El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
miércoles, 20 de agosto de 2008
Confiterías para intelectuales

Grafico de Long Tail.
Se echa de menos por los intelectuales y su variada prolongación en gente culta, una web, un chateo, un iCult, una emisión televisiva, radiofónica o impresa que atienda cumplidamente a sus necesidades.
Efectivamente de casi todo de lo dicho existe alguna proporción pero de tan baja intensidad y peor calidad que la expectativa queda ampliamente insatisfecha.
Del mismo modo que según la tesis de Long Tail existen actualmente medios, negocio y clientes para todo lo minoritario, debería funcionar un centro de producción para consumidores formados en los silenciosos tiempos del libro e instruidos en sabor musical, pictórico cinematográfico o literarios, seleccionado.
Efectivamente no se trata ya de promover elitismos. El elitismo se ha disuelto en el archipiélago de los miles de islas para todos los gustos y arbitrariedades, neurosis y perversiones. El mercado lo sabe y ha diversificado tanto sus artículos como sus marcas, sus lugares de reunión y de expedición con el fin de atender a la biodiversidad del recreo, el placer y la formación de innumerables tribus.
A la tribu de los intelectuales, nuevos o viejos, padres o hijos, tendría que ponérsele a tiro, en el vecindario física o virtual, una múltiple confitería cultural tan surtida como rica y exquisita. Hoy por hoy, los suplementos culturales no responden a esta carencia. Desean satisfacer a demasiada gente. Lo mismo que "los ojos críticos" radiofónicos, tan populares como corresponde a las emisoras generalistas. Y ocurre algo semejante con las librerías -aunque es posible que la tendencia esté girando- que se presentan abarrotadas de grandes calamidades y generan enfermedad mental.
Sitios dentro y fuera de la red, locales para deleitarse en la contemplación y la comunicación, redes para recorrer lugares sagrados del pensamiento o del arte. Un sinfín de propuestas podrían surgir con éxito y beneficio de aquellos promotores sensibles y empresarios que fijaran su vista en este nicho de intelectos muy necesitados de buena nutrición antes que de pobre aislamiento, de vida antes que de indigencia y de placeres -siempre pagados- que pudieran ser una próspera fuente de negocio para quien se emplee fuera de la mainstreet y las producciones a granel.
[Publicado el 24/1/2008 a las 11:19]
[Enlace permanente] [Imprimir] [11 comentarios] [Enviar a un amigo]

Anuncio protagonizado por Bruce Lee. BMW X3.
Un creciente número de anuncios se presenta actualmente como notablemente ajenos al producto que deberían promocionar.
Más que pensados para reforzar la naturaleza particular de una determinada oferta parecen lanzados como ofertas creativas independientes u ofertas consumibles de por sí, lo que las convierte no tanto en medios como en fines que viven su propia vida y sin responder a los caracteres de su misión.
El hecho se experimenta repetidamente en la gran dificultad para predecir, cuando va discurriendo el spot, a qué clase de artículo terminará refiriéndose. Y esto debe ser así porque acaso no es ya profesionalmente el objeto de la publicidad la publicidad del objeto sino esa misma publicidad que necesita venderse como tal. Con ello, la mercancía se nubla en el fondo del anuncio porque lo que en él llama más nítidamente la atención no ha sido la calidad o las prestaciones de la cosa sino su predicación tan acaparadora como para absorber el mensaje en su performance.
¿Un efecto querido? Más bien parece un efecto perverso del exceso publicitario que, llevado a la exasperación de la competencia, se ve compelido a generar una invención más extravagante que la otra invención y, en ese juego feroz, las agencias llegan a ser más protagonistas que el cliente. Un cliente urgido y confuso a su vez por la mayor necesidad de enfatización y distinción de su producto en un mercado hipercompetitivo y que paradójicamente, en el vértigo de la pugna entre los creativos, viene a convertirse en indeseado elemento secundario en manos de la enfebrecida la publicidad. El marco supera así su función de realzar a la obra, los efectos especiales predominan sobre el posible contenido y el inflado elemento publicitario reina, aún involuntariamente, menos como medio que como meta.
