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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

lunes, 8 de septiembre de 2008

Blog de Vicente Verdú

La necesidad de vivir

Sigo aplicándome el "no hay mal que por bien no venga" pero en tanto no viene nada de nada, sólo puede mantenerse en pie la fe sin más.

Pero, ¿a cuento de qué creer? ¿Quién garantiza que no va a cumplirse verosímilmente la lógica de lo peor? Creer tan sólo para no de-cre(c)er.

La creencia religiosa desempeña desde el principio de los tiempos este papel fundacional y funcional: no es Dios quien creó a los hombres sino los hombres quienes crearon a Dios. No será el Gran Poder quien sostiene mantiene la altura de Dios sino, precisamente, la falta de poder humano la que eleva desesperadamente el fantasma de la Divinidad.

¿Para degradación de la especie? ¿Para superación de la especie? Lo misma da. Lo capital radica en la sustentación y su agregado de sustento. Dios es como un pan. No importa si candeal o falso. Basta que sea un como si fuera y, de este modo, se represente vivo en la conciencia.

La idea que quien no se consuela es porque no quiere coincide con que el consuelo necesita el deseo de la consolación: del deseo de consuelo nace el ser palpitante del consuelo. De la misma manera, de la escritura nace el deseo de escribir y, al cabo, del amor al deseo nace la ocasión de amar. Como también, de la necesidad de felicidad nace la fe consoladora y hasta la vida brota gracias a la necesidad de vivir.

[Publicado el 25/6/2008 a las 11:05]

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La ausencia de mal

/upload/fotos/blogs_entradas/pintorypaisaje_med.jpgMe confiesa un joven amigo pintor que se encuentra en un punto de su vida en que todo marcha bien. En mis sesenta y cinco años no recuerdo un sólo día en que todo estuviera en su debido lugar, menos aún en su bienestar. La admiración que me despiertan sus palabras, incuestionablemente sinceras, se corresponde con el asombro que para mí significa la posibilidad de que un ser humano, vivo y consciente, no detecte ningún punto triste o negativo, aún por instantes. Esta capacidad es máxima pero todavía significa un mayor prodigio si se corresponde efectivamente con ese presente real al que no cabe poner una pega. La pintura le fluye ante el lienzo o la tabla, el amor le asiste mientras crea, el sexo compartido le enloquece en la alcoba, las expectativas profesionales son insuperables. Este futuro no ya despejado sino recamado de nácar constituye el mejor ámbito para su ánimo henchido. Su ojo otea el horizonte y en su bandeja le esperan las manos divinas, recién lavadas apara acogerlo y perfeccionar su suerte.

En esa visión del futuro terrenal se cumple el verdadero milagro del bienestar completo. No es difícil atribuir a la supuesta eternidad después de la muerte las mil providencias del Destino, los dulces más personalizados, exquisitos y caros pero esperar esa donación en esta turbia atmósfera y sobre la tierra, entre circunstancias injustas que se comportan como alimañas o entre el azar que con su hambre nos mutila, representa el cenit de la fortuna o, lo que viene a ser lo mismo, la bendición exacta de la candidez.

Porque no importa ya, a estas alturas de la vida y la ficción, qué es o no real, qué forma parte de la física o de la fe, de lo tangible y lo inasible, de lo fotografiado y lo imaginado. La única idea, la única imagen válida y decisiva es la convicción del sentimiento. El sentimiento, en fin, tan convincente que desencadena todos los frutos de la inteligencia absoluta y su correspondiente verdad. Siendo esta Verdad, aquella que imponiéndose absolutamente posee además el certero de que marchamos de Dios. Lo que se cree a través de la fe viene a ser, por antonomasia, lo absolutamente verdadero puesto que, al ser una creencia y no una existencia, una ilusión y no una vista, nada de este inmundo mundo podrá atentar contra ella.

