El Boomeran(g)

El blog literario latinoamericano

lunes, 22 de marzo de 2010

 Asuntos exteriores / Blog de Andrés Ortega

Religión en la plaza pública

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El Papa celebra una misa en el estadio de béisbol de los Yankees.

"Aquí, en América, encontrará una nación que da la bienvenida al papel de la fe en la plaza pública". Así acogió en Washington el presidente Bush a Benedicto XVI, que fue mucho más lejos en esta declaración de principios nada laicos. El pasado viernes, en la Asamblea General de la ONU, el secretario general Ban Ki-moon le recordó al Papa que la suya es una "organización secular" y que el edificio que la alberga en Nueva York no tiene siquiera una capilla.  Ratzinger, sin embargo, aprovechó la tribuna para exigir que "la libertad religiosa no se puede limitar al libre ejercicio del culto, sino que tiene que dar la debida consideración a la dimensión pública de la religión, y por tanto a la posibilidad de los creyentes de desempeñar su papel en la construcción del orden social", aunque diferenció entre la dimensión del ciudadano y del creyente. Pero previamente había considerado "inconcebible que los creyentes tengan que suprimir una parte de sí mismos -su fe- para ser ciudadanos activos", y  "no debería ser nunca necesario negar a Dios para disfrutar de los derechos de cada cual". ¿Quién lo exige? Es una subversión de los argumentos del laicismo.

Es verdad que poco hay más público que la religión, sea cristiana, musulmana u otra. Los viajes papales lo demuestran.  EE UU, formalmente un Estado laico o mejor dicho sin religión oficial, es uno de los países más religiosos del mundo, y en él la religión, al menos el deísmo, no es sólo un asunto privado sino muy público. Tanto que (aunque tan sólo desde 1956) los billetes de dólares llevan el famoso lema de In God We Trust ("En Dios confiamos"). Además, la dimensión pública de la religión ha ido aumentando con los crecientes intentos de politizarla. Parecía una cuestión tapada en las primarias demócratas, y sin embargo ha resurgido cuando Obama declaró recientemente que las frustraciones económicas de muchos electores en las ciudades pequeñas de Pensilvania les había llevado a "aferrarse a los rifles o la religión o la antipatía hacia la gente que no es como ellos". Pese a que tenga razón, está pagando por esta afirmación.

Aunque hablara mucho de religión -si bien significativamente escasamente de diálogo de religiones, que sólo citó una vez- , el discurso de Benedicto XVI en la ONU fue, inevitablemente, político. Con él, tres han sido los Papas que se han subido a esta tribuna. Pablo VI en 1965, cuando se presentó como "experto en humanidad". Juan Pablo II en dos ocasiones muy diferentes (1979 y, tras el fin de la guerra fría, 1995). En todos hay un hilo conductor: la insistencia en la libertad y en los derechos de los individuos. Juan Pablo II insistió mucho en 1995 en que la libertad no era algo que sólo buscaran los individuos sino también  las naciones. Y si habló de los "derechos de las personas", añadió los de las naciones, remontándose para ello al Concilio de Constanza en el siglo XV.

Inevitablemente, los tres Papas se han referido de una otra manera en esta tribuna al aborto y al control de la natalidad. La derecha americana y el Vaticano han coincidido en su oposición a dar fondos en la ONU a programas que contemplaran el aborto, y en esto han recibido el apoyo de los países integristas musulmanes.

Pero no todo son coincidencias con Bush.  Significativamente, Ratzinger sólo mencionó una vez la palabra "terrorismo" y consideró que el respeto de los derechos humanos es una de las formas de "aumentar la seguridad". Es decir, sin mencionarlos, un discurso contrario a Guantánamo, a la Ley Patriótica o a las detenciones ilegales de prisioneros de guerra.  Ya había pedido a Bush más "esfuerzos pacientes de diplomacia internacional" para resolver los conflictos internacionales. Pablo VI había definido la ONU, ya en aquellos años, como una "escuela de paz". El Papa Ratzinger también insistió en la paz, pero no desde el pacifismo. Defendió la injerencia par razones humanitarias. No renegó del uso de la fuerza sino que, insistió, ésta debe partir de un consenso si no universal, sí amplio. Hizo una alabanza a la ONU, como centro del multilateralismo y de la defensa de los derechos humanos cuya Declaración Universal cumple 60 años, e interesante fue su reflexión sobre el peligro de que la legalidad prevalezca sobre la justicia en relación con estos derechos.

Su insistencia en que hay que recuperar la religión en la esfera pública forma parte de esa tendencia que algunos sociólogos, como Peter Berger, detectaron desde los 90 y han llamado, la de la des-secularización del mundo. Al menos en Europa, oasis laico, conviene no sólo frenarla, sino invertirla.