En realidad, viene a ser éste un fenómeno que se manifiesta también en las películas, la literatura, la política, el sexo, la bolsa o la religión: los componentes efectistas son superiores a la entidad del artículo, el aparato es más importante que el programa, la sustancia real se pierde bajo la especulación y el sexo o la religión disminuyen bajo la vana retórica de la pornografía o de la predicación.
[Publicado el 23/1/2008 a las 11:43]
[Enlace permanente] [Imprimir] [10 comentarios] [Enviar a un amigo]

¿Puede imaginarse una explotación empresarial del silencio? Se puede. El silencio cada vez abunda menos y, en consecuencia, vale más de modo que, a partir de su escasez, ha crecido tanto su valor absoluto como la diferente calificación de sus calidades.
El espacio, el tiempo, el silencio, componen el triángulo del lujo. Y el silencio, especialmente, ha ganado la categoría de un producto de distinción. De distinción en su doble significado: la clase de silencio que se disfruta distingue netamente a su usuario y la capacidad de percepción para distinguir sonidos es un nítido signo de cultura.
El oído se cultiva para degustar tanto la música como el silencio, que forman parte de la misma narración sonora puesto que el silencio en la composición es parte inseparable de ella y la música sólo es concebible de este modo.
Porque ¿qué sucedería si a la música se le amputaran sus silencios? Indudablemente la desestructuración desplomaría la melodía, la melodía se vería fracasada sin el fluido natural por donde cunde y cuyo cauce sustancial lo constituye el silencio.
El silencio habla de la música dentro de ella y forma la base de su sonoridad, su tonalidad y su timbre. Este silencio es tan basal que la música parecería como un producto obtenido de hilar meticulosa y sabiamente el enigma del silencio. No es efectivamente así pero una modalidad de explotación contemporánea basada en el MP3 revela hasta qué punto llega la estrategia mercantil para la extracción de adicionales beneficios.
El MP3 permite almacenar una notable cantidad de música gracias a comprimir su contenido mediante la eliminación de todos aquellos pasajes sonoros que no pueden ser captados por el oído humano. Aquello que técnicamente no oímos desaparece de la grabación y el resultado es una cuantiosa ganancia de espacio para el almacenamiento. ¿Cuál es, sin embargo, la consecuencia? La consecuencia es que allí donde se hallaba el silencio latente, el silencio de la música, no hay definitivamente nada. La calidad del silencio musical deja de existir para ser sustituido por el vacío absoluto. De este modo la música parece oírse más o menos igual en el habitáculo ruidoso de un coche o en loso auriculares de un portátil. Escuchado el MP3 en el sosegado salón de casa, la música sin silencios se muestra como una oferta desvitalizada. El cuerpo de la música sin la médula del silencio tiende evocar la rigidez de un cadáver.
No oímos físicamente el silencio de la orquesta pero psíquicamente nos penetra e interacciona con nuestro espíritu vivo. Su amputación nos amputa y su eliminación nos ahoga o nos demedia.
Pero además, no sólo perdemos con ello en la audición de la música sino en la misma audición de nosotros mismos convertidos a través del intenso contacto con lo audiovisual "comprimido" (iPod, móviles, internet) y omnipresente en entes decrecidos, personas artificialmente entecas y quien sabe si acelerando ya con ello nuestro camino hacia la facturación final y su envoltorio sintético.
[Publicado el 22/1/2008 a las 08:45]
[Enlace permanente] [Imprimir] [2 comentarios] [Enviar a un amigo]
"En el horizonte del mundo moderno se eleva el sol negro del tedio", escribía Lefebvre en su Crítica de la vida cotidiana. Sin embargo, han pasado cuarenta años y el tedio no se alza como el sentimiento que se pronosticaba como dominante. En esto tiene también razón Bégout. No es el tedio, ni tampoco la depresión, por mucho que se hable de ello, la emoción más característica de la épica. Más bien el mundo se va realizando, destruyendo, transformándose, ante una relativa indiferencia.