El mundo es traidor, imprevisible, arbitrario, inocentemente cruel y, en consecuencia, nada contribuirá mejor a garantizar la felicidad aún momentánea, que la sustitución de la óptica del mundo. No exactamente de su negación frontal y ciega sino de su sustitución mediante una mirada que salta su bulto y se desliza, como los campeones en los saltos de sky, sobre el nivel de una nueva superficie pura. El nivel de la superficie inmunda, la sucia superficie del mundo común, actúa como un cuchillo eléctrico que gira y mata. Su nivel saja, degüella, despedaza, aniquila. Ese nivel de la superficie real, sin ilusión alguna, debe considerarse la cota más temible del dolor. En el abismo nos sumimos como ángeles o demonios, nos despeñamos como héroes o víctimas sin nombre pero a ras del territorio vulgar la acción de la normalidad nos parte en dos o en tres o en múltiples partículas que nos descuartizan, asaltan nuestras sedes y nuestra constitución, deshacen nuestro sentido y nuestra razón y nuestro destino. Y, apara mayor desesperanza, aquellos criminales o depredadores que a través de su arma blanca sacian su sed con nuestra sangre, son a menudo, criaturas inocentes sin norte. Piezas sin ensamblar que circulan sin control, hombres y mujeres (mujeres) que en su atropellado amor o desamor, en su sueño de poseer o ser poseídas a la manera de órganos, desencadenan tragedias indecibles y un desorden semejante a las masacres desorganizadas a cargo de la electricidad neurológica. A cargo del instinto, la torpeza, el amor y el temor. A cargo sin más de la carga que cada uno trasporta como una pila de hidrógeno o de oxígeno o de óxido sin más función que respirar. ¿Cómo dictaminar en consecuencia que cualquier instante que la luz brilla sin una arista amenazante, sin un ínfimo sabor de oscuridad? Acaso sólo la droga pueda proporcionar un gozo así. Acaso sólo este efecto por sí mismo legitima la adicción a la locura.

[Publicado el 24/6/2008 a las 07:00]

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Para ti

Hay una ausencia que duele y otra, en cambio, que se comporta como un antiguo lenitivo. O incluso como una depurada luz que, al mostrarse en sus amplias dimensiones sorprende de qué modo pudo haber sido ignorada o reprimida. La ausencia abre un espacio propicio a que la herida sane en su espacio de seda, se exprese la herida clamante de la pérdida del otro pero también cuando la opresiva presencia de un otro indeseable acaba, en su lugar acampa una inauguración, un temible abismo de luz al comienzo y tras él un alegre vértigo que estrena una vida, un amor, una potencia acaso gigantesca. Eliminar al enemigo en la guerra hace reinventar la patria. Eliminar al enemigo en la pareja nos permite reiventarnos desde el agostamiento. De este modo las separaciones por dolorosas que sean procuran potenciales toneladas de alimentos. De esa valiosa provisión cabe hacer usos distintos, desde el despilfarro al ahogo, desde el acopio a la siembra. En cualquier supuesto esa nutricia luz recibida no será una luz reciclada sino como un flamante nacimiento de claridad y tanto más cuando en la ofuscación precedente cruzaron repetidos momentos de llanto.

La ofuscación del lloro, la amargura que atoraba la boca, se corresponderá más tarde con la placidez del sabor y el tino del punto de vista.

Toda separación amorosa procura, entre sus ásperos costes, un nuevo yo dispuesto a sentir con mayor ahínco lo bueno. Toda unión sostenida a pesar, en el pesar, no es otra cosa que un vicioso sinsentido o incluso un vicio central orientado al cabo hacia el suicidio. Lo que no es en absoluto tan insólito porque la muerte es el más potente imán una vez que se consigue superar la repugnancia a las tinieblas.