Publicado en El País, 21de abril de 2008

[Publicado el 21/4/2008 a las 07:00]

[Etiquetas: Papa, ONU, Benedicto XVI, Bush, religión]

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El Papa al que se escucha

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Benedicto XVI saluda a Laura Bush, esposa del presidente de EE UU, a su llegada a Washington.

"La gente venía a ver a Juan Pablo II; a Benedicto XVI le viene a escuchar", se dice en Roma (según cita George Weigel en el último número de Newsweek). El Papa al que se escucha más que se ve, llegó ayer en su primera visita a Estados Unidos, y la verdad es que no se mordió la lengua pues entre sus primeras declaraciones se declaró profundamente avergonzado por los sacerdotes pedófilos que han causado escándalo en EE UU. Por vez primera el presidente no lo recibió en la Casa Blanca sino que se desplazó él mismo al aeropuerto. Y es que hay mucho en común entre este presidente, convertido durante una época en teólogo en jefe en su país, y el Papa alemán en un país en que un 25% de la población se declara católica aunque Ratzinger no conecte bien con ella.

Naturalmente, este viaje tiene una dimensión americana clara, en uno de los países más religiosos de la Tierra. La gran sesión de masas será en un estadio de Nueva York. Pero a los de fuera, lo que más nos interesa es qué diga Benedicto XVI en su discurso a la Asamblea General el próximo viernes. Pues sin duda apoyará el multilateralismo, las Naciones Unidas y la paz -de Bush le ha separado la guerra de Irak- y se sumará a la campaña contra la pena de muerte. Pero previsiblemente, a juzgar por anteriores ocasiones, introducirá en ella su directa oposición al aborto. De hecho, con Bush (y antes de él lo impuso un congreso dominado por los republicanos) EE UU ha dejado de financiar campañas de la ONU sobre el control de la natalidad que no condenen la interrupción voluntaria del embarazo. En esto -en este creciente conservadurismo que se ha ido adueñando del mundo- coincide con algunos países islámicos o islamistas como Arabia Saudí o Irán. Benedicto XVI, tras unos inicios nada certeros como su conferencia en Regensburg,  ha intentado lanzar un diálogo muy peculiar entre el cristianismo/catolicismo y el islam, que en parte es un diálogo entre fundamentalismos.

Lo que interesará, esta vez no en Roma sino en Nueva York no es lo que parezca el Papa, sino lo que diga. Habrá que estar atentos.

[Publicado el 16/4/2008 a las 07:00]

[Etiquetas: Benedicto XVI, Ratzinger, pena de muerte, aborto, ONU]

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Semana santa y conversión de judíos

La re-introducción, voluntaria, del rito trentino en Latín en la misa, que ha permitido Benedicto XVI sobre una base voluntaria, ha producido una auténtica  desazón entre los judíos. La medida, comentada recientemente por Julio María Sanguinetti,  deshace los pasos dados por Juan XXIII y el Concilio Vaticano II e incluso por Juan Pablo II en sí y en materia de diálogo con los judíos. Pues la ahora de nuevo famoso plegaria de la liturgia de de Viernes Santo que salió del Concilio de Trento (1545-1563) volvía a hablar de la "ceguera" de los judíos, pedía al dios de los cristianos que "retirara el velo de sus corazones", y apelaba a su conversión.

Pese a que poca gente entenderá ya la misa en latín, los judíos, indignados por este paso atrás de la Iglesia católica, le pidieron al Papa que retirara estas partes de la plegaria. A principios de febrero, el Vaticano aceptó una versión que, efectivamente, eliminaba estas referencias a la "ceguera" y al "velo", pero no a la conversión de los judíos.

Estos se han movilizando contra esta apelación, primero a través de la Liga Anti-difamación y posteriormente a través de otras organizaciones. El cardenal Walter Kasper, presidente del Pontificio Consejo para la Unidad de los cristianos, en diversas declaraciones, se ha mostrado extrañado por la reacción  no entendiendo "por qué los judíos no pueden aceptar que usemos nuestra libertad para formular nuestras plegarias" añadiendo que "tienen oraciones en sus textos litúrgicos que a los católicos no nos gustan" y "hay que respetar las diferencias".

El judaísmo lo ha sido en épocas, pero hoy no es proselitista. Y en el caso de la actual iglesia católica (en competencia con otros movimientos cristianos que lo son tanto o más), en creciente competencia con otras ramas del cristianismo y de otras religiones, de proselitismo también se trata, aunque Kasper lo niegue. Parece mentira que a veces algunos, como el actual Papa, en vez de andar hacia adelante, crean que avanzar es ir hacia atrás. Claro que como comentaba recientemente Jonathan Tobin, judío, en The Jerusalem Post, "los judíos deberían dejar de preocuparse por las plegarias de otros, y continuar a trabajar para acercar las dos fes en defensa de las libertades Occidentales", que ve peligrar ante las fuerzas del islam. "Dada esa realidad", señala, "no es el momento de pelearnos por las oraciones de otros". Es una forma de ver lo júdeocristiano contra lo demás. De verlo con una lente desenfocada, pues, por ejemplo, en Europa, hay que reconciliar un nuevo pluralismo religioso que incluye ya el islam, en sí y con el secularismo.