Ni siquiera los movimientos más comprometidos llegan a contrabalancear esta indolencia prevalente. Cualquier implicación profunda con una causa no parece en absoluto de nuestro tiempo. La flexibilidad, la volubilidad, la plasticidad, la disponibilidad, el "lastre cero", son quienes deciden el estilo del mundo que tiende menos a la cambiar la situación como a conllevarla dentro del mayor acomodo, confort y aprovechamiento.
La vida, al fin, ha dejado de presentarse como un reto de transformación social o personal. La vida es lo que es y, en consecuencia, resulta una pérdida de oportunidades ocuparse en grandes planes de reforma trascendente. Cada cual se enfrenta a la cotidianidad como un hecho. Un hecho acabado. No estará mal protegerse, pertrecharse, instruirse en el mejor aprovechamiento y disfrute de las ofertas del sistema pero ¿afanarse para cambiar sus principios? No es tedio sino dejadez, no es cansancio sino indiferencia, no es el grito de la subversión sino el clamor del entretenimiento.
[Publicado el 21/1/2008 a las 09:00]
[Enlace permanente] [Imprimir] [5 comentarios] [Enviar a un amigo]
Contra la idea del orden, el esquema, la sistematización, David Weinberger ha escrito un libro, Everything is miscellaneous, que defiende la desestructuración y la entrega de informaciones sin organización. La realidad es múltiple, contradictoria, polimorfa, ¿cómo esperar que una representación unívoca y primorosa sea consecuente con ella?
La idea vale tanto para los libros de ensayo como para la narrativa. Persistir en la novela con presentación, nudo y desenlace dentro de la pretensión de coherencia y finalidad es responder al trasnochado concepto de la primera modernidad cuando la razón era la medida de todas las cosas y la lógica la suprema fuente de sentido.
La conciencia de la complejidad requiere imágenes complejas, la posmodernidad se decide en la variedad, la mixtificación, el tutti fruti del mundo intercomunicado, radiado, grabado y televisado bajo la inspiración del mosaico. Todo es ya misceláneo y este universo de centro comercial, viajes a todos los puntos del mundo, capillas de todas las confesiones, organizaciones de todas las razas y todos los sexos, establece la regla de la lasitud, la lasitud de la irregularidad y la irregularidad del sumario sincrónico y policromado de la heterogeneidad.
[Publicado el 18/1/2008 a las 08:45]
[Enlace permanente] [Imprimir] [10 comentarios] [Enviar a un amigo]
Aquellos que leen novelas y sólo novelas, no saben lo que se pierden. Lo digo a propósito de una pequeña obra que leí ayer de Bruce Bégout, un joven filósofo francés, titulada Lugar común y centrada en el análisis del motel como metáfora concentrada y precisa de numerosos aspectos de la vida contemporánea y, en particular, de nuestra existencia cotidiana.
Esta clase de ensayos ofrecen no únicamente pensamiento y mucho menos pensamiento por las buenas, sino un pensamiento misceláneo y un pensamiento directo, inteligente y por las bravas. Vivir se convierte en menos sin pensar en la diversa anécdota de ir viviendo. No digamos ya si, además, tomamos la rutina como un destino y al destino como un sinsentido. Lugar común recae sobre el instante sucesivo que vivimos y que tan frecuentemente llega, arde y se esfuma, sin conciencia de él. Bégout recrea la insensible importancia de lo pequeño, el valor decisivo de lo efímero y el definitivo peso de lo que acostumbramos a creer banal.
No añadiré ahora nada más que prive al lector de la sorpresa del libro (otro de Bruce Bégout, también en Anagrama, es Zerópolis sobre Las Vegas en cuanto metáfora civilizatoria) pero volveré sin duda sobre el asunto, cada vez más relevante, de nuestra vida cotidiana, convertida en el extracto único de nuestra vida, y sobre el poder de la microexperiencia cruzada por el "embrujo de lo insignificante".