El suicidio es así una tentación para pasar la vida sin más enredos psicológicos. Enviscarse en el martirio de la relación y construir un maltrato recíproco obsequia con un significado profundo donde nada había. Más que el trabajo rutinario, la distracción efímera, el alcohol vulgar, la destrucción mutua y feroz genera una necesidad de la que muchas parejas no saben ni ven razón mayor para sustraerse. Morir naturalmente constituye un pobre desenlace pero aplicarse con esmero en el proceso de la muerte y el crimen doméstico llena de significado a la cotidianidad.

Sufrir, destruir, no es un mal absoluto. Como tampoco gozar o edificar es un incuestionable bien. En una u otra especialidad la extensa gama de posibilidades permite crear una rica sinfonía del padecimiento o del placer, recorrer sin tedio las mil caras del pesar.

Pero incluso en determinados puntos, el dolor recobrado allí donde prevemos que está, nos asiste como un seguro de vida. Duele allí donde incidimos y sin fallar a la cita. Se sufre allí donde conocemos la sede del sufrimiento que fijamos. Así nos fijamos y afirmamos como teas. Izándose tan brillantes como ardientes hacia la excitante desaparición.

El dolor insoportable deja sin aliento pero aquél que permite ser racionado con astucia y habilidad consuela porque ocupa una sede conocida donde no sentirse a solas y llega como efecto de nuestra voluntad sin asolarnos. Dolor obediente al estímulo, destrucción controlada hacia una gradual y prolongada demolición vital que acaba con la triunfal eliminación de los agentes, el éxito de la maldita pacificación del mal.

[Publicado el 23/6/2008 a las 11:15]

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Años de pasión

Me dije que esa especial atracción que sentía por ella no desaparecería en toda mi vida, sin importar los años que cumpliéramos y la decadencia física que nos sobrevendría. Ahora, sin embargo, siento tristemente que ha bastado sólo que el objeto del amor cumpla cincuenta y tantos años para que concluyera la vehemencia. Esa mujer, en la que pienso, con cincuenta y tantos años es ya incapaz de sostener la realidad de su atractivo y el amante abandonará quizás la imagen presente para referirse en sus sueños a una versión anterior, cada vez más segregada. La atracción desazonante se aplaca como se aplaca el odio hacia alguien cuando agoniza o muere. La pasión hacia esa mujer tiende a evaporarse cuando la vida ha impuesto su fantasma.

Contar, según mis pronósticos, que la pasión por una mujer hermosa no desaparecería nunca ha chocado con la vanidad de los cumpleaños y la tan cruel como injusta edad femenina. Pronto en las anteriores y muy coloradas sustancias del amor irán deslizándose átonas e incontables moléculas de compasión y gradualmente la pasión se ayuna.

[Publicado el 20/6/2008 a las 11:48]

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Amores peligrosos

/upload/fotos/blogs_entradas/amores_altamente_peligrosos_med.jpgHe leído un libro, no demasiado importante, de Walter Riso que se titula Amores altamente peligrosos. Su subtítulo explica cumplidamente el contenido: "Los estilos afectivos de los cuales será mejor no enamorarse: cómo identificarlos y afrontarlos".

No creo que puedan afrontarse sino mediante el martirio. Identificarlos, en cambio, es fácil y cualquiera que haya cruzado por esta refriega podría dar cuenta de su coincidencia con las sistematizaciones de Riso. De todos ellos, he vivido una mitad, para bien y para mal. Lo peor, con todo, es ser víctima de un amor caótico y, siendo el enamoramiento del orden de la ensoñación, el delirio o el arrobamiento, el caos presenta el añadido de introducir el  maltrato sin fundamento, la afección con demencia y el olvidado con el mínimo esfuerzo del dolor. Los enamorados ¿son locos? ¿caóticos? Entre la locura y el caos, discurre la gran distancia entre el amor humano y la extrema crueldad de lo natural. La Naturaleza que despedaza frente al Ser  que desespera.  

