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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

sábado, 30 de agosto de 2008

Blog de Félix de Azúa

Unas palabras sobre las palabras

En su imprescindible blog literario La République des Livres, Pierre Assouline informaba el pasado 24 de marzo de la desaparición de 25.000 palabras francesas en los últimos ciento cincuenta años, una lengua completa. No obstante, añadía algo conmovedor: sabemos cuándo nace una palabra y los buenos diccionarios suelen indicarlo, pero no sabemos cuándo muere. Podría decirse que no mueren, sino que, como los dioses, dejan de ser apeladas por los humanos, ya no las necesitan.

Esto es cierto pero, como razona Assouline, basta con regresar a los clásicos para que las viejas palabras cuyo sentido se ha perdido vuelvan a vivir y recuperen su significado, sea por intuición o mediante un fácil rastreo. Así rescatamos, aunque sólo sea para nuestro uso privado, algunas palabras que estuvieron en la boca de todo el mundo hace unas cuantas generaciones. Su sabor, como el de los licores viejos, es intenso, se retarda en el paladar, calienta el gaznate y cuando llega al cerebro le da un golpe de luz.

/upload/fotos/blogs_entradas/munecaazul_med.jpgComo complemento, les ofrezco la palabra "canesú" a todos aquellos que alguna vez cantaron la deliciosa: "Tengo una muñeca vestida de azul, con su camisita y su canesú", sin haberse jamás preguntado qué llevaba puesto la tal muñeca. A mediados del siglo XIX se impuso entre las mujeres de Marsella una muselina ligera que sustituía las viejas telas de inmoderado grosor y que aliviaba del calor veraniego. Dada la estación del año en que hacía su aparición, la prenda pasó a llamarse quinze août (quince de agosto) y poco después se comprimió en canzout, de donde nuestro canesú.

Así lo explica Victor Hugo y naturalmente puede ser una fantasía. Otras fuentes la remontan al siglo XVII como corrupción de "camisón". En este ámbito es imposible tener certeza alguna. Como los dioses, las palabras, a medida que se alejan en el tiempo, van creando una leyenda más aventurada y esquiva. Convocarlas al presente siempre tiene algo de conjuro y nigromancia. Llegan exangües, fatigadas, quizás escépticas, y suelen regresar al silencio con rapidez y alivio.

Artículo publicado en: El Periódico, 29 de marzo de 2008.

[Publicado el 31/3/2008 a las 11:15]

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Entre piscinas y glaciares

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Lago de Zervreila. Vals. Suiza.

Pocas cosas hay en este mundo más finas que mojarse las posaderas en las termas del sublime arquitecto Peter Zumthor. Llegar, no es fácil. Compensa, como se verá, la torta de nueces que venden en la panadería contigua a la estación de autobuses. El baño, sobre todo el nocturno, tampoco es moco de pavo. Vayamos por partes.

La historia del Hotel Therme de Vals, en los Grisones, comienza en 1953 cuando se construye la presa de Zerfreila en este valle misérrimo, a la sombra del Fruthorn y del Dachberg. Los ingenieros iban a traer la energía eléctrica a un lugar que había vivido a oscuras desde el Neolítico. Sin duda, allí nadie se había percatado porque Vals es zona habitada por una de las más bizarras inmigraciones de las que compusieron la Helvecia, la de los Walser, gigantes hirsutos venidos quizás de las cimas austriacas, los cuales plantaron allí el garrote en el siglo XIII y ya no hubo quien los moviera. La luz era una afición de canijos.

Si se desea llegar a este lugar entre infausto y glorioso hay que hacer muchos kilómetros alpinos por rutas de borrico, junto a despeñaderos, al pie de neveros y torrentes que en marzo dejan vivir una florecilla rosácea, única mancha de color en el telón opalino, lechoso, verdegrís de las laderas secas, y por cuyo valle corre el Rin anterior, uno de los dos brazos donde se origina el más tarde majestuoso alto y bajo Rin, el civilizado. En su nacimiento, la corriente tiene tonos verde nata y es severa, traidora, hija de los glaciares próximos a San Bernardino y Disentis. Sus aguas muerden sin descanso las laderas calcáreas en las que el hielo ha dejado zarpazos gigantes. Entre Chur (pronúnciese Kjur, o dígase en retorromanche Cuoira, Cuera o Cuira, según) y la próspera villa de Ilanz, este es un trayecto que no puede hacerse a pie, tan salvaje es el corte mineral. Desde el ferrocarril se divisan cuevas colosales que habrían hecho feliz a un Cromagnon.