[Publicado el 17/1/2008 a las 11:04]
[Enlace permanente] [Imprimir] [6 comentarios] [Enviar a un amigo]
Ayer asistí a una clase de dibujo con lo que me propongo pintar con más conocimientos aunque no, desde luego, con el plan de ser mejor pintor sino más sabio.
La lección que recibí ayer, como parece obvio, provino del ojo. De un ojo que no miraba entonces para obtener una información útil para la vida o el comercio sino sólo para precisar la realidad autista del objeto.
De las personas y de los animales domésticos vamos haciéndonos una idea más o menos cabal casi sin darnos cuenta pero para obtener del objeto su objetividad es necesaria una atención muy atinada e intensa. Se trata de una contemplación que persigue el conocimiento por el conocimiento, el rigor de su rigor como un medio mágico para obtener vida. De hecho, cuando se acierta en el dibujo, el modelo se alza y alienta, su imagen reluce como en una versión inaugural e insólita.
Efectivamente, el objeto no gesticula ni tampoco habla: se expone a la vista tal como está quieto y mudo en el mundo y, en principio, parece demasiado esclavo. No es, sin embargo, así. La observación, por intensa que sea, halla notables dificultades para absorberlo y dominarlo. Para reproducirlo sin desorganizarlo, captarlo sin disecarlo.
El objeto se resiste a ser tomado y en su resistencia trasluce la potencia de su vida interna. Se resiste a ser metabolizado por la copia, demediado en la cautividad de un amo. No se deja, en fin, asumir sin rebelarse contra su aprensión y siempre en la acción de dibujarlo, en el intento de capturar su imagen se percibe, mediante su oposición, el pulso que late en sus entrañas. Un pulso que acentúa el deseo humano del dibujo, una autonomía del objeto que eleva su nivel de seducción y, al cabo, la posible recompensa de copulación recíproca. Un ojo ante un objeto, un objeto ante un ojo, componen así la pareja perfecta. El principio de una vida tú a tú que nace de un esfuerzo con la perspectiva plástica del gozo, el milagro de la reproducción, la demiurgia de la aparición, que finalmente despide el resultado triunfal del trazo.
[Publicado el 16/1/2008 a las 11:51]
[Enlace permanente] [Imprimir] [19 comentarios] [Enviar a un amigo]
La sustancia de la mente o la luz
"La metafísica popular -decía Bertrand Rusell- divide el mundo conocido en mente y materia, y en alma y cuerpo al ser humano".
La medicina, además de la filosofía, se ha planteado con frecuencia la verdad o la farsa de esta división. Pensar al cuerpo guiado por una mente y pensar el mundo, en general, como una combinación de lo físico y lo espiritual, ha explicado dentro y fuera de las religiones el argumento general de la existencia y la consecuente aventura personal de los seres humanos. Pero, en rigor, ¿hay una mente separada del cuerpo, flotando como un aura superior? ¿Hay, en fin, una mente diferente del cerebro o será acaso sólo el cerebro y sus circunloquios quien hace de mente?
En la consulta, manifestamos al médico en qué apreciamos nuestro malestar: angustia, decaimiento, dolor, mareos. Todos estos elementos constituyen nuestras aportaciones subjetivas, alteraciones que creemos percibir. A continuación, sin embargo, en la exploración, el médico busca los signos objetivos: la fiebre, la dispepsia, la tensión arterial.
A la primera tanda de datos se la llama anamnesis y, a la segunda, semiotecnia. De la primera es posible dudar, de la segunda es necesario creer. Técnicamente.
Lo subjetivo tiene mala prensa para la ciencia y, sin embargo, si el desarreglo comprobado fuera una inducción mental, ¿cómo no concederle la misma objetividad a la mente?