[Publicado el 19/3/2008 a las 07:00]

[Etiquetas: Papa, judíos, Benedicto XVI, Trento, misa, latín]

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El Papa da la espalda

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El Papa celebró por primera vez una misa dando la espalda a los fieles.

Al oficiar el pasado domingo en la Capilla Sixtina la misa en parte según el reinstaurado (en términos voluntarios) rito trentino, el Papa Benedicto XVI no le dio sólo la espalda a los fieles sino a la modernidad, aunque sea con carácter "extraordinario". Es una forma para la Iglesia católica de recuperar sus esencias. Quien haya seguido los escritos del cardenal Ratzinger no se debe sorprender, ni de esto ni de su mirada hacia España para evitar una creciente separación de Iglesia-Estado (volveremos sobre el sentido de lo laico). Ya lo dijo hace un tiempo: prefiere una Iglesia auténtica y más pequeña que una más laxa y más grande, pensando que el rebaño acabará regresando. De paso intenta cerrar la separación con los integristas lefebvristas. Puede ser el discurso de una minoría, pero es la que manda.

La radicalización -son los más radicales los que más crecen- es un fenómeno que no se da sólo en la Iglesia católica, sino en casi todas las religiones. Además de con los no creyentes o con el Islam, el catolicismo compite ahora dentro del cristianismo no sólo con protestantismos clásicos, sino con los nuevos evangelismos, la Cienciología (que ha pasado en España del status de secta al de religión) y otros, una situación nueva para España. Y por eso, entre otras razones además de sus reales convicciones teológicas, ha empujado el Papa Ratzinger por un cierto regreso a Trento, desandando en parte lo andado por el Concilio Vaticano II. Aún no ha recurrido al latín, cuyo uso ampliado ha autorizado, pero todo se andará. Claro que a diferencia del Islam donde el Corán sólo se puede leer y recitar en árabe, el latín es lengua muerta que ya ni estudian todos los alumnos en los colegios como antaño. Pero eso es quizás lo que se busca: volver al misterio, que no los fieles no se enteren. Que sigan al Papa, en vez de ir, a veces, por delante.

[Publicado el 15/1/2008 a las 07:30]

[Etiquetas: religión, Papa, Benedicto XVI, Islam]

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Biografía

Andrés Ortega Klein nació en Madrid en 1954. Es hijo de español (José Ortega Spottorno fundador de Alianza Editorial y de El País e hijo a su vez de José Ortega y Gasset) y francesa (Simone Ortega, autora de 1.080 recetas de cocina). Estudió bachillerato francés en Madrid, se licenció en Ciencias Políticas por la Universidad Complutense y posteriormente realizó un Master en Relaciones Internacionales en la London School of Economic (LSE) con una beca de la Fundación March. En Londres inició su carrera periodística como corresponsal para El País, pasando posteriormente a Bruselas donde cubrió el final de las negociaciones de ingreso de España en la hoy Unión Europea.

 

Durante la primera Presidencia española del Consejo comunitario en 1989, trabajó como asesor ejecutivo para el entonces ministro de Asuntos Exteriores, Francisco Fernández Ordóñez. A principios de 1990, pasó al recién creado Departamento de Estudios de la Presidencia del Gobierno encabezado por Felipe González, que dirigió entre 1995 y 1996. Se incorporó entonces a la sección de Opinión de El País como editorialista y columnista. En 2004, se convirtió en el primer director de Foreign Policy Edición Española (FP), publica por la Fundación FRIDE.

 

Junto a su labor de análisis de la realidad internacional en El País y en FP, ha publicado en numerosos medios especializados en España y otros países y participado en los principales foros. Ha publicado cuatro libros: El purgatorio de la OTAN (1986), La razón de Europa (1994); Horizontes cercanos: Guía para un mundo en cambio (2000) y La fuerza de los pocos (primavera de 2007). En 2002 fue galardonado con el Premio Madariaga de Periodismo Europeo (prensa escrita).

Bibliografía

La fuerza de los pocos (2007), Galaxia Gutenberg.

Horizontes cercanos: Guía para un mundo en cambio(2000), Taurus.

La razón de Europa (1994), Aguilar.

El purgatorio de la OTAN (1986), Ediciones El País.

 

Artículo

"The power of the few" (en Open Democracy, 4 de octubre de 2007)

 

Entrevista en la edición online de Newsweek.

Premios

2002 Premio Madariaga de Periodismo Europeo (prensa escrita).

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