/upload/fotos/blogs_entradas/chur_med.jpg

El cantón de los Grisones es el más extenso de Suiza y el menos habitado, con razón. Son ciento cincuenta valles, decenas de subcantones y doscientas diecinueve comunidades, tan autónomas que legislan sobre materias constitucionales. Por ejemplo, los vehículos a motor, máquinas sucias y ruidosas sin ninguna utilidad, como todo el mundo sabe, estuvieron prohibidos hasta 1925. Es gente cauta, al parecer. La alta montaña da un paisanaje noble, tenaz, escéptico, altanero y algo rudo. La dispersión social del cantón tiene una maravillosa cristalización en ocho lenguas y casi setenta sublenguas y dialectos, algunos hablados tan sólo por diez o doce lugareños. Aparte del alemán y el italiano, la lengua más extendida es el retorromanche. En el tren que lleva de Chur a Ilanz anuncian que las paradas sólo se ejecutan a petición del cliente: "Fermada sur demonda", dicen. Y si no hay demonda, no para. El retorromanche se divide por zonas donde se habla el surselvano, el sutselvano, el surmirano, el putèr y el valader (según Edwin Graber), aunque seguro que hay más. En Vals, los anuncios municipales dicen cosas como: "Rauda blocconta da pintga dimension sto essenda, etc." Lo canté arrobado repetidamente hasta que los niños me miraron raro.

Como es lógico en este sindiós de país el patriota debe defender su identidad como una termita incesante. La sociedad nacional más antigua es la "Societá retorrumanscha" (1863), la más moderna la "Lia Rumantscha- Ligia Romontscha" (1919), pero para defender el sursilvano está la asociación "Romania" y para los pequeñines la "Union dals Grischs". Es que es precioso. Todavía en los años setenta, los manuales de primera enseñanza venían en alemán, italiano, walser, sutsilvano, surmirano y valader, aunque no tengo noticia de que también vinieran en putèr. Nadie es perfecto.

Para mejor digerir este inmenso tesoro cultural sin incidencia alguna en el mundo, lo mejor es mojarse las posaderas en las termas de Zumthor, una construcción de cuarcita fuliginosa (parece que hasta sesenta mil toneladas, usó el artista) que alberga un laberinto de piscinas, unas ardientes (42º), otras gélidas (14º), otras con flores de jazmín bailando bajo las aguas, todo ello entre altísimos muros negros con cintas de agua que resaltan los colores: óxido, cinabrio, azafrán, malaquita, oligisto. Uno se siente como Caracalla, con el Ferrari a la puerta.

El baño nocturno, el más recomendable, se lleva a cabo en riguroso silencio, con el cielo abierto sobre la piscina exterior y cuando yo me sumergí en ella, una nieve leve, alada, angélica, caía sobre nuestras cabezas, casi todas de arquitecto y arquitecta, con delicadeza sin par. Los presentes nos mirábamos los unos a los otros sin decir ni pío, metidos en una pieza dramática con texto de Beckett, personajes de Bergman y escenografía de Greenaway, un oxímoron, cavilando todos cómo escapar de aquella alucinación.

Por eso, nada mejor, al despertar, que la torta de nueces del panadero, junto a la estación de los autobuses que suelen devolvernos al mundo humano. Uno regresa a la realidad comiendo torta y constatando desde el autobús cómo el Rin anterior se empecina en comerse viva la montaña titánica. Oye los aullidos del coloso y le pide al conductor que vaya más deprisa.

Artículo publicado en: El Periódico, 28 de marzo de 2008.

[Publicado el 28/3/2008 a las 13:55]

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En los días más santos del año

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El filósofo G.W.F Hegel, que es el Platón de la era moderna, idolatrado o execrado, pero ineludible, escribió que la religión cristiana murió cuando Lutero puso en marcha la Reforma protestante. A partir de entonces la palabra de Dios traducida al alemán podía ser interpretada libremente por los creyentes sin ayuda de los sacerdotes, y aquellos restos de paganismo que subsistían en el catolicismo fueron borrados de los templos reformados. La religión cristiana pasaba a ser filosofía cristiana.

