 a las 10:40


  • al final, igual lancé el predicado
    digo, la prédica

    Comentado por: jbv a 10.710 km el 10/2/2010 a las 16:20

  • los tiempos cambian que es una barbaridad
    ¿para mal?
    ¿para bien?
    ¿ni lo uno ni lo otro y ni siquiera todolocontrario?
    como en todo, habrán opiniones encontradas, y hasta encontronazos
    cuando nací, las mujeres no tenían derecho a voto; en el curso de mi existencia, me encuentro en patriaúno (yo tengo dos países, 2) con una presidenta de la república; y al votar por ella, voté simultáneamente por una candidata a senadora (pero no por una diputada que me estaban enrollando : me pareció sobredosis, que se podría resucitar el partido machistaleninista)
    comprendo que hay cosas que son absolutamente vitales, pero muchas veces predicarlas resulta una lata, un tostón
    no predico
    practico (¿para disminuir mi complejo de culpa como consumidor?) la triple erre : reducir, reutilizar, reciclar

    Comentado por: jbv a 10.710 km el 10/2/2010 a las 16:17

  • Enhorabuena!! por la portada del libro. Saludos

    Comentado por: ex-alumna el 10/2/2010 a las 10:56

  • Que clarividente Clara. Asi es. El cambio ha sido rapidísimo. Yo recuerdo que cuando era niña. Un abrigo duraba tres temporadas. El primer año era el estreno (para Todos los Santos). El segundo se le sacaba el dobladillo (había crecido) El tercero se llevaba a la tintorería y cambiaba de color.
    En todas las mercerías del pueblo habia un cartel que decía "se cogen puntos a las medias"

    Yo lavaba los pañales de mis hijas y mis paños higiénicos.Con aquellas primeras lavadoras de Otsein que desaguaban en la fregadera. Teníamos que encender la cocina con viruta, leña y luego carbón,.Justo entonces empezó el gas de butano. La nevera tenía una barra de hielo que todos los días dejaba un transportista de hielos y sifones.

    Los trabajos domésticos eran durísimos. Alambre, palo de cera y luego cepillo y al final bayeta. Y la maldita cocina económica que por la tarde se abrillantaba con vinagre y asperón o piedra de sillería. El agua caliente estaba en un pequeño depósito de la cocina y se acababa enseguida.Las planchas eran de hierro y un largo etc.....

    De repente en 1.960 todo cambio, el gas, la lavadora, el plástico en el pavimento y más tarde, frigoríficos, después lavavajillas, microondas, calefacción central etc..

    Luego el despilfarro, todo comprar y tirar. parece que todos los días había que comprar, no solo alimentos, sino de todo.

    Hace poco, una persona que merece todo mi crédito me decía - Esto pasará, se recuperará pero como se ha vivido, (viajes y etccc.) eso no volverá NUNCA.

    Comentado por: Josefa María Setién el 09/2/2010 a las 21:44

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Biografía

Clara Sánchez es escritora española. En la actualidad reside en Madrid, donde estudió la carrera de Filología Hispánica y donde durante varios años enseñó en la universidad. Hasta la fecha ha publicado ocho novelas: Piedras preciosas (Debate, 1989), No es distinta la noche (Debate, 1990), El palacio varado (1993, Punto de Lectura 2006), Desde el mirador (Alfaguara, 1996), El misterio de todos los días (Alfaguara, 1999), Últimas noticias del Paraíso (Alfaguara, 2000), Desde el mirador (Alfaguara, 2004) y Presentimientos (2008).

 

Su obra ha sido traducida al francés, alemán, ruso, portugués, griego...

Ha recibido el premio Alfaguara de novela en 2000 por Últimas noticias del paraíso.

 

Y el premio Germán Sánchez Ruipérez al mejor artículo sobre Lectura publicado en 2006 por la columna titulada "Pasión Lectora" (El País, 6 de agosto).

 

Colabora habitualmente en El País. Y durante unos cinco años lo hizo en el programa de cine de TVE "Qué grande es el cine".


Bibliografía

 Presentación del libro el día 4 de febrero a las 19:30 horas
en la sede del Instituto Cervantes de Madrid (Alcalá, 49. 28014 Madrid)
Intervendrán Cayetana Guillén Cuervo y Eduardo Noriega

LO MÁS DESTACADO EN MEDIOS DE "LO QUE ESCONDE TU NOMBRE"

 

Lo que esconde tu nombre (2010). Destino, España (Premio Nadal)

Presentimientos (2008). Alfaguara, España

Un millón de luces (2004). Alfaguara, España

Últimas noticias del paraíso (2000). Alfaguara, España. (Punto de Lectura, 2001) (Premio Alfaguara de Novela)

El misterio de todos los días (1999). Alfaguara, España

Desde el mirador (1996). Alfaguara, España

El palacio varado (1993). Editorial Debate, España. (Punto de Lectura, 2006)

No es distinta la noche (1990). Editorial Debate, España. (Próximamente en Punto de Lectura)

Piedras preciosas (1989). Editorial Debate, España. (Próximamente en Punto de Lectura)


Enlaces

www.clarasanchez.com

 

Artículo en ABC sobre la autora.

 

Reseña de su nuevo libro en El cultural.

 

Entrevista en la revista Anika entre libros

 

Entrevista en El Semanal Digital

 

Comentario del libro en elmundo.es/blogs

 

Los pasadizos de Clara Sánchez por Jesús Marchamalo

 

Reseña de Presentimientos El Comercio (Perú)

 

Artículo en El Universal de México

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