El problema encierra tanto interés como una formidable dificultad de esclarecimiento y, especialmente, porque con la tradicional división entre mente y cuerpo, objetivo y subjetivo, la operatividad diaria gana mucho confort. Así, la lesión orgánica será objetiva y el mal funcionamiento del órgano procedería de algún accidente mental. Pero ¿cómo ajustar, finalmente, una realidad y otra para obtener la curación?
El benéfico lema de tratar al paciente como una totalidad no es suficiente. Lo decisivo sería hallar la matriz última de las desorganizaciones, la causa primordial a la manera de una molécula madre de la enfermedad o el dolor.
Según cuenta el doctor Luis M. Iruela, un prestigioso psiquiatra del Hospital Puerta de Hierro de Madrid en la revista Jano, el deseo de hallar esa clave en el ser humano recuerda el proceso que en los estudios sobre la luz llevaron desde una concepción dual en el siglo XVII -cuando se hablaba de ella como un cuerpo (órgano) o como un movimiento (función)- a la síntesis de Louis V. De Broglie en 1924 describiéndola como onda y partícula a la vez. Una misma sustancia luminosa, sólo una y exclusiva sustancia, tendría manifestaciones fenoménicas distintas pero íntima e inseparablemente asociadas. De la misma manera, tan íntimamente juntos se presentarían el cuerpo que compondrían una única solución vital, un solo caldo de vida que nos enardece, nos desvanece, nos enloquece o nos mata.
[Publicado el 15/1/2008 a las 11:17]
[Enlace permanente] [Imprimir] [7 comentarios] [Enviar a un amigo]
Mientras la presencia acosa, la ausencia oxigena. Mientras la proximidad intoxica, la distancia orea. No cabe pensar la higiene sin holgura pero la higiene, a su vez, es el alma de la clínica y la clínica, a su vez, la química de la misma vida.
De la vida a la química no hay ningún paso. La vida de la molécula principal se ahoga en la multitud mientras crece y se reproduce en el espacio abierto. De este modo desprovisto de espesura viene a ser cómo nos amamos perfumada y soñadoramente. Nos amamos sin tasa en la lejanía y amamos lo justo en la vecindad. A mayor vecindad más redundancia del yo y, por el contrario, a mayor ajenidad nuestro yo se alza y arquea. De esta tensión el yo logra una visión de sí que lo engrandece y lo lanza hacia el otro. Y gracias a esa potencia ama con mayor vehemencia. La vehemencia necesaria para salvar la distancia.
A menor distancia menor vuelo y a mayor separación un arco mayor dibuja el deseo. Nos deseamos, definitivamente, en tanto que no logramos todavía poseernos puesto que la posesión es como el mausoleo de los deseos. Exactamente, sólo nos cabe en el pecho henchido el gozo propio del vacío. Ese ámbito incomparablemente gozoso que crea la evocación y funda el irrompible y mágico lazo de la ausencia.
[Publicado el 14/1/2008 a las 09:15]
[Enlace permanente] [Imprimir] [26 comentarios] [Enviar a un amigo]
La luz y la electricidad constituyen la base crucial de la existencia. La electricidad fabrica el esqueleto irrompible y la luz guía la ínclita arquitectura de la mente. Con el esqueleto y el intelecto se resuelve de una vez el proyecto del ser humano. ¿Los animales no participan de la luz y de la electricidad? Son subsedes pasivas, silos de vida. Sólo en el ingenio humano se cruzan la electricidad y la luz, se une la elegancia con el látigo, se ovilla el conocimiento y su milagro, copula el misterio con su resplandor. Los animales son depósitos de saber, espesas reservas, mientras el ser humano discurre como una extraña fluencia. Los primeros son sólidos y finísimos líquidos los segundos. Mansos o fieras frente a genios iluminados y fuegos.