Eso escribió la mejor cabeza del siglo XIX, pero hoy lo constatamos sin el esfuerzo de leerle. En el sur paganizante la Semana Santa es ya como el Día de la Madre, una excusa para gastar dinero en viajes, banquetes, diversiones o saraos. En el norte reformado la santidad de la semana hace decenios que desapareció, sustituida por una referencia administrativa.

En el sur las procesiones barrocas (no sólo las españolas sino las más escalofriantes de Sicilia y Nápoles) mantienen la tortura y el asesinato del Justo como un espectáculo popular que muestra las enseñanzas de la muerte a un público más dado a las emociones que a la reflexión. En el norte es el recogimiento de las familias, allí donde aún subsisten, lo que lleva a pensar que quizás aún queda alguien en casa apesadumbrado por la crueldad de los humanos, la arrogancia de los poderosos, la vileza de la plebe y el asesinato de los inocentes justificado por el cinismo de estado. Pues esa y no otra es la historia de Jesús de Nazaret y por eso su ejecución merece ser recordada.

Lo que nadie podía prever es la unidad que se ha producido entre norte y sur gracias al arte menos material, más sutil, más intangible. En todas las ciudades de Europa, de Oslo a Cuenca, de Minsk a Lisboa, suena durante estos días alguna de las Pasiones de J.S Bach. El severo compositor alemán se quedaría estupefacto si supiera que aquella música que él escribió para ser oída una sola vez, es ahora la única celebración realmente piadosa y magnífica del asesinato del Justo en todo un continente.

Artículo publicado en: El Periódico, 22 de marzo de 2008.

[Publicado el 24/3/2008 a las 11:15]

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Para los elegidos que sobrevivan

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Ginebra. Suiza.

Las elecciones (a las que Shakespeare denomina indefectible "la fiesta de la democracia"), son muy agradables una vez han concluido. Siendo así que los políticos son irresponsables y hacen lo que les pasa por la boina según el horóscopo del día, sólo sudan tinta después de las elecciones. No porque la ciudadanía logre quitarse de encima a los más chinches, sino porque entonces comienzan a atizarse entre ellos y es una delicia.

Transcurrida una semana ya vemos a Carod y a su colega zurrándose en el patio mientras el cura mira hacia otro lado. ¿Quién de los dos acabará en Casablanca regentando un bar de tapas? ¿Y Llamazares, un hombre preparado para acabar con los Romanov y que a duras penas si ha salvado una colonia de batracios? Los espectros de Bujarin y Beria afilan navajas siberianas. No se salva ni el pobre Rajoy, ese señor que parece salido de unas elecciones de don Antonio Maura, y que recibe licores de dátil con un leve aroma Cesar Borgia. Por no hablar del así llamado "nuevo equipo de Zapatero", ergástulas que se abren con chirrido espantoso para dejar escapar un alma disecada, una faz lívida, un cráneo desdentado. ¡Ay, Montilla, qué días te esperan!

Moraleja para los elegidos: Me acerqué a la estación de Ginebra. Quería comprar un billete a Vals, en los Grisones. Está en el otro extremo del país, hay que hacer cinco transbordos, no acabas en mula porque están protegidas. El empleado me ayudó con los horarios, los cambios de tren, las estaciones, los andenes, las lenguas. Al pagar me preguntó si tenía "tarjeta de media tarifa". Al ver mi cara de idiota me entregó unos papeles para que los rellenara y les pegara una foto. Así lo hice y al día siguiente me devolvió la mitad del dinero del billete que había pagado el día anterior. Suiza es una república de ciudadanos, no de súbditos. Los políticos y los jefes de la administración ayudan a la gente. Los empleados no cobran por jorobarte. ¿Qué tal unas becas de estudio en Suiza para los nuevos Césares? ¿Cursillos sobre la diferencia entre república y aparatchik

Artículo publicado en: El Periódico, marzo de 2008.

[Publicado el 17/3/2008 a las 11:00]

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Ginebra: se compra basura

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Un niño atraviesa una calle de Nápoles llena de basura.

Me resisto a creer que no haya en español una palabra capaz de definir ese temblor que asalta al viajero y que los franceses llaman dépaysement, extrañamiento del país, pérdida del lugar, lejanía de la patria, algo similar a lo que se solía describir con el castizo "caérsele a uno el pelo de la dehesa". Aunque me parece que tampoco la conocen los ingleses, como si sólo los franceses se sintieran raros al salir de casa y toleraran mal el abandono del cascarón. El caso es que ciertamente el viajero tiene la sensibilidad muy encendida en cuanto pasa un tiempo fuera de su entorno habitual y le parece asistir a fenómenos extraños allí donde los lugareños no ven nada en especial.

