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El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

Editado por La Oficina del Autor

miércoles, 20 de agosto de 2008

Blog de Vicente Verdú

La salud del artista

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La mística del dolor que acompañó desde el romanticismo la concepción del artista ha ocultado el importante valor de su medicina. La medicina de pintar, componer o  escribir como grandes terapias del sufrimiento y holgadas puertas de gozo.

Contrariamente a la idea de que el artista pare o crea con dolor y con el dolor se queda para proseguir su misión, discurre la ecuación de que el dolor se palia escribiendo, pintando, cantando y con la mejoría se logra vivir mejor.

Observado el trabajo del artista dentro del sistema de producción general, no se hallará profesional mejor provisto para hacer frente a las adversidades, las neurosis o los embates de lo real. Mientras la mayoría de los autónomos combaten los problemas que presenta su actividad unívocamente, el artista realiza dos ejercicios a la vez: de un lado se afana en el quehacer profesional y, de otro, viene a afanarse meticulosamente en sí mismo.

Emplear como materia prima el interior personal en lugar de los peces del mar o los frutos del campo, como hace el artista  conlleva un privilegio incalculable. Podrá decirse que de investigar o revolver en el interior brotan olores pestilentes y problemas extraños pero, al cabo, se trata de examinarse, analizarse y sopesarse, a la manera de un chequeo médico, continuo y detallado, que los demás no disfrutan.

La otra idea complementaria de que la felicidad es más fácil si no se piensa en sí ni se investiga demasiado, queda contrapesada con la cosecha de experiencias y conocimientos que el desafío creador lleva consigo.

Todos los seres humanos, como anhelaban las vanguardias, podrían considerarse como artistas. Artistas del mueble, de la navegación, de las finanzas, del marketing, pero nadie se contempla con la intensidad del artista convencional siempre exigido por las demandas peculiares de la obra de arte. Dependiente de la inspiración o el azar, azorado por la característica imprevisibilidad del resultado, el artista entra temerariamente en sí rebuscando artículos susceptibles de ser obras pero, a la vez, se libera de sí en cuanto extrae la mercancía, la reelabora y la convierte en arte.

Mediante este proceso el artista va realizando una exhaustiva depuración del yo y una procelosa extirpación de estos o aquellos dolores que ya no serán dolores sin más sino, acaso, doradas oportunidades para atender el estado de la salud, destilar belleza y, al fin, casi inesperadamente, aumentar la calidad de su vida.  

[Publicado el 26/5/2008 a las 10:30]

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Contra la perfección

Mi amigo psiquiatra, un formidable hombre culto, me hace ver repetidamente que el mundo es así como es y los seres humanos tan irremediablemente imperfectos como nos parecen.

El diagnóstico, contra lo que parece, dista de ser una consigna conservadora o una orden de mansedumbre universal.  Se trata más bien de una luz tranquila que hace ver las taras y como componentes inseparables de la vida y sus complejas relaciones. De este modo, la figura de la desdicha o la insatisfacción frecuente se recibe no tanto como una insoportable deformidad sino como la genuina imagen de lo más real. La realidad no se tersa o mejora a nuestro antojo ni tiende a complacer las surtidas variantes de nuestros deseos. Es lo que es. Es tal como una orografía independiente de nuestra voluntad y constantemente apartada de los proyectos que imaginamos.  Es absolutamente lo que es. Los rasgos de su fisonomía que nos desagradan sólo provocan aún más dolor cuando pretendemos que sean de otro modo. Las cosas son como son, las personas con quienes no coincidimos resultan ser tan irreductibles como nuestra propia diferencia y, en consecuencia, lejos de pugnar por cambiarlas ganaríamos más asumiendo sus caracteres y recorrerlos desde su negación.

La tranquilidad que se desprende de esta actitud positiva se corresponde con la serenidad que procura saberse imperfecto para siempre. La perfección es un estorbo y su persecución una tabarra. Lo es tanto la perfección en sentido absoluto como la perfección relativa que asociamos a la semejanza de alguien con nuestro yo, de cuya similitud esperamos, ilusoriamente, un plus de deleites. Ni la tensión hacia el ser perfecto ni la busca de la máxima unidad personal traen nada bueno. Más bien son la fuente  segura de infelicidad puesto que la infelicidad se potencia con la impotencia de un anhelo y nada será menos asequible en este mundo que hacer de los sujetos y las cosas el ser deseable que no son.  

