El blog literario latinoamericano
Editado por La Oficina del Autor
domingo, 7 de septiembre de 2008

Una clase de pintura se basa en el no contacto entre el lienzo y la mano, entre la tela y el pincel, ¿entre la mente y la obra?
Nunca nada alcanza su verdadero efecto creador si vemos que se "efectúa". O, al revés: nada es más auténtico ni humano que lo que presenta espontáneamente y sin humanizar: nada es más real que cuando no se "realiza". Y así sucesivamente.
La falta de relación, la carencia de proceso, la pérdida del lazo es quien desata el milagro. Toda magia se funda en el hiato entre distintos estados. Las catástrofes, los estallidos revolucionarios, las inexplicables curaciones, la suprema felicidad, provienen del vacío latente. Aquello que sucede como de la nada o del azar conlleva la marca de lo sobrenatural.
La vida misma cobra su mejor sentido del absurdo. El silencio, la oquedad, la ausencia, la nada, son los grandes creadores del mundo: el alma de cuanto merece la pena. Y el placer.
[Publicado el 09/7/2008 a las 11:03]
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El escritor o el pintor sólo realiza algo de interés cuando, por principio, siente que aquello no es de ningún modo obra suya. Lo más indeseable de la llamada "creación" es detectar el pringue que une al objeto realizado con el sujeto realizante. Esta pegajosidad es la prueba de que no se ha hecho nada importante para los demás o que permanece demasiado apegada a la carne de uno mismo. El auténtico éxito del artista no es producirse sino producir, promover un accidente que, como tal, no pertenece a uno ni a otro, no huele ni sabe a su persona sino que, libremente, forma parte del mundo. Este logro viene a ser del todo accidental y nada perjudica más a un cuadro, una página o un edificio que descubrir en sus pliegues los ensayados gestos y mohínes del artista.
[Publicado el 08/7/2008 a las 07:00]
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Albergamos grandes esperanzas sobre las bendecidas relaciones humanas. Creemos irracionalmente, instintivamente, interesadamente, angélicamente, que hallarse en contacto con los demás mejora la calidad de la vida. No hay quien contradiga esta positiva aseveración puesto que de lo contrario tendría que presentar una larga y penosa lista de pruebas tan contrarias como antipáticas.
En el tibio caldo de la bondad más dulce se acaramelan y rebozan las verdades. También la verdad misma de lo real, entendiendo por tal no su cara más cruda y desnuda a sino su inmutable corazón porque, a diferencia de la mentira que es naturalmente multípara, la verdad se ve restringida a alumbrar el hijo único. El Único hijo de Dios.
Sólo nace y se alza una sola verdad frente a un enjambre de mentiras. O, probablemente, la verdad es como un brillante panal de rica miel adonde van a posarse sin mesura las múltiples mentiras.
¿Cómo deshacer tanta confusión sin ser herido? ¿Cómo dar cuenta de la realidad única sin pasar antes por una transfiguración del rostro o una transformación de la mirada, un abotargamiento de los sentidos picoteados por las nubes de insectos que celebran su mendacidad? ¿Cómo llegar a la limpia unicidad pues tras este alboroto de tumefacción y caos?
¿Las buenas relaciones humanas? ¿La rosada relación de amor? ¿El amor como lo más bueno de lo mejor, lo mejor de todo lo bueno? Alrededor del objeto prende una ensoñación redonda que promete curarlo todo y, al cabo, aquello mínimo que no cura del ofuscamiento es su perdición. Su perdición que iniciándose en una ínfima insuficiencia derroca la satisfacción entera, que logra la catástrofe por la simiente del defecto mínimo y que, como en las antiguas carreras de las medias, deshacen la malla desde principio a fin desde el encuentro a la perdición, desde el embeleso al empalago.
