Apple, del culto a la adicción de masas

Estaba en mi segundo año del doctorado cuando me presté dinero de un amigo para comprarme una Macintosh. Era mucho más cara que una PC, pero argumenté que no sabía nada de computadoras y con una Apple me iría mejor: todo el mundo decía que era más fácil de usar. Por supuesto, se trataba de una de esas razones que utilizamos seguido para engañarnos a nosotros mismos. Lo que en el fondo yo quería era una Mac, y punto. Las había visto en la tienda de la universidad de Berkeley y quedé fascinado por su diseño, por la simpleza de sus líneas. También me atraía que no fueran tan populares (llegaban al 15% del mercado de computadoras personales).
Ser un acólito de Mac tenía muchas desventajas en los noventa. Los programas eran más caros que para las PCs, y había muy pocos; en materia de juegos, a lo máximo que se podía aspirar era a SimCity. Sin embargo, los que utilizábamos Mac no nos guiábamos por la conveniencia. Había un obvio capital simbólico en el invento de Steve Jobs. Juan Villoro, un adicto confeso, señaló en un ensayo que "las razones para escogerla iban del exclusivismo fashion a la superioridad de un códice sobre un trabalenguas. Apple permitía activar un ícono, PC obligaba a teclear telegramas cifrados del tipo: ‘=C)F3'".
No fue casualidad que cuando Mondadori publicó la antología McOndo en 1996, en la portada se hubiera utilizado a una Venus de Botticelli con el logo de Apple (una manzana de colores) reemplazando a la manzana del pecado. Ni que en el prólogo a la antología, Alberto Fuguet y Sergio Gómez hubieran sugerido de manera provocativa que una de las pocas opciones que le quedaba al joven escritor latinoamericano era escoger entre Windows y Mac. En realidad el joven escritor ya se había decantado por Windows. Pero siempre estaba la Mac como un gesto de distinción.
A fines de los noventa, mientras Apple seguía diseñando computadoras elegantes y cada vez más caras, Microsoft crecía y se convertía en un monstruo que dejaba a Apple en la irrelevancia. Apple sobrevivía como un culto esotérico, con rituales herméticos que ni siquiera entendían muchos técnicos en computación (una vez se me arruinó la Mac en Bolivia y me costó encontrar alguien que me la arreglara). Y llegó la nueva década y con ella el iPod, un MP3 que tenía todas las características de las laptops de Apple, tanto las positivas como las negativas: diseño elegante, fácil de usar y nada barato. Las críticas arreciaron, pero la estrategia de Jobs funcionó esta vez: hoy el iPod tiene más del 70% del mercado de MP3s.
Los críticos de Apple han aprendido a respetar a Steve Jobs. Por eso no dijeron mucho cuando la compañía decidió ingresar el 2007 al terreno de los celulares con el iPhone. Ni tampoco ahora, cuando se acaba de presentar el iPad en ese formato de tableta en el que tantas otras compañías han fracasado. Con cierta perspectiva histórica, está claro que Jobs es uno de los grandes revolucionarios de nuestro tiempo. El iPhone parecía ser un celular en esteroides, pero hoy es una poderosa computadora que puede transformarse en múltiples cosas dependiendo de la aplicación que se utilice. Con el iPad, Apple se anima a inventar un mercado. Lo que comenzó como una caprichosa cuestión de diseño y facilidad de uso se ha convertido en una forma influyente de interactuar con el mundo. Microsoft sigue enriqueciéndose, pero Apple acumula capital simbólico y es el nuevo monstruo de nuestro imaginario.
Escribo este artículo en mi MacBook Pro. Observo la manzana mordida en su cubierta: es un fetiche, claro, y me pregunto qué pasa con la distinción cuando el culto se transforma en adicción de masas. ¿Será que llegó la hora de pasarme a las PC?
Por supuesto que no.
(La Tercera, 8 de febreo 2010)
[Publicado el 08/2/2010 a las 23:17]
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Sergio Galarza, paseador de perros

Descubrí a Sergio Galarza cuando estaba buscando cuentos para la antología Se habla español. Iván Thays me sugirió que leyera su libro de cuentos. Me encantó. Esto fue hace una década. Luego conocí a Sergio. En Madrid aprendí de su talento para el fútbol y de su pasión por Joy Division. También leí el manuscrito de una novela que estaba escribiendo, Paseador de perros. Me entusiasmó su publicación en el Perú (Alfaguara) y me alegra aun más que ahora Candaya la edite para España y que Sergio haya sido elegido talento joven de la FNAC.