[Publicado el 11/1/2008 a las 10:15]
[Enlace permanente] [Imprimir] [41 comentarios] [Enviar a un amigo]
Vicente Verdú nació en Elche en 1942. Escritor y periodista, se doctoró en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona y es miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard. Escribe regularmente en el El País, diario en el que ha ocupado los puestos de Jefe de Opinión y Jefe de Cultura. Entre sus libros se encuentran: Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso, Nuevos amores, nuevas familias, China superstar, Emociones y Señoras y señores (Premio Espasa de Ensayo). En Anagrama, donde se editó en 1971 su primer libro, Si Usted no hace regalos le asesinarán, se han publicado también los volúmenes de cuentos Héroes y vecinos y Cuentos de matrimonios y los ensayos Días sin fumar (finalista del premio Anagrama de Ensayo 1988) y El planeta americano, con el que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en 1996. Además ha publicado El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción (Anagrama, 2003) y Yo y tú, objetos de lujo (Debate, 2005). Sus libros más reciente son No Ficción (Anagrama, 2008) y Passé Composé (Alfaguara, 2008).
Passé Composé (2008), Alfaguara.
No Ficción (2008). Editorial Anagrama
Yo y tú, objetos de lujo (2005). Editorial Debate
La ciudad inquieta: el urbanismo contemporáneo entre la realidad y el deseo (2005). Fundación Central Hispano
Noviazgo y matrimonio en la sociedad española: 1974-2004 (2004). (Coautor con Alejandra Ferrándiz). Taurus Ediciones
Alberto Schommer, el poeta de la visión (2003). La Fábrica
El estilo del mundo: la vida en el capitalismo de ficción (2003). Editorial Anagrama
Guillermo Vázquez Consuegra: obras y proyectos, 1996-2001 (2001). (Coautor con García-Solera Vera, Javier). Colegio Oficial. Arquitectos Comunidad Valenciana
Cuentos de matrimonios (2000). Editorial Anagrama
Señoras y señores (1998). Espasa-Calpe
El planeta americano (1997). Círculo de Lectores
Nuevos amores, nuevas familias (1992). Tusquets Editores
El éxito y el fracaso (1991). Ediciones Temas de Hoy
Poleo menta (1990). Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert
Días sin fumar (1989). Editorial Anagrama
Héroes y vecinos (1989). Editorial Anagrama
Sentimientos de la vida cotidiana (1984). Ediciones Libertarias
El fútbol, mitos, ritos y símbolos (1981). Alianza Editorial
Las solteronas (1978). Editorial Dopesa
Si Vd. no hace regalos le asesinarán (1972). Editorial Anagrama

Entrevista en Canal 2 Andalucía.
Reseña en Babelia.
Reseña en El País.
Reseña en El Cultural de El Mundo.
Reseña en El País - País Vasco
Entrevista en Periodista Digital
2006 Premio Escritor del Año (Grupo Condenas)
2006 Grand Prix du Livre des Dirigeants
2002 Premio Julio Camba de Periodismo
1998 Premio Espasa de Ensayo
1997 Premio González Ruano de Periodismo
1996 Premio Anagrama de Ensayo
20/8/2008 11:28
Publicado por: Enea
20/8/2008 11:20
Publicado por: veleidad
20/8/2008 09:58
Incluso el comentario en blanco,...
Publicado por: canvas
20/8/2008 05:16
holaaa estuve mirando muchos...
Publicado por: MARTIN
20/8/2008 03:40
Con dios me acuesto, pero ni...
Publicado por: buaammmnas nodhes
20/8/2008 03:32
Publicado por: a DORMIR YA!
20/8/2008 03:30
Buenas noches. No se me ocurre...
Publicado por: ¡¡A dormir!!
20/8/2008 03:26
Publicado por: .
20/8/2008 03:25
Publicado por: ¿es a mi?
20/8/2008 03:24
Publicado por: .
© 2005 La Oficina del Autor (Grupo PRISA) | Gran Vía, 32 6ª planta - 28013 Madrid | | Aviso Legal | RSS
Página desarrollada por Tres Tristes Tigres