La fe en la verdad, la fe en la bondad, la fe en el amor, la fe en el otro, cava la primera fosa y desde un primer punto oscuro ("punzón de agua", dice Lorca) y es asesinada la belleza de la visión. Cegada la visión intacta por el punzón de agua, estrenada la oscuridad como un espacio dilatándose. Esa estancia sombría donde las máscaras habitan a su gusto, donde reposan o danzan a su antojo mientras el ojo ha dejado de ver bien. El ojo ha dejado de escuchar y la pupila se vela como en un triste color.
[Publicado el 07/7/2008 a las 10:34]
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Hace más de un siglo, el 25 de septiembre de 1889, escribía Jules Renard: "Leo novela tras novela, me atiborro, me empacho, me indigesto, a fin de asquearme de sus trivialidades, de sus repeticiones, de sus artificios, de sus convencionalismos, y poder hacer algo diferente".
Y soltaba antes (13 de septiembre de 1887): "Lo propio del artista no será consagrarse a una gran obra, como por ejemplo la fabricación de una novela, en que todo el talento debe someterse a las exigencias de un tema absorbente que él se ha impuesto; lo propio del artista será escribir a salto de mata sobre cien temas que surjan de improviso; desmigar, por así decirlo, el pensamiento. Así, nada es forzado. Todo tiene el encanto de lo involuntario, de lo natural. No se provoca: se espera."
En suma ¿puede decirse algo más positivo y estimulante respecto al blog? Y, de paso, no faltaba más, contra el mostrenco viviente que es en el siglo XXI la (canónica) novela.
[Publicado el 04/7/2008 a las 11:45]
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Los males de amor suelen ser de los más dolorosos pero, a la vez, de lo más vulgares. Basta escuchar una letra de una ramplona canción romántica aludiendo a desengaños, traiciones, separaciones, melancolías, o desentendimientos para sentir un alivio personal notable e inmediato. El mal de muchos consuela a listos y tontos pero consuela a quienes se creen más listos que los demás hasta que los tontos reproducen punto a punto sus penas seleccionadas. Una pena, en fin, necesita el prestigio de la excepción para mantenerse alta y activa. Por el contrario, cualquier contrariedad, se abarata y reduce si la observa repartida masivamente y sin importar el destinatario. He aquí, en fin, el supremo beneficio de la comunicación y la información en la sociedad de la información y la comunicación de masas. En la medida en que constatamos que nuestro dolor amoroso lo siente a la vez una multitud de gentes pasamos de cultivarlo con esmero a repelerlo, de saborearlo a rechazarlo. Aquello que nos iguala a la muchedumbre nos anula, aquello que nos hace desaparecer como receptor singular tiende a introducirnos en el anonimato, aquello que descubre la naturaleza no excelente sino común de la experiencia, reduce lo más extraordinario a la ordinariez, convierte el banquete en rancho, la tragedia en folletín, la obra maestra en panfleto y el padecimiento en pasto.
[Publicado el 03/7/2008 a las 11:30]
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En pocos signos se representa tanto la aspereza de la vida, la hosca dificultad de ser, como en esos insultos que inesperadamente, al lado, caminando por una acera, se escuchan de un marido a su mujer, de una señora a su esposo.
En las poblaciones pequeñas, sería casi imposible asistir a esta expresión pública de rencor pero en la ciudad grande, donde no somos conocidos, esas injurias matrimoniales se registran impunemente, se lanzan tan anónimamente que, a la vez, hieren a cualquiera que esté circulando por allí.
De las antiguas reyertas a puñetazos entre hombres, que veíamos brotar en los núcleos rurales, cargadas de odio y machos dispuestos a matarse entre sí, queda muy poco. Los hombres se matan a menudo dentro de las películas y las peleas con sus mujeres suceden bajo techo y con los periodistas a punto para convertirlos en protagonistas de la actualidad en el apogeo del maltrato conyugal.