[Publicado el 19/6/2008 a las 12:15]

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Amor en la vista

No he podido saber, en toda mi vida, qué significa un hombre para una mujer y, en consecuencia, seguramente me iré de este mundo sin averiguar cómo ama una mujer a un hombre. ¿Debería haberlo aprendido ya? ¿Habría disfrutado más gracias a este importante conocimiento? Pero ¿me habría sido posible llegar a él?

Lo decisivo, me parece, es que cuando un hombre ama a una mujer no ve, a menudo, más allá. En ese amor va incluido el gran amor a sí mismo y ¿cómo disponen de un espacio adicional para dar cabida al otro y disponer, encima, del tiempo oportuno y la instrumentación suficiente para abordar su realidad?  Más que gozar en el examen del amor, el amor se precia de amar sin lupa, querer sin condiciones ni análisis, pensaba yo.

Pero un amigo me disuade de este planteamiento tan cursi y asegura que las mujeres calculan y no ya intencionadamente sino instintivamente y hasta fríamente. De ese modo se haría  verosímil que las mujeres conozcan el modo de querer de los hombres y ponderen apropiadamente el significado que tienen  para el varón. Mi ignorancia de todo esto no demuestra, en fin, nada más que la otra parte asimétrica o tuerta de la relación.

El machihembrado, según la tesis de mi amigo, doctor en ciencias naturales, dista de ser un ajuste igualitario. No lo es en su longitud y, sobre todo, en su forma. Ni el engranaje más perfecto se establece gracias al ensamblaje de un ‘sí' y un ‘no' iguales. Unos ‘síes' se alargan y otros se acortan, como ocurre, a su vez, con los ‘noes' que se aproximan o entrecruzan. La rueda amorosa funciona pero en su interior unos ojos se introducen mejor en las cuencas del otro y el otro, por su parte, puede quedar casi cegado en la maniobra de contemplación. En la misma distancia, una vista ve más y mejor. Una vista actúa y revela. Otra se afana y se vela.

[Publicado el 18/6/2008 a las 07:00]

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Para Livia

Tengo una amiga en México a la que no veo desde hace muchos años. Realmente sólo nos hemos encontrado tres veces a lo largo de unos veinte años y como nunca se marchitó el recuerdo ni nada atentó contra nuestro amor, hemos permanecido unidos como dos seres humanos más o menos extraviados en cada país pero inmediatamente localizables a lo largo del flamante hilo que nos enlaza.

En este tiempo, sin que la comunicación haya crecido ni decrecido, sin que los silencios significaran distanciamiento, ni la recíproca desinformación produjera  desinterés, ella y yo hemos envejecido a uno y otro lado del Atlántico.

Así, miles de millones de personas, los 3.000 millones en total que éramos en los años 60, han doblado su edad hasta la ancianidad o hasta la tumba, mientras el tiempo, indolente, se balanceaba de una a otra orilla.  Livia no es demasiado mayor puesto que tanto en mi recuerdo como en su estampa no puede haber traspasado los 50 años. Sé, percibo, en cambio, que ha cambiado notablemente y sólo guarda, según los indicios, una estable emocionalidad hacia mí, fruto, acaso, de mi estable emocionalidad hacia ella, y viceversa.

La emoción no hace milagros, crea realidades gigantescas.  Gracias a esa edificación aún incólume, desprovista de planes y estructuras, hemos logrado el prodigio de hacernos eternos. No, desde luego, inmortales puesto que cualquier día de estos se cruzarán nuestras esquelas sobre el mar pero eternos sí en el sentido de que nada prevalece contra nuestro enlace inaugural que amamos tanto como para preservarlo sin esfuerzo ni temor a la asechanza.

Todos los hombres y mujeres que han pasado sin cesar por nuestras vidas adquieren la naturaleza de paseantes observados con los ojos de nuestra coalición,  estabilizada en una dulce óptica del tiempo. No hay así edad o accidente que afecte a esta mágica tribuna y, en consecuencia, su posible corrosión queda excluida.