[Publicado el 23/5/2008 a las 11:15]

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Dar o no dar

La consideración positiva que en Occidente se otorga a tener mucho, contrasta con el espíritu oriental que hace coincidir el desprendimiento con la vía de la felicidad. "No hay que tener de una cosa mucho ni poco, sino algo", me recitaba un acupuntor chino del que aprendí a pensar, circunstancialmente, como un budista.

Soltar en vez de agarrar, aligerarse en lugar de atiborrarse, liberarse de los objetos como alternativa a depender de ellos. La ética del consumo basada en un metabolismo acentuado sin cesar se opone a la ética del ayuno fundada en la enhiesta luz de la cesación.

Sin llegar a ser santo, pueden degustarse no pocas de las golosinas de la santidad. Perdonar a alguien, por ejemplo, genuino acto de donación, brinda formidables oportunidades de dicha. El perdón que concedemos nos concede su honor. El honor de una renuncia nos procura mayor entidad. El carácter de una entrega nos entrega entidad. Cualquier acción magnánima aumenta la magnitud total. La propia, la mutua, la universal.

[Publicado el 22/5/2008 a las 10:02]

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Aprendizaje del dolor

Las adversidades que nos presenta la vida pueden convertirse en  problemas psíquicos perdurables o traducirse, acaso, en provechosos aprendizajes para la firme construcción del sujeto. Estos aprendizajes contribuirían, quizás,  a protegernos contra otros impactos parecidos o, en general, para poder recibir otras contrariedades con sabiduría y capacidad superiores.

Tal receta tranquiliza en sí misma porque si un mal puede ser trasformado en buena lección, su perversidad se reduce o se anula. Todo revés serviría para ponernos más derechos y, en definitiva, como nos reiteraba la religión, el sufrimiento actuaría como materia fertilizante para obtener importantes  réditos después. ¿Verdad? ¿Mentira?

La psicología es una ciencia humana. Y una disciplina humanitaria, también. En adelante, todos los damnificados por el terremoto o la bomba terrorista no reciben sólo un socorro físico sino psíquico y con la misma diligencia que llegan los analgésicos. En la psicología hallaremos refugio para la tribulación pero no será oportuno conocer que se trata de un refugio seriado y preescrito sino que su amparo consiste en un personalizado y mágico lenitivo que acude en nuestro favor y en exclusiva. Frente al dolor sin cuento de la adversidad, el cuento del aprendizaje positivo. Frente a la improductividad del padecimiento inconsolable, la consideración del padecimiento como una asignatura para ser mejor.

La ecuación parece tan gratificante para los más jóvenes como vana para los más viejos. ¿Para qué aprender ya más? A una altura de la vida, lo deseable no radica en seguir asistiendo todavía a clase sino al recreo o la jubilación. Para este momento, todo aquello que no sea bonanza es matanza. Todo lo que no contribuye al bienestar es impiedad. El llamado abono será pues tan sólo excremento, elemento desechable y opuesto a la absorción.   

[Publicado el 21/5/2008 a las 07:00]

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Cumplir 80

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La escritora Doris Lessing.

"Que me concedieran el premio Nobel ha sido lo peor que le podría haber pasado a mi carrera", ha declarado Doris Lessing. ¿Un exceso de egolatría? Un exceso, nada más, de biografía.

La edad no perdona. "A partir de los 80 años -me decía un pariente, siempre activo- hay que desengañarse, las fuerzas no responden". Doris Lessing confiesa que ha dejado de escribir por falta de fuerzas y dice que le gustaría hacer saber a los jóvenes que las energías no son para toda la vida. No adelanta, desde luego, nada con su advertencia, ni tampoco se adelanta nada con ella. El adelante no existe por anticipado y la idea de uno mismo para más tarde es inconcebible sin la prógnosis del cuerpo aún no atardecido.

Vale, sin embargo, como una constatación más, de que escribir es un oficio tanto mental como manual y que no sólo los escultores o los pintores son productores de esto o aquello en función de su salud y su resistencia, sino también los benditos escritores. El escritor enfermo segrega una literatura diferente al escritor sano y el escritor saludable se halla en situación de continuar pensando y traduciendo en texto sus imágenes si conserva su tono muscular en forma suficiente.