La circunstancia que sustituye, sin embargo, a las tradicionales y brutales palizas en la calle de pueblo son las palabras terribles entre él y ella, no obreros ni amas de casa, no jornaleros ni multíparas, sino figuras de clase media alta que poseen un coche de tres litros a cuatro litros aparcado a unos metros del escaparte en la bien urbanizada zona comercial. Los participantes continúan, a lo que se ve, siendo pareja estable pero ¿de qué modo sería posible liberarse de esa penitencia que desestabiliza sus almas, astilla sus vidas y enferma crónicamente el mutuo deseo de vivir? ¿Cómo no deshacerse de ese sujeto infame que nos humilla, nos amarga, nos asfixia?
Hace cincuenta o sesenta años, en los tiempos de las ruidosas trifulcas callejeras, alguien pedía auxilio a la policía pero también a una tranquilizadora pareja de loqueros que se apeaban de la ambulancia con la camisa de fuerza en las manos y, repitiendo los expedientes de los encargados de la perrera y sus lazos para canes rabiosos, intervenían en el alboroto y seleccionaban a un de los litigantes como el ser demente que merecía ser encerrado, tratado y separado de la convivencia en paz.
Ahora, los loqueros no existen ni acuden. Sólo llegan los servicios de urgencia cuando hay víctimas sangrantes y tumefactas agonías, porque en su defecto los paseantes no telefonean de ningún modo a las autoridades asumiendo así que estos altercados, por desgarradores que parezcan, forman parte de la vida común y esa unión, matrimonial o no, persistirá todavía por su cuenta. Persistirá hasta el punto en que, si no hay asesinatos periodísticos relativamente pronto, las heridas que se inflijan entre sí irán conduciéndoles al expediente, cada vez más sencillo, del divorcio o la separación. Se trataría en fin, de acuerdo a los censos oficiales, de enfermedades sentimentales autónomas e incluidas en el ámbito de la sostenibilidad social y cuyo equilibrio requiere su correspondiente ración de ofensas. De ofensas, deteriores y hasta mutilaciones puesto que las partes aquellas que ya no pueden compartirse se cercenan y las que no contribuyen en adelante a la nutrición afectiva se desecan. De ese proceso más o menos simbiótico pervivirá la pareja hasta que la muerte los separe. Los disgregue entre sí de una u otra manera final, sea esta la muerte real, la compartida muerte cerebral, o la indolora muerte simbólica. Esa muerte decisiva que se hila, en fin, de un conflicto a otro, de una indignidad casera o callejera a la siguiente, de una crueldad a la otra, siendo todavía la pareja, para otros tantos, el máximo reino de la amistad y el amor, el supremo anhelo para existir alentado.
[Publicado el 02/7/2008 a las 07:00]
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Así como los silencios de la música crean la música y los reposos deportivos generan una potencia superior, en la producción de un cuadro los momentos en que el pintor mira el lienzo, y sólo mira, pintan tanto o más que aquellos otros en que interviene el pincel.
La ausencia crea tanta o más realidad que la presencia, como también las apariencias son tanto o más intensas que las sustancias. De una se pasa a la otra y de la otra se pasa a la una mediante un vaivén incesante que viene a ser el modelo general de la existencia.
De la enfermedad a la salud, del amor al odio, de la felicidad a la desdicha, de la vitalidad al desfallecimiento. Este binomio de todos los tipos y cuya constelación preside la Gran Pareja vida/muerte, opera como el código radical de nuestro destino y asumirlo debe llevar a la paz: la paz que se opone a la guerra, la serenidad que sin tregua se alterna con la inquietud, el desasosiego que repetidamente nos impide disfrutar del acuerdo con nosotros mismos. Ni en los veranos o en los veraneos, ni en los bailes y las vacaciones, ni en las epifanías, las onomásticas o las verbenas, se acaba con el insufrible dúo del sí y el no. Parece que vivimos para vivir escindidos. O al revés: vivimos escindidos como la forma inevitable de ser. Seres diseñados para la muerte cuando el ser sólo se concibe como un dibujo vivo.