El texto que reproduzco a continuación con leves alteraciones lo publiqué en este mismo blog en diciembre del 2008, cuando salió la edición de su novela en el Perú:
Una vez Alberto Fuguet se quejó de los escritores solipsistas; estaba cansado de cuentos y novelas con otros escritores como protagonistas. Me dijo que eso no pasaba en el cine, no había muchas películas sobre escritores de cine, y que quería leer novelas con pilotos de avión, plomeros o vendedoras de perfumerías en los papeles principales. Se me ocurrió pensar en los pilotos de avión, que siempre me habían fascinado, quizás porque lo que hacían era lo más opuesto a lo que yo podía hacer. Ahí había una novela. Pero yo no la escribiría.
Cuando leí Paseador de perros, se me vino a la mente la charla que tuve con Fuguet. Porque Sergio Galarza ha escrito sobre un paseador de perros en Madrid. Si buena parte del éxito de una novela se decide a partir de la elección de un punto de visto original, Sergio lo ha encontrado: "Trabajo paseando perros, también cuido gatos y limpio la jaula de un mapache, ese mamífero gris plata que lleva un antifaz negro como los osos panda. He realizado toda clase de trabajos desde que iniciara este peregrinaje por la ruta incierta de los anhelos, pero nunca imaginé que me haría cargo hasta de un mapache. Al comienzo pensé que pasear perros me alejaría de la gente y sus taras".
El narrador nos descubre la cara de Madrid que los turistas no suelen visitar-todas esas ciudades en el área metropolitana de la capital española: Alcorcón, Coslada, Pozuelo-a que lo lleva su trabajo. Es duro en sus opiniones, no le caen bien los inmigrantes (y eso que él es un inmigrante), es un sufrido hincha del Atleti, pero tiene, como canta Charly García, "calambres en el alma" por su relación desencontrada con su novia, Laura Song. Está encariñado de Odo, el mapache, y sabe mucho de música: Baxter Dury, el señor Chinarro y Nick Drake se encuentran entre sus obsesiones. Y eso lo lleva a opinar cosas como esta: "estoy harto de aquellos escritores que siempre fungen de conciencias ciudadanas, acomodados a la izquierda de las ideologías. Defienden los derechos humanos y creen que por ello les está perdonado publicar sus novelas contaminadas de buenas intenciones y respuestas a los problemas del mundo... ¿Por qué no escriben sobre Nick Dake, Epic Soundtracks o Johnny Thunders?"
La novela de Sergio me transporta a mis días por Chueca y Malasaña, cuando salíamos a lugares como el Garaje Sónico, la Vía Láctea, el Tupperware, La Vaca Austera. Una noche, Sergio me habló en uno de esos bares de sus planes de escribir JFK, su segunda novela, basada en un personaje de Paseador de perros (el jefe del narrador). Yo la espero.
Para leer entrevistas a Sergio y reseñas de la novela en España, pinchar aquí.
[Publicado el 03/2/2010 a las 17:07]
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Rodrigo Rey Rosa: Llamadas telefónicas

Hay pocas cosas más inquietantes que una llamada telefónica en la narrativa del guatemalteco Rodrigo Rey Rosa. El teléfono suena, y a veces no es necesario escuchar una voz al otro lado de la línea. La llamada es portadora de malas noticias, es el símbolo de una amenaza exterior, y muestra lo precaria que es la vida en el mundo de este escritor. Todo puede remitir a la deteriorada situación de la Guatemala contemporánea, o ir más allá del contexto social y exponer la fragilidad de la condición humana. Esta sensación de inquietud y amenaza recorre casi todas las páginas de Siempre juntos y otros cuentos (Almadía, 2008), una antología de cuentos y nouvelles, y la novela El material humano (Anagrama, 2009).
En Siempre juntos y otros cuentos se encuentra el Rey Rosa más conocido. El narrador lacónico y austero pero no por ello minimalista; el escritor que sabe que a veces el realismo no es suficiente para narrar el misterio de la realidad. La evolución de Rey Rosa se puede seguir aquí: desde los breves y despojados relatos de El cuchillo del mendigo/El agua quieta (1985), que encontraron en Paul Bowles a un ferviente defensor, hasta los de Ningún lugar sagrado (1998) y Otro zoo (2006), algo más extensos y complejos. Algunos de estos textos son verdaderas obras maestras: "Otro zoo", "La niña que no tuve", "La prueba", "El pagano". La crueldad y la violencia siempre están narradas sin aspavientos, como si fueran parte inherente de la vida cotidiana, y habría, más que protegerse, lidiar con ellas de frente. En "La prueba", Miguel decide matar a un canario para comprobar si Dios existe: "'Si existes, Dios mío, haz que este pájaro reviva'. Mientras lo decía, fue apretando poco a poco el puño, hasta que sintió en los dedos la ligera fractura de los huesos, la curiosa inmovilidad del cuerpecito". Un acto perverso se transforma en una prueba moral. En "La niña que no tuve", un padre pasea por Manhattan con su hija enferma de ocho años, a la que le quedan cuatro meses de vida. Los pensamientos fúnebres del narrador transforman la realidad. En el subterráneo, "el carro dio un bandazo, y los pasajeros que estaban de pie fueron lanzados unos contra otros, pero los cuerpos con caras grises se mantuvieron de pie, con un movimiento pendular, como si colgaran de sus ganchos en un matadero prolongado. Cadáveres de todas las edades".