Leo en la Tribune de Genève que durante los próximos cuatro años la sociedad cantonal de eliminación de residuos (Services Industriels de Genève, SIG) va a importar 300.000 toneladas de basura. De inmediato me asalta la extrañeza del dépaysé: esta información es incomprensible y me deja perplejo, ¿para qué van a importar algo ontológicamente inútil? El titular era tan sólo el comienzo de una perplejidad cada vez mayor, porque el problema de las basuras ginebrinas se inicia muy atrás.

Cuando en el año 2002 el SIG puso en marcha la planta de incineración de basuras de Les Cheneviers no calculó que los ginebrinos iban a abrazar con entusiasmo la recogida ecológica de basuras domésticas. La capacidad de los tres inmensos hornos era de 350 mil toneladas anuales, pero no ha logrado superar las 200 mil toneladas en ningún momento debido al frenesí selectivo de los suizos. La situación llegó a ser tan crítica que la empresa (no se olvide que la pagan los contribuyentes) hubo de proyectar el cierre de uno de los hornos.

Iluminados por la finezza italiana, ahora los responsables discuten una nueva solución más sensata para no poner en la calle a los 50 obreros del horno inútil: importar basura italiana como quien importa aceite de oliva. Gracias a la peculiaridad napolitana, es decir, a la bronca entre la Camorra y los políticos que piden aumento de soborno, así como a la perfecta ineficacia de la Administración italiana con o sin soborno, la región de Campania puede dar trabajo a los hornos ginebrinos durante decenios. De modo que se va a establecer una cadena de transporte de basuras que cruzará la península de abajo arriba. Se trata de cargar entre 40 y 90 mil toneladas de basura fresca por año y subirlas primero en tren desde la punta de la bota hasta la frontera suiza y luego en camiones hasta Ginebra, pero no va a ser fácil.

Ante la inmediata avalancha de recelos, agravios y suspicacias, el portavoz de la empresa, Christian Brunier, se adelanta a pecho descubierto. En primer lugar, dice, sólo admitirán basura fresca ("Nous ne voulons que du frais"), no vaya a ser que los italianos aprovechen la proverbial simplicidad helvética para colar residuos radiactivos, detritus industriales clandestinos o pañales infectados de la red hospitalaria.

"¡Exigiremos conocer de antemano el lugar de procedencia de la basura!", dice Brunier. "Para lo cual enviaremos equipos de especialistas a pie de obra", remata. Esto me parece soberbio. Sin duda tengo el síndrome del dépaysé, pero ¡cómo me gustaría formar parte de ese equipo de especialistas en basura fresca! Te envían a Nápoles en donde eres acogido por un caballero elegantemente vestido de Armani, el cual, tras unos martinis, te conduce hasta una montaña de basura. "Assagi, egregio dottore, assagi, la prego". El suizo acepta la invitación y revuelve las basuras con rigor calvinista, se lleva a la nariz unos nabos podridos, desmenuza unas raspas de congrio, finalmente, aquiesce. Hay trato. Se dan la mano (el italiano se la limpia solapadamente en un pañuelo de seda de Gucci) y los camiones comienzan a cargar. El suizo vigilará sin descanso a lo largo de toda la ruta para que no aparezca otro elegante italiano a apañar los camiones a la altura de Milán. Cuando llega a la frontera tras una noche de vigilancia, el suizo, muerto de sueño y cansancio, descubre que lleva en el bolsillo del abrigo un atadijo de diamantes, varias revistas pedófilas y una foto del Papa. Divisa al elegante italiano esperando en animada charla con los carabinieri de la frontera. Ahora le saluda agitando la mano y los carabinieri montan las ametralladoras.

Este no es el mayor problema. Todos saben que la Campania gobernada por la Camorra napolitana produce 250 mil toneladas anuales de basura, carece de incineradoras, ha quemado ocho así llamados "comisarios especiales para la basura napolitana" en los últimos 14 años, ha despilfarrado 200 mil millones de euros y puede proporcionar materia prima durante todo el siglo XXI a los hornos suizos y a los de Pero Botero. La importación de basura italiana no sólo permitiría mantener los tres hornos, sino que dejaría un beneficio de unos 10 millones de francos suizos anuales. Pero no todo va a ser materialismo. El diputado del Movimiento de los Ciudadanos, Eric Stauffer, afirma que es una vergüenza que Ginebra se pasee comprando inmundicias por Europa ("faire du shopping d'ordures") para beneficiar a la mafia italiana. La fastidiamos, ya compareció el patriota.