La memoria no suele ser potencia suficiente para lograr la detención del tiempo. Por lo general todo lo memorable se emborrona o tremula. Aquí, sin embargo, el recuerdo ha adquirido la condición de una alhaja, viva pero fija, detenida pero enamorada.  

[Publicado el 17/6/2008 a las 12:00]

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Quedarse en casa

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A las ganas de salir por ahí, se opone la delectación de permanecer encerrado en casa. Al gusto por ser visto se opone el delirio de la anhelante desaparición.

No será posible dilucidar con precisión qué clase de tendencia o elección proporcionarían mayor placer. Salir es exponerse tanto como probar un catálogo de probables experiencias que nutrirían el caudal de la vida. Encerrarse es, por el contrario, arriesgarse a la aminoración relacional pero también abrazarse a la sabrosa densidad de la vida estanca.

De cualquier opción, como no podía ser de otro modo, la vida se remueve en su seno, se conturba más o menos y evoluciona hacia una u otra alteración.

Contra lo que pueda parecer la vida no se desmaya al aislarla o agitarla: se fortalece o enferma, engorda o pierde peso, canta o piensa en silencio, sin que esto conlleve su menoscabo de su valor.

Porque lo ideal, no cabe duda, sería la posibilidad de regular en más o en menos la intensidad y el valor de la vida que circunstancialmente se está en condiciones de aguantar. De aguantar, de revolver o de transgredir.

El resorte que acomodara la presencia de la vida a los cambiantes estados de ánimo conseguiría, nada menos, que el ánimo determinara la vida y no que la vida determinara nuestro ánimo. Siendo así, la vida se hace dominante y, con frecuencia, incómoda porque su conducta evoca la acción de un animal que desde su ignorancia, su narcisismo o su veleidad, nos estorba o nos lame, nos regala una caricia o se cobra un bocado.

Regular el volumen de la vida ha sido una aspiración central de los estoicos y, en general, de todos los autores que se benefician hoy de los libros amarillos destinados a la autoayuda.

Los resultados, como resulta cabal, suelen ser decepcionantes. No es el ánimo quien orienta la vida sino que las pompas de la vida, en forma de salud, de fortuna, de amor o de ilusiones, decide la conformación del conjunto animado y nosotros, como partículas en su seno, somos afectados, queridos o desdeñados.

Para protegerse de este azar vital, tan despiadado a veces, ¿vale la pena encerrarse en el hogar? La pena tiende a encerrarnos entre muros y en el encierro, comúnmente, la pena, como en las mazmorras, crece. Pero ¿podría tramarse acaso un confinamiento de tal especie que no dejando resquicio a la ventilación consiguiera que la pena se amustiara y, al cabo, fuera arrugándose o reviniéndose como una uva?

La pena traducida en lágrima o en gota de penitencia ¿permanecería indemne a la desecación del recinto sellado? ¿Podría la pena matar desde esa celda hermética y transmutarse en un elemento todavía peor, impulsado a la devoración y al crimen instintivo, ineluctable, salobre, extremo?

[Publicado el 16/6/2008 a las 10:45]

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Reinventarse

He leído un libro muy estimulante firmado por Herán Herrera y Daniel Brown que, publicado en una editorial de empresa y autoayudas (Empresa Activa), contribuye a obtener una idea clara de nosotros y de los demás, del sí y el no de la propia capacidad y sus peripecias.

Contra la creencia común de que en esta vida unos ganan y otros pierden en la batalla de una general competencia profesional, los autores sostienen con perspicacia que si el asunto se orientara de otro modo evitaría la conocida y masiva frustración laboral.

En el sistema general de la competencia, los participantes deberán esforzarse por cumplir lo mejor posible las reglas de un determinado modelo normalizado. La cualidad de cada cual se someterá al canon general que sirve para el triunfo de los más disciplinados, más dotados y más afanosos y para la marginación de casi todos los demás. Quienes no logran (primero) asumir las reglas y (segundo) responder competentemente quedan apeados de los primeros puestos y, para sí mismos, "fracasados".