[Publicado el 01/7/2008 a las 10:45]
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Un amigo ilustre que gozaba de notable fama de gandul, me reveló una vez el misterioso secreto de su éxito. Éxito en los asuntos económicos, éxito en las reuniones sociales, éxito en las disputas política. Si no logró un nivel parecido en los asuntos con las mujeres debe atribuirse, desde luego, a que su extrema fealdad y arrogancia no le permitía aspirar a más.
Respecto a las otras conquistas en que se mostraba tan brillante como astuto y tan persuasivo como trapacero, la clave se hallaba, según me decía, a que todas las mañanas, antes de levantarse de la cama, dedicaba unos tres cuartos de hora a hacerse perfecto cargo de la situación. De la situación saldada el día anterior y de las particularidades de esa mañana de cuyo ensamblaje pensaba extraer el mayor provecho. En su parecer, quienes pasaban de la cama a la acción sin mediar algún ejercicio de la mente se enfrentaban a altas probabilidades de resbalar, tropezar, equivocarse. Porque así como se recomendaba generalmente la práctica de algunos ejercicios físicos antes de abordar el día, creía indispensable ejercitar la mente, flexionarla, reflexionar-la para presentarse públicamente en forma. Estos minutos diarios entregados al análisis se traducían a la vez en lucidez y autoconfianza. Bastaba poco, al empezar la jornada, para constatar que el resto de individuos con quienes trataba apenas se habían preocupado de ninguna preparación mental y, como consecuencia, fácilmente les sacaba ventaja. Su praxis intelectual o su inteligencia práctica o la práctica deportiva de su inteligencia, aumentaba incomparablemente su capacidad de maniobrar y obtener posiciones privilegiadas. De hecho, así fue como su fama de haragán se compaginaba con su poder social y su aparente pasividad con la intervención astuta. Realmente, más incluso que en el mismo deporte, la quietud del cuerpo se revelaba un factor decisivo para ganar fuerzas. Una fuerza que podría parecer incoherente con la molicie corporal pero que, de hecho, daba cuenta de su formidable eficiencia. Conclusión: de la potencia que procura la contemplación se obtiene la acción más certera, de la energía que procura la meditación se logra saltar los obstáculos... En definitiva, los muchos beneficios que se derivan de la nada aparente se traducen en la máxima cosecha de bienes.
[Publicado el 30/6/2008 a las 07:00]
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El sentimiento melancólico que tanto predicamento posee, constituye el estado más propicio para componer meticulosamente el veneno personal, exclusivo y caro.
Toda melancolía es del orden de los fluidos capitales y así originalmente la bilis se asociaba a este talante alicaído que caracterizó con tanto ahínco a los románticos del siglo XIX.
Gracias a la melancolía se viaja dulcemente hacia el pasado sin quedar por ello amarrado a las columnas del pretérito. Es una inclinación postural que sorbe de ese paisaje cultural un regusto amargo pero sin hacerse repugnante sino tan adictivo que la atracción melancólica se incluye entre las más altas categorías de la seducción y el amor.
Ser duraderamente cautivado por la memoria de lo perdido podría parecer una rara orientación pero, sin duda, la complejidad del movimiento que el alma interpreta hacia ese punto lejano consigue, mediante su arco, transformar la tristeza en una airosa estética de la tristeza y la pena en una plateada peana del yo.