Hay textos en los que Rey Rosa se pronuncia directamente sobre la violencia en Guatemala. En la antología, por ejemplo, "Ningún lugar sagrado" y "Hasta cierto punto". En "Ningún lugar sagrado", un cineasta se somete a una suerte de psicoanálisis. Su relato ocurre poco después del fin de la guerra civil, y narra las dificultades para construir una nueva sociedad a partir de los escombros de la guerra (este tema también aparece en la obra de Horacio Castellanos Moya). Cuando es asesinado el monseñor a cargo del documento que investiga las atrocidades de la guerra, la hermana del cineasta, junto a unas amigas, protesta contra el crimen, y menciona nombres de los responsables, explicitando aquello que todos saben pero pocos se atreven a sacar de las sombras. Comienzan las amenazas, las llamadas telefónicas. El asesinato del monseñor es una "advertencia, para que nadie vaya a creerse eso de que las cosas han cambiado en Guatemala, como para decir, todavía estamos aquí y todavía mandamos". No hay ningún lugar sagrado: en la postguerra, la guerra todavía sigue pesando en la conciencia y en el inconsciente de los guatemaltecos, y, por más que uno se vaya del país, "es imposible huir". El psicoanálisis ayuda a verbalizar el trauma, pero tiene sus límites.
El material humano puede leerse como una versión extendida de "Ningún lugar sagrado". Esta novela que toma la forma de un diario comienza de forma excepcional: con el hallazgo de un Archivo de la Policía Nacional, con documentos que se remontan hasta finales del siglo XIX. El narrador, el escritor Rey Rosa, recibe un permiso para revisar los documentos que se encuentran en el Gabinete de Identificación. Las conclusiones de la lectura son contundentes: en el Gabinete, en el que se ve cómo a lo largo del siglo XX la gente ha sido detenida en Guatemala por razones arbitrarias-por ejercer sin título, por ser "impertinente", por dañar los árboles, por "insubordinarse contra su patrón"--, la justicia es culpable de haber sentado "las bases para la violencia generalizada que se desencadenó en el país en los años ochenta y cuyas secuelas vivimos todavía". Hay una línea recta que va desde un sistema de justicia kafkiano hasta una violencia goyesca: los sueños de la sinrazón producen monstruos.
Del Archivo emerge un gran personaje, Benedicto Tun, jefe del Gabinete de Identificación durante cincuenta años. Benedicto es el Gabinete, el Archivo, y Rey Rosa le sigue la pista; a través de sus hijos, trata de saber más de él. Es una tarea vana: el retrato no se concreta del todo, apenas tenemos trazos poco imparciales. Mientras tanto, el escritor quiere seguir con su vida familiar y literaria, pero no es fácil: un clima de amenaza se cierne sobre él (llamadas telefónicas de una funeraria) y sobre el país (asesinatos de diputados salvadoreños, muertes extrajudiciales de agentes de la policía). Aquí tampoco hay lugar seguro: los policias que vigilan el Archivo son "integrantes de las mismas fuerzas represivas cuyos crímenes los archivistas investigan"; de El Coco, un agente asesinado, se sabe que también es policía.
Rey Rosa ha concebido intencionalmente El material humano de forma suelta: citas de libros, elementos de una historia, fragmentos de una vida. Se trata de una apuesta arriesgada: si en los hechos de la vida real no hay tensión, no hay cierre, Rey Rosa va a tratar de respetar esa falta. Si la novela es un género artificial que le da coherencia a lo incoherente, el escritor guatemalteco se niega a jugar el juego. Pero lo que hace en el fondo no es más que responder al artificio del orden narrativo con otro artificio. Así, lo que comienza con fuerza notable termina abruptamente, desarmado por el mismo proyecto. Aquí había una gran novela. Pero esa novela está más sugerida que mostrada.