/upload/fotos/blogs_entradas/reinvntate_med.gifEste libro titulado Re-invéntate podría considerarse, precisamente, una hijuela del lema que propagaba Oscar Wilde ("cultiva tus defectos, será lo que más envidien tus enemigos") y rompe con la cancha preestablecida de las pugnas corrientes ¿Envidiar los defectos y cultivarlos? ¿Olvidarse de las llamadas virtudes? Defectos y virtudes se denominan así a partir del fijado respeto a un canon supuestamente absoluto y desde donde nacen las sentencias del bien o el mal, lo mejor, lo peor y lo inferior.

El libro Re-invéntate desmonta la indiscutida existencia de un canon absoluto para triunfar. Especialmente, puede decirse, para "triunfar y ser feliz" puesto que el éxito sólo vale si es sinónimo de autoestima y de acuerdo consigo. Contra la idea, pues, de seguir los escalones de ascenso marcados en cualquier profesión y juzgarse según la altura de la escalada, este manual enfatiza el valor de la diferencia sin obligación de comparación.

Trabajar en la misma dirección que los demás, dentro de un carril de estilo predeterminado decolara la ilusión y la innovación. Trabajando de acuerdo a unos patrones uno abdica de ser su patrón. Trabajando, por el contrario, de la manera que nos sentimos más a gusto y disfrutamos íntimamente del quehacer somos dueños de la obra. Los dueños únicos y los ejemplares únicos.

"Tus diferencias son tus fortalezas", es el lema de Re-invéntate. Con el cultivo de las diferencias podemos esperar convertirnos en productores de algo singular, literalmente incomparable. Elegir el cultivo de la diferencia y no el de la competencia conlleva un riesgo porque la diferencia puede llevar a resultados incomprendidos o poco demandados en el mercado convencional pero posee, de otra parte, el genuino significado de la vida personal.

Trabajar de acuerdo a lo que es común y no a lo que se es nos aborrega y así un cuento dentro del mismo libro hace saber que la alternativa a ser más o menos apreciado por los quilos de lana que se ofrecen o por la mayor o menor facultad para hacer dormir a quienes cuentan ovejas, es la "oveja verde" que nunca será juzgada cuantitativamente sino que constituirá por sí misma "un estilo". Más o menos ovacionado pero en cuyo núcleo reside la celebración de la propia condición y la satisfacción íntima de haber trabajado en lo más placentero y auténtico de cada uno.

¿Cómo hacer? El libro enseña dos pasos. El primero sería dedicarse a aquella actividad que nos complace de verdad. El segundo trabajar en ese campo tintándolo de la propia y singular característica. Como se dice en los mejores másters de empresa: "la auténtica innovación consiste en ser tú mismo".

[Publicado el 13/6/2008 a las 10:41]

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Leer, leer malditos

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El pasado lunes volvió a manifestarse, esta vez en El País, la santificación de la escritura al modo de una religión de la que toda la sociedad debe ya precaverse si desea eludir el oscurantismo, el fanatismo y la máxima tontería colectiva. Se trata, en concreto, de la sacralización del libro, sin importar qué libro sea y alabando sus virtudes como las una Santísima Providencia. Dice Almudena Grandes: "Un libro es una vida entera, un telar donde los hilos de la vida tejen cada mañana lo que destejerán cuando caiga el sol". Efectivamente no se entiende lo que dice pero ¿cómo pedir explicaciones en la comunicación con el Ser Superior, de por sí inescrutable?