Esta gente que habla de su país como si lo llevara atado al cerebelo con una correa, siempre es grandiosa: "Ginebra dice", "Ginebra quiere", "Ginebra llora". Son muy tontos, pero peligrosos. Así, también, el diputado Guillaume Barazzone (PDC), el cual se muestra conmovido y agraviado porque "Ginebra se va a convertir en el cubo de basura de Europa". De nada vale decirle que los hornos de Les Cheneviers llevan años importando basura alemana que cae a mano y luce mucho. Al diputado le duele ver a la patria convertida en una husmeadora de residuos como un mendigo de favela. El sentimentalismo es el opio del pueblo. Lo peor de esta oleada de agraviados viene, sin embargo, de los magistrados ecologistas, los cuales están indignados porque cuando se proyectaron los hornos nadie creyó que los ginebrinos iban a seleccionar cuidadosamente sus basuras, que es lo que ha traído todo este barullo. ¡No confiaron en el alma suiza! ¡El suizo es más limpio y disciplinado que un marine! ¡No respetan al suizo! Así gime el patriota, como si suizo no hubiera más que uno: él.

A los diputados ecologistas habría que hacerles una razonable contrapropuesta: que los ginebrinos regresen a la sana costumbre de poner toda la basura junta y lo más revuelta posible, como lo que es, mera basura. Que dejen de comportarse civilizadamente. Que abandonen un ecologismo que no hace sino crear quebraderos de cabeza a la Administración. Y que polucionen como mandriles para dar trabajo a los hornos de Les Cheveniers. Que el ginebrino produzca múltiple asquerosa basura sucia en lugar de ir a buscarla por los burdeles mediterráneos, eso sí que sería patriotismo. Y todo lo demás es rezar el rosario en familia.

Artículo publicado en: El País, 10 de marzo de 2008.

[Publicado el 12/3/2008 a las 07:00]

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La víspera del día antes del después

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Ladrón colombiano sobre tejados por Botero.

Ustedes van a votar mañana al candidato menos peor. Yo no voy a poder hacerlo, ay de mí, porque me encuentro en ese lugar llamado "el extranjero". Pero mejor que no vote porque confundo a la gente y no quiero hacerle un feo a nadie.

Que la confundo quedó demostrado ayer. Estaba yo leyendo hacia la una de la madrugada cuando oí turbadores ruidos en el tejado de la casa. Mi actual refugio es un ático bajo viejas vigas, de modo que distingo hasta el paso de un gato. No era un gato. Me asomé al rellano y vi, no sin emoción, que un sujeto se estaba descolgando desde la claraboya de la cubierta. Alarmado, inquirí sobre los motivos de semejante conducta a tan altas horas de la noche. El individuo, que llevaba un saco en la mano, me miró sin recelo y pude advertir que era un árabe delgado y extremadamente educado. "Acabo de arreglar la antena de la televisión, monsieur, le deseo un prolongado descanso", dijo cortés y salió disparado escaleras abajo. Sosegado, regresé a casa en donde mi mujer se moría de la risa. En ese momento comenzaron los gritos del vecino de abajo que gritaba "¡al ladrón, al ladrón!", pero en francés, que impresiona más porque se les dice "cambrioleurs", palabra imponente y difícil de pronunciar. En efecto, supe luego que el malhechor iba huyendo de la policía por los tejados, tras haber asaltado la casa paredaña. Sólo entonces me percaté del ulular de sirenas. Luego me dijeron que había logrado huir, pero como son educados nadie añadió: "gracias a usted, pedazo de merluzo".

Durante unas horas anduve cavilante porque si me ponían en una rueda de reconocimiento iba a ser de escasa ayuda. Al haber advertido tan nítidamente el origen africano del salteador, no pude fijar ningún detalle, ni si tenía la nariz gorda, los ojos pequeños o el pelo cano. Deduje que a veces una identidad fuerte impide la identificación mejor que cualquier disfraz. De modo que lo más identitario es lo menos identificable. Imaginen ustedes si voy a poder votar entre dos candidatos tan idénticos. Me deberían retirar el derecho de voto. 