Parece prosaico pero es casi arcaico el saber que funde el espíritu y el cuerpo, el cuerpo con la inspiración, la inspiración con la respiración, el hígado con el intelecto.

[Publicado el 20/5/2008 a las 07:00]

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El fracaso

Hieroscopia es el arte de adivinación a través de la observación de las entrañas: de su color, su olor, su consistencia o su temperatura. Se diferencia de la aruspicina en que ésta requiere extender las vísceras disgregadas por la superficie del suelo mientras la primera toma a las entrañas en su misma sede y se concentra en el examen preciso de su estado. No se trata, en todo caso, de otra cosa que del arte de "desentrañar". Averiguar lo que permanece estar escondido y hallar sentido a los hechos que sin aparente razón afectan o pueden afectar al sujeto en el futuro lejano o en el inmediato porvenir.

¿El miedo al fracaso? Quien ahora fracasa se observa como un ser relativamente extraño, un ser habitado por una extraña incomodidad que le gustaría analizar y entender puesto que el fracaso opone una absurda resistencia al ser vivo, siendo lo propio vivir fluidamente y sin más opción negativa en el futuro que perecer. Pero, entretanto, mientras se discurre en la vida, el fracaso se presenta como injustificados remedos de la muerte, absurdos sucedáneos de la tragedia auténtica y con un propósito incomprensible que desesperadamente, urgentemente, impulsa a desentrañar.

¿Por qué se fracasa? ¿A quién complace este dolor estúpido que se ceba en mí? Los dioses son de carácter insondable. Todo dios además de inmarcesible es, por esencia, malhumorado e incomprensible. Si el dios se mantiene indemne es gracias a mantenerse incomunicado, inescrutable, cerrado a la exégesis y reacio a la exploración.

Todas las artes adivinatorias son, por ello, caminos secundarios, añagazas para acceder al secreto de los dioses que tienen por principal orgullo ser secretos y dosificar sus posibles revelaciones como ricos regalos ofrecidos a sus preferidos devotos.

Pero ¿Dios nos distingue o nos ama? Hace sólo simulacros de amor o atención puesto que físicamente su inmensidad mórbida le impide girarse y enviar siquiera una completa mirada de compasión. El fracaso ocurre por lo tanto a sus espaldas y cuantas preces se eleven solicitándole alivio o solución chocan son su patológica molicie, su enfermedad o diabetes de la ceguera absoluta como efecto de no ser otra cosa que la luz. No hay, en fin, otro consuelo para el fracaso que considerarlo un mal sin ojos. Los fracasos ametrallan a la humanidad y a las muchedumbres contenidas en ellas sin puntería alguna. Se cosechan muertos y heridos sin cuento a través de masacres indiscriminadas, instaladas en la marcha continua de la historia colectiva o individual. Todo ser fracasado, incurso en los pliegues del fracaso, vislumbra su ahogo final en uno u otro grado. ¿Podrá resarcirse de esa asfixia? Sólo si cree que el acoso criminal cederá para cebarse pronto en otros lugares y otras víctimas, sólo pensando que la razón de su revés se halla tanto en la fisiología de sus entrañas diseñadas en el más allá como en la acéfala demencia del más allá, invariablemente sin entrañas.

[Publicado el 19/5/2008 a las 10:56]

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El golpe de vista

La inteligencia intuitiva no es ahora una novedad. No necesita ningún apoyo la teoría de que "el primer golpe de vista" da en el clavo o de que "la primera impresión" conduce a la conclusión profunda.

Siendo tan arriesgado predicar recetas, muchos creemos en que el dato obtenido de este modo fulgurante merece la máxima puntuación. En la escritura, en la pintura o el oficio del artista, en general, ocurre muy a menudo que tras dar vueltas a una solución constructiva la primera idea se impone como superior. La primera idea viene a ser la mejor idea. La primera idea es la de mayor autenticidad y entereza y todo cuanto procede de ella suele ser fecundo y hermoso.

Buscar deliberadamente una idea es de lo peor que hay. Es buscar el mal menor, el recurso mediocre perdido entre la mediocridad. La idea que sobreviene o salta tiene que ver, sin embargo, con una visión superior y no en el sentido de la trascendencia sino de la omnicomprensión.