Y sigue: "Los libros son pan y libertad, el veneno dulce del conocimiento, la alegría temblorosa de las emociones, esperanza donde no la hay, futuro para un presente enfermo". Vaciedad de vaciedades, tópico de tópicos, ranciedad de rancho repetido como una papilla que pretende igualar la función del libro en el siglo XIX con la del siglo XXI. Leer se asociaba entonces con una liberación de la esclavitud analfabeta pero incluso la lectura, antes o ahora, ¿puede garantizar que, a despecho de los textos esclavistas, nazis, estalinistas, oscurantistas, nos hace libre? El pasmado culto al libro, la bobalicona devoción a lo escrito, la ignorancia o el desprecio de los demás medios de información, narración y conocimiento, son la prueba de la extrema discapacidad a que ha llevado leer y leer sin alzar la vista.

[Publicado el 12/6/2008 a las 10:05]

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Biografía

Vicente Verdú nació en Elche en 1942. Escritor y periodista, se doctoró en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona y es miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard. Escribe regularmente en el El País, diario en el que ha ocupado los puestos de Jefe de Opinión y Jefe de Cultura. Entre sus libros se encuentran: Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso, Nuevos amores, nuevas familias, China superstar, Emociones y Señoras y señores (Premio Espasa de Ensayo). En Anagrama, donde se editó en 1971 su primer libro, Si Usted no hace regalos le asesinarán, se han publicado también los volúmenes de cuentos Héroes y vecinos y Cuentos de matrimonios y los ensayos Días sin fumar (finalista del premio Anagrama de Ensayo 1988) y El planeta americano, con el que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en 1996. Además ha publicado El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción (Anagrama, 2003) y Yo y tú, objetos de lujo (Debate, 2005). Sus libros más reciente son No Ficción (Anagrama, 2008) y Passé Composé (Alfaguara, 2008).

Bibliografía

Passé Composé (2008), Alfaguara.

No Ficción (2008). Editorial Anagrama 

Yo y tú, objetos de lujo (2005). Editorial Debate

La ciudad inquieta: el urbanismo contemporáneo entre la realidad y el deseo (2005). Fundación Central Hispano

Noviazgo y matrimonio en la sociedad española: 1974-2004 (2004). (Coautor con Alejandra Ferrándiz). Taurus Ediciones

Alberto Schommer, el poeta de la visión (2003). La Fábrica

El estilo del mundo: la vida en el capitalismo de ficción (2003). Editorial Anagrama

Guillermo Vázquez Consuegra: obras y proyectos, 1996-2001 (2001). (Coautor con García-Solera Vera, Javier). Colegio Oficial. Arquitectos Comunidad Valenciana

Cuentos de matrimonios (2000). Editorial Anagrama

Señoras y señores (1998). Espasa-Calpe

El planeta americano (1997). Círculo de Lectores

Nuevos amores, nuevas familias (1992). Tusquets Editores

El éxito y el fracaso (1991). Ediciones Temas de Hoy

Poleo menta (1990). Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert

Días sin fumar (1989). Editorial Anagrama

Héroes y vecinos (1989). Editorial Anagrama

Sentimientos de la vida cotidiana (1984). Ediciones Libertarias

El fútbol, mitos, ritos y símbolos (1981). Alianza Editorial

Las solteronas (1978). Editorial Dopesa

Si Vd. no hace regalos le asesinarán (1972). Editorial Anagrama

 

/upload/fotos/obras/portada_no_ficcic3b3n1_med.jpg

Enlaces

Entrevista en Canal 2 Andalucía.

 

Reseña en Babelia.

 

Reseña en El País.

 

Reseña en El Cultural de El Mundo.

 

Reseña en El País - País Vasco

 

Entrevista en Periodista Digital

Premios

2006 Premio Escritor del Año (Grupo Condenas)

2006 Grand Prix du Livre des Dirigeants

2002 Premio Julio Camba de Periodismo

1998 Premio Espasa de Ensayo

1997 Premio González Ruano de Periodismo

1996 Premio Anagrama de Ensayo

Vídeos asociados

Audios asociados

Obras asociadas

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