Artículo publicado en: El Periódico, 8 de marzo de 2008.

[Publicado el 10/3/2008 a las 20:15]

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Desde hace dos mil quinientos años

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Escena del montaje de 'Las Troyanas' ofrecido en Mérida el año pasado.

Cuatro siglos antes del nacimiento de Jesús de Nazaret (a quien, por cierto, Eduardo Mendoza dedica su última e hilarante novela), el poeta Eurípides estrenó una tragedia titulada "Las Troyanas". Como fondo, la ciudad de Troya arrasada, sus ruinas, la humareda de los incendios. Sobre la escena cuatro mujeres condenadas a muerte o esclavitud por los vencedores. Hécuba, la madre del héroe troyano que ha visto como degollaban a su marido, mataban a sus hijos y ahora ve llegado el turno de sus hijas. Andrómaca, esposa de Héctor, también lo ha perdido todo, pero ahora va a tener que soportar el asesinato del pequeño Astianax, lo único que la ata a este mundo. Casandra, la hermana loca, la divina, la profetisa a quien nadie cree, ebria de conocimientos secretos que baila su futura violación porque sabe que sus tiranos van a perecer. Finalmente, Helena, la bella, fría, calculadora, codiciosa y adúltera causante de la destrucción, a quien su marido desea matar, pero no podrá hacerlo en cuanto la hermosa se abrace a sus rodillas. Eurípides describe con una poesía barroca y agresiva la conexión entre soberbia masculina y humillación femenina.

/upload/fotos/blogs_entradas/las_troyanas_med.jpgEn 1965 y sin que pueda yo explicarme la razón, Jean Paul Sartre estrenó su adaptación y traducción de "Las troyanas". Cualquiera que las compare verá que las mujeres de Eurípides son colosales, esculpidas en mármol, sus lamentos queman, su destino conmociona. Las de Sartre son hembras domésticas, madres y esposas burguesas en un mal trance. Excepto Helena. La mujer más seductora del mundo sigue provocando en Sartre la misma cegadora admiración que a Menelao el cornudo. De las cuatro, sólo Helena sobrevivirá.

No sé yo si esta genuflexión del macho que Eurípides conocía bien, pero odiaba, y que Sartre conoce y sin embargo acepta, no está en la raíz misma del escandaloso contraste entre una presencia agobiante de bellas publicitadas por todas partes, y pobres mujeres asesinadas en barrios marginales y pisos de renta limitada. Acaso las mujeres no puedan aspirar a otra salvación que la cirugía.

Artículo publicado en: El Periódico, 1 de marzo de 2008.

[Publicado el 03/3/2008 a las 10:41]

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Cumbres nevadas, banderas al viento

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Intento de agresión a María San Gil.

El asunto de la semana han sido las múltiples agresiones contra candidatos a las elecciones, llevados a cabo por grupos de hombres y mujeres fascistas que los medios de persuasión se empeñan en llamar "universitarios". Las agresiones estaban bien calculadas: Cataluña, Madrid y Galicia. Del País Vasco no hace falta decir nada. Allí el fascismo es endémico. Por primera vez, sin embargo, da la impresión de que algunos nacionalistas han comenzado a percatarse del monstruo que han creado, una Gotzilla ataviada con el traje de coros y danzas. Por lo menos en Cataluña es la primera vez que las condenas oficiales tienen alguna credibilidad y se difunden un poquito. Nada contundente, sin duda, pero ya no es la sonrisita del colega.

Las escuadras han ido creciendo gracias a la impunidad con la que han actuado hasta ahora y recuerdan poderosamente a aquellos grupos de "Defensa Universitaria" que se dedicaban a partirle la cara a los estudiantes más o menos de izquierdas. Como ellos, los fascistas actuales son de familia acomodada, se amparan en la patria y la bandera, son los perros guardianes de la oligarquía local y gozan de línea directa con las autoridades. Muchos son parientes de los mandos en plaza, caciques regionales que ya no usan correajes sino chequeras. Todos ellos viven del Régimen y se les paga al contado. Sin embargo, a diferencia de los de "Defensa Universitaria" a cuyos mandos identificaron unos pocos periodistas valientes con riesgo de sus vidas, no verán ustedes una sola identificación de los actuales paramilitares. Es más: actúan a cara descubierta, persuadidos de que no corren el más mínimo peligro mientras su familia controle los parlamentos autonómicos.