Con una idea fuerte, sólo con esta idea enérgica, puede desarrollarse la mayor y más brillante complejidad. La complejidad más convincente y cierta. Atención pues a la idea que nos acomete. Atención a esta primera impresión. La idea se imprime como un cimiento sobre el que levantar el edificio, el aprecio, el juicio, el desdén o la decisión.

[Publicado el 14/5/2008 a las 10:31]

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Obcecación y eyaculación

La obcecación, que en otros aspectos de la vida, significa cerrazón, en el oficio del artista viene a ser el principal requisito para lograr un resultado convincente y, por lo general, fundacional. La obcecación, tomada en su versión más corriente, es sinónimo de un impedimento hacia la visión de diversas realidades mejores, pero en el sentido más especial de fijación o concentración sobre una idea evoca fértil el mundo de la incubación. La incubación se inscribe en la órbita de la obcecación, como también la obsesión, por patológica que llegue a parecer, alude a la polarizada disposición para dar a luz.

Los artistas no son ni menos ni más que los demás seres humanos. En numerosas ocasiones son menos debido a su enfermiza obsesión y en circunstancias excepcionales parece que son más porque gracias a la solidez de su obsesión obtienen un resultado insólito. Lo insólito que proviene  de la exasperación de la idea y tras haberse convertido su fantasía objeto real. Las obras de arte son consolidaciones de una idea que, inflamada hasta la tumefacción, deriva en  eyaculación. La densificación y abultamiento del concepto obsesivo alcanza el punto de su versión en material tangible y espeso.  He aquí, además, la trayectoria de muchas pasiones que terminan definitivamente en realidad sustantiva y candeal.

[Publicado el 13/5/2008 a las 07:00]

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La longitud de la vida

En la longitud no hay término medio. Vamos por un camino hacia un destino y comentamos que falta mucho o falta poco para llegar a él. No hay apenas experiencia del punto medio. El punto exacto que corresponde a la mitad pasa fugazmente y desde ese lugar, casi transparente, ya empieza a faltar poco. Antes todavía faltaba demasiado.

La vivencia de la distancia se hace imposible en su centro puesto que el centro es quietud y la distancia movimiento.

Pero de la misma manera sucede con la idea del tiempo que, en la representación del reloj se manifiesta como longitud y su metáfora primordial posee el carácter de un camino, de un trayecto o de una carrera.  El tiempo que queda es mucho o poco, casi nunca mediano. Es así como experimentamos la vida, corta o larga, nunca ajustada ni apropiada. No hay medición que nos acomode serenamente a su cómputo. Somos más o menos que esa cantidad asignada. En general, nos creemos merecedores de mayor longitud pero, en determinadas circunstancias dolorosas, la existencia se prolonga demasiado.  ¿Por qué no será de los seres humanos  generarse conformados con la longitud de su último destino? Sin duda porque el destino no nos pertenece y  como el lecho de Procusto se nos impone inhumana y cruelmente. Es trágico morir pero antes de morir la tragedia incesante consiste en no vivir confortablemente en la distancia.

[Publicado el 12/5/2008 a las 09:56]

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El Barça, o el desamor

/upload/fotos/blogs_entradas/campnou1_med.jpgLos aficionados del Barça, aparte de desolados, se sienten desatendidos. Y no se sabe efectivamente qué es peor. Cuando el propio equipo gana y juega bien ante los rivales, el aficionado recibe una ración de afecto que en su regularidad compone un simbólico resguardo envolvente y amoroso. De tal efecto cordial los aficionados extraen la consecuente sensación de sentirse queridos y atendidos; y la vida, en general, se reblandece dentro de ese abrazo.

Todos los aficionados son como niños, son crueles como los niños y fantasiosos o cambiadizos como ellos. Se emboban cuando reciben goles o golosinas y se emberrenchinan en el caso de quedarse sin nada. Lo que hace sufrir a los aficionados del Barça o de otro equipo que concluya la temporada de este modo se representa en un imperdonable desamor. Y más, si no parece existir justificación alguna para este comportamiento tan ingrato, displicente incluso.