El ser melancólico se ama del modo perverso que dicta el narcisismo pero con la diferencia de que lejos de procurar alguna exultación del yo logra su efecto, precisamente, en su precisa declinación. Se trata en fin de una conquista de sí mismo en la sede de la decadencia siendo entonces la decadencia no una penosa degradación sino un elegante punto de vista. El narcisismo a secas es obsceno pero el narcisismo bañado en melancolía puede ser brillante. Todo lo melancólico se parece, en general, a una lámina de agua levemente turbia sobre una superficie pulimentada e impermeable. No hay incursión alguna del sentimiento propio en los poros de otro cuerpo sino que la emoción resbala sobre el objeto y el sujeto de mí tal como si nos bañara una delicada pócima que, obviamente, será venenosísima y en su peligro contiene el obsequio de máximo valor. El juego, en fin, con la muerte y sus distintas versiones ocupa el centro del caldo melancólico. No se trata nunca de la muerte concreta, sólida ni ordinaria sino por el contrario del barniz mortal entra fulgurante e inaprensible. O bien, se trata, en niveles de mayor riesgo, de la muerte tibia y destilada extraída de una cuidadosa reelaboración del charol letal, del alquitrán fúnebre o del final falso y travestido en un principio creador, una vacuna que envenena para no morir nunca de aquello, un vicio que nos hace incomparablemente mucho más santos que cualquier conjura de la virtud.
[Publicado el 27/6/2008 a las 10:55]
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Contra lo que se dice tópicamente no es sólo el hombre el que ha quedado desprendido de papel en cuanto padre, en cuanto a jefe patriarcal, en cuanto a icono, sino que también las mujeres, cuando el hombre ha perdido su puesto tradicional ha extraviado también el suyo y hasta ha balanceado hacia un inesperado abismo inverso.
Los sistemas operan y se mantienen cuando sus elementos con funciones distintas consiguen hacer viable el conjunto. La teoría de la complejidad ha descrito de sobra estas conexiones múltiples, tan intrincadas como una red neuronal y la interacción del cosmos.
No es posible, como enseñó la mecánica de la Ilustración, que reparando o reforzando una pieza se logre mejorar el sistema anterior. Los sistemas son complejos por antonomasia y cada uno de sus componentes interacciona con los demás en condiciones de interdependencia, no sólo de subordinación o sometimiento patológico. El mal de cualquier órgano humano no se resuelve bien mediante su extirpación sino atendiendo a las razones de su disfunción que sin duda no se explican localmente.
El mal del hombre o lo que ha venido a llamarse así con el tiempo no es sino una degeneración de su función precedente y la patología del macho no como energía negativa sino como energía caduca o improductiva. Pero, a la vez, por causa de la interconexión indefectible, el mal del hombre no se arregla mediante otra masculinidad sino a través de la transformación general que permita el funcionamiento en otra clave sistémica. No es sólo la masculinidad, sino la feminidad y sus valores, sus solicitudes, sus funciones, sus posiciones en una trama que cambia de paradigma, cambia de lo mecánico a lo digital, del machihembrado a la proximidad, de los émbolos y las excavaciones, a las pantallas y las navegaciones.
Es ahora la totalidad de la producción social la que se encuentra en una mudanza fundacional y en este trance, precisamente, asistimos a una intensa y extraña sensación de ausencia. Se ha vaciado el espacio de la ordenación tradicional, se han abatido muros y compartimentos, se ha optado por un entendimiento del sexo como género y, simultáneamente se ha enfatizado la sociología sobre la biología, lo flexible sobre lo fijado, lo relativo sobre lo absoluto, lo edificable sobre el solar de lo edificado. De este modo la especulación ha creado esta gran burbuja de los derechos inmarcesibles de la mujer que se extienden sin criterio desde el saqueo de la lengua, al saqueo de la genitalidad, desde la igualación de las emociones a la homogenización de los cuerpos. En esta coyuntura que en otros asuntos aniquila la ideología, aniquila aquí la simbología. Será reaccionario el imaginario de la mujer puesto que reproduce la repudiada imaginación patriarcal del hombre. No hay sueño más repugnante de mujer que el sueño del ominoso hombre. Pero ¿entonces que nuevos imaginarios se alzan en el pensamiento simbólico de la colectividad? No existen o es temible su enunciado. Todo imaginario, como efecto de la condena del imaginario, queda proscrito. ¿Consecuencia? Un gran vacío se expande en el lugar de los sueños, un ámbito desnudo, blanco y en silencio, se alza en el espacio donde gritaban los más oscuros anhelos.