Tal es la diferencia entre el franquismo y el peronismo. Los franquistas sudaban al pensar en la izquierda. El peronismo ni siquiera hubo de preocuparse por semejante trivialidad. La izquierda, simplemente, no existía porque (decían los peronistas) la izquierda eran ellos. Por la misma razón nuestros fascistas osan llamar "fachas" a sus víctimas: la izquierda (dicen) son ellos.

Artículo publicado en: El Periódico, 23 de febrero de 2008.

[Publicado el 25/2/2008 a las 10:39]

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Nuestra oculta y remota identidad

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El crítico Robert Hughes dedica la primera parte de su extensa autobiografía, más de la mitad del libro, a su infancia y juventud australianas, años decisivos para la formación intelectual. El lector asiste estupefacto a una vida en los antípodas, lugar rotundamente alejado e incluso opuesto al nuestro. Descritos con agudeza los ámbitos familiar, social, educativo, religioso y político de la ciudad de Sidney durante los años sesenta, al cabo de sus páginas el lector honrado no tiene más remedio que aceptar una constatación lamentable. Nosotros, los niños y jóvenes de la Barcelona de los años sesenta, éramos, en realidad, australianos. Una fea conjuración quiere hacernos creer que éramos catalanes, cuando en verdad, debemos confesarlo, éramos australianos.

No hay ni un solo elemento en la vida de Hughes que señale alguna diferencia relevante entre Sidney y Barcelona, como no sean ciertos simios y reptiles en extinción. De niño descubrió como nosotros playas y montes, de joven pasó por iguales tribulaciones en el colegio, empezó a leer en serio gracias al mismo cura heterodoxo que nos ayudó a nosotros, y sus amigos eran los que teníamos por aquí, en la calle Muntaner. /upload/fotos/blogs_entradas/barcelona_the_great_enchantress_med.jpgTodo idéntico. Por supuesto la burguesía australiana era, en realidad, catalana: gente obsesionada por un triste pasado de convictos y perdedores, dividida entre anglófilos y nacionalistas, con gran antipatía hacia la abundante población inmigrante, en fin, la típica sociedad dominada por políticos mediocres al servicio de millonarios inmorales y de una incultura abismal. La identidad, la célebre identidad tan buscada por la gente agobiada, estaba, sin ellos saberlo, en Sidney y al alcance de la mano.

El título de la autobiografía, Things I didn't know, define acertadamente esa identidad y todas las otras. Lo traduzco porque el inglés, aunque pronto lo será, no es todavía la lengua propia de Cataluña: "Algunas cosas sobre las que no tenía yo ni la más remota idea". Como era de esperar, Robert Hughes es, además, el autor de la mejor monografía sobre Barcelona.

Artículo publicado en: El Periódico, 16 de febrero de 2008.

[Publicado el 18/2/2008 a las 11:05]

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Prólogo a la edición italiana del "Diccionario de las artes"

Más de diez años han pasado desde que, en un orden azaroso y según variaban mis lecturas, redacté estas notas con el propósito de averiguar qué pensaba yo sobre las artes actuales o sobre el estado de cosas del Arte. Dentro de unas pocas páginas verá el lector la diferencia entre "las artes" (la vieja tradición de los oficios, la "técnica") y "el Arte" (la categoría trascendental de la estética idealista), por lo que me permito no extenderme aquí sobre la cuestión. El caso es que repasando ahora el viejo texto con el fin de darlo a la reedición, constato que nada ha cambiado en ese ámbito y que si debiera subrayar algún elemento éste sería justamente el de un acelerado desaparecer, un esfumarse, una silenciosa extinción del Arte y una explosión o metástasis de las artes. Como ya suponía entonces, el final de las prácticas artísticas rigurosas no ha tenido lugar como un acontecimiento, un suceso, un "acto", sino como un vacío. Llegará un día, pensaba, en que a nadie le importará lo más mínimo ese asunto llamado "Arte" y el silencio se encargará de destruir todos los contenidos de esa noción. Así ha sido, o por lo menos así está siendo.

La edición italiana de Diccionario de las artes será publicada en otoño.