(Letras Libres, febrero 2010)
[Publicado el 01/2/2010 a las 17:29]
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[Publicado el 29/1/2010 a las 19:52]
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SALINGER: EL SONIDO DE LA PALMADA DE UNA SOLA MANO
por: Liliana Colanzi
(texto leído en la feria del libro de Santa Cruz, junio 2009)
En algún momento todos nos identificamos con Holden Caulfield. Hubo una época en que nos resistimos a crecer, en que intentamos postergar indefinidamente el ingreso al mundo adulto, frívolo y corrupto. Quisimos detener al tiempo. Luchamos por una batalla que ya estaba perdida de antemano. Había belleza en esas luchas inútiles. En los gestos heroicos. Luego crecimos y fuimos expulsados del territorio confuso, hermoso y terrible de la adolescencia. Se acabó el desorden pero también perdimos la inocencia.
Holden Caulfield, el protagonista de El guardián entre el centeno, es el icono por excelencia del adolescente que se niega a transar con el mundo adulto. Por eso mismo, el personaje más famoso y querible del autor norteamericano J.D. Salinger es un inadaptado. Tiene una inteligencia precoz, pero también puede mostrarse terriblemente inmaduro. El origen de su ansiedad radica en que no ha encontrado la forma de detener el tiempo para preservar a los seres que ama en estado de perfección, de pureza. Sus esfuerzos son tan inútiles como conmovedores. Pocos libros despiertan lealtades tan firmes o emociones tan entrañables como El guardián entre el centeno. Pocos libros sintonizan con tanta intensidad con el mundo de los jóvenes. De la misma manera, pocos autores provocan tanta fascinación como Salinger.
Para continuar leyendo, pinchar aquí.
[Publicado el 28/1/2010 a las 19:49]
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[Publicado el 25/1/2010 a las 09:38]
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[Publicado el 13/1/2010 a las 03:33]
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El Kindle en una librería madrileña
[Publicado el 10/1/2010 a las 23:32]
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"Lazos de familia": Un cuento en Fronterad

FronteraD es una excelente revista digital que comenzó a publicarse hace un mes en España. Está a cargo de Alfonso Armada y tiene entre sus colaboradores a periodistas, críticos y escritores de primer nivel, entre ellos Eduardo Jordá, Daniel Capó, Toño Angulo, Gabi Wiener y Diego Salazar. La revista se actualiza una vez a la semana, excepto los blogs: hay material nuevo cada día.
La revista de esta semana incluye un cuento mío, "Lazos de familia". Feliz año.
[Publicado el 30/12/2009 a las 20:03]
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La historia secreta de la ciencia ficción

[Publicado el 28/12/2009 a las 15:36]
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Edmundo Paz Soldán (Cochabamba, Bolivia, 1967), estudió Relaciones Internacionales en universidades de Argentina y EE.UU., adonde llegó con una beca como jugador de fútbol. Una oportuna lesión y su vocación literaria le llevaron a concentrarse en su carrera académica: en 1997 se doctoró en Literatura Hispanoamericana en la Universidad de California, Berkeley, y desde ese mismo año es profesor de Literatura Latinoamericana en la Universidad de Cornell. Es autor de las novelas Días de papel (1992), Alrededor de la torre (1997), Río Fugitivo (1998), Sueños digitales (2000), La materia del deseo (2001), El delirio de Turing (2003) y Palacio Quemado (2006); y de los libros de cuentos Las máscaras de la nada (1990), Desapariciones (1994) y Amores imperfectos (1998). Ha coeditado los libros Se habla español (2000) y Bolaño salvaje (2008). Su libro más reciente es Los vivos y los muertos (Alfaguara, 2009)Sus obras han sido traducidas a ocho idiomas, y ha recibido numerosos premios, entre los que destaca el Juan Rulfo (1997) y el Nacional de Novela en Bolivia (2002). Ha recibido una beca de la fundación Guggenheim (2006). Desde octubre de 2005 hasta abril de 2008 escribió el blog Río Fugitivo en Blogspot.

Los vivos y los muertos (2009). Alfaguara
09/2/2010 03:37
Publicado por: edmundo
09/2/2010 03:35
Publicado por: edmundo
07/2/2010 23:10
Hola, saludos, soy periodista...
Publicado por: David Mamani Cartagena
06/2/2010 21:22
Publicado por: Cada cual con su quimera
06/2/2010 15:55
Para salir de dudas y no hablar...
Publicado por: todotranqui
02/2/2010 07:35
Edmundo: excelente texto sobre...
Publicado por: Óscar David López
01/2/2010 01:13
creo que estariamos de acuerdo...
Publicado por: juan-andres
31/1/2010 16:58
Publicado por: todotranqui
31/1/2010 16:54
Publicado por: todotranqui
31/1/2010 02:24
Publicado por: f.
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