[Publicado el 26/6/2008 a las 10:56]
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Vicente Verdú nació en Elche en 1942. Escritor y periodista, se doctoró en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona y es miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard. Escribe regularmente en el El País, diario en el que ha ocupado los puestos de Jefe de Opinión y Jefe de Cultura. Entre sus libros se encuentran: Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso, Nuevos amores, nuevas familias, China superstar, Emociones y Señoras y señores (Premio Espasa de Ensayo). En Anagrama, donde se editó en 1971 su primer libro, Si Usted no hace regalos le asesinarán, se han publicado también los volúmenes de cuentos Héroes y vecinos y Cuentos de matrimonios y los ensayos Días sin fumar (finalista del premio Anagrama de Ensayo 1988) y El planeta americano, con el que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en 1996. Además ha publicado El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción (Anagrama, 2003) y Yo y tú, objetos de lujo (Debate, 2005). Sus libros más reciente son No Ficción (Anagrama, 2008) y Passé Composé (Alfaguara, 2008).
Passé Composé (2008), Alfaguara.
No Ficción (2008). Editorial Anagrama
Yo y tú, objetos de lujo (2005). Editorial Debate
La ciudad inquieta: el urbanismo contemporáneo entre la realidad y el deseo (2005). Fundación Central Hispano
Noviazgo y matrimonio en la sociedad española: 1974-2004 (2004). (Coautor con Alejandra Ferrándiz). Taurus Ediciones
Alberto Schommer, el poeta de la visión (2003). La Fábrica
El estilo del mundo: la vida en el capitalismo de ficción (2003). Editorial Anagrama
Guillermo Vázquez Consuegra: obras y proyectos, 1996-2001 (2001). (Coautor con García-Solera Vera, Javier). Colegio Oficial. Arquitectos Comunidad Valenciana
Cuentos de matrimonios (2000). Editorial Anagrama
Señoras y señores (1998). Espasa-Calpe
El planeta americano (1997). Círculo de Lectores
Nuevos amores, nuevas familias (1992). Tusquets Editores
El éxito y el fracaso (1991). Ediciones Temas de Hoy
Poleo menta (1990). Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert
Días sin fumar (1989). Editorial Anagrama
Héroes y vecinos (1989). Editorial Anagrama
Sentimientos de la vida cotidiana (1984). Ediciones Libertarias
El fútbol, mitos, ritos y símbolos (1981). Alianza Editorial
Las solteronas (1978). Editorial Dopesa
Si Vd. no hace regalos le asesinarán (1972). Editorial Anagrama

Entrevista en Canal 2 Andalucía.
Reseña en Babelia.
Reseña en El País.
Reseña en El Cultural de El Mundo.
Reseña en El País - País Vasco
Entrevista en Periodista Digital
2006 Premio Escritor del Año (Grupo Condenas)
2006 Grand Prix du Livre des Dirigeants
2002 Premio Julio Camba de Periodismo
1998 Premio Espasa de Ensayo
1997 Premio González Ruano de Periodismo
1996 Premio Anagrama de Ensayo
06/9/2008 20:22
Publicado por: uno de orange
06/9/2008 15:33
Desde hace tiempo todo el mundo...
Publicado por: Guille
06/9/2008 13:03
Publicado por: Enea
06/9/2008 08:35
Publicado por: jap
06/9/2008 03:28
Publicado por: (a + b)3 = 1•a3 + 3•a2b + 3•ab2 + 1•b3.
06/9/2008 02:28
Escarola es precioso lo que...
Publicado por: regadera
06/9/2008 00:50
Publicado por: jose
05/9/2008 21:31
Publicado por: María
05/9/2008 20:45
Publicado por: el de ayer
05/9/2008 20:45
Publicado por: el de ayer
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