Ficheros asociados:

[Publicado el 13/2/2008 a las 07:00]

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Biografía

Félix de Azúa nació en Barcelona. Licenciado y doctorado en Filosofía, profesor de Estética y colaborador habitual del diario El País, fue conocido gracias a su inclusión en la antología Nueve novísimos poetas españoles. Ha publicado los libros de poemas Cepo para nutria, El velo en el rostro de Agamenón, Lengua de cal y Farra. Su poesía está reunida, hasta 2007, en Última sangre. Ha publicado las novelas Historia de un idiota contada por él mismo, Diario de un hombre humillado (Premio Herralde), Demasiadas preguntas y Momentos decisivos. Su parcela ensayística es amplia y destacada: Baudelaire, Lecturas compulsivas, Diccionario de las Artes, La invención de Caín, Cortocircuitos: imágenes mudas y Esplendor y nada. Los libros recientes son Ovejas negras, La pasión domesticada y Abierto a todas horas. Escritor experto en todos los géneros, su obra se caracteriza por un notable sentido del humor y una profunda capacidad de análisis.

 

Bibliografía

Ensayo

La pasión domesticada (2007). Abada, Madrid.

Ovejas negras (2007), Bruguera, Barcelona.

Cortocircuitos. Imágenes mudas (2004). Abada, Madrid.

La invención de Caín (1999). Alfaguara, Madrid.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (reedición) (1999). Anagrama, Barcelona.

Lecturas compulsivas. Una invitación (1998) Anagrama, Barcelona.

Salidas de tono (1996). Anagrama, Barcelona.

Diccionario de las artes (1995). Planeta, Barcelona.

Baudelaire y el artista de la vida moderna (1992). Pamiela, Pamplona.

Venecia (1990). Planeta, Barcelona.

El aprendizaje de la decepción (1989). Pamiela, Pamplona.

La paradoja del primitivo (1983). Seix Barral, Barcelona.

Conocer a Baudelaire y su obra (1978). Dopesa, Barcelona.

 

Novelas y prosa literaria

Abierto a todas horas (2007). Alfaguara, Madrid.

Esplendor y Nada (2006). Lector, Barcelona.

Momentos decisivos (2000). Anagrama, Barcelona.

Demasiadas preguntas (1994). Anagrama, Barcelona.

Cambio de bandera (1991). Anagrama, Barcelona.

Diario de un hombre humillado (1987). Anagrama, Barcelona.

Historia de un idiota contada por él mismo, o el contenido de la felicidad (1992), Anagrama, Barcelona.

Mansura (1984). Anagrama, Barcelona.

Última lección (1981). Legasa, Madrid.

Las lecciones suspendidas (1978). Alfaguara, Madrid.

Las lecciones de Jena (1972). Barral E., Barcelona.

 

Relatos

"Quien se vio", Tres cuentos didácticos (1975). La Gaya Ciencia, Barcelona.

"La venganza de la verdad" (1978). Hiperion nº1, Madrid.

"Herédame" (6 y 7 agosto 1985). El País, Madrid.

"El trencadizo", con grabados de Canogar (1989) Antojos, Cuenca.

"La pasajera" (18 nov. 1990). El País, Madrid.

"La resignación de la soberbia", Los pecados capitales (1990). Grijalbo, Barcelona.

El largo viaje del mensajero (1991) Antártida, Barcelona.

Cuentos de cabecera ("La pasajera" y "La segunda cicatriz") (1996). Planeta NH.

"El padre de sus hijos" (1998). Barcelona, un día, Alfaguara, Madrid.

"La verdad está arriba" (1998). Turia, Teruel.

 

Poesía

Última Sangre. Poesía 1968-2007 (2007). Bruguera, Barcelona.

Poesía 1968 1988 (1989). Hiperion, Madrid.

Farra (1983). Hiperion, Madrid.

Siete poemas de La Farra, con un grabado de A. Saura (1981). Cuenca.

Poesía 1968 78 (1979). Hiperion, Madrid.

Pasar y siete canciones (1977). La Gaya Ciencia, Barcelona.

Lengua de cal (1972). Visor, Madrid.

Edgar en Stéphanie (1971). Lumen, Barcelona.

El velo en el rostro de Agamenon (1970) El Bardo, Barcelona.

Cepo para nutria (1968). Madrid

Premios

1987 Premio Anagrama de Novela.

2000 Premio a la cultura "Sebetia-Ter" del Centri di Studi di Arte e Cultura di Napoli".

2001 Premio a la tolerancia de la "Asociación por la Tolerancia", Barcelona.

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