¿Cuál ha sido la razón de que el corazón del equipo se licuara, los ídolos se malversaran, la ilusión dejara de reinar en el vestuario? Más que una triste historia deportiva se trata de un mal de amor que sigue, para mayor pesar, de dos años de embeleso.  ¿Por qué este repentino desapego de la plantilla? ¿A cuento de qué esta impensable  laceración?

La respuesta pertenece a la misma dialéctica del amor. El amor cuenta cuando no se discute su armonía y así sólo el fútbol cuenta de verdad cuando más armónicamente irracional se representa. El desconsuelo del aficionado no encuentra ahora objeto donde depositar su desengaño. Pero, acaso, afortunadamente, porque enseguida el equipo se disipa, la plantilla se desmonta y el futuro inaugurará su dibujo desde el punto cero del olvido y la actual desolación.  

[Publicado el 09/5/2008 a las 11:00]

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Biografía

Vicente Verdú nació en Elche en 1942. Escritor y periodista, se doctoró en Ciencias Sociales por la Universidad de la Sorbona y es miembro de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard. Escribe regularmente en el El País, diario en el que ha ocupado los puestos de Jefe de Opinión y Jefe de Cultura. Entre sus libros se encuentran: Noviazgo y matrimonio en la burguesía española, El fútbol, mitos, ritos y símbolos, El éxito y el fracaso, Nuevos amores, nuevas familias, China superstar, Emociones y Señoras y señores (Premio Espasa de Ensayo). En Anagrama, donde se editó en 1971 su primer libro, Si Usted no hace regalos le asesinarán, se han publicado también los volúmenes de cuentos Héroes y vecinos y Cuentos de matrimonios y los ensayos Días sin fumar (finalista del premio Anagrama de Ensayo 1988) y El planeta americano, con el que obtuvo el Premio Anagrama de Ensayo en 1996. Además ha publicado El estilo del mundo. La vida en el capitalismo de ficción (Anagrama, 2003) y Yo y tú, objetos de lujo (Debate, 2005). Sus libros más reciente son No Ficción (Anagrama, 2008) y Passé Composé (Alfaguara, 2008).

Bibliografía

Passé Composé (2008), Alfaguara.

No Ficción (2008). Editorial Anagrama 

Yo y tú, objetos de lujo (2005). Editorial Debate

La ciudad inquieta: el urbanismo contemporáneo entre la realidad y el deseo (2005). Fundación Central Hispano

Noviazgo y matrimonio en la sociedad española: 1974-2004 (2004). (Coautor con Alejandra Ferrándiz). Taurus Ediciones

Alberto Schommer, el poeta de la visión (2003). La Fábrica

El estilo del mundo: la vida en el capitalismo de ficción (2003). Editorial Anagrama

Guillermo Vázquez Consuegra: obras y proyectos, 1996-2001 (2001). (Coautor con García-Solera Vera, Javier). Colegio Oficial. Arquitectos Comunidad Valenciana

Cuentos de matrimonios (2000). Editorial Anagrama

Señoras y señores (1998). Espasa-Calpe

El planeta americano (1997). Círculo de Lectores

Nuevos amores, nuevas familias (1992). Tusquets Editores

El éxito y el fracaso (1991). Ediciones Temas de Hoy

Poleo menta (1990). Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert

Días sin fumar (1989). Editorial Anagrama

Héroes y vecinos (1989). Editorial Anagrama

Sentimientos de la vida cotidiana (1984). Ediciones Libertarias

El fútbol, mitos, ritos y símbolos (1981). Alianza Editorial

Las solteronas (1978). Editorial Dopesa

Si Vd. no hace regalos le asesinarán (1972). Editorial Anagrama

 

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Enlaces

Entrevista en Canal 2 Andalucía.

 

Reseña en Babelia.

 

Reseña en El País.

 

Reseña en El Cultural de El Mundo.

 

Reseña en El País - País Vasco

 

Entrevista en Periodista Digital

Premios

2006 Premio Escritor del Año (Grupo Condenas)

2006 Grand Prix du Livre des Dirigeants

2002 Premio Julio Camba de Periodismo

1998 Premio Espasa de Ensayo

1997 Premio González Ruano de Periodismo

1996 Premio Anagrama de Ensayo

Vídeos asociados

Audios asociados

Obras asociadas

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